Psicologos, Psiquiatras y Acompañantes Terapeuticos
REDBA - Red Asistencial de Buenos Aires (Asistencia y Docencia en Salud Mental)
Información general: 4382-4724 Atención psicológica: 4382-2280
E-Mail: info@redasistencial.com.ar Internet: www.redba.com.ar
|
REDBA - RED ASISTENCIAL DE BUENOS AIRES DIRECTOR GENERAL: Lic. Sergio Sáliche CURSO: Acompañante Terapéutico (Nivel Inicial) DOCENTES: Lic. Sergio Sáliche y Lic. Daniela de Elorduy MONOGRAFÍA: "LA INDIFERENCIA (DES) APASIONADA" AUTORAS: Natalia Florencia Ara y Agata Traverso CURSADA: Enero- Abril 2008 ENTREGA CERTIFICADO: 2 de Mayo de 2008 |
INTRODUCCIÓN:
La problemática del autismo
infantil, su incompleta comprensión así como la escasa literatura
especializada acerca del tema, nos conducen a lejos de encontrar respuestas
acabadas, a formularnos muchas preguntas, ese es quizás el mayor objetivo
y el rumbo del trabajo.
Lejos de dar definiciones y características descriptivas, pretendemos
cuestionarnos sobre el origen del autismo, si es que se puede trazar uno, sobre
el tratamiento y las distintas posiciones teóricas que surgen en torno
a estos dos ejes. Para ellos hemos tomado como base un autor psicoanalítico,
Bettelheim, que escribió una obra sobre el autismo en la que vincula
el autismo y el nacimiento del yo, este autor tiene una orientación de
escuela inglesa de psicoanálisis y casi todo este trabajo sigue ese rumbo
puesto que esta orientación tiene aportes muy interesantes aplicables
sobre todo a la niñez. Pero aún así no dejaremos de incluir
otras posturas psicoanalíticas, también otras corrientes de pensamiento
como la conductista o la constructivista a propósito de Piaget para dar
cuenta de la construcción de los conocimientos en el niño y de
que manera se producen en el autismo.
Sobre el origen del autismo existe una mayor discrepancia que con respecto a
las características de los niños autistas, las que incluiremos
de manera general pero no sólo descriptivamente sino con la finalidad
de relacionarlas con cuestiones más metapsicológicas y no tan
semiológicas.
Algunas líneas intentaremos trazar sobre el tratamiento, siempre teniendo
en cuenta la singularidad del sujeto, lo que nos impide crear una especie de
instructivo, sino sólo formular algunas cuestiones para tener en cuenta
en el empleo del dispositivo en estos niños, con sus particularidades
tanto por la patología como por la etapa vital -niñez- como por
la subjetividad del niño.
La primer pregunta que guía el trazado del material es por qué
estos niños se retiran del mundo? ¿Es miedo, indiferencia, obstinación?
¿construirán un mundo propio o también carecen de ello?¿hasta
que punto está debilitada su personalidad? ¿qué lugar hay
para el analista y para el acompañante? ¿se podrá ubicar
un origen?¿qué origina este estado, una experiencia, una frustración,
la indiferencia? ¿es constitutivo o es adquirido en el desarrollo evolutivo?
¿ cuáles son los factores que convergen?. Estas son algunas de
las preguntas que guían el desarrollo del trabajo, muchas seguramente
quedarán abiertas pero esto también nos conduce a repreguntarnos
e interrogarnos sobre la clínica de estos trastornos graves, sobre el
sufrimiento, sobre nuestra tarea, sobre la indiferencia desapasionada.
SOBRE LA NATURALEZA DEL AUTISMO
Hemos aclarado en la introducción del presente trabajo, que no nos centraremos tanto en las características del autismo a modo de descripción sino que ahondaremos un poco más en las mismas para incluirlas dentro de una patología que no se trata solo de la descripción de los signos como la psiquiatría clásica sino tratando de desentrañar el síntoma desde una perspectiva freudiana. Aspiramos a generar intercambios, debates, polémicas si es posible en relación e los orígenes del autismo, a su tratamiento, mostrando las diferentes posturas de diversos autores cuyas líneas de pensamiento se presentan como conflictivas respecto a un mismo tema. Pensando que es quizá el modo de despertar el interés del lector de este material que quizás se encontrará las características del autismo en cada trabajo que se escribe sobre el tema. Por eso nos pareció más interesante, repasar algunas de estas características con el fin de introducir el tema en cuestión para entonces sí, proseguir con las diferentes teorías sobre la etiología y el tratamiento.
Casi todos los informes mencionan
el hacho de que, si bien los niños en cuestión hablan, no utilizan
el pronombre "yo". Uno de los autores que se incluirán en este
trabajo, uno de los pioneros en el trabajo con niños autistas y el que
propuso esta denominación para dicho cuadro, llamó a este fenómeno
"inversión pronominal", consistente en que el niño utiliza
el pronombre tú (vos)/vosotros en lugar del "yo".también
este autor habla de "afirmación por repetición" como
por ejemplo cuando se pregunta al niño:"¿querés leche?"
y este contesta "Vos querés leche" dando a entender "yo
quiero leche" o "sí, quiero leche".
Para otros autores, como Bettelheim, esta inversión de pronombres es
engañosa puesto que no se trata de que los invierta sino que el niño
evitaría usar los pronombres, sobre todo aquel que se refiere a sí
mismo porque si fuera simple ecolalia sería lo mismo poder repetir "tú
quieres leche" como "yo quiero leche". Repiten con facilidad
"tú quieres" pero nunca una frase que contenga el "yo".
En este mismo sentido, en el lenguaje del niño autista el "no"
aparece mucho antes que el "sí", esto no se debería
a la consecuencia de una lesión orgánica sino a un negativismo
extremo.
Para Bettelheim, la evitación del yo significaría una negación
del sí mismo o una ignorancia de este, mientras que la sustitución
por "tú/vosotros" denotaría cierta conciencia del sí
mismo de los otros.
La negación a hablar y la evitación del uso de los pronombres
personales no son las únicas cosas que traducen la angustia del niño
a ser él mismo. La comunicación no es solo una cuestión
de palabras sino que también engloba una intención y provoca una
reacción. Nombrar cosas para estos niños es fácil porque
no se ven implicados subjetivamente en ello, no se comprometen y no revelan
sus pensamientos, algo que tanto temen. Aquello que los desborda de ansiedad
es el comprometerse personalmente porque no desean transmitir sus sentimientos.
Su voz suena átona, sin color, incapaz de acomodarse al oído,
como las de los sordos que no pueden oír su propia voz. Parecería
que, efectivamente, no quieren oír lo que les dicen ni permitir que otros
les entiendan.
El niño autista posee un sí mismo que solo se apoya en la negación,
vacío, negación de cambio, de insistir en la identidad. Se encuentra
en estos niños una gran obstinación pero también la única
afirmación del niño, por eso este descompromiso con el mundo,
se niegan a "ser en el mundo", por esto esta evitación del
yo que protege de la decepción, siempre temida, puesto que hace posible
no admitir jamás que se tienen necesidades.
El niño autista aprende fácilmente a repetir listas sin significación
aparente, nombres de capitales, países, presidentes, canciones, etc.
pero esto no quiere decir que el niño solo puede aprender de memoria,
se trata de lo ya dicho, la evitación de todo compromiso personal. Estos
niños no son débiles mentales y realizan algunas hazañas
memorísticas con solo escucharlas un par de veces.
Loomis cree que el niño autista se sirve del lenguaje para ocultar lo
que verdaderamente piensa, también Kanner en algunos trabajos ha mencionado
la función protectora de aspectos específicos del lenguaje autista,
refiriéndose concretamente al uso de la negación verbal simple
como protección mágica contra acontecimientos desagradables. Creyendo
estos niños que escondiendo sus pensamientos detrás del mutismo
pueden evitar sufrir, ofreciéndoles esta negación mayor seguridad.
Jackson explicaba el mutismo de los niños autistas como una trinchera
frente al peligro.
Sin embargo, el lenguaje no es la única función utilizada con
fines defensivos por el niño autista, pues también utiliza sus
reacciones muy selectivas, a los estímulos sensoriales. Goldfarb insiste
en el menguado uso de los receptores de distancia, vista y oído, por
los niños esquizofrénicos que no presentan indicios de defectos
en la agudeza visual o auditiva como así tampoco en el umbral.
Es un hecho relatado frecuentemente en la literatura sobre autismo infantil
aquel por el cual los niños muy pocas veces se hacen daño al balancearse
o darse de cabeza contra los objetos o las paredes, incluso en accesos de actividad
peligrosa . De la misma manera que el niño utiliza su lenguaje, no para
comunicarse sino para defenderse, para algunos autores, lo haría así
también con sus sentidos, no para comprender el mundo sino para defenderse
de experiencias vividas como aterradoras.
En concordancia con esto se ha observado que los niños autistas no lloran
o si lo hacen la razón no es aparente, entonces se ha pensado en estímulos
interiores.
En relación a la visión, se tiene la impresión de que los
niños autistas solo miran lo que es significativo para ellos. Así
un objeto muy distante, si es muy importante, puede ser muy nítido para
ellos, como el objeto fóbico. Y al concentrar su atención sobre
este, todo lo que para nosotros es próximo y claro, para ellos queda
oscurecido. Se ha observado el mismo fenómeno a propósito de los
fenómenos auditivos, siendo la misma razón; el niño intenta
pasar los estímulos por alto sin importancia.
Respecto al comportamiento no verbal, Bosch afirma que los niños autistas
no consiguen experimentarlos, no se ensucian, manejan los juguetes de una manera
muy circunspecta. Esto significa que no entran en relación de conocimiento
con esos objetos, no los destruyen, no los investigan, no los modifican, los
dejan tal y como los han encontrado o bien realizan las mismas actividades estereotipadas
y repetitivas.
Bosch comprendió al igual que otros autores que los niños desarrollan
este modo rígido de enfocar los problemas de la vida y se someten a una
existencia mecánica a fines de hallar seguridad.
La literatura sobre psicosis infantil, en la que generalmente figura el autismo,
se afirma que en los casos de perturbaciones graves se asiste a una ausencia
de acciones dirigidas a un objetivo, o al menos acciones que le procurarían
lo que quieren. A esta ausencia se le suma un gran monto de rabia, sin contenido
específico y una falta total de disposición para indicar su causa,
como la de cualquiera de sus emociones, pues están convencidos de que
nunca conseguirán una respuesta afectiva satisfactoria. La retirada autista,
en cambio, va mucho más lejos. La mayoría de ellos no solo han
abandonado toda acción dirigida a un fin y a la comunicación de
sus sentimientos, sino también a la predicción. En esta fase se
dividirían en dos grupos: uno que simplemente se niega a realizar el
menor movimiento hacia el exterior o incluso se añeja cada vez más
de él y otro que combina la retirada con la creación de un mundo
privado, frecuentemente paralelo al nuestro. En el primer grupo se encuentran
aquellos niños que abandonan la operación de predicción
de lo que sucederá pero no la de lo que no sucederá. Mediante
un ritual se aseguran de que nada se producirá. Acomodan los objetos
de cierta manera pues de lo contrario algo terrible sucederá.
En un estadio posterior de retirada desaparece también la capacidad de
predicción. Se mantienen los rituales pero de esto no se sigue prevenir
algo que puede pasar, de seto no se sigue nada, ni siquiera la predicción
de lo que sucedería si no se mantuvieran los rituales. También
hay niños que se retiran aún más lejos y no tienen ni siquiera
rituales ni ordenación de objetos, son los que se han retirado más
adentro en dirección hacia la nada.
Originariamente, la inactividad del niño autista puede tener motivaciones
internas muy diferentes, puede albergar intenciones suicidas o de autoprotección,
también es posible que en un comienzo la inactividad sea signo de un
abandono total o incluso un desafío radical. Por desgracia quienes acuden
a este medio defensivo, su naturaleza es tal que debilita es sí mismo
hasta un empobrecimiento radical del mismo. En un último esfuerzo de
afirmación, el niño desafía a sus padres y no hace nada,
pero al actuar así, abandona el mismo ser que intentaba proteger. Este
sí mismo, al no actuar, se va debilitando cada vez más hasta llegar
al peligro de su desintegración.
El sí mismo, según Bettelheim, no es una entidad aislada. Es una
totalidad de procesos que se desarrollan lentamente pero una vez desarrollada
no se detiene y reanuda a voluntad.
Por otra parte, al nivel de la sensibilidad frente al dolor, estos niños
parecen insensibles al dolor físico. Mahler habla de insuficiente sensibilidad
periférica al dolor, esto se explicaría por una ausencia de catexia
que no se limita a la periferia, en otros casos se relata casos de niños
con dolores viscerales como apendicitis que no sentían las molestias.
Es difícil saber por qué los niños autistas reaccionan
tan débilmente al dolor físico. El hecho es más desconcertante
si tenemos en cuenta que al parecer prestan muy poca atención al mundo
exterior, concentrándose en sí mismos. De acuerdo a la lógica,
tendrían que ser más sensibles que las personas comunes a todo
lo que proviene de dentro de ellos mismos, más si es doloroso, pero la
lógica en estos casos no es válida y sucede lo contrario. Están
más alienados del cuerpo y de sus señales normales como del mundo
exterior, esto se afirma tomando como referencia el sistema muscular de coordinación
de los niños autistas que carece de precisión, se mueven de forma
extraña y diferente al común de los niños.
Para autores como Bettelheim, esto se debe a que se estaría en presencia
de una concentración sobre su sistema defensivo con exclusión
de cualquier otro estímulo, venga este del exterior o del interior. O
cualquier otra sensación es absorbida por su sistema defensivo y no la
perciben como originada por ejemplo en un dedo, o un apéndice infectado.
En relación al desarrollo de la inteligencia, incluiremos los aportes
de Piaget, para tener en cuenta otra visión de la adquisición
de las funciones cognoscitivas en el niño y la aplicación de sus
conceptos al problema del autismo infantil.
Los conceptos que utiliza Piaget tanto acomodación y asimilación
como el de adaptación nos permite entender cómo el niño
empieza a comprender y manipular la realidad. Estos dos procesos se aplican
no solo a la ingestión de alimentos sino y sobre todo a la recepción
de información, mediante los cuales se incorporan nuevos elementos a
los antiguos esquemas (asimilación) y la inteligencia modifica los mismos
a fin de ajustarlos a los nuevos elementos (acomodación).
Refiriéndose a la experiencia interna del niño Piaget dice: "cuando
el sujeto está más concentrado en sí mismo es también
cuando menos se conoce, y de ahí que sea en la medida en que se descubre
que se sitúa también en un universo y lo construye por este mismo
hecho. En otras palabras, egocentrismo significa la ausencia de autopercepción
y de objetividad; en cambio adquirir posesión del objeto en tanto que
tal es un proceso que corre parejo con la adquisición de la autopercepción"
.
Para adquirir este logro, se tuvo que haber dado un proceso anterior, en el
cual todos los acontecimientos hayan sido atribuidos a la actividad personal.
En el caso del niño autista no atribuye los acontecimientos a su actividad
personal porque se siente excesivamente dominado por el medio como para creer
que su actividad puede modificarlo. La seguridad reside únicamente en
la identidad, que es lo opuesto al cambio, en tanto que la finalidad de la actividad
es cambio. Como el niño autista evita la actividad y el cambio, no puede
pasar al estadio de desarrollo en el cual el mudo gira alrededor de un algo
completamente inconsciente de sí mismo en tanto que sujeto.
Casi todos los autores que han escrito sobre la problemática autista
han puesto de relieve esta insistencia del niño en conservar su identidad
frente al medio.
Otro concepto importante para aplicar al autismo y observar sus manifestaciones
en esta patología, es el concepto de permanencia del objeto, a través
del cual se logra la organización del espacio, el tiempo y la causalidad.
Kanner escribía: "En el niño hay algo que lo obliga a postular
imperiosamente un medio estático, inmutable, la memoria del niño
autista es fenomenal a este respecto (
)"
Esta absoluta necesidad de que los objetos estén dispuestos siempre en
la misma posición, quizás se entienda mejor desde las ideas de
Piaget. Si el niño autista carece de un concepto de permanencia de los
objetos, a pesar de haber pasado la edad cronológica en la que se adquieren,
y si todas las otras adquisiciones superiores dependen de esta, no podría
pensarse que esta insistencia en la identidad no está representando un
esfuerzo por establecer en el mundo exterior lo que no se es capaz de establecer
internamente?
Para el niño autista el objeto solo existe cuando está presente,
lo ve o a su disposición y en lugar acostumbrado, deja de existir si
sale de la órbita familiar.
Algunos autores afirman que la adquisición de la permanencia del objeto
en el autismo se dificulta debido al grado de vulnerabilidad emocional y afectiva.
Mientras nada se mueva en el mundo alrededor de él, al menos se asegura
de que no surjan nuevos peligros. Mediante esa insistencia en la identidad,
el niño autista consigue cierta facultad para predecir sus inmediaciones
contiguas pero no su comprensión de la permanencia del objeto, lo cual
elimina la posibilidad de conocer la naturaleza del mismo, debido a su la angustia
y a su inhibición para actuar independientemente sobre aquel.
Frente a la pregunta sobre por qué no se acomoda a la realidad, no la
asimila y no adquiere un concepto de permanencia de los objetos, la respuesta
para estos autores daría cuenta que la autopreservación exige
la no acomodación a una realidad que se vive como destructiva. Con palabras
de Piaget: "La inteligencia, precisamente porque sufre un proceso gradual
de socialización, consigue hacer un creciente uso de de los conceptos
gracias al eslabón establecido por el lenguaje entre pensamientos y palabras.
En cambio, el autismo, precisamente porque es algo individual, permanece atado
a la fantasía, a la actividad orgánica e incluso a los movimientos
orgánicos. El simple hecho, entonces, de decir el pensamiento propio
a otros, o de guardar silencio y decirlo a uno mismo ha de tener una enorme
importancia para las estructuras fundamentales y el funcionamiento del pensamiento
en general, y de la lógica infantil en particular" .
Como el niño autista es incapaz de abandonar su posición egocéntrica,
está inhibido para actuar en el mundo y de manera autónoma. Sin
un concepto de la permanencia del objeto y de las relaciones humanas, el universo
se torna caótico e impredecible, careciendo de orden. Entonces, el único
principio alternativo por el que puede reinar el orden es asegurar que todo
siga siempre igual.
Según las ideas de Piaget, podíamos ubicar al niño autista
dentro del período sensoriomotor, dominando en aspectos aislados, insuficientes
y a veces de ninguna manera el período preoperatorio. Durante este último
período, el niño adquiere la capacidad de comprender y planificar
cómo relacionarse con la realidad a través de manipulaciones simbólicas,
internas, etc, gracias al pensamiento.
Pero no se puede tampoco aceptar la idea de que todos los niños autistas
carecen innatamente de la capacidad de pensar en forma abstracta, porque la
realidad es que lo pueden hacer según varios autores, careciendo en cambio,
de la posibilidad de pasar de un pensamiento a otro, por esto se detienen en
un único pensamiento a la vez. Sus pensamientos se mueven muy lento,
y no pueden armar una secuencia entre ellos.
Lo que sí es seguro es esta imposibilidad que tienen para aceptar lo
nuevo, evitándolo. Pero la capacidad para manipular objetos y manejar
su cuerpo superaría el sexto estadio sensoriomotor aunque la capacidad
de manejar los pensamientos relativos a sus preocupaciones afectivas y emocionales
es inferior a la media. Parece como si se hubiese detenido en el sexto estadio,
que normalmente comienza a los dieciocho meses, que es precisamente la edad
en la que se suele reconocer la desviación autista en el desarrollo de
un niño.
Según las observaciones realizadas a estos niños, si bien el niño
autista puede detenerse en el último período del desarrollo sensoriomotor,
no por eso se debe pensar que funciona al mismo nivel en todos los aspectos.
Puede darse un alto nivel de desarrollo en un área determinada y un fracaso
total en un nivel inferior, a pesar de que este nivel inferior sería
requisito previo en un desarrollo normal, para las formas más complejas.
El orden lógico del niño autista parecería ser diferente.
Hasta aquí se desarrollaron aspectos característicos que tienen
que ver con la sensorialidad, el empleo del lenguaje, la formación de
aspectos de la inteligencia y de la relación con el objeto y la realidad.
Algunos conceptos de Piaget nos sirven para entender algunas cuestiones, como
el desarrollo de las funciones cognoscitivas en el niño, pero deja de
lado otros temas importantes como el mundo interno, la afectividad y sus efectos
en el comportamiento, para lo cual es necesario servirse de la teoría
psicoanalítica para tomar la problemática en sus diferentes aspectos
y complejidades. Nos centraremos en estos aspectos, en esta segunda parte del
trabajo, en la cual se hace referencia al un posible origen del autismo, desde
sus múltiples perspectivas, la deficiencia innata, el déficit
en la relación del binomio madre-hijo, etc, como para pensar las diferentes
explicaciones que se le dieron a la pregunta sobre por qué, qué
es lo que provoca que un sujeto se aparte, se ponga de espaldas al mundo.
SOBRE EL ORIGEN
No se abordará aquí
toda la literatura existente sobre el autismo infantil, sino que se presentarán
algunos autores que han contribuido a la mejor comprensión de esta problemática.
No sólo tomando como base a Bettelheim sino también incorporando
aportes de Kanner, Bleuler , Eisenberg, Spitz y Bosch por nombrar sólo
algunos de los autores cuyos desarrollos teóricos se pueden aplicar al
autismo infantil, delineando algunas de las características de esta patología
así también teorizando sobre la etiología del autismo.
Sobre el origen del autismo no existe un acuerdo entre los autores siendo discrepantes
las opiniones en torno a cual puede ser la causa del mismo y si a éste
contribuyen de alguna manera y en qué medida los padres.
El autismo se conoce desde hace algunos siglos antes de que Kanner le diese
este nombre. En 1809, Haslam describió el caso de un niño autista
admitido en 1779 en el asilo Bethlehem, en 1921 Darr y Worden estudiaron a un
niño autista de 4 años de edad en en Hospital Johns Hopkins donde
veinte años después Kanner desarrolló la primera descripción
del autismo infantil, siendo el mismo autor el que realizó la primera
investigación sistemática de la enfermedad que se publicó
en 1943. Sus conclusiones desde entonces fueron modificadas por él mismo
en los años siguientes pero su descripción del síndrome
sigue siendo clásica: "Los rasgos característicos consisten
en una retirada profunda de todo contacto con personas, un deseo obsesivo de
preservar la identidad, una relación muy hábil con los objetos,
la retención de una fisonomía inteligente y pensativa, además
de mutismo o de un tipo de lenguaje que no parece destinado a la comunicación
interpersonal. Este comportamiento difiere del ritualismo obsesivo ordinario
en un aspecto significativo: el niño autista obliga a las personas que
le rodean a obsesionarse que él mismo. Si se observa esta clase de niños
durante un tiempo, parece manifiesto que, salvo cuando están absolutamente
solos, la mayoría de sus actividades están totalmente dedicadas
a la tarea grave, solemne y sacerdotal de preservar la identidad absoluta"
.
Kanner desde su primera obra presentaba el autismo infantil como una entidad
diagnóstica suponiendo que estos niños habrían venido al
mundo con una incapacidad innata para establecer el contacto afectivo, que suponía
normal y de base biológica con las personas estableciendo un paralelismo
con aquellos niños que presentan dificultades físicas e intelectuales
de manera innata, caracterizando al autismo como una perturbación innata
del contacto afectivo. Convencido de que el autismo era una incapacidad innata,
la diferenciaba del grupo esquizofrénico ya que para Bleuler el autismo
era un síntoma secundario de la esquizofrenia. Si bien reconocía
que una vez declarada la enfermedad el deterioro emocional es característico
del cuadro clínico, definió al autismo insistiendo no tanto en
esta perturbación afectiva sino poniendo el acento en la relación
con la realidad. Lo define así: "Los esquizofrénicos más
graves, que han perdido todo contacto con el mundo exterior, viven en un mundo
propio. Se han encerrado con sus deseos y anhelos (que consideran realizados)
o se ocupan en los pormenores y milagros de sus ideas persecutorias; se han
aislado cuanto han podido de cualquiera contacto con el mundo exterior. El apartamiento
de la realidad, junto con el predominio relativo y absoluto de la vida interior,
es lo que nosotros llamamos autismo" .
Kanner opinaba de modo diferente acerca de esto ya que si bien el esquizofrénico
se retira del mundo, para él el autista nunca había conseguido
entrar, siendo extraños en el mundo desde el principio. Desgraciadamente
este autor al suponer que la perturbación era innata no se preguntó
que mecanismos psicológicos estaban implicados en este comportamiento,
es decir, desde Freud podríamos preguntarnos porqué un sujeto
se comporta de esa manera y no de otra, esta pregunta no se puede eludir a menos
que se suponga a la persona sin libertad de opción en lo que le pasa,
no pudiendo comprender la motivación del sujeto cayendo en la tentación
de atribuir una dificultad innata a un comportamiento que nos resulta incomprensible
si no investigamos tal motivación.
Kanner a medida que avanza en su teorización sobre el autismo va abandonando
la idea que caracteriza al mismo como una perturbación afectiva aunque
no renuncia a la convicción de que estos niños se relacionan con
objetos y también con personas, pero no de modo habitual insistiendo
desde los primeros informes hasta sus posteriores trabajos en la peculiar naturaleza
de los padres de estos niños, considerando cierto factor hereditario,
no considerando el comportamiento de los niños como una reacción
a la conducta de los padres, aunque la configuración emocional en el
hogar tenga un papel dinámico en la génesis del autismo, este
factor aunque importante, no es suficiente en sí mismo para determinar
la aparición del autismo "Parece como si, de alguna manera, estos
niños fuesen diferentes desde el comienzo mismo de su existencia extrauterina.
Ciertamente, se ha afirmado que el comportamiento aberrante de los niños
es el principal responsable de las dificultades psicológicas que padecen
sus padres, a los que entonces se pinta como reaccionando a una situación
realmente dramática, esto es, la de tener un hijo que no reacciona. Si
bien admitimos que esta es una consideración importante, sin embargo,
explicar las características sociales y psicológicas de los padres,
que tienen una historia muy anterior a la aparición del niño"
.
Esto es algo contradictorio puesto que es difícil entender cómo
la configuración afectiva del hogar puede desempeñar algún
papel en la génesis del autismo, si para este autor el niño no
establece relaciones con las personas. La única forma de conciliar ambas
enunciaciones es suponer que los padres del niño no han conseguido incitar
ningún tipo de reacción en el niño, manteniéndose
éste en el estado autista.
Bettelheim no cree en esta característica innata del autismo, afirma
que no hay pruebas existentes que denoten que este fuese reconocido en el momento
de nacer o inmediatamente después.
Bosch llega a las mismas conclusiones que Bettelheim en base a diferentes observaciones
que sitúan el inicio clínico del autismo infantil con acontecimientos
que se producen durante el segundo año de vida, en contra de quienes
afirman haber apreciado indicios de autismo inmediatamente después del
nacimiento.
Estas observaciones coinciden con estudios realizados por Schlain y Yannet sobre
cincuenta niños autistas corroborando que la mayoría de los padres
fecharon el comienzo del comportamiento anormal durante el segundo año
de vida.
En la opinión de Bettelheim el autismo está relacionado con todo
lo que sucede desde el nacimiento pero como se trata de una incapacidad de relacionarse
con el mundo, es lógico que aparezca hacia el segundo año de vida
cuando se habrían de producir contactos más complejos con el mundo.
Eisenberg es un autor que ha trabajado con Kanner en el desarrollo de esta problemática,
pero cuando escribe solo sus consideraciones sobre la etiología del autismo
infantil, éstas son un tanto diferentes. Este autor está convencido
de que los padres son muy importantes para estos niños que si bien obedecen
lo hacen de una manera que a la vez es rebelde a través de un comportamiento
que castiga a los padres por sus exigencias y frialdad y no de manera ciega.
Aquellos educarían a sus hijos de una manera conductista, interesándose
por el niño sólo en la medida en que es capaz de ejecutar automatismos,
de esto deriva el hecho de que puedan alcanzar prodigiosas hazañas en
lo que se refiere a aprendizajes de memoria. Este autor describe a los padres
de estos niños como muy perfeccionistas buscando el conformismo de sus
hijos exigiendo obediencia y ejecución sin ofrecer nada a cambio.
Estos autores describen a los padres de manera parecida y Kanner no ve el deseo
de relacionarse de estos niños detrás de su extrema soledad distanciándose
de Eisenberg en la determinación innata de esta perturbación,
ya que este último admite la posibilidad de que experiencias emocionales
inadecuadas en la primera infancia pueden determinar cambios en la comprensión
y relación con el mundo que de no ser corregidos a tiempo llegarían
a ser irreversibles. Aunque el primer autor en sus últimos escritos ya
no considera al autismo como algo puramente innato, sino también como
fruto de una intención entonces ve la actitud de estos niños no
ya como la imposibilidad de actuar de otra manera sino como el resultado de
cierta decisión, considerando esto como una exigencia incesante de identidad
que les otorga una seguridad, muy frágil, en un mundo donde se producen
constantemente cambios que amenazan esa identidad.
Otro autor que ubica el autismo infantil como un trastorno innato es Benda que
lo ve más como una incapacidad para el pensamiento abstracto que para
el contacto afectivo, acercándose en esta idea a Goldstein que cree que
el autismo es una defensa secundaria contra una deficiencia orgánica
en niños que se retiran para protegerse de la desorganización
y la angustia producidas por la patología básica. Escribe Benda:
(
) "hemos de decir que el niño autista no es un retrasado
mental en el sentido ordinario de la palabra, sino más bien un niño
con una forma inadecuada de actividad mental, que se manifiesta en incapacidad
para manejar formas simbólicas y asumir una actitud abstracta. En estos
niños encontramos, pues, un desorden específico de la abstracción,
importante parte de la inteligencia humana, pero no idéntica a otras
formas de defectos intelectuales o de lesiones locales cerebrales.
Al mismo tiempo, nos damos cuenta de que el niño autista, aunque aparentemente
retirado, no carece de emociones y afectos y ni siquiera de un contacto personal
intenso. El niño reacciona emocionalmente a lo que le rodea. Si nos parece
confuso, ello se debe a que no puede orientarse en este mundo y entre los miembros
de su grupo de edad" .
Estos autores ven el autismo infantil como una defensa contra una angustia insoportable
concordando en esto con otro autor, Bettelheim, pero este último a diferencia
de los citados autores afirma que la fuente de angustia no es una deficiencia
orgánica, sino el producto de una evaluación que el niño
ha hecho de sus condiciones de vida, que le ha dado un resultado totalmente
negativo y destructivo. Postula que diferencia de lo que Kanner consideraba
una perturbación innata del contacto afectivo, en realidad se trate de
aquello que se produce cuando la capacidad innata de relación no encuentra
los estímulos apropiados en los momentos apropiados.
Spitz fue el primero en estudiar esta problemática desde un punto de
vista psicoanalítico. Concluyó que la carencia afectiva más
la ausencia de estímulos apropiados acarrean una depresión anaclítica
y un retraso intelectual y afectivo grave. En los casos extremos, el resultado
era el marasmo y la muerte.
En relación con esto para Bettelheim, los niños que devendrán
autistas, se presentan extremadamente sensibles a los afectos de la madre que
los lleva a cerrarse defensivamente a una experiencia que es percibida como
demasiado destructora. Es probable que al cerrarse a la experiencia afectiva
impida el desarrollo del conocimiento e incluso reforzarse mutuamente desembocando
en el autismo. Presentándose junto con la deficiencia afectiva, cierto
grado de deficiencia intelectual.
Lo difícil de saber es qué encadenó esa reacción
entre la figura materna y el hijo, cuando más íntima es esa relación
más se complica el saber que aporta cada uno de ellos, lo que pertenece
a uno y otro. Si se supone que la carga del niño sobre la madre es intensa
y a la vez decepcionante, esto sólo puede incitarle a darle la espalda
al mundo. Pero, es mucho más difícil saber lo que en este período
temprano del desarrollo psíquico, ha decepcionado tanto al niño.
Es difícil saber si lo que se produce entre el lactante y su medio es
debido a una sensibilidad demasiado grande, a un exceso o a una ausencia de
estímulo. Aquí también intervienen las circunstancias y
la constitución del niño, que harán que estas marcas sean
poco perceptibles o graves y perniciosas. Ciertamente, se conocen niños
cuya historia de privación fue tan patológica como la de los niños
autistas y, sin embargo no presentan neurosis graves.
Los niños autistas no encuentran lo que para ellos debería haber
sido un medio normal, bien por su constitución o por deficiencias en
su medio - escasos o excesivos estímulos- en cambio, encuentran un medio
que de alguna manera no ha reaccionado suficientemente a su persona. Escalona
cree que "la controversia acerca de si el autismo infantil es debido a
una maternalización inadecuada o debido a una deficiencia innata pierde
su significado. Es el resultado de una falta de experiencias vividas, de variaciones
extremas en los determinantes intrínsecos o extrínsecos del desarrollo,
o en unos y otros a la vez. La psicosis autista de la infancia no es el resultado
directo de una deficiencia maternal o en el niño Es producto del hecho
de que ciertas experiencias vitales, que nosotros consideramos condición
necesaria para la síntesis del yo, han faltado durante la primera infancia"
.
Sería interesante saber por qué esas experiencias vitales no se
han producido en la vida de ciertos niños. La polémica sobre quién
fue el primero en no reaccionar ante el otro, es decir, la madre o el niño
llevaría, al parecer a un callejón sin salida y tampoco se resolvería
diciendo que todo se debe a una interacción, que en parte es cierto pero
no suficiente. Entonces, sería necesario conocer los mecanismos internos
de los pasos habidos en estas interacciones, cual acontecimiento o reacción
contribuirá al autismo y no a la neurosis por ejemplo. "Dado que
todo el desarrollo de la personalidad, normal o anormal, proviene de las interacciones
de un determinado capital hereditario con un ambiente concreto, decir que la
interacción causa el autismo es una perogrullada, a menos, por supuesto,
que aceptemos la hipótesis simple de que el autismo lo causa única
o principalmente una deficiencia orgánica o sui géneris. Con eso
no contestamos a la pregunta: ¿cuál es la herencia concreta y
el factor ambiental específico que, en su interacción, crea el
autismo?
En cualquier caso, es razonable dudar de la naturaleza innata del autismo mientras
dicha naturaleza no haya sido determinada en el recién nacido antes de
que la maternalización haya embrollado las pistas o mientras no se haya
establecido la organicidad del autismo, no sobre bases especulativas, sino sobre
descubrimientos neurológicos objetivos u otras pruebas formales. Con
mayor motivo si cabe por cuanto hoy conocemos al menos dos casos de gemelos
discordantes en relación con el autismo" .
Incluso hoy en día, pese a las numerosas investigaciones y libros enteros
dedicados al autismo infantil, como los de Rimland, Bosch, Tustin y Bettelheim,
por nombrar algunos, los conocimientos sobre esta enfermedad son todavía
muy limitados para permitir superar la cuestión del origen orgánico
o psicogenético.
El citado autor Bettelheim se inclina a pensar lejos de los orígenes
orgánicos del autismo infantil, en los efectos irreversibles si persiste
demasiado tiempo, dado que para él es posible una salida del autismo
si es tratado a tiempo, aunque algunos de sus efectos seguirán siendo
irreversibles durante toda la vida, resultando afectadas sobre todo las funciones
intelectuales y funciones del yo, pese a una parcial recuperación en
la vida afectiva. Con esta polémica nos introducimos en el siguiente
tema que trata del tratamiento del autismo mientras que para concluir sobre
la etiología este autor afirma que en un principio de la vida psique
y soma se encuentran poco diferenciados y que las hipótesis orgánica
y psicogenética parecerán inútiles en otro momento en que
el conocimiento del autismo sea más profundo.
Es necesario que el cerebro del niño sea estimulado por experiencias
afectivas y sensoriales que enriquezcan y desarrollen las funciones cognitivas
y la facultad de establecer relaciones. Pero no sirve de nada echar culpas sobre
los padres del niño autista, haciéndolos responsables de la enfermedad.
Primero porque no se está seguro de que la forma de criar a su hijo y
de sus actitudes como padres hayan determinado el autismo. Se sabe que son una
condición necesaria pero no suficiente. Tampoco se sabe en que medida
actuaron así a causa de las actitudes inhabituales de su hijo y aunque
se descubriera que esta es la causa del autismo del niño se debe suponer
que los padres actuaron así porque no podían hacerlo de otra manera
y ellos han sufrido también con este niño. Por lo tanto, echar
culpas sería aumentar su desgracia y no ayudar a nadie.
Sin embargo, una cosa es no echar la culpa y otra es no tratar de localizar
las causas que provocaron el autismo tildando de perniciosa la investigación
como pretenden calificar algunos autores como por ejemplo Rimland.
En esta búsqueda se ha descrito mucho a los padres de estos niños
pero no se ha dicho tanto sobre como el propio niño mediante sus esfuerzos
por saber y comprender puede enseñar mucho sobre el autismo.
Para Bettelheim el camino que conduce a la comprensión de la enfermedad
mental es el descubrimiento por parte del enfermo mismo del sentido oculto y
de la causa de su comportamiento manifiesto. Para este autor, el niño
autista es capaz de realizar este descubrimiento por sí mismo y el saber
aquí igual que en las demás patologías es desalienador.
Nunca me había preocupado
gran cosa de la vida,
no creía que fuese digna del hombre;
En mis años primeros -no sé
por qué-
yo la miraba con desdén;
una condición de duda,
una condición que salía lentamente a la superficie,
fue quizá lo que me inclinó a resistir y a no mostrar
mucha disposición a su baile.
Con sinfonías de colores dulces
y suaves
la vida me cortejó luego,
entonces la evasión me pareció error,
y la evasión cedió a su canción,
y me encendí, tanto, que la vida en soledad me pareció más
triste
que la vida entre los hombres.
Thomas Hardy
SOBRE EL TRATAMIENTO:
Si Freud estaba en lo cierto acerca
de la importancia que adquiría la investigación psicoanalítica
de la enfermedad en compañía del enfermo en el aumento de nuestros
conocimientos, entonces si aprendemos a comprender el autismo infantil tratando
a estos niños de formas paralelas al método freudiano que permitió
tratar y explorar la naturaleza y la causa de la perturbación en un proceso
simultáneo, nos permitirá no solo ayudar a muchos pacientes sino
descubriendo muchas cosas acerca del funcionamiento mental.
Siempre que se aborde la cuestión del autismo como una deficiencia innata,
la actitud hacia el tratamiento serán derrotistas. En cambio, los que
atribuyen el origen del autismo a la influencia del medio, cualquiera sea su
medida, presentarán una actitud más optimista. Pero el pesimismo
no se limita solo a aquellos que adoptan una perspectiva orgánica, esta
actitud también se encuentra en muchos que sostienen la hipótesis
psicogénica.
La paradoja de algunos de estos tratamientos es que intentan ayudar al niño
a través de la madre, considerándola, al mismo tiempo, la responsable
del desarrollo anormal del niño. Así autores como Mahler consideraban
al niño pequeño un individuo a medias, cuya experiencia de vida
está condicionada por la madre, en lugar de ver en las reacciones del
niño no solo una respuesta a la madre sino una actitud con respecto a
todas las experiencias vitales por las que atraviesa este niño y de las
cuales la madre constituye una pequeña porción. Entonces, convencida
de la importancia primordial de la relación simbiótica del hijo
con su madre, creía que la herramienta principal del tratamiento era
la reconstrucción de la simbiosis madre-hijo como existía en un
principio. A partir de esta convicción el tratamiento se basaba en la
atención simultánea del niño y de la madre. Apoyándose
en la creencia de que era necesario para el niño "la madre buena"
para asegurar el bienestar inicial y su posterior desarrollo, creyendo que toda
relación madre-hijo debería salvaguardarse, aunque sea perjudicial
para el niño.
Esta autora se presentaba escéptica en lo que se refería a la
curación de la esquizofrenia infantil.(
) "si se fuerza al
niño autista a entrar demasiado aprisa en el contacto con el mundo social,
y particularmente cuando la relación simbólica apenas establecida
provoca la frustración, lo único que se consigue es precipitarlo
en un estado catatónico que lleva a un proceso psicótico fulminante"
.
Otros autores se preguntan por qué se ha de tratar al niño en
condiciones que lo exponen a las presiones impacientes de lo padres, por qué
habría que apremiarlo a que establezca un contacto social, por qué
la relación apenas establecida tiene que acarrear la frustración.
Anna Freud refiriéndose a una adolescente esquizofrénica dice:
"Tras varios meses de tratamiento intensivo, durante el cual la relación
con el analista tuvo altos y bajos, oscilaciones y amenazas de desintegrarse,
extinguirse y de extinguir a otras personas del medio, la adolescente dijo al
terapeuta: "me estás analizando mal. Yo sé muy bien lo que
tendrías que hacer. Deberías estar conmigo todo el día,
porque yo soy una persona completamente diferente cuando estoy aquí,
cuando estoy en la escuela o en casa de mi familia adoptiva. ¿Cómo
me as a conocer si no me ves en todos estos sitios?. En mi no hay una sola persona
sino tres" .
Esto nos conduce a dos cuestiones, una es la que hace a las necesidades terapéuticas
de la paciente y nos permite introducir la función del acompañante
terapéutico en estos casos en los que es necesario un seguimiento mas
de cerca dada la patología del paciente y a su vez la importancia de
registrar temas que tienen que ver con la cotidianidad del paciente tal como
lo expresaba la misma. Luego en este apartado acerca del tratamiento, se van
a introducir cómo es y que características tendría el acompañamiento
terapéutico en esta patología en especial y también la
etapa evolutiva en la que nos encontramos aquí, teniendo en cuenta que
solo es posible delinear algunos pasos a seguir en la terapéutica dado
que sabemos que siempre se trata de una singularidad que no es posible generalizarla
encerrándola tan solo en un cuadro clínico sin tener presente
lo propio del sujeto y tampoco con el fin de devolverle al sujeto algo de la
normalidad perdida según los criterios sociales vigentes sino con el
gran objetivo de aliviar algo de su sufrimiento.
Siguiendo con aquella cita de Anna Freud, también dice que la adolescente
daba la pauta a través de su comunicación a la terapeuta de las
deficiencias de su yo, no teniendo una instancia superior que funcionase como
un superyo unificador, por este motivo su personalidad cambiaba continuamente
según sus diferentes relaciones. Según esta autora lo que pedía
esta paciente era que la terapeuta se ofreciera en carne y hueso en tanto que
imagen de un objeto permanente, omnipresente y susceptible de interiorización
con el fin de que esta personalidad pudiera reagruparse, unificándose
alrededor de esa imagen.
Estas son las conclusiones a las que llega esta autora pero no se pregunta acerca
de las cuestiones técnicas del tratamiento con la paciente, debatiendo
las posibilidades acerca de un tratamiento analítico posterior.
A través de los trabajos que se han realizado con pacientes esquizofrénicos,
no dejan dudas acerca de que estos niños necesitan tanto un terapeuta
o mejor si ocupa alguien la posición del acompañante terapéutico
que se ofrezca de carne y hueso, que ponga el cuerpo como objeto siempre presente.
Esto es dificultoso en el caso del terapeuta pero sabemos que es posible para
el acompañante, entonces desde esta perspectiva se presenta como una
función posible dentro del acompañamiento presentarse como objeto
permanente que unifique y permita establecer una relación que posibilite
adquirir un centro individual y relativamente estable para su personalidad.
Kanner en sus comienzos postulaba la necesidad de ofrecer estos niños
al tratamiento con personas comprensivas y capaces de ofrecerles cariño.
Desde otras perspectivas, conductistas podríamos decir se trata al autismo
infantil mediante el condicionamiento operante, creando respuestas condicionadas
a través de recompensas y castigos. Pero las acciones que ejecutan los
niños son el resultado de lo que quiere el experimentador y no de la
propia iniciativa del niño, reduciendo al niño autista al nivel
de los perros de Pavlov. Imponer formas ecolálicas de palabra, mediante
el soborno, gritos o incluso golpes, solo conduce a una deshumanización
peor.
En el autismo infantil el sujeto evita ser confrontado con la realidad, sin
preguntarse el por qué de esto, en definitiva el por qué de la
perturbación, la finalidad del método de condicionamiento es conseguir
determinados resultados, independientemente del daño que esto pueda ocasionar.
Para Bettelheim, en el caso del autismo infantil, las experiencias positivas
del paciente pueden convencerlo de abandonar poco a poco las defensas autistas.
Según este autor sería posible abandonarlas, y el niño
lo haría precisamente porque ahora encontraría a su disposición
nuevas experiencias gratificadoras. Renunciando a aquellas porque ahora tendría
a su alcance unas relaciones humanas satisfactorias y no porque se hayan instalado
tales o cuales mecanismos en el lugar apropiado.
Este autor en su trabajo a lo largo de muchos años con niños autistas
le ofrece la experiencia de un pronóstico mucho más favorable
para aquellos niños autistas hablantes que para los mudos. Afirma que
conforme se mejoren los procedimientos y los métodos de tratamiento y
se obtenga una mejor comprensión de la enfermedad, los resultados podrían
mejorar incluso con los niños autistas mudos.
Relata la experiencia de niños que recuperando los afectos necesarios
para la relación con las personas y el mundo, en cambio, aunque mejoraron
no han alcanzado un nivel normal en funciones de su yo como el razonamiento,
lectura y dominio de aspectos no afectivos de la realidad. De estos resultados
el autor sugiere que en el autismo infantil no se encuentra una perturbación
innata del contacto afectivo sino más bien exigencias innatas cuya satisfacción
no puede hacerse esperar. Si el niño no logra establecer a tiempo el
contacto afectivo con el mundo, no podrá aunque lo consiga más
adelante, adquirir las funciones del yo.
Estos resultados sugerirían que en el autismo infantil no nos encontramos
con una perturbación innata del contacto afectivo sino más bien
con exigencias innatas cuya satisfacción no pueden esperar. El epígrafe
da cuenta de esto, de la convicción de este autor de que no sin esfuerzo
y sufrimiento se puede poco a poco abandonar algunas defensas autistas. Si el
niño no logra establecer el contacto afectivo con el mundo, no podrá,
auque lo consiga más adelante, adquirir las funciones del yo, que parecen
exigir ese contacto para desarrollarse.
Esta es la postura teórica de este autor en especial, que aunque un tanto
optimista es sumamente importante por su experiencia en el trabajo con niños
autistas, lo que aporta no sólo conocimiento sino también y principalmente
una manera de entender el tratamiento del autismo como una posibilidad, un desafío,
una ética implicada que deviene del psicoanálisis y un firme intento
por aliviar del sufrimiento a estos niños. Si estos resultados tan auspiciosos
son posibles de obtener o es tan solo un optimismo deliberado, la experiencia
lo dirá, por el momento y mientras no haya un mejor conocimiento de la
patología autista, debemos inclinarnos por una disposición expectante
pero al mismo tiempo activa en el tratamiento del autismo infantil, esa es nuestra
convicción.
Queda como pregunta abierta para pensar el tratamiento, el lugar del terapeuta,
la función del acompañante terapéutico y cualquier lugar
que se pretenda ocupar en la vida de estos niños: ¿en qué
medida puede un sujeto solipsista construir un mundo sin la referencia de un
otro, sin ninguna existencia de un otro?
Nos podemos preguntar desde Lacan cómo es esto posible, si hay un Otro
del significante, este no es inscripto y el sujeto queda sin una inscripción
simbólica que lo ordene en un mundo simbólico. Si nos preguntamos
acerca del tratamiento de las psicosis, ya Lacan manifestaba no retroceder ante
ellas, nos preguntamos como hace tiempo y nos seguimos preguntando qué
lugar para el analista y en este caso que lugar para el AT?
¿Cómo ingresar en ese mundo privado?¿qué tipo de
transferencia se puede desplegar?
Creo que la transferencia, el lugar del terapeuta y del acompañante terapéutico
se irá delineando mientras haya un espacio para alojar a un sujeto, distinto
a otros, singular, esa es la apuesta, ese lugar es un lugar a construir con
el paciente.
Solo podremos entonces ofrecer en líneas generales en relación
a la etapa evolutiva y algunas de las generalidades de dicha perturbación,
cómo se podría incluir al AT y cuáles serían sus
funciones como parte del equipo terapéutico tratante. Para esto incluiremos
en este material algunas entrevistas y el trabajo con un niño con un
posible diagnóstico de autismo en el marco de un espacio de acompañamiento,
pero a fines de ofrecerlo como ejemplo y no como material clínico, entendiendo
que es un fragmento que aporta el acompañante desde su trabajo con el
niño, no sabemos nada del espacio terapéutico ni lo que allí
fue trabajado, solo contamos con los fragmentos de una historia que se pudo
ir reconstruyendo a través del trabajo con el niño, pero desde
este espacio de acompañamiento.
Las líneas generales que abordaremos las podemos ubicar dentro de la
etapa evolutiva -niñez- y sus características que no diferirían
mucho del acompañamiento en otras edades pero pensar en la niñez
nos enfrenta al desvalimiento, a la indefensión, a la necesidad de sostén
que se dan debido a la prematurez del ser humano, a la dependencia de otro que
al menos en un primer momento esté siempre presente para luego gradualmente
ir separándose. La etapa de individuación y separación
diría Mahler en un espacio de ilusión y desilusión gradual
al decir de Winnicott. Entonces en el espacio particular que se crea en el acompañamiento
terapéutico se debe estar dispuesto a usar los recursos como el dibujo,
los juegos, mayor contacto corporal, adaptarse al lenguaje infantil, con el
fin de poder establecer una comunicación y lograr una mayor eficacia
en el trabajo pero también para que la adaptación del dispositivo
clínico sirva como una vía de procesamiento psíquico.
También el acompañante terapéutico debe inscribirse en
un marco de trabajo multidisciplinario, en el cual muchas veces se encuentran
posiciones divergentes en relación a la problemática del niño.
Miradas diferentes de distintos ámbitos donde el saber se recorta de
forma especial según sean psicopedagogos, psicoanalistas, docentes, pediatras,
etc. Todos ellos intervienen de algún modo en el tratamiento, muchas
veces encausándolo pero otras tantas, entorpeciéndolo. Por eso
es necesario para el acompañante cierta "cintura política"
que le permita tratar con todos los profesionales sin crear conflictos que terminen
perjudicando al paciente y dañan la posibilidad de un trabajo interdisciplinario.
Es necesario convertir el trabajo multidisciplinario en interdisciplinario,
es decir, distintos discursos pero que en algún punto se conectan, pero
no yuxtaponiéndose los unos a los otros, sino articulándose en
la labor con el paciente, aportando cada uno de su perspectiva, enriqueciendo
el trabajo de todos.
La problemática a desarrollar y la perspectiva psicoanalítica
desde la cual la abordamos, nos condiciona en cierta medida para dar "instrucciones"
de lo que se debe hacer o cómo se debe trabajar con un niño autista.
La singularidad del sujeto y la particularidad de la transferencia del espacio
analítico así como del espacio de acompañamiento y lo que
allí se gesta y lo que allí acontece nos impiden dar una definición
apriorística de la función del acompañante y también
del analista. Pero centrándonos en el espacio de acompañamiento,
se puede decir que se trabajará con lo que surja en el espacio, no forzando
nada, es común que se quiera empujar a los niños a la "normalidad",
organizando para ellos tareas que muchas veces no pueden llevar a cabo porque
estos niños se niegan frecuentemente a lo que se les proponga. Es difícil
para el acompañante soportar las ansiedades y muchas veces eso lleva
a apurar los tiempos del niño, proponiendo todo el tiempo tareas, estimulando
todo el tiempo, creyendo que así se pueden calmar las ansiedades y manejar
mejor la angustia que despiertan estos cuadros tan graves. También en
el trabajo con estos niños se puede ser activo pero no invasivo, respetando
los espacios no solo físicos como la modalidad de contacto sino también
manteniendo una actitud expectante pero no intrusiva.
La otra posición en la que hay que cuidarse de no caer es en la posición
desesperanzada y derrotista porque estos niños ya han sufrido estas reacciones
del mundo adulto y sería más decepcionante y perjudicial para
ellos volver a sufrir una y otra vez lo mismo. El aislamiento de estos niños
responde a su patología y por eso es imprescindible tener en cuenta esto
para no tomarlo como algo personal y como un capricho, es preciso tener cautela
y paciencia. Hay que soportar ser rechazado y muchas veces ignorado sin pensar
que se debe a algo particular en el acompañante sino a un mecanismo que
les permite continuar viviendo, empobreciendo su yo, sus afectos y su contacto
con el mundo pero que les ofrece una precaria y muy inestable seguridad.
Hasta aquí llegamos con cuestiones referidas al tratamiento, ya se ha
dicho que no es posible construir un a prior en la dirección de un tratamiento
ni de un acompañamiento terapéutico, por eso creemos que estos
fragmentos de este caso pueden a modo de ilustración, precisar algo de
lo que se mencionó a lo largo de todo el trabajo acerca de la problemática
autista. Solamente ilustrar puesto que es la singularidad de cada sujeto la
que define el rumbo y guía en el proceso analítico e incluye de
manera particular y específica la función del acompañante
terapéutico.
CONCLUSIÓN:
Todo el recorrido que se realizó
en estas páginas, trataron de dar cuenta que el autismo infantil, lejos
de ser un capítulo cerrado, es una capítulo que comienza recién
a escribirse. Por eso desde el comienzo enfatizamos nuestra voluntad en no responder
a preguntas cerrándolas sino tomándolas como un disparador que
nos permitió pensar en la práctica clínica e interrogarnos
sobre un lugar a ocupar tanto desde el terapeuta como desde el acompañamiento
con sus respectivas diferencias pero subrayando la necesidad de construcción
de ese espacio singular, aún más que en otro tipo de patologías
por estas características de aislamiento y falta de relación con
el mundo que presenta el autismo, también en la especificidad de la etapa
vital y las particularidades de la niñez.
Un autor hablaba que la única forma de ayudar a salir al otro del infierno,
es descendiendo hasta el mismo infierno, en cualquiera de sus aspectos. Y esto
significa una confrontación directa no solo con el infierno del otro
sino con el nuestro, con el propio. En una confrontación con uno mismo
en la medida que uno se ofrezca al otro.
El tratamiento con este tipo de pacientes graves se torna duro y agotador, pero
este trabajo pretende no dar falsas esperanzas sino mantener una actitud expectante
hasta que nuestros conocimientos aumenten y mejore nuestra comprensión
sobre el autismo, mientras se trabaja alojando a un sujeto que sufre, creando
un espacio propio, según su singularidad.
Finalmente, nos preguntamos cómo ayudar al niño a salir de su
aislamiento e ir al encuentro con otro, si esto es posible en alguna medida,
cómo darle una vida en el presente de forma que consiga tener un pasado
y un futuro, es decir, cómo ayudarle a ser con personas para empezar
a ser él también. Ese es nuestro interrogante y nuestro desafío.
Acuden a socorrer a una mente enferma,
Arrancan de la memoria una pena arraigada,
Extirpan los desvaríos impresos en el cerebro,
y con unos dulces antídotos de olvido,
purifican la intimidad anegada de esa materia peligrosa
que oprime tanto el corazón
W. Shakespeare
BIBLIOGRAFÍA
· Benda. C "Childhood
Schizophrenia, Autism, and Helier's disease" en P. w. Bowman y Mautner
(comp). "Mental Retardation". Nueva York.1960
· Bettelheim. B "la fortaleza vacía". Ed Paidós.
Bs As. 2001
· Bleuler. E. "la demencia precoz sobre el grupo de las esquizofrenias".
Nueva York. Ficha de estudio. 1950.
· Escalona. S "Patterns of infantile experiences and the developmental
process"en "The pycoanalytic study of the child". Nueva York.
International Universities Press. 1963
· Freud. A. "Psicoanálisis y Educación". Bs As.
Ed Paidós. 1954. primera edición.
· Klein. M "El psicoanálisis de niños" en O.C.
vol 2.Ed Paidós. Bs As.1994.
· Klein. M "Principios del análisis infantil" Ed Paidós.
Bs As.1982.
· Kuras de Mauer, S. y Resnizky. S "Territorios del acompañamiento
terapéutico". Ed Letra Viva. Bs As. 2005.
· Mahler.M. "Sobre la significación de la fase normal de
separación-individuación". Nueva York. 1965.
· Piaget, J. "La construcción de lo real en el niño".
Barcelona. Ed Crítica.1989
· Piaget, J. "El lenguaje y el pensamiento del niño pequeño".Ed.
Paidós. Barcelona.1987
· Piaget. J."La psicología de la inteligencia". Barcelona.
Ed Crítica.1999
REDBA
- Red Asistencial de Buenos Aires
Asistencia y Docencia en Salud Mental
Talcahuano 343 PB "B" Capital Federal - Teléfonos:
4382-2280 / 4382-4724