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DIRECTOR GENERAL: Lic. Sergio Sáliche

CURSO: Acompañante Terapéutico (Nivel Inicial)

DOCENTES: Lic. Sergio Sáliche y Lic. Daniela de Elorduy

MONOGRAFÍA: "LA INDIFERENCIA (DES) APASIONADA"

AUTORAS: Natalia Florencia Ara y Agata Traverso

CURSADA: Enero- Abril 2008

ENTREGA CERTIFICADO: 2 de Mayo de 2008

 

INTRODUCCIÓN:

La problemática del autismo infantil, su incompleta comprensión así como la escasa literatura especializada acerca del tema, nos conducen a lejos de encontrar respuestas acabadas, a formularnos muchas preguntas, ese es quizás el mayor objetivo y el rumbo del trabajo.
Lejos de dar definiciones y características descriptivas, pretendemos cuestionarnos sobre el origen del autismo, si es que se puede trazar uno, sobre el tratamiento y las distintas posiciones teóricas que surgen en torno a estos dos ejes. Para ellos hemos tomado como base un autor psicoanalítico, Bettelheim, que escribió una obra sobre el autismo en la que vincula el autismo y el nacimiento del yo, este autor tiene una orientación de escuela inglesa de psicoanálisis y casi todo este trabajo sigue ese rumbo puesto que esta orientación tiene aportes muy interesantes aplicables sobre todo a la niñez. Pero aún así no dejaremos de incluir otras posturas psicoanalíticas, también otras corrientes de pensamiento como la conductista o la constructivista a propósito de Piaget para dar cuenta de la construcción de los conocimientos en el niño y de que manera se producen en el autismo.
Sobre el origen del autismo existe una mayor discrepancia que con respecto a las características de los niños autistas, las que incluiremos de manera general pero no sólo descriptivamente sino con la finalidad de relacionarlas con cuestiones más metapsicológicas y no tan semiológicas.
Algunas líneas intentaremos trazar sobre el tratamiento, siempre teniendo en cuenta la singularidad del sujeto, lo que nos impide crear una especie de instructivo, sino sólo formular algunas cuestiones para tener en cuenta en el empleo del dispositivo en estos niños, con sus particularidades tanto por la patología como por la etapa vital -niñez- como por la subjetividad del niño.
La primer pregunta que guía el trazado del material es por qué estos niños se retiran del mundo? ¿Es miedo, indiferencia, obstinación? ¿construirán un mundo propio o también carecen de ello?¿hasta que punto está debilitada su personalidad? ¿qué lugar hay para el analista y para el acompañante? ¿se podrá ubicar un origen?¿qué origina este estado, una experiencia, una frustración, la indiferencia? ¿es constitutivo o es adquirido en el desarrollo evolutivo? ¿ cuáles son los factores que convergen?. Estas son algunas de las preguntas que guían el desarrollo del trabajo, muchas seguramente quedarán abiertas pero esto también nos conduce a repreguntarnos e interrogarnos sobre la clínica de estos trastornos graves, sobre el sufrimiento, sobre nuestra tarea, sobre la indiferencia desapasionada.

SOBRE LA NATURALEZA DEL AUTISMO

Hemos aclarado en la introducción del presente trabajo, que no nos centraremos tanto en las características del autismo a modo de descripción sino que ahondaremos un poco más en las mismas para incluirlas dentro de una patología que no se trata solo de la descripción de los signos como la psiquiatría clásica sino tratando de desentrañar el síntoma desde una perspectiva freudiana. Aspiramos a generar intercambios, debates, polémicas si es posible en relación e los orígenes del autismo, a su tratamiento, mostrando las diferentes posturas de diversos autores cuyas líneas de pensamiento se presentan como conflictivas respecto a un mismo tema. Pensando que es quizá el modo de despertar el interés del lector de este material que quizás se encontrará las características del autismo en cada trabajo que se escribe sobre el tema. Por eso nos pareció más interesante, repasar algunas de estas características con el fin de introducir el tema en cuestión para entonces sí, proseguir con las diferentes teorías sobre la etiología y el tratamiento.

Casi todos los informes mencionan el hacho de que, si bien los niños en cuestión hablan, no utilizan el pronombre "yo". Uno de los autores que se incluirán en este trabajo, uno de los pioneros en el trabajo con niños autistas y el que propuso esta denominación para dicho cuadro, llamó a este fenómeno "inversión pronominal", consistente en que el niño utiliza el pronombre tú (vos)/vosotros en lugar del "yo".también este autor habla de "afirmación por repetición" como por ejemplo cuando se pregunta al niño:"¿querés leche?" y este contesta "Vos querés leche" dando a entender "yo quiero leche" o "sí, quiero leche".
Para otros autores, como Bettelheim, esta inversión de pronombres es engañosa puesto que no se trata de que los invierta sino que el niño evitaría usar los pronombres, sobre todo aquel que se refiere a sí mismo porque si fuera simple ecolalia sería lo mismo poder repetir "tú quieres leche" como "yo quiero leche". Repiten con facilidad "tú quieres" pero nunca una frase que contenga el "yo".
En este mismo sentido, en el lenguaje del niño autista el "no" aparece mucho antes que el "sí", esto no se debería a la consecuencia de una lesión orgánica sino a un negativismo extremo.
Para Bettelheim, la evitación del yo significaría una negación del sí mismo o una ignorancia de este, mientras que la sustitución por "tú/vosotros" denotaría cierta conciencia del sí mismo de los otros.
La negación a hablar y la evitación del uso de los pronombres personales no son las únicas cosas que traducen la angustia del niño a ser él mismo. La comunicación no es solo una cuestión de palabras sino que también engloba una intención y provoca una reacción. Nombrar cosas para estos niños es fácil porque no se ven implicados subjetivamente en ello, no se comprometen y no revelan sus pensamientos, algo que tanto temen. Aquello que los desborda de ansiedad es el comprometerse personalmente porque no desean transmitir sus sentimientos. Su voz suena átona, sin color, incapaz de acomodarse al oído, como las de los sordos que no pueden oír su propia voz. Parecería que, efectivamente, no quieren oír lo que les dicen ni permitir que otros les entiendan.
El niño autista posee un sí mismo que solo se apoya en la negación, vacío, negación de cambio, de insistir en la identidad. Se encuentra en estos niños una gran obstinación pero también la única afirmación del niño, por eso este descompromiso con el mundo, se niegan a "ser en el mundo", por esto esta evitación del yo que protege de la decepción, siempre temida, puesto que hace posible no admitir jamás que se tienen necesidades.
El niño autista aprende fácilmente a repetir listas sin significación aparente, nombres de capitales, países, presidentes, canciones, etc. pero esto no quiere decir que el niño solo puede aprender de memoria, se trata de lo ya dicho, la evitación de todo compromiso personal. Estos niños no son débiles mentales y realizan algunas hazañas memorísticas con solo escucharlas un par de veces.
Loomis cree que el niño autista se sirve del lenguaje para ocultar lo que verdaderamente piensa, también Kanner en algunos trabajos ha mencionado la función protectora de aspectos específicos del lenguaje autista, refiriéndose concretamente al uso de la negación verbal simple como protección mágica contra acontecimientos desagradables. Creyendo estos niños que escondiendo sus pensamientos detrás del mutismo pueden evitar sufrir, ofreciéndoles esta negación mayor seguridad. Jackson explicaba el mutismo de los niños autistas como una trinchera frente al peligro.
Sin embargo, el lenguaje no es la única función utilizada con fines defensivos por el niño autista, pues también utiliza sus reacciones muy selectivas, a los estímulos sensoriales. Goldfarb insiste en el menguado uso de los receptores de distancia, vista y oído, por los niños esquizofrénicos que no presentan indicios de defectos en la agudeza visual o auditiva como así tampoco en el umbral.
Es un hecho relatado frecuentemente en la literatura sobre autismo infantil aquel por el cual los niños muy pocas veces se hacen daño al balancearse o darse de cabeza contra los objetos o las paredes, incluso en accesos de actividad peligrosa . De la misma manera que el niño utiliza su lenguaje, no para comunicarse sino para defenderse, para algunos autores, lo haría así también con sus sentidos, no para comprender el mundo sino para defenderse de experiencias vividas como aterradoras.
En concordancia con esto se ha observado que los niños autistas no lloran o si lo hacen la razón no es aparente, entonces se ha pensado en estímulos interiores.
En relación a la visión, se tiene la impresión de que los niños autistas solo miran lo que es significativo para ellos. Así un objeto muy distante, si es muy importante, puede ser muy nítido para ellos, como el objeto fóbico. Y al concentrar su atención sobre este, todo lo que para nosotros es próximo y claro, para ellos queda oscurecido. Se ha observado el mismo fenómeno a propósito de los fenómenos auditivos, siendo la misma razón; el niño intenta pasar los estímulos por alto sin importancia.
Respecto al comportamiento no verbal, Bosch afirma que los niños autistas no consiguen experimentarlos, no se ensucian, manejan los juguetes de una manera muy circunspecta. Esto significa que no entran en relación de conocimiento con esos objetos, no los destruyen, no los investigan, no los modifican, los dejan tal y como los han encontrado o bien realizan las mismas actividades estereotipadas y repetitivas.
Bosch comprendió al igual que otros autores que los niños desarrollan este modo rígido de enfocar los problemas de la vida y se someten a una existencia mecánica a fines de hallar seguridad.
La literatura sobre psicosis infantil, en la que generalmente figura el autismo, se afirma que en los casos de perturbaciones graves se asiste a una ausencia de acciones dirigidas a un objetivo, o al menos acciones que le procurarían lo que quieren. A esta ausencia se le suma un gran monto de rabia, sin contenido específico y una falta total de disposición para indicar su causa, como la de cualquiera de sus emociones, pues están convencidos de que nunca conseguirán una respuesta afectiva satisfactoria. La retirada autista, en cambio, va mucho más lejos. La mayoría de ellos no solo han abandonado toda acción dirigida a un fin y a la comunicación de sus sentimientos, sino también a la predicción. En esta fase se dividirían en dos grupos: uno que simplemente se niega a realizar el menor movimiento hacia el exterior o incluso se añeja cada vez más de él y otro que combina la retirada con la creación de un mundo privado, frecuentemente paralelo al nuestro. En el primer grupo se encuentran aquellos niños que abandonan la operación de predicción de lo que sucederá pero no la de lo que no sucederá. Mediante un ritual se aseguran de que nada se producirá. Acomodan los objetos de cierta manera pues de lo contrario algo terrible sucederá.
En un estadio posterior de retirada desaparece también la capacidad de predicción. Se mantienen los rituales pero de esto no se sigue prevenir algo que puede pasar, de seto no se sigue nada, ni siquiera la predicción de lo que sucedería si no se mantuvieran los rituales. También hay niños que se retiran aún más lejos y no tienen ni siquiera rituales ni ordenación de objetos, son los que se han retirado más adentro en dirección hacia la nada.
Originariamente, la inactividad del niño autista puede tener motivaciones internas muy diferentes, puede albergar intenciones suicidas o de autoprotección, también es posible que en un comienzo la inactividad sea signo de un abandono total o incluso un desafío radical. Por desgracia quienes acuden a este medio defensivo, su naturaleza es tal que debilita es sí mismo hasta un empobrecimiento radical del mismo. En un último esfuerzo de afirmación, el niño desafía a sus padres y no hace nada, pero al actuar así, abandona el mismo ser que intentaba proteger. Este sí mismo, al no actuar, se va debilitando cada vez más hasta llegar al peligro de su desintegración.
El sí mismo, según Bettelheim, no es una entidad aislada. Es una totalidad de procesos que se desarrollan lentamente pero una vez desarrollada no se detiene y reanuda a voluntad.
Por otra parte, al nivel de la sensibilidad frente al dolor, estos niños parecen insensibles al dolor físico. Mahler habla de insuficiente sensibilidad periférica al dolor, esto se explicaría por una ausencia de catexia que no se limita a la periferia, en otros casos se relata casos de niños con dolores viscerales como apendicitis que no sentían las molestias.
Es difícil saber por qué los niños autistas reaccionan tan débilmente al dolor físico. El hecho es más desconcertante si tenemos en cuenta que al parecer prestan muy poca atención al mundo exterior, concentrándose en sí mismos. De acuerdo a la lógica, tendrían que ser más sensibles que las personas comunes a todo lo que proviene de dentro de ellos mismos, más si es doloroso, pero la lógica en estos casos no es válida y sucede lo contrario. Están más alienados del cuerpo y de sus señales normales como del mundo exterior, esto se afirma tomando como referencia el sistema muscular de coordinación de los niños autistas que carece de precisión, se mueven de forma extraña y diferente al común de los niños.
Para autores como Bettelheim, esto se debe a que se estaría en presencia de una concentración sobre su sistema defensivo con exclusión de cualquier otro estímulo, venga este del exterior o del interior. O cualquier otra sensación es absorbida por su sistema defensivo y no la perciben como originada por ejemplo en un dedo, o un apéndice infectado.
En relación al desarrollo de la inteligencia, incluiremos los aportes de Piaget, para tener en cuenta otra visión de la adquisición de las funciones cognoscitivas en el niño y la aplicación de sus conceptos al problema del autismo infantil.
Los conceptos que utiliza Piaget tanto acomodación y asimilación como el de adaptación nos permite entender cómo el niño empieza a comprender y manipular la realidad. Estos dos procesos se aplican no solo a la ingestión de alimentos sino y sobre todo a la recepción de información, mediante los cuales se incorporan nuevos elementos a los antiguos esquemas (asimilación) y la inteligencia modifica los mismos a fin de ajustarlos a los nuevos elementos (acomodación).
Refiriéndose a la experiencia interna del niño Piaget dice: "cuando el sujeto está más concentrado en sí mismo es también cuando menos se conoce, y de ahí que sea en la medida en que se descubre que se sitúa también en un universo y lo construye por este mismo hecho. En otras palabras, egocentrismo significa la ausencia de autopercepción y de objetividad; en cambio adquirir posesión del objeto en tanto que tal es un proceso que corre parejo con la adquisición de la autopercepción" .
Para adquirir este logro, se tuvo que haber dado un proceso anterior, en el cual todos los acontecimientos hayan sido atribuidos a la actividad personal. En el caso del niño autista no atribuye los acontecimientos a su actividad personal porque se siente excesivamente dominado por el medio como para creer que su actividad puede modificarlo. La seguridad reside únicamente en la identidad, que es lo opuesto al cambio, en tanto que la finalidad de la actividad es cambio. Como el niño autista evita la actividad y el cambio, no puede pasar al estadio de desarrollo en el cual el mudo gira alrededor de un algo completamente inconsciente de sí mismo en tanto que sujeto.
Casi todos los autores que han escrito sobre la problemática autista han puesto de relieve esta insistencia del niño en conservar su identidad frente al medio.
Otro concepto importante para aplicar al autismo y observar sus manifestaciones en esta patología, es el concepto de permanencia del objeto, a través del cual se logra la organización del espacio, el tiempo y la causalidad. Kanner escribía: "En el niño hay algo que lo obliga a postular imperiosamente un medio estático, inmutable, la memoria del niño autista es fenomenal a este respecto (…)"
Esta absoluta necesidad de que los objetos estén dispuestos siempre en la misma posición, quizás se entienda mejor desde las ideas de Piaget. Si el niño autista carece de un concepto de permanencia de los objetos, a pesar de haber pasado la edad cronológica en la que se adquieren, y si todas las otras adquisiciones superiores dependen de esta, no podría pensarse que esta insistencia en la identidad no está representando un esfuerzo por establecer en el mundo exterior lo que no se es capaz de establecer internamente?
Para el niño autista el objeto solo existe cuando está presente, lo ve o a su disposición y en lugar acostumbrado, deja de existir si sale de la órbita familiar.
Algunos autores afirman que la adquisición de la permanencia del objeto en el autismo se dificulta debido al grado de vulnerabilidad emocional y afectiva. Mientras nada se mueva en el mundo alrededor de él, al menos se asegura de que no surjan nuevos peligros. Mediante esa insistencia en la identidad, el niño autista consigue cierta facultad para predecir sus inmediaciones contiguas pero no su comprensión de la permanencia del objeto, lo cual elimina la posibilidad de conocer la naturaleza del mismo, debido a su la angustia y a su inhibición para actuar independientemente sobre aquel.
Frente a la pregunta sobre por qué no se acomoda a la realidad, no la asimila y no adquiere un concepto de permanencia de los objetos, la respuesta para estos autores daría cuenta que la autopreservación exige la no acomodación a una realidad que se vive como destructiva. Con palabras de Piaget: "La inteligencia, precisamente porque sufre un proceso gradual de socialización, consigue hacer un creciente uso de de los conceptos gracias al eslabón establecido por el lenguaje entre pensamientos y palabras. En cambio, el autismo, precisamente porque es algo individual, permanece atado a la fantasía, a la actividad orgánica e incluso a los movimientos orgánicos. El simple hecho, entonces, de decir el pensamiento propio a otros, o de guardar silencio y decirlo a uno mismo ha de tener una enorme importancia para las estructuras fundamentales y el funcionamiento del pensamiento en general, y de la lógica infantil en particular" .
Como el niño autista es incapaz de abandonar su posición egocéntrica, está inhibido para actuar en el mundo y de manera autónoma. Sin un concepto de la permanencia del objeto y de las relaciones humanas, el universo se torna caótico e impredecible, careciendo de orden. Entonces, el único principio alternativo por el que puede reinar el orden es asegurar que todo siga siempre igual.
Según las ideas de Piaget, podíamos ubicar al niño autista dentro del período sensoriomotor, dominando en aspectos aislados, insuficientes y a veces de ninguna manera el período preoperatorio. Durante este último período, el niño adquiere la capacidad de comprender y planificar cómo relacionarse con la realidad a través de manipulaciones simbólicas, internas, etc, gracias al pensamiento.
Pero no se puede tampoco aceptar la idea de que todos los niños autistas carecen innatamente de la capacidad de pensar en forma abstracta, porque la realidad es que lo pueden hacer según varios autores, careciendo en cambio, de la posibilidad de pasar de un pensamiento a otro, por esto se detienen en un único pensamiento a la vez. Sus pensamientos se mueven muy lento, y no pueden armar una secuencia entre ellos.
Lo que sí es seguro es esta imposibilidad que tienen para aceptar lo nuevo, evitándolo. Pero la capacidad para manipular objetos y manejar su cuerpo superaría el sexto estadio sensoriomotor aunque la capacidad de manejar los pensamientos relativos a sus preocupaciones afectivas y emocionales es inferior a la media. Parece como si se hubiese detenido en el sexto estadio, que normalmente comienza a los dieciocho meses, que es precisamente la edad en la que se suele reconocer la desviación autista en el desarrollo de un niño.
Según las observaciones realizadas a estos niños, si bien el niño autista puede detenerse en el último período del desarrollo sensoriomotor, no por eso se debe pensar que funciona al mismo nivel en todos los aspectos. Puede darse un alto nivel de desarrollo en un área determinada y un fracaso total en un nivel inferior, a pesar de que este nivel inferior sería requisito previo en un desarrollo normal, para las formas más complejas. El orden lógico del niño autista parecería ser diferente.
Hasta aquí se desarrollaron aspectos característicos que tienen que ver con la sensorialidad, el empleo del lenguaje, la formación de aspectos de la inteligencia y de la relación con el objeto y la realidad. Algunos conceptos de Piaget nos sirven para entender algunas cuestiones, como el desarrollo de las funciones cognoscitivas en el niño, pero deja de lado otros temas importantes como el mundo interno, la afectividad y sus efectos en el comportamiento, para lo cual es necesario servirse de la teoría psicoanalítica para tomar la problemática en sus diferentes aspectos y complejidades. Nos centraremos en estos aspectos, en esta segunda parte del trabajo, en la cual se hace referencia al un posible origen del autismo, desde sus múltiples perspectivas, la deficiencia innata, el déficit en la relación del binomio madre-hijo, etc, como para pensar las diferentes explicaciones que se le dieron a la pregunta sobre por qué, qué es lo que provoca que un sujeto se aparte, se ponga de espaldas al mundo.


SOBRE EL ORIGEN

No se abordará aquí toda la literatura existente sobre el autismo infantil, sino que se presentarán algunos autores que han contribuido a la mejor comprensión de esta problemática. No sólo tomando como base a Bettelheim sino también incorporando aportes de Kanner, Bleuler , Eisenberg, Spitz y Bosch por nombrar sólo algunos de los autores cuyos desarrollos teóricos se pueden aplicar al autismo infantil, delineando algunas de las características de esta patología así también teorizando sobre la etiología del autismo. Sobre el origen del autismo no existe un acuerdo entre los autores siendo discrepantes las opiniones en torno a cual puede ser la causa del mismo y si a éste contribuyen de alguna manera y en qué medida los padres.
El autismo se conoce desde hace algunos siglos antes de que Kanner le diese este nombre. En 1809, Haslam describió el caso de un niño autista admitido en 1779 en el asilo Bethlehem, en 1921 Darr y Worden estudiaron a un niño autista de 4 años de edad en en Hospital Johns Hopkins donde veinte años después Kanner desarrolló la primera descripción del autismo infantil, siendo el mismo autor el que realizó la primera investigación sistemática de la enfermedad que se publicó en 1943. Sus conclusiones desde entonces fueron modificadas por él mismo en los años siguientes pero su descripción del síndrome sigue siendo clásica: "Los rasgos característicos consisten en una retirada profunda de todo contacto con personas, un deseo obsesivo de preservar la identidad, una relación muy hábil con los objetos, la retención de una fisonomía inteligente y pensativa, además de mutismo o de un tipo de lenguaje que no parece destinado a la comunicación interpersonal. Este comportamiento difiere del ritualismo obsesivo ordinario en un aspecto significativo: el niño autista obliga a las personas que le rodean a obsesionarse que él mismo. Si se observa esta clase de niños durante un tiempo, parece manifiesto que, salvo cuando están absolutamente solos, la mayoría de sus actividades están totalmente dedicadas a la tarea grave, solemne y sacerdotal de preservar la identidad absoluta" .
Kanner desde su primera obra presentaba el autismo infantil como una entidad diagnóstica suponiendo que estos niños habrían venido al mundo con una incapacidad innata para establecer el contacto afectivo, que suponía normal y de base biológica con las personas estableciendo un paralelismo con aquellos niños que presentan dificultades físicas e intelectuales de manera innata, caracterizando al autismo como una perturbación innata del contacto afectivo. Convencido de que el autismo era una incapacidad innata, la diferenciaba del grupo esquizofrénico ya que para Bleuler el autismo era un síntoma secundario de la esquizofrenia. Si bien reconocía que una vez declarada la enfermedad el deterioro emocional es característico del cuadro clínico, definió al autismo insistiendo no tanto en esta perturbación afectiva sino poniendo el acento en la relación con la realidad. Lo define así: "Los esquizofrénicos más graves, que han perdido todo contacto con el mundo exterior, viven en un mundo propio. Se han encerrado con sus deseos y anhelos (que consideran realizados) o se ocupan en los pormenores y milagros de sus ideas persecutorias; se han aislado cuanto han podido de cualquiera contacto con el mundo exterior. El apartamiento de la realidad, junto con el predominio relativo y absoluto de la vida interior, es lo que nosotros llamamos autismo" .
Kanner opinaba de modo diferente acerca de esto ya que si bien el esquizofrénico se retira del mundo, para él el autista nunca había conseguido entrar, siendo extraños en el mundo desde el principio. Desgraciadamente este autor al suponer que la perturbación era innata no se preguntó que mecanismos psicológicos estaban implicados en este comportamiento, es decir, desde Freud podríamos preguntarnos porqué un sujeto se comporta de esa manera y no de otra, esta pregunta no se puede eludir a menos que se suponga a la persona sin libertad de opción en lo que le pasa, no pudiendo comprender la motivación del sujeto cayendo en la tentación de atribuir una dificultad innata a un comportamiento que nos resulta incomprensible si no investigamos tal motivación.
Kanner a medida que avanza en su teorización sobre el autismo va abandonando la idea que caracteriza al mismo como una perturbación afectiva aunque no renuncia a la convicción de que estos niños se relacionan con objetos y también con personas, pero no de modo habitual insistiendo desde los primeros informes hasta sus posteriores trabajos en la peculiar naturaleza de los padres de estos niños, considerando cierto factor hereditario, no considerando el comportamiento de los niños como una reacción a la conducta de los padres, aunque la configuración emocional en el hogar tenga un papel dinámico en la génesis del autismo, este factor aunque importante, no es suficiente en sí mismo para determinar la aparición del autismo "Parece como si, de alguna manera, estos niños fuesen diferentes desde el comienzo mismo de su existencia extrauterina. Ciertamente, se ha afirmado que el comportamiento aberrante de los niños es el principal responsable de las dificultades psicológicas que padecen sus padres, a los que entonces se pinta como reaccionando a una situación realmente dramática, esto es, la de tener un hijo que no reacciona. Si bien admitimos que esta es una consideración importante, sin embargo, explicar las características sociales y psicológicas de los padres, que tienen una historia muy anterior a la aparición del niño" .
Esto es algo contradictorio puesto que es difícil entender cómo la configuración afectiva del hogar puede desempeñar algún papel en la génesis del autismo, si para este autor el niño no establece relaciones con las personas. La única forma de conciliar ambas enunciaciones es suponer que los padres del niño no han conseguido incitar ningún tipo de reacción en el niño, manteniéndose éste en el estado autista.
Bettelheim no cree en esta característica innata del autismo, afirma que no hay pruebas existentes que denoten que este fuese reconocido en el momento de nacer o inmediatamente después.
Bosch llega a las mismas conclusiones que Bettelheim en base a diferentes observaciones que sitúan el inicio clínico del autismo infantil con acontecimientos que se producen durante el segundo año de vida, en contra de quienes afirman haber apreciado indicios de autismo inmediatamente después del nacimiento.
Estas observaciones coinciden con estudios realizados por Schlain y Yannet sobre cincuenta niños autistas corroborando que la mayoría de los padres fecharon el comienzo del comportamiento anormal durante el segundo año de vida.
En la opinión de Bettelheim el autismo está relacionado con todo lo que sucede desde el nacimiento pero como se trata de una incapacidad de relacionarse con el mundo, es lógico que aparezca hacia el segundo año de vida cuando se habrían de producir contactos más complejos con el mundo.
Eisenberg es un autor que ha trabajado con Kanner en el desarrollo de esta problemática, pero cuando escribe solo sus consideraciones sobre la etiología del autismo infantil, éstas son un tanto diferentes. Este autor está convencido de que los padres son muy importantes para estos niños que si bien obedecen lo hacen de una manera que a la vez es rebelde a través de un comportamiento que castiga a los padres por sus exigencias y frialdad y no de manera ciega. Aquellos educarían a sus hijos de una manera conductista, interesándose por el niño sólo en la medida en que es capaz de ejecutar automatismos, de esto deriva el hecho de que puedan alcanzar prodigiosas hazañas en lo que se refiere a aprendizajes de memoria. Este autor describe a los padres de estos niños como muy perfeccionistas buscando el conformismo de sus hijos exigiendo obediencia y ejecución sin ofrecer nada a cambio.
Estos autores describen a los padres de manera parecida y Kanner no ve el deseo de relacionarse de estos niños detrás de su extrema soledad distanciándose de Eisenberg en la determinación innata de esta perturbación, ya que este último admite la posibilidad de que experiencias emocionales inadecuadas en la primera infancia pueden determinar cambios en la comprensión y relación con el mundo que de no ser corregidos a tiempo llegarían a ser irreversibles. Aunque el primer autor en sus últimos escritos ya no considera al autismo como algo puramente innato, sino también como fruto de una intención entonces ve la actitud de estos niños no ya como la imposibilidad de actuar de otra manera sino como el resultado de cierta decisión, considerando esto como una exigencia incesante de identidad que les otorga una seguridad, muy frágil, en un mundo donde se producen constantemente cambios que amenazan esa identidad.
Otro autor que ubica el autismo infantil como un trastorno innato es Benda que lo ve más como una incapacidad para el pensamiento abstracto que para el contacto afectivo, acercándose en esta idea a Goldstein que cree que el autismo es una defensa secundaria contra una deficiencia orgánica en niños que se retiran para protegerse de la desorganización y la angustia producidas por la patología básica. Escribe Benda: (…) "hemos de decir que el niño autista no es un retrasado mental en el sentido ordinario de la palabra, sino más bien un niño con una forma inadecuada de actividad mental, que se manifiesta en incapacidad para manejar formas simbólicas y asumir una actitud abstracta. En estos niños encontramos, pues, un desorden específico de la abstracción, importante parte de la inteligencia humana, pero no idéntica a otras formas de defectos intelectuales o de lesiones locales cerebrales.
Al mismo tiempo, nos damos cuenta de que el niño autista, aunque aparentemente retirado, no carece de emociones y afectos y ni siquiera de un contacto personal intenso. El niño reacciona emocionalmente a lo que le rodea. Si nos parece confuso, ello se debe a que no puede orientarse en este mundo y entre los miembros de su grupo de edad" .
Estos autores ven el autismo infantil como una defensa contra una angustia insoportable concordando en esto con otro autor, Bettelheim, pero este último a diferencia de los citados autores afirma que la fuente de angustia no es una deficiencia orgánica, sino el producto de una evaluación que el niño ha hecho de sus condiciones de vida, que le ha dado un resultado totalmente negativo y destructivo. Postula que diferencia de lo que Kanner consideraba una perturbación innata del contacto afectivo, en realidad se trate de aquello que se produce cuando la capacidad innata de relación no encuentra los estímulos apropiados en los momentos apropiados.
Spitz fue el primero en estudiar esta problemática desde un punto de vista psicoanalítico. Concluyó que la carencia afectiva más la ausencia de estímulos apropiados acarrean una depresión anaclítica y un retraso intelectual y afectivo grave. En los casos extremos, el resultado era el marasmo y la muerte.
En relación con esto para Bettelheim, los niños que devendrán autistas, se presentan extremadamente sensibles a los afectos de la madre que los lleva a cerrarse defensivamente a una experiencia que es percibida como demasiado destructora. Es probable que al cerrarse a la experiencia afectiva impida el desarrollo del conocimiento e incluso reforzarse mutuamente desembocando en el autismo. Presentándose junto con la deficiencia afectiva, cierto grado de deficiencia intelectual.
Lo difícil de saber es qué encadenó esa reacción entre la figura materna y el hijo, cuando más íntima es esa relación más se complica el saber que aporta cada uno de ellos, lo que pertenece a uno y otro. Si se supone que la carga del niño sobre la madre es intensa y a la vez decepcionante, esto sólo puede incitarle a darle la espalda al mundo. Pero, es mucho más difícil saber lo que en este período temprano del desarrollo psíquico, ha decepcionado tanto al niño. Es difícil saber si lo que se produce entre el lactante y su medio es debido a una sensibilidad demasiado grande, a un exceso o a una ausencia de estímulo. Aquí también intervienen las circunstancias y la constitución del niño, que harán que estas marcas sean poco perceptibles o graves y perniciosas. Ciertamente, se conocen niños cuya historia de privación fue tan patológica como la de los niños autistas y, sin embargo no presentan neurosis graves.
Los niños autistas no encuentran lo que para ellos debería haber sido un medio normal, bien por su constitución o por deficiencias en su medio - escasos o excesivos estímulos- en cambio, encuentran un medio que de alguna manera no ha reaccionado suficientemente a su persona. Escalona cree que "la controversia acerca de si el autismo infantil es debido a una maternalización inadecuada o debido a una deficiencia innata pierde su significado. Es el resultado de una falta de experiencias vividas, de variaciones extremas en los determinantes intrínsecos o extrínsecos del desarrollo, o en unos y otros a la vez. La psicosis autista de la infancia no es el resultado directo de una deficiencia maternal o en el niño Es producto del hecho de que ciertas experiencias vitales, que nosotros consideramos condición necesaria para la síntesis del yo, han faltado durante la primera infancia" .
Sería interesante saber por qué esas experiencias vitales no se han producido en la vida de ciertos niños. La polémica sobre quién fue el primero en no reaccionar ante el otro, es decir, la madre o el niño llevaría, al parecer a un callejón sin salida y tampoco se resolvería diciendo que todo se debe a una interacción, que en parte es cierto pero no suficiente. Entonces, sería necesario conocer los mecanismos internos de los pasos habidos en estas interacciones, cual acontecimiento o reacción contribuirá al autismo y no a la neurosis por ejemplo. "Dado que todo el desarrollo de la personalidad, normal o anormal, proviene de las interacciones de un determinado capital hereditario con un ambiente concreto, decir que la interacción causa el autismo es una perogrullada, a menos, por supuesto, que aceptemos la hipótesis simple de que el autismo lo causa única o principalmente una deficiencia orgánica o sui géneris. Con eso no contestamos a la pregunta: ¿cuál es la herencia concreta y el factor ambiental específico que, en su interacción, crea el autismo?
En cualquier caso, es razonable dudar de la naturaleza innata del autismo mientras dicha naturaleza no haya sido determinada en el recién nacido antes de que la maternalización haya embrollado las pistas o mientras no se haya establecido la organicidad del autismo, no sobre bases especulativas, sino sobre descubrimientos neurológicos objetivos u otras pruebas formales. Con mayor motivo si cabe por cuanto hoy conocemos al menos dos casos de gemelos discordantes en relación con el autismo" .
Incluso hoy en día, pese a las numerosas investigaciones y libros enteros dedicados al autismo infantil, como los de Rimland, Bosch, Tustin y Bettelheim, por nombrar algunos, los conocimientos sobre esta enfermedad son todavía muy limitados para permitir superar la cuestión del origen orgánico o psicogenético.
El citado autor Bettelheim se inclina a pensar lejos de los orígenes orgánicos del autismo infantil, en los efectos irreversibles si persiste demasiado tiempo, dado que para él es posible una salida del autismo si es tratado a tiempo, aunque algunos de sus efectos seguirán siendo irreversibles durante toda la vida, resultando afectadas sobre todo las funciones intelectuales y funciones del yo, pese a una parcial recuperación en la vida afectiva. Con esta polémica nos introducimos en el siguiente tema que trata del tratamiento del autismo mientras que para concluir sobre la etiología este autor afirma que en un principio de la vida psique y soma se encuentran poco diferenciados y que las hipótesis orgánica y psicogenética parecerán inútiles en otro momento en que el conocimiento del autismo sea más profundo.
Es necesario que el cerebro del niño sea estimulado por experiencias afectivas y sensoriales que enriquezcan y desarrollen las funciones cognitivas y la facultad de establecer relaciones. Pero no sirve de nada echar culpas sobre los padres del niño autista, haciéndolos responsables de la enfermedad. Primero porque no se está seguro de que la forma de criar a su hijo y de sus actitudes como padres hayan determinado el autismo. Se sabe que son una condición necesaria pero no suficiente. Tampoco se sabe en que medida actuaron así a causa de las actitudes inhabituales de su hijo y aunque se descubriera que esta es la causa del autismo del niño se debe suponer que los padres actuaron así porque no podían hacerlo de otra manera y ellos han sufrido también con este niño. Por lo tanto, echar culpas sería aumentar su desgracia y no ayudar a nadie.
Sin embargo, una cosa es no echar la culpa y otra es no tratar de localizar las causas que provocaron el autismo tildando de perniciosa la investigación como pretenden calificar algunos autores como por ejemplo Rimland.
En esta búsqueda se ha descrito mucho a los padres de estos niños pero no se ha dicho tanto sobre como el propio niño mediante sus esfuerzos por saber y comprender puede enseñar mucho sobre el autismo.
Para Bettelheim el camino que conduce a la comprensión de la enfermedad mental es el descubrimiento por parte del enfermo mismo del sentido oculto y de la causa de su comportamiento manifiesto. Para este autor, el niño autista es capaz de realizar este descubrimiento por sí mismo y el saber aquí igual que en las demás patologías es desalienador.

Nunca me había preocupado gran cosa de la vida,
no creía que fuese digna del hombre;

En mis años primeros -no sé por qué-
yo la miraba con desdén;
una condición de duda,
una condición que salía lentamente a la superficie,
fue quizá lo que me inclinó a resistir y a no mostrar
mucha disposición a su baile.

Con sinfonías de colores dulces y suaves
la vida me cortejó luego,
entonces la evasión me pareció error,
y la evasión cedió a su canción,
y me encendí, tanto, que la vida en soledad me pareció más triste
que la vida entre los hombres.

Thomas Hardy

SOBRE EL TRATAMIENTO:

Si Freud estaba en lo cierto acerca de la importancia que adquiría la investigación psicoanalítica de la enfermedad en compañía del enfermo en el aumento de nuestros conocimientos, entonces si aprendemos a comprender el autismo infantil tratando a estos niños de formas paralelas al método freudiano que permitió tratar y explorar la naturaleza y la causa de la perturbación en un proceso simultáneo, nos permitirá no solo ayudar a muchos pacientes sino descubriendo muchas cosas acerca del funcionamiento mental.
Siempre que se aborde la cuestión del autismo como una deficiencia innata, la actitud hacia el tratamiento serán derrotistas. En cambio, los que atribuyen el origen del autismo a la influencia del medio, cualquiera sea su medida, presentarán una actitud más optimista. Pero el pesimismo no se limita solo a aquellos que adoptan una perspectiva orgánica, esta actitud también se encuentra en muchos que sostienen la hipótesis psicogénica.
La paradoja de algunos de estos tratamientos es que intentan ayudar al niño a través de la madre, considerándola, al mismo tiempo, la responsable del desarrollo anormal del niño. Así autores como Mahler consideraban al niño pequeño un individuo a medias, cuya experiencia de vida está condicionada por la madre, en lugar de ver en las reacciones del niño no solo una respuesta a la madre sino una actitud con respecto a todas las experiencias vitales por las que atraviesa este niño y de las cuales la madre constituye una pequeña porción. Entonces, convencida de la importancia primordial de la relación simbiótica del hijo con su madre, creía que la herramienta principal del tratamiento era la reconstrucción de la simbiosis madre-hijo como existía en un principio. A partir de esta convicción el tratamiento se basaba en la atención simultánea del niño y de la madre. Apoyándose en la creencia de que era necesario para el niño "la madre buena" para asegurar el bienestar inicial y su posterior desarrollo, creyendo que toda relación madre-hijo debería salvaguardarse, aunque sea perjudicial para el niño.
Esta autora se presentaba escéptica en lo que se refería a la curación de la esquizofrenia infantil.(…) "si se fuerza al niño autista a entrar demasiado aprisa en el contacto con el mundo social, y particularmente cuando la relación simbólica apenas establecida provoca la frustración, lo único que se consigue es precipitarlo en un estado catatónico que lleva a un proceso psicótico fulminante" .
Otros autores se preguntan por qué se ha de tratar al niño en condiciones que lo exponen a las presiones impacientes de lo padres, por qué habría que apremiarlo a que establezca un contacto social, por qué la relación apenas establecida tiene que acarrear la frustración.
Anna Freud refiriéndose a una adolescente esquizofrénica dice: "Tras varios meses de tratamiento intensivo, durante el cual la relación con el analista tuvo altos y bajos, oscilaciones y amenazas de desintegrarse, extinguirse y de extinguir a otras personas del medio, la adolescente dijo al terapeuta: "me estás analizando mal. Yo sé muy bien lo que tendrías que hacer. Deberías estar conmigo todo el día, porque yo soy una persona completamente diferente cuando estoy aquí, cuando estoy en la escuela o en casa de mi familia adoptiva. ¿Cómo me as a conocer si no me ves en todos estos sitios?. En mi no hay una sola persona sino tres" .
Esto nos conduce a dos cuestiones, una es la que hace a las necesidades terapéuticas de la paciente y nos permite introducir la función del acompañante terapéutico en estos casos en los que es necesario un seguimiento mas de cerca dada la patología del paciente y a su vez la importancia de registrar temas que tienen que ver con la cotidianidad del paciente tal como lo expresaba la misma. Luego en este apartado acerca del tratamiento, se van a introducir cómo es y que características tendría el acompañamiento terapéutico en esta patología en especial y también la etapa evolutiva en la que nos encontramos aquí, teniendo en cuenta que solo es posible delinear algunos pasos a seguir en la terapéutica dado que sabemos que siempre se trata de una singularidad que no es posible generalizarla encerrándola tan solo en un cuadro clínico sin tener presente lo propio del sujeto y tampoco con el fin de devolverle al sujeto algo de la normalidad perdida según los criterios sociales vigentes sino con el gran objetivo de aliviar algo de su sufrimiento.
Siguiendo con aquella cita de Anna Freud, también dice que la adolescente daba la pauta a través de su comunicación a la terapeuta de las deficiencias de su yo, no teniendo una instancia superior que funcionase como un superyo unificador, por este motivo su personalidad cambiaba continuamente según sus diferentes relaciones. Según esta autora lo que pedía esta paciente era que la terapeuta se ofreciera en carne y hueso en tanto que imagen de un objeto permanente, omnipresente y susceptible de interiorización con el fin de que esta personalidad pudiera reagruparse, unificándose alrededor de esa imagen.
Estas son las conclusiones a las que llega esta autora pero no se pregunta acerca de las cuestiones técnicas del tratamiento con la paciente, debatiendo las posibilidades acerca de un tratamiento analítico posterior.
A través de los trabajos que se han realizado con pacientes esquizofrénicos, no dejan dudas acerca de que estos niños necesitan tanto un terapeuta o mejor si ocupa alguien la posición del acompañante terapéutico que se ofrezca de carne y hueso, que ponga el cuerpo como objeto siempre presente. Esto es dificultoso en el caso del terapeuta pero sabemos que es posible para el acompañante, entonces desde esta perspectiva se presenta como una función posible dentro del acompañamiento presentarse como objeto permanente que unifique y permita establecer una relación que posibilite adquirir un centro individual y relativamente estable para su personalidad.
Kanner en sus comienzos postulaba la necesidad de ofrecer estos niños al tratamiento con personas comprensivas y capaces de ofrecerles cariño.
Desde otras perspectivas, conductistas podríamos decir se trata al autismo infantil mediante el condicionamiento operante, creando respuestas condicionadas a través de recompensas y castigos. Pero las acciones que ejecutan los niños son el resultado de lo que quiere el experimentador y no de la propia iniciativa del niño, reduciendo al niño autista al nivel de los perros de Pavlov. Imponer formas ecolálicas de palabra, mediante el soborno, gritos o incluso golpes, solo conduce a una deshumanización peor.
En el autismo infantil el sujeto evita ser confrontado con la realidad, sin preguntarse el por qué de esto, en definitiva el por qué de la perturbación, la finalidad del método de condicionamiento es conseguir determinados resultados, independientemente del daño que esto pueda ocasionar.
Para Bettelheim, en el caso del autismo infantil, las experiencias positivas del paciente pueden convencerlo de abandonar poco a poco las defensas autistas. Según este autor sería posible abandonarlas, y el niño lo haría precisamente porque ahora encontraría a su disposición nuevas experiencias gratificadoras. Renunciando a aquellas porque ahora tendría a su alcance unas relaciones humanas satisfactorias y no porque se hayan instalado tales o cuales mecanismos en el lugar apropiado.
Este autor en su trabajo a lo largo de muchos años con niños autistas le ofrece la experiencia de un pronóstico mucho más favorable para aquellos niños autistas hablantes que para los mudos. Afirma que conforme se mejoren los procedimientos y los métodos de tratamiento y se obtenga una mejor comprensión de la enfermedad, los resultados podrían mejorar incluso con los niños autistas mudos.
Relata la experiencia de niños que recuperando los afectos necesarios para la relación con las personas y el mundo, en cambio, aunque mejoraron no han alcanzado un nivel normal en funciones de su yo como el razonamiento, lectura y dominio de aspectos no afectivos de la realidad. De estos resultados el autor sugiere que en el autismo infantil no se encuentra una perturbación innata del contacto afectivo sino más bien exigencias innatas cuya satisfacción no puede hacerse esperar. Si el niño no logra establecer a tiempo el contacto afectivo con el mundo, no podrá aunque lo consiga más adelante, adquirir las funciones del yo.
Estos resultados sugerirían que en el autismo infantil no nos encontramos con una perturbación innata del contacto afectivo sino más bien con exigencias innatas cuya satisfacción no pueden esperar. El epígrafe da cuenta de esto, de la convicción de este autor de que no sin esfuerzo y sufrimiento se puede poco a poco abandonar algunas defensas autistas. Si el niño no logra establecer el contacto afectivo con el mundo, no podrá, auque lo consiga más adelante, adquirir las funciones del yo, que parecen exigir ese contacto para desarrollarse.
Esta es la postura teórica de este autor en especial, que aunque un tanto optimista es sumamente importante por su experiencia en el trabajo con niños autistas, lo que aporta no sólo conocimiento sino también y principalmente una manera de entender el tratamiento del autismo como una posibilidad, un desafío, una ética implicada que deviene del psicoanálisis y un firme intento por aliviar del sufrimiento a estos niños. Si estos resultados tan auspiciosos son posibles de obtener o es tan solo un optimismo deliberado, la experiencia lo dirá, por el momento y mientras no haya un mejor conocimiento de la patología autista, debemos inclinarnos por una disposición expectante pero al mismo tiempo activa en el tratamiento del autismo infantil, esa es nuestra convicción.
Queda como pregunta abierta para pensar el tratamiento, el lugar del terapeuta, la función del acompañante terapéutico y cualquier lugar que se pretenda ocupar en la vida de estos niños: ¿en qué medida puede un sujeto solipsista construir un mundo sin la referencia de un otro, sin ninguna existencia de un otro?
Nos podemos preguntar desde Lacan cómo es esto posible, si hay un Otro del significante, este no es inscripto y el sujeto queda sin una inscripción simbólica que lo ordene en un mundo simbólico. Si nos preguntamos acerca del tratamiento de las psicosis, ya Lacan manifestaba no retroceder ante ellas, nos preguntamos como hace tiempo y nos seguimos preguntando qué lugar para el analista y en este caso que lugar para el AT?
¿Cómo ingresar en ese mundo privado?¿qué tipo de transferencia se puede desplegar?
Creo que la transferencia, el lugar del terapeuta y del acompañante terapéutico se irá delineando mientras haya un espacio para alojar a un sujeto, distinto a otros, singular, esa es la apuesta, ese lugar es un lugar a construir con el paciente.
Solo podremos entonces ofrecer en líneas generales en relación a la etapa evolutiva y algunas de las generalidades de dicha perturbación, cómo se podría incluir al AT y cuáles serían sus funciones como parte del equipo terapéutico tratante. Para esto incluiremos en este material algunas entrevistas y el trabajo con un niño con un posible diagnóstico de autismo en el marco de un espacio de acompañamiento, pero a fines de ofrecerlo como ejemplo y no como material clínico, entendiendo que es un fragmento que aporta el acompañante desde su trabajo con el niño, no sabemos nada del espacio terapéutico ni lo que allí fue trabajado, solo contamos con los fragmentos de una historia que se pudo ir reconstruyendo a través del trabajo con el niño, pero desde este espacio de acompañamiento.
Las líneas generales que abordaremos las podemos ubicar dentro de la etapa evolutiva -niñez- y sus características que no diferirían mucho del acompañamiento en otras edades pero pensar en la niñez nos enfrenta al desvalimiento, a la indefensión, a la necesidad de sostén que se dan debido a la prematurez del ser humano, a la dependencia de otro que al menos en un primer momento esté siempre presente para luego gradualmente ir separándose. La etapa de individuación y separación diría Mahler en un espacio de ilusión y desilusión gradual al decir de Winnicott. Entonces en el espacio particular que se crea en el acompañamiento terapéutico se debe estar dispuesto a usar los recursos como el dibujo, los juegos, mayor contacto corporal, adaptarse al lenguaje infantil, con el fin de poder establecer una comunicación y lograr una mayor eficacia en el trabajo pero también para que la adaptación del dispositivo clínico sirva como una vía de procesamiento psíquico.
También el acompañante terapéutico debe inscribirse en un marco de trabajo multidisciplinario, en el cual muchas veces se encuentran posiciones divergentes en relación a la problemática del niño. Miradas diferentes de distintos ámbitos donde el saber se recorta de forma especial según sean psicopedagogos, psicoanalistas, docentes, pediatras, etc. Todos ellos intervienen de algún modo en el tratamiento, muchas veces encausándolo pero otras tantas, entorpeciéndolo. Por eso es necesario para el acompañante cierta "cintura política" que le permita tratar con todos los profesionales sin crear conflictos que terminen perjudicando al paciente y dañan la posibilidad de un trabajo interdisciplinario. Es necesario convertir el trabajo multidisciplinario en interdisciplinario, es decir, distintos discursos pero que en algún punto se conectan, pero no yuxtaponiéndose los unos a los otros, sino articulándose en la labor con el paciente, aportando cada uno de su perspectiva, enriqueciendo el trabajo de todos.
La problemática a desarrollar y la perspectiva psicoanalítica desde la cual la abordamos, nos condiciona en cierta medida para dar "instrucciones" de lo que se debe hacer o cómo se debe trabajar con un niño autista. La singularidad del sujeto y la particularidad de la transferencia del espacio analítico así como del espacio de acompañamiento y lo que allí se gesta y lo que allí acontece nos impiden dar una definición apriorística de la función del acompañante y también del analista. Pero centrándonos en el espacio de acompañamiento, se puede decir que se trabajará con lo que surja en el espacio, no forzando nada, es común que se quiera empujar a los niños a la "normalidad", organizando para ellos tareas que muchas veces no pueden llevar a cabo porque estos niños se niegan frecuentemente a lo que se les proponga. Es difícil para el acompañante soportar las ansiedades y muchas veces eso lleva a apurar los tiempos del niño, proponiendo todo el tiempo tareas, estimulando todo el tiempo, creyendo que así se pueden calmar las ansiedades y manejar mejor la angustia que despiertan estos cuadros tan graves. También en el trabajo con estos niños se puede ser activo pero no invasivo, respetando los espacios no solo físicos como la modalidad de contacto sino también manteniendo una actitud expectante pero no intrusiva.
La otra posición en la que hay que cuidarse de no caer es en la posición desesperanzada y derrotista porque estos niños ya han sufrido estas reacciones del mundo adulto y sería más decepcionante y perjudicial para ellos volver a sufrir una y otra vez lo mismo. El aislamiento de estos niños responde a su patología y por eso es imprescindible tener en cuenta esto para no tomarlo como algo personal y como un capricho, es preciso tener cautela y paciencia. Hay que soportar ser rechazado y muchas veces ignorado sin pensar que se debe a algo particular en el acompañante sino a un mecanismo que les permite continuar viviendo, empobreciendo su yo, sus afectos y su contacto con el mundo pero que les ofrece una precaria y muy inestable seguridad.
Hasta aquí llegamos con cuestiones referidas al tratamiento, ya se ha dicho que no es posible construir un a prior en la dirección de un tratamiento ni de un acompañamiento terapéutico, por eso creemos que estos fragmentos de este caso pueden a modo de ilustración, precisar algo de lo que se mencionó a lo largo de todo el trabajo acerca de la problemática autista. Solamente ilustrar puesto que es la singularidad de cada sujeto la que define el rumbo y guía en el proceso analítico e incluye de manera particular y específica la función del acompañante terapéutico.

CONCLUSIÓN:

Todo el recorrido que se realizó en estas páginas, trataron de dar cuenta que el autismo infantil, lejos de ser un capítulo cerrado, es una capítulo que comienza recién a escribirse. Por eso desde el comienzo enfatizamos nuestra voluntad en no responder a preguntas cerrándolas sino tomándolas como un disparador que nos permitió pensar en la práctica clínica e interrogarnos sobre un lugar a ocupar tanto desde el terapeuta como desde el acompañamiento con sus respectivas diferencias pero subrayando la necesidad de construcción de ese espacio singular, aún más que en otro tipo de patologías por estas características de aislamiento y falta de relación con el mundo que presenta el autismo, también en la especificidad de la etapa vital y las particularidades de la niñez.
Un autor hablaba que la única forma de ayudar a salir al otro del infierno, es descendiendo hasta el mismo infierno, en cualquiera de sus aspectos. Y esto significa una confrontación directa no solo con el infierno del otro sino con el nuestro, con el propio. En una confrontación con uno mismo en la medida que uno se ofrezca al otro.
El tratamiento con este tipo de pacientes graves se torna duro y agotador, pero este trabajo pretende no dar falsas esperanzas sino mantener una actitud expectante hasta que nuestros conocimientos aumenten y mejore nuestra comprensión sobre el autismo, mientras se trabaja alojando a un sujeto que sufre, creando un espacio propio, según su singularidad.
Finalmente, nos preguntamos cómo ayudar al niño a salir de su aislamiento e ir al encuentro con otro, si esto es posible en alguna medida, cómo darle una vida en el presente de forma que consiga tener un pasado y un futuro, es decir, cómo ayudarle a ser con personas para empezar a ser él también. Ese es nuestro interrogante y nuestro desafío.
Acuden a socorrer a una mente enferma,
Arrancan de la memoria una pena arraigada,
Extirpan los desvaríos impresos en el cerebro,
y con unos dulces antídotos de olvido,
purifican la intimidad anegada de esa materia peligrosa
que oprime tanto el corazón
W. Shakespeare

BIBLIOGRAFÍA

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· Piaget. J."La psicología de la inteligencia". Barcelona. Ed Crítica.1999



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