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REDBA - RED ASISTENCIAL DE BUENOS AIRES DIRECTOR GENERAL: Lic. Sergio Sáliche CURSO: Acompañante Terapéutico (Nivel Inicial) DOCENTE: Lic. Sergio Sáliche MONOGRAFÍA: "EL ACOMPAÑAMIENTO TERAPEUTICO COMO SOSTEN EN LA TERCERA EDAD" AUTORA: Ana Isabel Vicondo CURSADA: Sepiembre - Diciembre - 2007 ENTREGA CERTIFICADO: 28 de DICIEMBRE de 2007 |
EL ACOMPAÑAMIENTO TERAPEUTICO COMO SOSTEN EN LA TERCERA EDAD
Aída y Alba de 71 y 78 años
respectivamente, son hermanas, integrantes de una familia numerosa, compuesta
por cinco hermanos más, quedando en la actualidad solo tres; viven juntas
desde hace muchos años, tienen buena relación y mutuo respeto,
ambas solteras, comparten sus vidas con amistades, con las que se frecuentan
asiduamente. Se diría que el ritmo de sus vidas era organizado y en un
ambiente de tranquilidad.
Aída disfruta cocinar, y Alba tiene tendencias artísticas que
son reflejadas en pintar cuadros hacer artesanías, coser, bordar, tejer,
etc.
Así transcurrían sus
días, hasta que hace aproximadamente 3 años, se puso en contacto
su hermana mayor, Lucía de 86 años, explicándoles, la penosa
situación que estaba viviendo, su mal estado de salud, y la imposibilidad
de seguir viviendo sola.
Ambas hermanas decidieron darle hospitalidad en su casa.
Lucía, que vivía en otra ciudad, llegó en pésimas
condiciones, fue asistida, y los médicos tratantes informaron que estaba
sufriendo el primer estadio de demencia senil.
Esta patología se fue agravando,
restándole movilidad, claridad en el habla, entorpecimiento de sus manos
y desconectándola temporariamente de la realidad cotidiana.
Las hermanas consultaron con especialistas, y estos indicaron que Lucía
debía ser estimulada para frenar el avance de su enfermedad.
A esta grave situación, se les sumó la viudez de su otra hermana,
llamada Ani de 82 años, quien era muy cuidada dado su frágil estado
de salud, por su esposo fallecido.
Debido a la lejanía con sus
hermanas, sintiéndose incapacitada de vivir sola, y conociendo los cuidados
que Lucía debía recibir de ellas, decidió mudarse con sus
otras tres hermanas.
Al comenzar la convivencia, la organización que antes disfrutaban se
fue transformando en un caos, Ani tenía grandes choques con Lucía,
la enfrentaba permanentemente, hasta hacer intolerable el día a día.
Ante esta problemática, Aída consultó a la médica
de cabecera, quien le derivó la consulta a una terapeuta, exponiéndole
el caso.
La terapeuta luego de varias sesiones, le indicó el dispositivo de un
Acompañante Terapéutico; la consigna sería la de articular
con Lucía, ya sea en el domicilio o en paseos, con el fin de descomprimir
el clima de tensión familiar, ya que Lucía se mostraba cada vez
más encerrada en sí misma.
Se dispuso entonces que sería
de cuatro horas por la mañana, de lunes a sábado.
El primer día que concurrió al domicilio la Acompañante
Terapéutica, encontró un amplio salón luminoso, llamándole
la atención que, solo en el lugar donde estaban los sillones y allí
sentadas las dos hermanas mayores, el ambiente estaba en penumbras, pues la
ventana estaba baja; Lucía ubicada en un sillón (al frente una
pared) distante al otro, que era ocupado por Ani; el televisor tenía
colocado el volumen a un nivel muy alto. La impresión que percibió
la AT. era de tristeza, soledad, y fractura en la comunicación.
Al ser presentada ante Lucía,
su respuesta fue una sonrisa silenciosa y de aceptación; siendo este
el inicio de una transferencia positiva.
Lucía daba la impresión de indefensión, se mantenía
callada, su andar no era firme, de paso lento, con semblante acongojado, que
se modificaba hacia un gesto amable en cuanto recibía la primer palabra
del otro. Ante su dificultad de ponerse un abrigo, permitía ser ayudada.
Datos útiles que utilizó la AT. para armar una modalidad de trabajo,
observando por que flanco iba a poder acercarse a ella.
Comienzan las salidas, manifestándose
agradecida con su acompañante, a tal punto que, el lunes posterior al
primer fin de semana, le reclamó "la supuesta falta del domingo"
con el argumento de que "la había extrañado mucho",
detalle que se superó explicándole los días en que vendría
la AT.
Las cuatro horas se repartían
saliendo a caminar por plazas y paseos públicos, y por juegos de mesa
luego al llegar a su casa.
El ánimo de Lucía fue modificándose; se mostraba contenta,
observaba a los niños, intentaba acercarse a ellos, a través de
una palabra o una sonrisa, y era significativo como recibía como respuesta
la sonrisa de los pequeños, dándole a Lucía mayor contento.
También sentía predilección
por las flores de los jardines y uno de sus juegos preferidos era el de contar
las palomas que se acercaban y llamarles la atención, llevando al paseo
miguitas de pan.
Disfrutaba cantar con su acompañante,
finalizando la canción en un abrazo cálido.
En el domicilio, los juegos en donde ponía más atención,
estaban relacionados con los números, especialmente con contar, llegando
a realizar largas series.
También le gustaban mucho,
las figuras humanas (en especial los niños), y los animales que estuvieran
impresos en los libros o en cartas.
Este proceso de comunicación que estaba realizando Lucía, fue
lento pero sorprendente para sus hermanas, un trabajo de paciencia y de observación
por parte de la Acompañante Terapéutica, que fue descubriendo
intereses, que aún la movilizaban y estimulaban, provocando cambios de
ánimo importantes en ella.
Otro dato importante de mencionar, era que cada vez que Ani la agredía
verbalmente, ella empezó a manifestárselo a su acompañante,
con gestos de tristeza, inclusive llanto.
Provocaba un cimbronazo de tal angustia, que en ocasiones derivaba en confusión
mental, negándose a retornar a su casa. La acompañante intervenía,
recordándole que la estaban aguardando con ricas comidas, sus hermanas.
La relación entre Lucía y la Acompañante Terapéutica
se construía día a día, dada la labilidad mental de Lucía;
eran muchos los actos que debían ser repetidos con continuidad.
Si bien el clima familiar había sido modificado para Lucía, no
era del todo tranquilo para el resto; porque la mejoría de ella, era
tomada con mucho celo, por parte de Ani.
La conducta de Ani era de constante
inconformidad, su estado anímico, una franca depresión, por la
falta de su esposo, de su casa, de sus pertenencias; a pesar que sus hermanas
ponían todo de sí, para que ella se sintiera cómoda y protegida.
Ante esta situación, Aída consultó nuevamente a la terapeuta,
exponiéndole los inconvenientes que tenía Ani para integrarse
al grupo familiar, y asimilar los cambios que la vida de modo natural presenta.
La terapeuta se reúne con la AT. planificando una nueva estrategia, ahora
con la información familiar con la que contaban.
Se estableció un nuevo dispositivo; manteniéndose los horarios
prefijados para Lucía, y observando que dada la dificultad de aceptación
por parte de Ani de personas ajenas al grupo familiar, se consideró que
en lugar de incorporar otra AT. siguiera la misma; articulando un plan de salidas
con Ani , con horarios diferentes a los de Lucía, que permitiera descubrir
las motivaciones, intereses de la misma, para contrarrestar su estado depresivo,
suavizando así sus actitudes agresivas y una readaptación a su
grupo familiar y a su nueva realidad.
Comenzado el dispositivo con Ani, las salidas fueron a paseos públicos,
pero contrariamente con lo sucedido con Lucía, Ani no los aprovechaba
para conectarse con el entorno, sino para descargar todo su enojo, que era además
amplio, porque incluía a la mayoría de las personas que habían
pasado por su vida, con excepción de su esposo y su hijo fallecidos.
La AT. se reunió con la terapeuta
y le informó de esta conducta. A su vez la profesional la interiorizó
acerca del diagnóstico de Ani, encontrándose ante un cuadro de
conductas paranoides.
Se decidió continuar con el formato del dispositivo establecido, pero
con la indicación de poner ciertos límites a la expresión
verbal violenta sin fin de Ani, intervención que permitía acotar
el goce que se manifestaba allí.
Hasta la inclusión de Ani dentro del dispositivo, su vida estaba resumida
en levantarse, higienizarse, pasar la mañana y la tarde en el sillón,
con el televisor con volumen alto, interrumpiendo esta actitud, solo para alimentarse.
Se retiraba a dormir muy temprano, alrededor de las 20hs.siempre llorando hasta
quedar dormida.
A partir del vínculo con la AT., los cambios fueron apareciendo. Quería
arreglarse para salir, buscaba perfumarse, ponerse crema, llegó a colocarse
matizador en su cabello; ahora salía y disfrutaba. Su paso al andar tenía
más dinamismo.
Aunque mantenía todavía su discurso negativo, ante las intervenciones
de la AT intentando acotar el mismo, comenzaron a aflorar otros recuerdos; recuerdos
infantiles, de su juventud, el encuentro de su primer amor, de la guerra, pero
de modo anecdótico, de sus padres, todos con una carga de emoción
y de alegría.
Junto con estos cambios paulatinos, comenzó a demostrar interés
por "escuchar", insistiendo en reemplazar su antiguo audífono
por uno moderno, entre otras cosas, escuchar las vivencias del AT, solicitándole
que se las cuente.
La AT, accede a esto, con prudencia, con el fin de abrir un espacio, posibilitando
que Ani se corriera de su actitud egocéntrica para dar lugar al otro.
Una potencial oportunidad de comunicación, para luego habilitar el restablecimiento
de los lazos con sus hermanas.
El vínculo con la Acompañante Terapéutica se fue afianzando,
esto permitió acceder a un pedido expreso de Ani, el que la acompañase
para poder transitar al acostarse, el paso de la vigilia al sueño, sin
angustiarse.
La AT consultó sobre esta intervención con la terapeuta, quien
la autorizó a ello.
Un nuevo cambio en el dispositivo; se incluye la presencia del AT. a la hora
de acostarse, modificando la estructura familiar, debido a que ahora Ani compartía
la cena con sus hermanas, se higienizaba, y esperaba tranquila la llegada de
la AT, acostándose a las 22 hs. aproximadamente; momento en el cual,
estando ya en la cama, se despedía afectuosamente con un abrazo, evitando
con este, la angustia y el llanto habitual.
A esta altura del dispositivo, Ani
iba logrando un mejor descanso, ya sin angustia, se levantaba con mejor ánimo;
al mejorar la audición y su predisposición a escuchar, se relacionaba
mejor con sus hermanas, inclusive hacía bromas.
Cierto día, la AT presencio una escena atípica; Ani no se encontraba
bien de salud, Lucía mostró preocupación, se encamino hacía
ella y con palabras cargadas de ternura, se intereso por el estado de su hermana.
Por primera vez esto conmovió a Ani.
Este fue el comienzo de una mejor vinculación fraterna.
El dispositivo se mantuvo durante siete meses.
A pedido de la terapeuta, luego de ese lapso de tiempo, la AT realizó
un seguimiento que consistió en comunicarse telefónicamente una
vez por semana , con el fin de que el desprendimiento no fuera tan brusco, teniendo
en cuenta, a esa edad, cual es el impacto que ocasionan las pérdidas.
Con esta modalidad, el dispositivo tomó otra forma. Habiendo llegado
a la instancia de un cierto equilibrio familiar, era oportuno el corrimiento
físico de la AT. manteniéndose la vinculación a distancia.
Breve reseña de la historia
familiar:
Siendo Aída una beba de ocho meses, su madre muere, quedando su padre
solo al cuidado de siete niños, empobrecidos y en un país en guerra;
esta situación empujó a los hijos mayores a trabajar desde muy
temprana edad, varones y mujeres, quedando Ani al cuidado de sus hermanas menores,
en especial de la beba.
Este hecho marcó la relación de Ani y de Aída; sintiendo
Ani responsabilidad y pertenencia (casi se diría cierta dominación)
hacía la más pequeña.
Haciéndolo manifiesto a lo largo de los años a través de
conductas propias a este sentimiento. Respondiendo Aída con silencios
y alejamiento de su hermana.
No siendo así la relación que desde siempre se estableció
entre las dos hermanas menores (Aída y Alba), que aunque luego en su
vida adulta recorrieron caminos distintos, se volvieron a reunir para continuar
la convivencia, que como se explicó en párrafos anteriores era
de mucho acuerdo y tranquilidad.
Ani depositó todo su caudal de cariño hacia esta hermana, teniendo
mucho celo por ella de sus otras hermanas; pensando que ninguna de ellas hacía
nada por Aída.
Aunque llegó a formar su propio núcleo familiar y tuvo un hijo,
mantuvo esta postura de pertenencia, reclamando derechos de madre, queriendo
imponer autoridad
Lucía en tanto intentó a lo largo de los años, acercarse,
aunque siempre se mostró muy independiente.
Sus sentimientos hacia sus hermanos tenían mayor espacio de libertad,
de respeto y de consideración por los tiempos y las ocupaciones de cada
uno. Reuniéndose con ellos en ocasiones importantes, pero no con mucha
frecuencia.
Fue esta manifiesta independencia, el motivo fundamental de los sentimientos
encontrados que tenía Ani hacia Lucia, no comprendiendo ni aceptando
su conducta.
Manteniendo esta actitud sin importar los años que habían pasado,
ni siquiera el actual estado de salud de Lucía, y su total necesidad
de sostén por parte de los demás.
Intervenciones de la Acompañante
terapéutica:
Si bien se sabe que la vejez es una etapa natural en la existencia del hombre,
debe ser trabajada en su fuero interno por la AT. porque enfrentar el hecho,
es tomar contacto con las consecuencias que el paso del tiempo provoca; poniendo
en el tapete además la enfermedad, el deterioro y la dependencia que
entraña. Planteando los límites que en un futuro puedan presentarse.
El acompañante tiene conocimiento que su trabajo favorecerá la
salida del aislamiento, que a veces es sometido el sujeto, no importando si
obedece a factores externos o internos.
El cuidado en la vejez suele en algunos casos confundirse, quedando solamente
en un cuidado físico, perdiéndose de vista la posición
del sujeto tratándoselo como objeto.
En un horizonte sin cambios, donde todo pareciera quieto, estancado, sin posibilidad
de movimiento, la presencia de un acompañamiento en la vejez, articula
hacía lo posible, lo que se renueva, propone salidas y oportunidades
cuando ya se creía todo finalizado. Demostrándose que la capacidad
creativa en las personas no tiene edad cronológica, el proyecto surge
con fuerza cuando hay estímulo.
Particularmente este dispositivo estuvo colmado de estímulos.
La estrategia inicial fue armada para contener a Lucía, dada la problemática
familiar tuvo que ser incluida en el dispositivo, tiempo después Ani.
El acompañamiento fue contenedor, cargado de paciencia, otorgando la
impronta de la tolerancia, buscando el encuentro, acortando distancias afectivas,
propiciando equilibrio en los deseos.
Se produjo el establecimiento enseguida de transferencia positiva en ambas hermanas
con la AT, desde donde el trabajo rindió mayores frutos; pero también
existieron momentos de contratransferencia, dada la sensación de indefensión
que le provocaba Lucia y en varias ocasiones, enojos que le provocaba Ani, sentimientos
que fueron trabajadas por la AT con la terapeuta tratante, para que los mismos
sean de utilidad para el trabajo de la AT, en lugar de obstáculos al
mismo.
. Cabe puntualizar que las intervenciones de la AT. fueron ampliándose
dando singularidad a las mismas. Se analizarán entonces en relación
a Lucía y a Ani.
Intervenciones con Lucia:
Darle el sostén físico, seguro y sereno, no solo para dar los
pasos necesarios al caminar, sino desde donde ella se sienta confiada para salir
a la calle.
A través de la palabra, al aire libre mostrarle el entorno, apreciando
todos los elementos de la naturaleza que existen alrededor, sus formas, colores,
perfumes y sensaciones de frío o de calor, disfrutar de la brisa o la
suave llovizna.
Este contacto cercano impacta, dando lugar a su expresión.
Al establecer esta primera comunicación con el afuera, continúa
el acercamiento con las personas. Descubre así la AT. la alegría
que Lucía siente hacía los niños.
La aproxima a ellos, confirmando la ternura que en ella despiertan.
A partir de esta intervención, la plaza y en especial la zona de juegos
será el mejor lugar en donde estar.
Incluir el canto compartiendo la canción fue abrir un espacio recreativo,
y el gesto comunicativo del abrazo al final, tomaba el tinte de una contención
afectiva.
Al quebrar el encierro y el aislamiento que estaba sufriendo, logra comunicarse,
será a través de gestos y palabras.
Lucía se interesa por las palomas, las cuenta e intenta llamar su atención,
la AT propone llevar migas de pan; el resultado fue la emoción de tenerlas
cerca.
En el domicilio, los juegos de mesa y las cartas infantiles captan su atención.
La AT plantea reglas de juego sencillas, donde lo predominante será el
conteo.
Afianzando una transferencia positiva con la AT. Lucía cuenta pasajes
de su vida.
Estas intervenciones logran modificar aspectos de su hacer cotidiano, brindando
dichos cambios una mejor calidad de relación y por ende de vida.
Intervenciones con Ani:
Abrir un espacio que le posibilite la canalización de procesos de duelo
no elaborados. La intervención de la AT. se hizo presente ubicándose
como escucha con la indicación precisa de no permitir el discurso negativo
sin fin, acotándolo; esta postura habilitó el pasaje a los recuerdos,
cambiando el discurso y el ánimo.
Mejorar la actitud en relación con los demás, restando su desconfianza
habitual, este proceso fue lento, pero muy trabajado a través de las
conversaciones mantenidas con la AT, comprobando que sus argumentos no tenían
suficiente fundamento.
Entonces logró abrirse al entorno, escuchando y compartiendo.
Posibilitó la tramitación de las angustias nocturnas, relacionadas
con la temática de la soledad, pérdida y muerte, propias de esta
etapa vital de la vida del sujeto.
Por último, el hecho más significativo: el encuentro de estas
dos hermanas en particular. Pacificando la relación se logró un
estado tolerable, de armonía para las cuatro hermanas.
Conclusiones:
Los resultados de este dispositivo fueron favorables, en el cual la problemática
presentada fue resolviéndose satisfactoriamente para cada sujeto participante.
Involucró al entorno, modificó estructuras, acomodando actitudes.
Posibilito la aparición de subjetividades en cada integrante de la familia,
provocando alivio y mejorando la comunicación dentro de la misma.
El seguimiento posterior a través de una comunicación telefónica,
sirve como elemento que a pesar de la distancia, funciona como presencia, dando
respaldo, contención y seguridad, necesarias en un momento de particular
inestabilidad de emociones como es la que se da en esta etapa vital del sujeto:
la vejez.
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