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REDBA - RED ASISTENCIAL DE BUENOS AIRES DIRECTOR GENERAL: Lic. Sergio Sáliche CURSO: Acompañante Terapéutico (Especialización en Patologías Graves) DOCENTES: Lic. Sergio Sáliche y Lic. Daniela de Elorduy MONOGRAFÍA: "Caso de Suicidio con la intervención de un AT" AUTOR: Juan Pablo Gimenez CURSADA: Enero- Abril 2009 ENTREGA CERTIFICADO: 25 de Julio de 2009 |
Caso de Suicidio con la intervención de un AT.
(Los hechos y personajes de esta narración son productos de la ficción, cualquier semejanza con hechos o personas reales es una mera coincidencia).
Corre la mañana del 20 de noviembre del año 2005, en el barrio de Avellaneda, Don Julio Miranda, jubilado y viudo de 77 años de edad estaba sentado en el porche de su casa leyendo el Diario Crónica primera edición tomando mate, su mirada era perdida y triste. Dentro de 3 horas llegaría, Agustín, su nieto para comer con el e ir a ver a Racing, Julio lo esperaba con ansias ya que el era la única familia que tenia en el país y veía regularmente.
Años atrás Julio era encargado en el área de maquinas de una modesta fabrica de galletitas con sede en Valentín Alsina, vivía una vida feliz junto con su esposa Estela, con quien se había casado justamente un día 20 de noviembre años atrás y aun tenia a su lado a su hija Mariela quien actualmente vive en Milán junto a su esposo Lucas e hijas Verónica y Lucrecia.
En el año 1993 cuando Don julio cumplió sus 65 años, la gerencia decidió hacer efectiva su jubilación y en remplazo de el entro un nuevo encargado con mejores conocimientos de Ingles y computación, Don Julio fue agasajado por sus ex compañeros y la gerencia, aun que el no quedo satisfecho con su jubilación, ya que creía que podría haber desarrollado sus funciones por algunos años mas. Los tres años siguientes a su jubilación Don julio eligió pasar tiempo con su mujer, salir a pasear, hacer cosas juntos y viajar por el país dentro de lo que la modesta jubilación designada por el ANSES le permitía. Pero por desgracia la noche del Martes 22 de Octubre del año 1996, Estela sufrió un derrame cerebral camino al cine junto a el, fue internada, nada se pudo hacer por ella y murió tres días después el Viernes 25 de octubre.
La muerte de Estela no era esperada ya que era un mujer joven para sufrir tal desgracia, tenia tan solo 65 años, tres menos que Don Julio.
Tanto Julio como Mariela, la única hija de Don Julio y la difunta Estela, quedaron completamente devastados por lo acontecido, al punto que Mariela comenzó a ver una psicóloga 5 meses después de la muerte de su madre, por episodios de Depresión.
Mariela en el momento de la muerte de su madre tenia 31 años de edad, estaba casada con Lucas, de 32 años, su marido desde el año 1985, Don Julio, no compartió la forma en la que su hija se casó, ya que fue un casamiento de apuro. Mariela quedo embarazada con su primogénito Agustín, desde muy jovencita, a sus 20 años, por un muchacho de 21 años, Lucas. Dado que Don Julio y Estella siempre fueron personas con una moral chapada a la antigua, prefirieron el casamiento entre ambos con el fin de brindarle cierta protección jurídica y moral a su hija y a su futuro nieto, Lucas accedió frente a la presión de Don Julio, pero Don Julio hubiera querido que las cosas hubieran sido diferentes, con el tiempo su matrimonio se afianzo y lo que arranco con un descuido juvenil, termino con una gran familia ya que en 1992 nacieron las mellizas Verónica y Lucrecia, cuando Mariela tenia 27 años y la situación económica de Lucas, quien se había recibido de Ingeniero el año anterior, cambio para mejor ya que ese mismo año fue contratado como empleado administrativo para una empresa multinacional.
Los años consecutivos a la muerte de Estela, Don Julio se apoyo en su hija y su familia y en el club de bochas “Social Avellaneda”, donde conocía a algunos amigos, casi todos mayores que el, donde asistía los martes, miércoles y viernes para los torneos de truco y bochas acorde al día. Todos los domingos Mariela y su familia iban a la casa de Don Julio a comer, una vez por semana Mariela pasaba sola a ver a su padre, al que notaba mas triste y mas “apagado” que antes, cada tanto Don Julio llamaba muy angustiado a su hija y le hablaba constantemente de su ex esposa difunta, esto no ayudaba a Mariela, quien de todas formas entendió que la muerte es una parte inevitable de la vida, de la cual nadie esta exento y que no podía seguir apegada a ese sentimiento por el bienestar de sus hijos y su marido, comenzó a tener una visión mas optimista y conciliadora de la vida y dos años después de la muerte de su madre, promediando el año 1996, ambos Mariela y su psicóloga, la Lic. Liliana Marcovich, acordaron que la terapia estaba concluida, dejando así el triste sentimiento de la muerte, al menos por un tiempo.
Así transcurrieron varios años, Don Julio asistía al club de bochas “Social Avellaneda”, allí se encontró con viejos amigos del barrio, aquellos que la vida separa en la juventud y reencuentra en la vejez, además de hacer nuevos amigos. Con dos de ellos, Jacinto y Erico, reanimo su pasión por Racing Club, club del que Don Julio siempre fue hincha y dejo de seguir todos los domingos, por esas cosas que tiene la vida, como su difunta mujer, la violencia en los estadios y la modorra del domingo burgués post dictadura.
Esos años Don Julio paso una vida rutinaria y relajada, cada tanto tenia la normal melancolía tanguera propia de un sábado nublado, por su mujer, pero no era mas que un sentimiento pasajero.
En el año 2001, con Merlo como DT de Racing, durante una campaña prometedora, Don Julio le pidió permiso a Mariela para llevar a Agustín a la cancha, ya que el también era hinca de Racing y con 16 años ya tenia edad para ir con su abuelo, Jacinto y Erico a la platea para socios. Desde ese momento, Agustín empezó a ir todos los domingos a la cancha junto a su abuelo y a sus amigos.
Todo parecía estar mas o menos bien en la vida de Don Julio, pero el día 23 de diciembre de ese memorable 2001, día en que Racing club salio campeón, Jacinto murió de un paro cardiaco de la emoción que le provoco ver a su equipo campeón, murió al lado de Don Julio, en la platea visitante del estadio José Amalfitani en el barrio de Liniers.
En homenaje a su amigo muerto Don Julio y Erico mandaron a tallar un escudo de Racing en el nicho donde quedo sepultado, en el cementerio de Chacarita.
En el año 2002, don Julio recibió una muy buena noticia, que no sabría las consecuencias que traería para su vida.
Lucas fue ascendido a Gerente Ejecutivo regional mercosur, luego de diez años. Era un trabajo prometedor.
Don julio seguía asistiendo a los partidos de Racing con Erico y su nieto Agustín, seguía haciendo los asados junto a su hija y a su familia.
Pero en Agosto de ese año, de una forma inesperada, se puso en remate el club “Social Avellaneda”, ya no había dinero para pagar las deudas que producía ese pintoresco pero descuidado edificio, un mes mas tarde un grupo de inversores judíos, bajo el nombre de “Península Propiedades”, compro el terreno, demolió el complejo y comenzó a construir un edificio de viviendas moderno. Por mas que Don Julio y sus amigos, prometieron seguir viéndose sea en la plaza o en casa de alguno, en los próximos meses todos perderían contacto entre ellos, sea por el frió o los delincuentes drogadictos de la plaza o por cualquier otra razón.
Las semanas de Don Julio se tornaron más tristes sin el club, veía mucha televison, a veces pasaba dos o tres días sin bañarse y sus dolencias típicas de la edad se notaban más sin distracciones.
Siempre esperaba que llegaran los fines de semana, como los adolescentes que solo quieren salir y odian los domingos.
Durante el verano del 2003, sucedieron acontecimientos que iban a cambiar paradigmáticamente la vida de Don Julio, el Viernes 7 de Febrero de ese año, Erico tuvo que ir al microcentro para hacer un tramite personal, debido al extremo calor y a su edad, Erico sufrió un desmayo cruzando la calle Sarmiento al 700, por mitad de cuadra, una señora que manejaba por esa calle en sentido al obelisco, no lo vio por que se estaba mirando las pestañas en el espejo y lo arrollo.
La mujer de Erico inicio acciones legales, pero la justicia congelo la causa caratulada como “Homicidio Culposo”, el juez pensó que la mujer de Erico no viviría mucho mas, finalmente la causa prescribió.
Don Julio sintió la muerte de su amigo con una culpa irracional, sintió que toda la gente que el rodeaba terminaba muerta, su mujer, Jacinto y ahora Erico. Las semanas siguientes Don Julio hablaba poco con la gente, estaba retraído y solamente se alegraba los domingos, cuando sin falta iba con su nieto de dieciocho años a ver a su querido Racing y ahora tanto de local como de visitante, sin falta.
En Junio de ese año, la Gerencia Corporativa de la empresa multinacional cito a Lucas en un prestigioso restaurante de puerto madero, con la excusa de que el Sr. James Henderson Finn, el presidente y máximo accionario de la corporación con cede central en manhattan, quería conocerlo. En esa charla debatieron ideas neoliberalitas, ideas de planeamiento estratégico e ideas de costos y progresiones a futuro. Concluida la amena charla. El Sr. James Henderson Finn, le ofreció a Lucas un puesto similar al que desarrollaba en ese momento, pero en Milán y con mejor salario y condiciones de vida, para disponer nuevas estrategias innovadoras en el mercado latino-europeo.
Lucas dijo que debía consultarlo con su mujer, pero internamente ya sabía que iba a aceptar el puesto, es por eso que solo pidió veinticuatro horas para dar una respuesta.
A fines de Julio de ese año 2003, Mariela se fue a Milán junto con toda su familia, Don Julio siempre entendió que era lo mejor, participo de la despedida de su hija y su familia.
Ese año Julio se hizo amigo de la soledad, paseaba solo por Avellaneda en las mañanas, cada tanto pasaba por la fábrica a saludar a viejos compañeros, iba a ver a su equipo, cada tanto llamaba a los amigos del club de bochas. Pero en la navidad de ese año, se encontró muy solo y luego de cortar el teléfono con su hija a larga distancia, salio a la calle con una escalera y el cable del teléfono, se subió a la escalera en la vereda del vecino, tomo el cable y sin pensarlo demasiado, lo ato a la canaleta hecha de zinc, ato el otro extremo a su cuello y con las piernas empujo la escalera lejos, su cuerpo tenso el cable, el cual apretó su cuello, pero su peso fue demasiado para esa canaleta de zinc, la cual se desplomo inevitablemente generando un ruido escandaloso.
Los vecinos llamaron a la policía, la cual increíblemente acudió rápido al lugar.
Don Julio pasó navidad en la seccional 1º del barrio de Avellaneda, donde se le tomo declaración indagatoria, frente a estos hechos, los vecinos decidieron no presentar cargos, pero exigieron que sea ubicada Mariela para que se entere de lo acontecido y que hasta entonces Don Julio permanezca bajo la custodia de algún profesional suministrado por la policía forense.
El 29 de Diciembre de ese año, Mariela desembarco en el aeropuerto de Ezeiza, muy preocupada por su padre. Pasaron juntos el año nuevo, Don Julio le decía, “mira nena no se que me paso”, ahora lo pienso y es una locura, Mariela paso el verano en Argentina con su padre, pero frente a las demandas de su marido desde Italia, tuvo q tomar una decisión, ya que no veía bien a su padre. Llamo a Lucas a su casa en Milán y le explico que necesitaba dejar internado a su padre, ya que no tenia a nadie aquí y que seria muy complicado llevarlo a Italia ya que sus ritmos de vida eran muy acelerados y aun que ella no lo mencionaba, ella sentía que en su familia su padre no tenia que involucrarse. Lucas le pregunto sobre los costos y al ver que eran bajos para su presupuesto accedió.
Mariela interno a su padre en un geriátrico del barrio de Montserrat, a mediados de marzo, allí pasaba tiempo con otras personas de su edad, pero no era lo mismo que el club de bochas. En dicho geriátrico además de psicólogos y médicos, trabajaba un equipo de acompañantes terapéuticos, Don julio tenia permitidas algunas salidas diarias junto a su acompañante.
Con el charlaba de la vida, de su Racing querido, de lo injusta que es la muerte, de lo injusta que es la sociedad y el progreso salvaje. Julio salio con 4 acompañantes diferentes la primer semana, pero claramente genero un vinculo con un joven llamado Ramiro, que era estudiante de psicología. Es por eso que dentro del equipo de profesionales se designo a Ramiro para acompañar a Don Julio en sus salidas y pasados los dos meses de su internacion, el equipo pensó oportuno que Don Julio vuelva a la cancha de Racing para ver al club de sus amores, pero solo q esta vez no estaría acompañado por Jacinto ni por Erico quienes lo alientan desde el cielo, tampoco por Agustín, quien estaba en Italia tratando de adaptarse con sus diecinueve años de edad a un país nuevo, esta vez estaría acompañado por Ramiro, que a pesar de ser hincha de San Lorenzo accedió a la tarea.
En los reportes Ramiro escribía que notaba mas alegre a Don Julio durante el partido y que a dos cuadras del geriátrico empezaba a mostrar signos de depresión.
Cada dos meses Mariela viajaba para ver a su padre un fin de semana, dicho fin de semana lo pasaban en la casa de don Julio en Avellaneda, que permanecía cerrada el resto del año, el equipo de profesionales le sugería a Mariela q tomara nota si Don Julio presentaba algún comportamiento fuera de lo normal.
Cuando Mariela estaba en la argentina Don Julio le decía con un aire de resignación, yo no se que hago acá todavía, a mi el barba me tendría q haber llevado hace un tiempo.
Mariela le respondía con preocupación “ay papa que cosas decís”, pero en el fondo sabia que el no estaba bien aquí.
Pasado el fin de semana con Mariela Don Julio tenía las peores semanas, casi no comía, prefería no salir y solamente iba a la cancha a ver a Racing, con Ramiro, quien en esos días lo notaba muy triste y desilusionado, inclusive si Racing ganaba.
Dentro de la mala situación Don julio paso así esos primeros 5 meses de internacion, para el mes de septiembre Mariela planeaba un nuevo viaje, pero dentro de su familia hubo una situación inesperada, Lucas dijo abiertamente que quería volver a la Argentina, que ya era mayor de edad y que en Italia no se encontraba cómodo, que no entendía las reglas sociales de Italia y que la gente de su edad lo trataba de “sudaca”, cuando sus padres lo quisieron hacer recapacitar a los gritos les recrimino: “quien carajo me pregunto si quería venir a este país de mierda!, yo me vuelvo acá no vivo mas”, unas horas mas tarde Lucas hablo con Agustín, y luego de una larga charla donde Agustín y Lucas se pusieron de acuerdo en asuntos económicos y sobre los proyectos de Agustín, Lucas hablo con Mariela y le dijo a su mujer :”mira gorda la verdad que Agus acá la pasa, mal, viste yo tuve esa edad siendo hombre y lo entiendo, ya hable con el, le voy a pasar un poco de plata, el se va a buscar un laburito por ahí para sumar y va a seguir estudiando haya, mira gorda si sale mal no se, se tendrá q volver acá, pero no puedo no darle la oportunidad a que intente”.
A fines de Septiembre Mariela y Agustín llegaron a la Argentina. Del aeropuerto fueron a pasar la noche a un hotel y al día siguiente fueron al barrio de Montserrat a buscar a Don Julio, pasaron ese fin de semana en la casa de Don Julio.
Al ver a su nieto Don julio se emociono, “mira nene estas mas alto, no sabes este año no le ganamos a nadie”, Agustín le menciono que fue a ver al Inter un par de veces y gritaba los goles de Crespo.
Fue un fin de semana diferente en la vida de Don julio, volvió a sentir esperanzas.
El domingo Ramiro fue a buscar a Don Julio para ir a la Boca a ver el clásico contra Boca Juniors. Don julio le presento a su nieto y le pidió de ir los tres, a lo que Ramiro accedió alegremente, durante ese partido Ramiro encontró a Don Julio alegre, esperanzado muy afectuoso para con su nieto.
A la vuelta de ese partido, Mariela los esperaba en su antigua casa paterna, con pizza de una pizzería cercana, por que no quería cocinar.
En esa cena, Don Julio le pregunto a Agustín por sus proyectos, a los que el comenzó contarle que buscaría un trabajo, que Lucas le daría una ayuda económica y que seguiría con sus estudios de Filosofía y Letras. Don Julio le pregunto donde se quedaría a vivir, Agustín le respondió que no sabía, que en lo inmediato iría a una pensión, hasta que encuentre algo en alquiler que este en buen estado y se ajuste a su presupuesto.
Don Julio le propuso que viviera allí en su casa, Agustín miro de reojo a Mariela, quien dijo “emm papa no se habría que pensarlo un poco, sabes…”, Don Julio interrumpió a su hija “Agustín va a vivir acá, no va a estar perdiendo dinero en alquiler con uno de estos usureros”, esto es algo de hombres, es entre mi nieto y yo y si el quiere tiene mi permiso. Mariela se callo, Agustín rápidamente cambio el tema.
Cuando Don Julio se durmió, Mariela y Agustín salieron al porche por que el quería fumar un cigarrillo.
Agustín le dijo a su mama: “ma mira no es mala idea la del abuelo, yo puedo vivir acá, nos ahorramos los quibombos de un alquiler, el abuelo no dijo de vivir acá conmigo, el seguiría con sus temas de psicólogos”.
Mariela respondió: “déjame que lo hable con los psicólogos del geriátrico”
Al día siguiente Mariela llevo a su padre al geriátrico, Agustín se quedo en la casa de su abuelo, a esperar a que su madre volviera del barrio de Monserrat, mientras estaba solo se imaginaba solo en esa casa, fantaseaba, pero al mismo tiempo se dio cuenta de su soledad.
A las dos horas y media Mariela volvió y le dijo a Agustín que hablo con el jefe del departamento de psicólogos del geriátrico, que si bien le menciono la idea, ellos preferían efectuar una reunión formal el lunes siguiente. Mariela tenía prevista su vuelta a Milán esa noche, pero decidió hacer una excepción. Le comunico a Lucas la situación y le dijo que ella se quedaría en un hotel céntrico, pero que quería que el se busque una pensión, ya que cuando ella no este el se iba a tener que valer por sus propios medios, le dio un dinero suficiente para vivir una semana sin carencias pero sin excesos.
Cerraron la casa de Don julio y tomaron rumbos separados, a lo cual la Mariela le dijo a su hijo “llámame, el Jueves podemos ir a comer y me contas como venís”.
Esa semana Agustín encontró una pensión en el barrio de San Telmo, compartía habitación con una chica Norteamericana que estudiaba fotografía y dos jóvenes portugueses oriundos de San Pablo. En el cuanto contiguo había un grupo de Senegaleses que vendían bijouterie de un origen dudoso.
Simultáneamente durante esos días Don Julio manifestó en reiteradas ocasiones su deseo de que Agustín viviera en su casa, argumentando que Argentina se había tornado en un país inseguro, que la economía no era fácil y que no era conveniente gastar dinero en alquileres, además de motivos de conveniencia idílica sobre su propia casa.
El Jueves Mariela y Agustín se juntaron a comer en el Guerrin, una pizzería porteña situada en la calle Corrientes a tres cuadras del obelisco. Agustín le comento que le pensión estaba llena de gente joven, que había buena onda y que se hizo amigo de un grupo de Senegaleses que se irían a otro lugar mejor el sábado próximo. Agustín trataba de parecer superado y confiado frente a su madre. Ella mas astuta estaba evaluando las variables antes de la reunión del día lunes, terminada la cena, Mariela le pidió a Agustín que estuviera en el geriátrico el lunes a las 15 horas, para una reunión grupal con su abuelo y ella, coordinada por el jefe del departamento de psicología del geriátrico.
Llego el sábado por la noche, Don Julio se sentía incomodo, ya que reclamaba que quería ir a su casa con su hija y su nieto, ya que ambos estaban en el país, “por que no puedo ir a mi casa con ellos si mi hija esta en un hotel y me nieto en una pensión mugrosa llena de delincuentes”. El personal de turno del geriátrico le explicaba que sus salidas eran programadas por el equipo terapéutico y que el hecho de que su familia se encontrara en el país era un hecho circunstancial sin relación con el esquema terapéutico.
Mas entrada esa noche, Jamirio Buoler, uno de los Senegaleses huésped de la pensión lo vio solo a Agustín y lo invito a tomar algo a un bar cercano, en un castellano mal pronunciado y trabado le dijo “oye vamos amigo que esta noche no es para amargarse”.
Agustín quien había sido victima de discriminación, en su inocencia accedió, pensando que estaba haciendo lo correcto en tratarlos de igual a igual y sin cuestionar sus buenas intenciones.”
El grupo de contingentes Senegaleses llevaron a Agustín a un pool en la calle Perón a una cuadra de 9 de Julio, no era un buen ambiente, pero Agustín pensó que estaba seguro, ya que iba con gente “conocida”. Pasaron las primeras horas bebiendo cerveza contando chistes y mirando mujeres del bar, hasta que Agustín no pudo más y se levanto al baño a eliminar la cerveza que ya estaba metabolizada.
Un muchacho del grupo de contingentes, saco de su campera un tubito muy chico con una tapa, lo abrió y virto el contenido en el vaso de Agustín que aun estaba por la mitad.
Agustín volvió del baño con una sonrisa, feliz por el momento que estaba pasando con sus nuevos amigos, propuso un brindis por ese momento, los Senegaleses no se negaron, aun que algunos de ellos se miraron con mucha culpa.
Salía el sol, era una mañana de Domingo, el reloj marcaba las 11:52 de la mañana, faltaban minutos para el mediodía, Agustín se despertó en su cuarto de pensión, solo tenía puestos unos calzoncillos, en el piso próximo a su cama había una remera, un buzo, el par de zapatillas mas barato que poseía Agustín, un par de medias con una nota clavada a ellas, que decía; “oye amigo no es contigo, pero no sabe de donde venimos, sin rencores”. Agustines levanto y sintió un fuerte dolor de cabeza, fue rápido a su cómoda donde guardaba sus pertenencias y su dinero bajo llave. Vio la cerradura violentada y el cajón de la cómoda que le correspondía vació.
Agustín se sintió como un perfecto idiota, bajo al salón común de la pensión donde se encontró con su compañera de habitación americana, quien le contó en un pésimo castellano lo que paso, ella dijo que por miedo no interfirió.
La primera reacción de Agustín fue ir al hotel donde estaba su madre, pero no lo hizo, se a aguanto, hablo con el encargado de la pensión, le contó lo acontecido y le pidió que lo dejara dormir allí, una noche mas. El encargado se apiado de el y le dijo que estaba bien, pero tendría q colaborar en la cocina.
Abren los puestos de diarios, cuando el sol asoma sobre el Rió de la Plata, camiones que entregan pan y facturas hacen su recorrida por las calles aun vacías, pasadas unas horas se ven hombres de traje por el micocenrtro porteño, mujeres elegantes con tacos altos y hermosas botas de cuero, los taxis van despacio sobre las manos derechas de las calles congestionadas y se empieza a ver como los locales gastronomicos sirven café con medialunas o algún sándwich de pan francés tostado. Aun que en esta ciudad todos acudían a diferentes actividades, era lo normal ver el común de las caras de resignación, frente al comienzo de un nuevo lunes, con toda una semana laboral por delante.
Quizás esas caras estarían más felices si supieran que no están viviendo la realidad de Agustín, que comenzó su día sucio, con una única muda de ropa, sin dinero. A las 10:30, el encargado de la pensión le dijo a Agustín: “pibe tenes que irte, la muchacha tiene que limpiar y a las 11 se ocupa de nuevo, es una pena lo que te paso, no seas tan gil pibe que acá nadie quiere ni a su vieja, que tengas suerte.” Y sin demasiado más afecto se retiro.
Agustín tenia que hacer tiempo hasta las 15 horas, muerto de hambre decidió pensar en positivo y comenzó a recorrer la ciudad, una ciudad que nunca llego a conocer bien, ya que siempre vivo en zona sur y se fue a Italia muy chico, camino mucho por plaza de mayo, entro al museo cabildo por la entrada de plaza de mayo, se puso nervioso al ver que había que pagar un bono contribución de dos pesos, le explico a la jubilada de la entrada, que estaba sentada en una silla de lona, la situación que vivencio el sábado, esta se apiado de el y lo dejo entrar, ya hasta le ofreció mate y , medialunas y tortitas calientes, a lo cual Agustín acepto sin dudarlo ya que no comía bien desde el sábado al mediodía.
Entre vueltas y vueltas se hicieron las 14:30 y Agustín encaro la caminata hacia el barrio de Monserrat.
Llego diez minutos tarde ya que se distrajo mirando chicas, vidrieras y curiosidades urbanas en el camino. En el geriátrico lo esperaban su abuelo y su madre, quienes al verlo nunca sospecharon de lo acontecido.
Justo antes de dar comienzo a la reunión el Lic. Federico Shanider, cometo que estaría presente en la misa Ramiro, quien confirmo su presencia ese mismo día, manifestando que no el será el coordinador formal, pero que Ramiro pasa mas tiempo real con Don Julio, conoce sus estados de animo y puede aportar datos interesantes en el desarrollo de la reunión.
Comenzada la reunión, con la anterior introducción el Lic. Shanider, le cede la palabra a Mariela, quien dice: “miren tengo mis dudas sobre el futuro, a mi no me da confianza que Agus se quede solo en lo de mi papa, es una casa muy grande y me da no se que, además quiero que viva la experiencia de vivir solo, trabajar, ganarse el pan.”
Cuando Mariela iba a seguir hablando Don julio interrumpe; “pera un poco nena, esa casa es mía y tu hijo es grande, el mundo esta hecho una porquería, esta lleno de drogadictos, perversos, delincuentes, no es como cuando yo era joven que todos teníamos el anhelo del trabajo, de la familia y las buenas costumbres, además la calle esta muy dura nena, ¿vos queres que tu hijo corra la liebre a fin de mes?”
Mariela contesta “Si papa ya se pero mira no se igual esta Lucas en Italia que le daría plata si sale algo mal, además es mi hijo papa, no el tuyo y…”
Sin que nadie le esperara Agustín interfiere con un tono de voz elevado: “A ver ¿que pasa acá? ¿Ustedes dos quienes son para estar metiéndose en nuestra familia? Y vos mama no me rompas las pelotas, ¿sabes lo que me paso este fin de semana?, me robaron unos negros de mierda, cuando Agustín pronuncio esa frase entendió que no siempre el racismo parte de un odio injustificado, sino que puede partir de un miedo o de una experiencia previa con prioridad en evitar el dolor mas que en provocarlo. Continuo diciendo “¿Qué se gane el pan? ¿Qué se gane el pan que? Vos quedaste embarazada de mi a mi edad mas o menos, siempre te ayudaron los abuelos por tu lado o el de papa, ahora no haces nada, papa te banca, si el abuelo me quiere dejar su casa es un problema nuestro no de ustedes, ¿y que derecho tenes de llevarme de acá para haya como si fuera un muñeco de trapo, vos cuando mierda me preguntaste a mi si me quería ir de acá?
No me rompas mas la pelotas y ándate a Italia a lavar platos y a joder a mis hermanas, terminada esa frase Agustín se quebró en llanto.
Sin dejar mucho espacio, Don Julio arremetió: “¿como que te robaron nene? ven es lo que les digo, vos nena en que cabeza cabe dejar a Agustín solo en una pensión, ¿ves lo que pasa?”
Los segundos siguientes Mariela trataba de justificarse mientras Don Julio y Agustín le respondían con una violencia insostenible para Mariela.
El lic. Shanider, se levanto y con una voz firme les pidió q paren, salgan los tres un momento y vayan a lugares separados. Luego le pidió a Ramiro que se quedara.
¿Ramiro, decime que pensas de esto que pasa?”
Ramiro respondió; “mire yo a Don Julio lo veo muy deprimido sin el contacto de su familia, a veces ni ir a la cancha lo anima”, yo creo que si hoy no se queda conforme con el resultado de esta reunión va a ser para problema.
“si veo, gracias por tu opinión, Ramiro, decime, ¿si conseguimos que este chico Agustín viva en lo de su abuelo, vos estarías para encargarte de que los fines de semana Julio duerma aun que sea una noche ahí?” pregunto el lic. Shanider, a lo cual “Ramiro contesto: “Si Federico, en principio si, había que ver un poco el tema de la plata, ver los días como vienen, pero si.”
“bueno muchas gracias por todo Ramiro, de verdad, estas ayudando mucho con este caso”. Concluyo el lic.Shanider, luego abrió la puerta y le pidió a Ramiro que salga, le agradeció nuevamente por su intervención y le pidió si por favor no podría llamar a Mariela sola.
Sentados solamente Mariela y el Lic. Shanider. Este ultimo comenzó a hablar diciendo: “mire Mariela, tanto Ramiro como yo creemos conveniente que Don Julio no salga disconforme de esta reunión, y para ser honestos lo que ambos plantean como solución no me parece para nada descabellado, pensémoslo fríamente ¿quiere?, usted vive en Milán y cualquier cosa que pase acá tanto como con su hijo como con su padre, usted no puede mas que tomar un avión o enviar dinero, ¿no es así?”
“Si” responde Mariela.
“bien”, continua el lic.Shanider, “en el caso de su hijo claramente es mejor que viva en una casa que ya conoce, en un barrio que le es familiar, sin tener que pagar alquiler, ni lidiar con desconocidos, creo que el episodio de este fin de semana comprueba nuestro punto y respecto a su padre, el esta bajo nuestra supervisión y francamente preferimos que este tranquilo con respecto a su nieto a que no lo este, ya que su estado de animo es muy sensible. Si bien nosotros no podemos interferir en su decisiones familiares, desde este lugar terapéuticamente, creemos conveniente la solución propuesta por su padre y por su nieto y es mas, bajo la supervisión de Ramiro, su padre podrá pasar todos los fines de semana con su nieto en Avellaneda.”
Mariela al ver que tenia a todos en su contra en Buenos Aires y que al fin de cuentas no hacia a la diferencia económica, accedió a ceder en su postura.
El lic. Shanider mando a buscar a los integrantes que faltaban respecto al comienzo de la reunión y les comunico la decisión acordada, Agustín iba a vivir en la casa de Don Julio y este último iba a poder volver a la misma junto con Ramiro todos los fines de semana.
Mariela Abrazaba a Lucas en el aeropuerto de Ezeiza unos días antes de comenzar el mes de Noviembre del año 2004. “Cuídate Agus por favor, no hagas nada raro y cuida al abuelo, te voy a llamar todas las semanas y papa te va a mandar 500 Euros por mes, los tenes que buscar en Western Union, en la sede de Córdoba y Pellegrini, cuando te mande la plata también te voy a mandar un mail explicándote como hacer todo, tenes el Documento no Agus, no te lo robaron, ay pobrecito perdóname Agus”, decía la Mariela, abrazándolo y acariciándole la espalda como abrazándolo, cuando lo soltó le dijo “toma acá te dejo 300 Euros” dándoselos en la mano, “con esto vas a estar bien hasta que papa te gire plata”.
“Si mama, todo bien no te preocupes, no pasa nada esta todo bien, gracias, igual hablamos por teléfono o chatiamos, mándale saludos a las chicas y a papa”. Igual cada tanto nos vemos.
Cuando Mariela cruzo al área de embarque, Lucas se fue al playón de estacionamiento donde lo esperaba un remis. De allí Lucas se fue a su nuevo hogar, la casa de Don Julio en el conocido barrio de Avellaneda.
Ese año termino como se esperaba, como estaba planeado, Lucas prosiguió sus estudios en la Universidad de Buenos Aires, se reencontró con algunos antiguos amigos del barrio, uno de ellos Mariano, paseaba perros a razón de $100 mensuales por cada animal, solía sacar dos veces por semana a cada uno, por un periodo de tres horas aproximadamente, por $20 mas deba servicios de baño. A veces Mariano no daba abasto y lo llamaba a Lucas, quien de a poco fue adquiriendo clientes y armándose así su clientela entre los vecinos, muchos de ellos eran ancianas sin fuerza para controlar a sus respectivos animales u familias muy ocupadas, con ambos padre y madre profesionales, que trabajaban todo el día.
Don Julio iba todos los fines de semana, se quedaba a dormir en lo de Lucas todos los sábados por la noche, esa noche Lucas no asumía compromisos sociales para poder estar con su abuelo, los domingos iban a ver a Racing, junto a Ramiro, como de costumbre y aun que “la academia”, no hizo una buena campaña Don Julio era feliz viendo a su equipo, Ramiro llevaba a Don Julio desde Monserrat hasta su casa, cuando llegaba se quedaba aproximadamente unos cuarenta minutos, hablaba con Agustín, básicamente para contarle como anduvo su abuelo esa semana y para darle alguna indicación particular, los Domingos iba a buscarlos a ambos para ir a la cancha y por ultimo después del partido, volvían a lo de Don Julio, comían algo temprano y de noche antes de las once llevaba a Don Julio al geriátrico del barrio de Monserrat.
Sus informes eran similares en ese periodo de tiempo que abarco los últimos tres meses, Ramiro enfatizaba el jubilo de Don Julio cuando salía del geriátrico, cuando llegaba a su casa y veía a su nieto y cuando iba a la cancha y por el contrario, el descontento que reflejaba en el viaje de nuevo hacia el geriátrico. Observaciones que complementaban positivamente lo que los psicólogos observaban en la semana dentro del geriátrico, ya que promediando el Jueves Don Julio levantaba el ánimo próximo a un fin de semana en puerta.
Finalmente llegaron las fiestas del año 2004, vísperas del año 2005, año donde el destino tomaría su curso de forma natural, dejando de lado las especulaciones e intervenciones externas. Hacia un año que Don Julio había tratado de quitarse la vida sin éxito.
Para la noche buena Mariela y su familia viajaron a Argentina, debido a que querían ver a viejos amigos y no tenían casa propia decidieron alquilar el piso inferior de un restaurante, cuya capacidad era de cuarenta y dos personas, no aceptaron la oferta de Agustín de usar la casa donde el vivía, por q pensaron que muchos de sus amigos se negarían a viajar a Avellaneda y además que no querían que Agustín tenga que limpiar todo el día siguiente. Esa noche buena Mariela sito a sus amigos en Santa Fe 1234, a Lucas le costo un dineral alquilar ese lugar solo para ellos, pero seria una noche buena que nadie olvidaría, que marcaría una nueva etapa y paradigma dentro del esquema familiar.
Cuarenta y cinco personas asistieron a la cita propuesta por Mariela, todos amigos de ellos con sus familias, en su totalidad profesionales agitados por sus trabajos y sus exigencias de vida modernas, sus hijos por lo general se ocupaban del negocio familiar u ocupaban algún puesto con vistas a futuro en alguna empresa importante. Todos dialogaban con aires de grandeza y felicidad, Agustín sintió que no era tomado en serio o minimizado cuando contaba que se las rebuscaba paseando perros y siendo ayudado por Lucas, cuando contaba que no tenía novia y que iba a la cancha a ver a Racing con su abuelo. A Agustín no le importo mucho esa situación, ya que el estaba tranquilo con su vida.
En cuanto a Don Julio nadie lo tuvo en cuenta y aun que nadie lo expreso de forma verbal era notorio que a nadie le importaba un operario de maquinaria de una fabrica del conurbano jubilado, muchos de los asistentes le sonreían y bromeaban con el, pero por dentro pensaban que su juventud y éxito justificaba como correcta su opinión de que el era un dinosaurio peronista, ya desfasado para esta época de progreso y globalización. Don Julio quien es más sabio y perspicaz de lo que todos se imaginan entendió que ya era un viejo, que ya no era tenido en cuenta, paso sentado esa noche y al llegar las doce solo pudo pensar en una persona. Estela.
Dos días después Mariela y su familia volvieron a Milán, dijeron que les hubiera encantado quedarse para el año nuevo, pero que Lucrecia tenia que desfilar el primero de Enero para una marca de ropa adolescente de Milán, las hermanas de Agustín habían crecido, ya tenían casi trece años y la naturaleza las desarrollo con mas velocidad que al resto de las chicas de su edad que vivían en Milán, solo Lucrecia accedió a desfilar, aun que fueron ambas invitadas, Verónica fue mas tímida y se negó.
Agustín se comprometió a pasar esa víspera de fin de año en el geriátrico con su abuelo, después de brindar saldría a festejar con algunos conocidos del barrio.
Aun que Agustín nunca fue una persona infiel a su palabra, por cosas del destino aquella vez lo fue, siendo las nueve de la noche Agustín fue a tomarse el colectivo, este tardaba mucho, en la esquina de enfrente estaba Mariano con algunos amigos mas tomando una cerveza, cuando Mariano lo ve a Agustín le grita desde la vereda de enfrente “eh Agus ¿a donde vas nene?, ¿no sabes que día es hoy?” riéndose.
Agustín contesta “Me voy a ver al abuelo, caigo mas tarde, ¿todavía van a cortar la calle esa? ¿Se arma baile?”
“Si mas vale, veni acá tomate algo con los pibes, si viene el bondi cruzate.” Respondió Mariano.
“bueno dale” accedió Agustín.
En el barrio de Avellaneda no pasan muchos colectivos en las vísperas de las fiestas y mucho menos a tres horas de las doce.
Entre tragos de cerveza y cigarrillos de marihuana Agustín noto que eran las once y cuarto de la noche y aun que el nunca se dio cuneta había pasado un colectivo por sus espaldas que lo hubiera llevado al barrio de Monserrat.
Agustín quien ya estaba ebrio y bajo los efectos de la marihuana minimizo el hecho y se fue directo a la cortada donde la música no paro hasta entrada la mañana.
Por el otro lado, muy distinta fue la noche para Don Julio, quien al darse cuenta que paso el año nuevo solo con tres ancianos en muy peor estado que el y un joven pasante de turno, se quebró en llanto y entro en un profundo estado depresivo. Unas horas después se acostó en la cama, donde no pudo dormir muy bien.
Al día siguiente Agustín se despertó a las cuatro y media de la tarde, con una gran culpa llamo al geriátrico y pregunto por su abuelo, en el geriátrico le dijeron que no pasó una buena noche. Agustín pregunto si podía ir a verlo y la respuesta fue positiva.
Agustín luego de una ducha salio a la calle, a falta de colectivos esta vez pidió un remis y en treinta minutos llego a ver a su abuelo.
Cuando entro al geriátrico su abuelo estaba en el patio trasero sentado, el lo abordo diciéndole: “Abuelo perdóname no había colectivos anoche, quise venir te juro, pero era un quilombo el barrio.”
Don Julio lo miraba con ojos enojados, “Claro vos para vivir en mi casa si estas, pero para verme a mi no.”
“Pero que decís abuelo nos vemos todos los fines de semana, yo los sábado no salgo para quedarme con vos, en serio perdóname, no fue culpa mía, no sabes lo que era el barrio anoche no pasaba ni un bondi, estas siendo injusto abuelo”. Se defendió Agustín.
Don Julio recapacito: “Sabes que pibe tenes razón, no es culpa tuya, pero sabes que me pasa nene, yo soy viejo, no se cuando me voy a morir y estoy pasando mis últimos años acá en este lugar lleno de viejos de mierda y no es lo que quería para mi, entendes nene, yo siempre fui un laburante y ahora estoy acá esperando que sea sábado toda la semana”.
Agustín sin dudarlo le respondió: “Tenes razón abuelo no es justo, por que no te venís conmigo, veni a vivir a tu casa conmigo, ¿por que tenes que estar acá? Lo que paso ya paso hace un año, ¿Qué onda vos? no sos un criminal y nadie te puede obligar a hacer nada, sabes que abuelo, yo ahora me voy dos semanas a la costa, pero cuando vuelva te venís conmigo y se acabo este lugar.”
¿En serio decís nene?” pregunto Don Julio con los ojos mojados.
“Si abuelo de una, esto no da para mas vos acá en este lugar de mierda”. Afirmo Agustín.
Ambos se quedaron recordando anécdotas de los partidos de Racing, como un memorable 4 a 4 en cancha de Velez contra Nueva Chicago el año que lo vieron salir campeón. Así transcurrieron dos o tres horas más. Agustín se fue, antes de irse le recordó su promesa a su abuelo, le dijo que en dos días se iría a Villa Gesell, pero que antes del venite volvería y lo sacaría de allí.
Las dos semanas posteriores Don Julio se mostró muy calmo en el geriátrico, calma que los psicólogos interpretaron como progreso del tratamiento, auto halagando el tratamiento efectuado y las estrategias dispuestas.
Agustín en la costa paso el mejor verano de su vida, se divirtió muchísimo y conoció a Adriana, una chica de Quilmas, lindisima, de pelo negro y ojos celestes, de una figura muy femenina apetecible a cualquier hombre que la viera, tenia un tatuaje en la cadera y otro en el cuello, ambos en la parte dorsal, una sonrisa hermosa como ella y mucha vida dentro. Aun que Agustín nunca lo habría admitido, esa primera vez con Adriana en la playa, también fue su primer encuentro sexual y al no notarse inexperto, debido a la reacción positiva de ella, el nunca le confeso la verdad. Agustín pasó esas dos semanas con ella, hasta que volvió, Adriana volvería una semana después a su barrio. Antes de irse ambos intercambiaron datos personales y prometieron volver a verse en Buenos Aires.
De regreso lo primero que hizo Agustín fue pedir una cita con el Lic. Shanider. La cita fue programada para la semana siguiente, acto seguido pidió hablar con su abuelo, esa charla telefónica fue breve, Agustín le dijo a su abuelo que tenia cita con Shanider para la semana siguiente, que iría unas horas antes para verlo a el.
Mientras tanto en Milán Lucrecia participaría del segundo desfile de la temporada de ropa adolescente en Milán y aun que su madre no estaba de acuerdo, debía desfilar con unos zapatos con taco, cosa que nunca había hecho antes, ya que Lucas no le permitía a sus hijas vestirse de forma provocativa debido a la corta edad que tenían. Cuando Lucas se entero hablo con su hija de forma contundente: ¿Vos estas loca nena? Como vas a andar desfilando con tacos moviendo el culo, no tenes siquiera trece años”.
Lucrecia como toda nena adolescente se revelo: “ay papa no entendes nada no entendes nada déjame tranquila”.
“Que no entiendo nada, ni vos ni tu hermana están aca para andar mostrando el culo a estos Italianos pajeros, ustedes van a terminar el colegio, van a estudiar algo y van a hacer una vida decente como Dios manda”.
Lucrecia se encerró en su cuarto envuelta en llanos y antes de dar el portazo final grito “No entendes nada te odio, te odio”.
Finalmente Mariela suavizo a Lucas, le dijo q son cosas de chicas, que las nenas están cuidadas, que es algo que las chicas aspiran hoy en día y que esto no quita nada en sus estudios, que si no le dejaba hacer esto ella lo iba a odiar toda la vida. Lucas termino accediendo.
Durante el desfile Lucrecia quien estaba muy nerviosa, trastabillo con uno de sus tacos y se cayó de la tarima al suelo, se rompió la muñeca un brazo y parte de un maxilar facial, el accidente no fue grave dado que era reversible con reposo e internación de tres semanas.
Días después, de nuestro lado del mundo, el Lic. Shanider esperaba a Agustín para la reunión que el solicito, Agustín había llegado un rato antes para ver a su abuelo, en ese encuentro se reencontraron luego de unos días, Don julio vio a su nieto mas seguro de si mismo, “epa nene me parece que la pusiste mucho en la playa.” Comento riéndose. Agustín le respondió en broma, “no te cuento así no te agarras envidia viejito”. Cuando el Lic. Shanider llamo a Agustín, este le dijo a su abuelo, “anda armando el bolso que en diez minutos nos vamos a casa.”
“Hola Agustín ¿que te trae por aca, hay algo que te inquiete? Pregunto el lic. Shanider
“Si es simple en realidad, vengo a llevarme a mi abuelo conmigo, el no quiere estar mas aca y yo quiero q vuelva a casa, ahí esta mejor”. Contesto Agustín.
“Mira Agustín no creo que eso sea conveniente, tu abuelo hace dos semanas que esta mucho mejor y no creemos conveniente que viva en otro lado.” Explico el lic. Shanider.
“Si esta mejor es por q hace dos semanas le prometí que cuando volvía de vacaciones me lo llevaba a casa y a eso vengo somos dos mayores de edad y me lo llevo, mira lic. no quiero discutir con usted, pero yo no vine aca a pedir permiso, vine a llevármelo conmigo”. Arremetió Agustín, a quien ya no le gustaba al tenor de la conversación.
“Mira Agustín” introdujo el lic. “tu mama es la responsable en este caso y ella es la única que puede sacarlo de aca”.
Luego de unos minutos de discusión donde ninguno cedió en su postura, Agustín se paro enojadísimo y amenazo al lic. Shanider, “esto así no se queda hijo de puta, yo no voy a dejar que mi abuelo se muera podrido aca, esto así no queda, ya vas a ver puto de mierda.”
Agustín antes de irse vio a su abuelo, en pocas palabras, a los gritos, le explico la situación antes que los empleados de seguridad lo escoltaran hasta la puerta.
Cuando llego a su casa, Agustín llamo a Milán para hablar con su mama, le explico lo que había pasado, exigiéndole que llamara al geriátrico para autorizar a su abuelo a dejar ese lugar y vivir con el. Mariela le dijo que no, le comento lo que había pasado con Lucrecia y le pidió que por favor no le sume otro problema mas, que las cosas estaban bien así.
Agustín se preocupo por su hermana, pregunto por el accidente y los detalles de su hospitalización, de todas formas volvió a hacer hincapié en el tema por el cual había llamado. Frente a una nueva negativa de su madre, arremetió con una nueva amenaza, “mira mama el abuelo ahí no se muere, yo de una forma u otra, lo voy a sacar, ¿me entendes?”, Mariela relativizo el comentario de su hijo y de mal modo cortaron la comunicación.
Al día siguiente Agustín recurrió al Dr. Severino Aurelio Oporto, un abogado del barrio de Avellaneda, famoso por su criterio garantista, era famoso por su poca ética y moral, en el pasado saco a muchos criminales de la cárcel encontrando figuras legales libres a varias interpretaciones. Este doctor en leyes le dijo a Agustín que lo asesoraría por treceietos peso, que hablaría con el geriátrico por doscientos más, pero que si esto terminaba en un litigio legal, tendría que pagarle sus honorarios, que en este caso treparía a los dos mil quinientos pesos. Agustín saco cálculos y acepto todo, salvo los honorarios, por los cuales ofreció pagarle dos mil pesos en tres cuotas, le explico que era lo mejor que podría hacer entre lo que el ganaba, la jubilación de su abuelo y algún dinero que podría llegar de Italia.
Cinco días después el Dr. Severino Aurelio Oporto, llamo al geriátrico y por medio de una comunicación telefónica represento los intereses de Agustín, hablo con el lic. Shanider, le explico que si no se cumplían las demandas por parte de su cliente, presentaría este caso con un perito psiquiátrico de parte, frente a la justicia sumado a una denuncia contra el por privación ilegitima de la libertad, considerando que se trata de un mayor de edad y que su perito de parte evaluaría que Don Julio estaba en condiciones de volver a su casa.
Frente a esta situación, el lic. Shanider le pidió unos días para comunicarse con la hija de su paciente, diciéndole que no tenía intención de verse involucrado en un conflicto legal. El Dr. Oporto accedió a este pedido y ambos acordaron hablar tres días después.
Al día siguiente el lic. Shanider llamo a Mariela a Italia y le informo de la situación.
Mariela no podía creer lo que estaba pasando, de inmediato le contó a Lucas, con quien sostuvieron una charla determinante para el futuro, aun que ellos no lo supieran.
Una vez que Mariela había terminado de contarle a su marido lo que estaba pasando este estallo. “A ver a, ¿vos te gusta llenarme de quilombos no?
“No mi amor, esto es un problema para mi también, pensa que…” contesto Mariela antes de que Lucas la interrumpa.
“Yo no pienso que nada, ya te escuche ahora me vas a escuchar vos a mi, yo vengo bancandome a tu familia y sus quilombos hace años, cuando quedaste embarazada de Agus tu papa me trato de pendejo irresponsable, no les caí bien a ninguno durante años hasta que empecé a ganar plata, siempre es a tu forma todo, mira lo que le paso a la nena por querer jugar a la modelo y por que vos la consentís en pelotudeces, me pudrí sabes me hinche las pelotas, tu papa es un tipo grande, Agustín también y si quieren vivir juntos que vivan juntos y que se vaya todo a la reconcha de su madre que bastantes quilombos tengo yo como para andar pensando en tu papa o en Agustín, yo a Agustín le mando plata todos los meses y ya es grande, que haga lo que quiera y que se haga cargo de las consecuencias como el hombre que es o debería ser, si busco abogados y se hace cargo de esto es un tema de el, no mió, si te piden de vivir juntos bueno van a vivir juntos, no se viaja firma los papeles y se acabo esta historia”.
Frente a esta situación, sumado a que Lucrecia estaba en el hospital y requería mucha atención, Mariela decidió ceder en su postura.
Al día siguiente llamo al geriátrico, para decirle al lic. Shanider que autorizaba a que Agustín sea responsable por su padre. El lic. Shanider, asustado por los abogados de por medio, le pidió a Mariela que firmara los documentos correspondientes. Mariela no podría viajar hasta dentro de un mes, cuando Lucrecia estaría bien. El lic. Shanider, entendió la situación de Mariela, pero viendo que era su intención destrabar la situación sin recurrir a un conflicto legal, se quedo mas tranquilo, se despidieron con un dejo de resignación.
Esa tarde El lic. Shanider llamo por teléfono al Dr. Oporto, le explico la situación de Mariela y su impedimento para viajar, le afirmo que con los papeles firmados por la madre no habría opocision por parte de la institución en desligarse de Don Julio, pero que sin los papeles correspondientes firmados no iban a hacerlo por temor a un futuro inconveniente. El Dr. Oporto quedo conforme y comento una forma de hacer firmar los papeles sin necesidad de firmar, vía consulado. El lic. Shanider le respondió que si los papeles estuvieran firmados en ese momento Don Julio podría dejar la institución y repitió que sin la firma de la responsable ellos no se harían cargo del asunto y a su vez le recordó que se trataba de una persona que aproximadamente un año atrás había tratado de quitarse la vida y constantemente presenta cuadros de depresión.
El Dr. Oporto minimizo esos comentarios y se despidió diciendo que esa semana pasaría para buscar los papeles e iniciar los trámites.
Los días consiguientes el Dr. Oporto se ocupo del tramite con el consulado Italiano, Don Julio estaba contento y ansioso por sus ultimo días en el geriátrico y Agustín se re-encontró con Adriana y comenzaron a verse con mas frecuencia.
Sin entrar en detalles burocráticos, el 3 de febrero del 2005, Don Julio salio del geriátrico y se fue a vivir con su nieto a su casa de toda la vida. Agustín tuvo que pagarle al Dr. Porto un total de ochocientos pesos por sus servicios, incluyendo el trámite internacional, la despedida de Don Julio fue cordial y amable, Ramiro fue al geriátrico para despedirse de el, Don Julio le dijo que igual podría ir a ver a Racing con el y su nieto, a lo cual Ramiro respondió en un tono de broma que el era de San Lorenzo, en este comentario sosteniendo la cordialidad impuso una distancia profesional en una relación que se terminaba.
Don Julio volvió a su casa, se lo veía feliz completamente feliz, todo parecía que iba a estar bien. Al llegar pidieron una pizza y hablaron abuelo y nieto, Agustín le contó sobre Adriana, sobre el negocio de pasear perros, sobre la facultad, que venia un poco lenta, sobre Lucrecia y el accidente, sobre Milán y demás cosas.
Con el paso del tiempo la rutina fue separando de a poco a Don Julio de su nieto, ya que este pasaba mucho tiempo en sus actividades, en la semana vivían los viejos fantasmas de Don Julio, quien empezaba a encontrarse sin actividades, el club Social Avellaneda ya era un recuerdo, muchos de los amigos que allí tenia habían muerto ese año, según le contó Doña Miriam, una señora que trabajaba en el almacén del barrio, uno de los pocos que aun quedaba en pie con dueños argentinos luego de la invasión masiva oriental en el rubro de los autoservicios.
Agustín pasaba su tiempo paseando perros, en la facultad o con quien ahora era su novia, Adriana.
Los domingos aun eran los domingos y abuelo y nieto iban a ver a Racing. La convivencia entre ambos no era mala, pero Agustín tampoco era la persona +más sensible o sensorial del mundo y no notaba lo que su abuelo podría estar pasando.
Fue así que concurrió gran parte de ese año, en septiembre del 2005, Agustín y Adriana sufrieron una crisis, ella le exigía mas a el, lo acusaba de ser un vago, le decía que iba a ser un paseador de perros toda la vida, que ese año solamente aprobó una materia de la facultad, que ella no quería estar con alguien así, le planteaba sobre que pasaría cuando tengan hijos y que los fines de semana se iba a bailar y después a la cancha, que ella no podía seguir así, que ella pensaba en el futuro y demás planteos así que a fin de cuentas no iban a marcar la diferencia en sus vidas a esa edad.
Agustín atemorizado por perder al amor de su vida le prometió cambios, le dijo que seria un estudiante mejor y que pasaría mas tiempo con ella y que mas adelante cuando este mas avanzado en sus estudios buscaría un trabajo mas convencional.
Desde ese día Agustín cambio su actitud, ya no era tan relajado como antes, pasaba mucho tiempo estudiando y poco a poco fue teniendo menos en cuenta a su abuelo, ya no iba todos los domingos a la cancha, ya que se quedaba con Adriana algunos sábados en su casa de Quilmes.
Así fue que Don Julio cada vez se sentía mas y mas desplazado de la vida de su nieto, había días que no hablaban mas que para intercambiar escasas palabras.
Corre la mañana que despide a Julio de este mundo, la del 20 de noviembre del año 2005, Agustín esta en lo de Adriana, Don Julio lo espera para ir a la cancha, sentado en el porche de su casa, viendo cual será la formación de Racing frente a Quilmes, en el diario crónica edición matutina. Don Julio se lo ve tranquilo, a las diez de la mañana, estado que ira cambiando a medida que pasa el tiempo y Agustín no aparece.
Agustín esta en casa de su novia y no se va a despertar hasta dentro de dos horas, el nunca iría al encuentro de su abuelo en este día que Racing club terminaría ganando el partido por cuatro goles a uno.
Frente a la ausencia de su nieto Don Julio solo almuerza unas tostadas con queso y mermelada.
Pasaron unas horas y es hora de salir hacia la cancha, Don Julio se encuentra desorientado por la ausencia de su nieto, pero decide ir igual. Va caminando como de costumbre, cruza la vía hacia el estadio y se amontona con los plateistas. Una vez en los molinetes Don Julio nota que en el apuro y la confusión dejo la billetera en la cómoda de su casa, habla con el muchacho de la puerta explicándole la situación, pero este no le presta atención y le dice que sin plata ni entrada no lo va a dejar pasar.
Don Julio esta muy triste y angustiado, esta pensando que ya nadie lo tiene en cuenta, se le cruza por la cabeza la ausencia de su nieto, su hija que lo dejo por una vida mejor, de su amada Estela y de lo injusto que fue su repentina muerte.
Julio esta resignado y emprende el camino de regreso a su casa, camina muy lento, dobla en una calle que no corresponde, ya que desvía el camino unas cinco cuadras, se sienta en una plaza situada cerca, fue allí donde beso por primera vez a Estela.
Con lágrimas en los ojos se levanta y retoma el camino a su casa.
Al llegar a la vía del tren ve la barrera baja, los autos esperan que la barrera se abra rápido, aun que eso no sucederá de esa forma.
Don Julio camina hacia la vía por donde venia el tren en sentido a la estación Avellaneda, con una velocidad considerable, se para en ella y comienza a caminar directo al tren, el maquinista toca la bocina desesperadamente. El tren se haya a unos tres metros de Don julio, quien abre sus brazos como para abrazarlo y con la mirada diáfana de cara al maquinista y una leve sonrisa de alivio, Don Julio deja este mundo junto con un gran charco de sangre regado por las vías del ferrocarril y restos que no serán reconocidos fácilmente.
Nace un nuevo lunes en el barrio de avellaneda, Lucas vuelve a su casa luego de un fin de semana de lujuria en Quilmas junto con su novia Adriana, al no encontrar a su abuelo en su casa se sorprende un poco, pero minimiza la situación pensando que fue a dar una vuelta. El día estaba nublado con amenaza de lluvia, es por eso que Agustín hizo los llamados correspondientes a sus clientes para cancelar los paseos de sus mascotas, acto seguido se fue a dormir una siesta.
Esa misma mañana pero mas temprano los restos de Don Julio ya habían sido removidos de la escena del suicido, en la vía del tren solo quedaba sangre seca.
En la morgue los forenses no saben por donde empezar con los resto de Don Julio, cuando un pasante sugiere tomar una pericia dactilar, mientras sostiene un dedo en su mano cubierta por un guante de goma.
Trascurridas cuatro horas, los forenses dan con la identidad de Julio Miranda, de 77 años de edad, viudo y jubilado, padre de una hija, sin un paradero fijo.
Un oficial se dispone a llamar al domicilio del difunto, probando suerte, ya que cree que nadie atenderá el teléfono.
Al cuarto llamado un joven con vos de dormido atiende el teléfono.
“Buen día hablo con el paradero de Julio Miranda” introdujo el oficial.
“Si, ¿quien habla?”, pregunto Agustín.
“Soy el oficial Héctor Suárez, de la comisaría 1º del barrio de avellaneda, ¿tiene usted relación con Julio Miranda?”, prosiguió el oficial.
“Si soy el nieto”. Respondió atemorizado Agustín.
“Lamento tener que comunicarle que Julio Miranda ha fallecido el día de ayer, por favor le solicito que se haga presente en esta dependencia con su documento de identidad o cualquier otro documento que acredite su identidad”. Informo el oficial.
¿Que pasó?” pregunto Agustín.
“No puedo brindarle esa información telefónicamente, por favor hagas presente en esta dependencia cuanto antes”.
“Si esta bien, gracias” respondió Agustín.
Luego de hablar unos segundos mas para que Agustín tome nota de la dirección y le sea explicado el camino corto con el Oficial y parto para la comisaría.
Agustín llega a la comisaría y se presenta, los agentes lo están esperando, uno de ellos le pide el documento, mientras este lo fotocopia un segundo agente le hace unas preguntas de rutina.
Una mujer con un chico en brazos se queja por que dice que ella estaba antes.
El primer agente con la fotocopia en la mano le dice que es un asunto urgente y que el joven estaba siendo esperado hace unos días, mientras le devuelve a Agustín su Documento.
El comisario sale de su oficina, “Pase aquí joven, ¿queres un café?” dice el Comisario Aldo Román Ordóñez.
“No, esta bien, gracias” responde Agustín.
Una vez sentados en el despacho el comisario le dice a Agustín que no era fácil lo que tenia que comunicarle y que por eso lo haría rápido, “tu abuelo se tiro abajo del tren ayer y murió” comunico el comisario.
Agustín se quebró en llanto, ¿como que se tiró en el tren?” cuestiono Agustín.
“es así pibe, no es tu culpa son cosas que pasan, ¿vos notaste algo raro en el este fin de semana?” indago el comisario.
“No, no se yo hace dos días que estoy en Quilmes con mi novia, hoy llegue, no lo vi y me fui a dormir, pensé q salio a dar una vuelta, ¿están seguros que es el?”. Dijo Agustín, mientras lloraba.
“Si estamos seguros, el cuerpo quedo maltrecho, pero pudimos sacar una huella dactilar y es el, te llamamos para confirmarlo e informarte”. Concluyo el comisario.
Agustín llora mucho, el comisario se levanta y le pone la mano en la espalda, “son cosas de la vida pibe, no es tu culpa”. Luego deja el cuarto con Agustín solo.
Al salir el comisario entra una mujer policía con estudios en psicología en la facultad de la policía. Ella lo contuvo unas horas, cuando Agustín estaba mas estable ella le pregunto si podría dormir en su casa, a lo cual el dijo que si.
Ese mismo día mientras Agustín estaba en la comisaría la misma policía llamo a Milán un llamado a cobrar para informarle a Mariela lo acontecido, para preguntarle cuan rápido podría estar allí y para consultarle sobre el destino de los restos, sugiriéndole que una incineración seria la opción mas adecuada dado el estado de los mismos.
Mariela autorizo vía telefónica la incineración, y aun que faltaba la firma para dicho procedimiento la policía confió en su palabra y dejando los documentos listos comenzaron con el proceso.
Dos días después Mariela arribo a la Argentina.
Mariela va al encuentro con su hijo, en el viaje no pudo parar de llorar. Recuerda a su padre, su infancia, su madre, avellaneda.
Finalmente Mariela se encuentra con Agustín, ambos se encontraron y se saludaron con un abrazo entre llantos, “perdóname mama no sabia que podía pasar esto” dijo Agustín llorando arrepentido.
“Esta bien Agus no es tu culpa”, respondió Mariela.
Ese día fue triste, no se hablo mucho, Mariela llamo a la morgue donde estaban los restos de su padre ya incinerados, el llamado fue corto con el fin de arreglar formalidades para que los restos sean entregados.
Al día siguiente Mariela y Agustín fueron a buscar los restos de Don Julio, luego en un acto muy emotivo, la comisión de Racing le permito a Agustín esparcir parte de los restos en el campo de juego del estadio Juan Domingo Perón, perteneciente a Racing club, otra parte fueron esparcidos por el barrio y el resto en el Rió de la Plata, la ceremonia duro tres horas y los únicos asistentes fueron Mariela y su hijo.
Mariela se dio cuenta de la soledad en la que había muerto su padre, ya que no había nadie para su funeral, todos sus seres queridos habían muerto y en los últimos doce años el había estado fuera de actividad, por lo que no se relaciono con gente nueva.
Luego de transcurridos diez tristes días en los cuales se iniciaron los tramites para la sucesión, Mariela volvió a Italia, Lucas quedo solo en el barrio, pero ya sin su abuelo.
Es mes posterior Lucas entro en una depresión importante, no tenia animo para trabajar con los perros, comía muy poco, le costaba ver a su novia, intimar con ella, si bien ella lo alentaba a hacer cosas el prefería quedarse tirado y decirle que se fuera, su aspecto personal era desalineado, se bañaba dos veces por semana a duras penas, si bien tenia una barba intermitente, hacia tres semanas que no se afeitaba.
Frente a estos hechos Adriana decidió dejarlo. En un primer momento Agustín minimizo el tema, pero un día cuando la llamo y escucho la voz de otro hombre con ella se puso como loco, salio a la calle, compro una botella de vodka y se embriago, esa noche sintió una sensación de bienestar como nunca antes había sentido, pero el día siguiente fue peor, la depresión y la sensación de malestar en el cuerpo eran intolerables, así fue que cayo en la bebida para aplacar estos estados de animo, generando un circulo vicioso.
Así transcurrieron cinco horribles meses para Agustín, hasta que un día encontró unas pastillas de su abuelo, en un cajón, se acordó de el, pensaba que si no fuera por Adriana el podría haber evitado su muerte, siempre se culpo de la muerte de Don Julio.
Las pastillas parecían ser ansiolíticos, eran relativamente nuevas, tenían fecha de menos de un año atrás, sin pensarlo demasiado tomo catorce pastillas con alcohol.
A las horas empezó a sentirse mal, llamo a su ex y le contó lo que había hecho, ella sin pensarlo llamo una ambulancia para que vaya a asistirlo, pero ella nunca apareció.
El día siguiente Agustín amaneció en el hospital Churruca, le habían lavado el estomago.
Una psicóloga del hospital le pregunto sobre que le pasaba, el le contó su historia personal, ella le manifestó que debía hacer terapia y asistir a un grupo de ayuda al suicida y sobre trauma post.- suicidio, ya que la profesional pensó que ese era el problema de Agustín, no poder superar la culpa que le genero la muerte de su abuelo.
Agustín hoy se encuentra internado en un tratamiento ambulatorio, Mariela volvió de Italia y lo acompaña en este proceso. Desde el centro de ayuda le exigieron a Agustín que debía estar acompañado en todo momento al menos los primeros tres meses y luego se evaluaría acorde a la situación y resultados. Agustín sugirió a Ramiro como acompañante, en el centro de asistencia le negaron su pedido con fundamentos de que Ramiro le traería recuerdos negativos para el tratamiento. El centro designo a Eugenia, como acompañante, una mujer de cuarenta y tres años de edad con experiencia en adolescentes.
Agustín sigue en tratamiento en la actualidad y su pronóstico es favorable.
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