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REDBA - RED ASISTENCIAL DE BUENOS AIRES

DIRECTOR GENERAL: Lic. Sergio Sáliche

CURSO: Operador en Prevención y Rehabilitación en Drogadicción

DOCENTES: Lic. Sergio Sáliche y Lic. Susana Turati

MONOGRAFÍA: "La Comunidad de Alcohólicos Anónimos "

AUTOR: JUAN CARLOS VELI

CURSADA: Mayo - Agosto de 2007

ENTREGA DE CERTIFICADO: 1º de Septiembre de 2007


 

ÍNDICE:

INTRODUCCIÓN
¿QUE ES ALCOHOLICOS ANÓNIMOS?
RESEÑA HISTÓRICA
EL PROGRAMA DE AA.
 LA COMUNIDAD MÉDICA TRABAJA CON A. A.
EL PUNTO DE VISTA MEDICO
LA PERSPECTIVA RELIGIOSA SOBRE A.A.
EL SIGNIFICADO DE LOS SIMBOLOS DE A.A.
CONCLUSION
BIBLIOGRAFIA

 

INTRODUCCIÓN

La Organización Mundial de la Salud (OMS) define al alcoholismo como: "un trastorno crónico de la conducta caracterizado por la dependencia hacia el alcohol expresado a través de dos síntomas fundamentales: la incapacidad de detenerse en la ingestión del alcohol y la imposibilidad de abstenerse de alcohol (OMS, 1990:9).

Cuando las personas afectadas por este tipo de toxicomanía consultan  a diversas instituciones, centros de rehabilitación especializados y hospitales públicos, surge  entre la diversidad de tratamientos para este tipo dependencia, una opción de excelentes resultados comprobables, la comunidad de Alcohólicos Anónimos, desplegados en múltiples grupos a lo largo de nuestro país y en todo el mundo.

“Un Grupo de Autoayuda es un grupo de personas con un problema común, generalmente alguna enfermedad extraña o poco considerada, que se agrupan para enfrentar mejor su problema, compartir información y darse apoyo mutuo. La gran mayoría son grupos informales, que funcionan de forma autónoma, al margen de los profesionales.”
“Los grupos de autoayuda se enmarcan y se basan en la importancia de las redes sociales. Proporcionan a sus miembros una gran cantidad de beneficios, como contar con un soporte emocional, contar con una red social de apoyo, la posibilidad de compartir información y alcanzar metas como grupo -lo que un sujeto solo raramente podría lograr-, dar un espacio y guía a personas en condición de vulnerabilidad o de quienes sufren enfermedades o alteraciones relativamente poco comunes, dan un aprendizaje sobre la importancia y forma de agruparse, y permiten el acceso a experiencias de solidaridad.” (Horst Bussenius C., Director Psicología Unap)

¿Qué es Alcohólicos Anónimos?

Alcohólicos Anónimos es una comunidad internacional de hombres y mujeres que en un tiempo tenían un problema con la bebida. No es profesional, es automantenida, no está afiliada a ninguna secta religiosa, es multirracial, apolítica, y puede encontrarse casi en todas partes. Cualquier persona que quiera hacer algo respecto a su problema con la bebida puede hacerse miembro.

Su preámbulo se inicia de la siguiente manera: “Alcohólicos Anónimos es una comunidad de hombres y mujeres que comparten su mutua experiencia, fortaleza y esperanza para resolver su problema común y ayudar a otros a recuperarse del alcoholismo. A.A.”

Reseña histórica de su origen

En Akron, Ohio, en junio de 1935, de una conversación entre un corredor de Bolsa de Nueva York, (Bill W),  y un médico de Akron, (Dr. Bob), se produjo la chispa que iba a convertirse en el primer grupo de A.A.  Seis meses antes,  después de un encuentro con un amigo alcohólico que había estado en contacto con los Grupos Oxford de aquel entonces, una súbita experiencia espiritual le había quitado a Bill W la obsesión por beber. También le había ayudado mucho el Dr. William Silkworth, un especialista en alcoholismo de Nueva York, a quien los A.A. de hoy día consideran como un santo de la medicina. Por intervención de este médico, el corredor comprendió la gravedad del alcoholismo. Aunque no podía aceptar todos los preceptos de los Grupos Oxford, estaba convencido de la necesidad de un inventario moral, una confesión de los defectos de la personalidad, reparación a los dañados, así como de la necesidad de ser de utilidad y ayuda a otros y de creer en, y depender de Dios.
Cabe mencionar brevemente la historia personal de William Wilson  (Bill W), un corredor de Bolsa de Wall Street,  lo había perdido todo en parte a la debacle económica de su país (EE.UU.), y en gran parte a causa de su irrefrenable obsesión por el consumo de alcohol. Como el mismo llegó a testimoniar luego: “el licor dejó de ser un lujo, se convirtió en una necesidad; mi dosis cotidiana era de dos o tres botellas de ginebra de fabricación casera”.  Así también comenzaron a ser sus frecuentes hospitalizaciones a causa de sus continuas borracheras, que lo iban deteriorando en su salud ostensiblemente, con un informe médico oscuro, que lo llevaría al manicomio o a la funeraria, según sus propias palabras tiempo después.
Antes de viajar a Akron, el corredor de Bolsa había trabajado duramente con muchos alcohólicos, basándose en la teoría de que sólo un alcohólico podía ayudar a otro alcohólico; pero sólo logró mantenerse sobrio a sí mismo. Estaba en Akron por un asunto de negocios que, por haber fracasado, lo dejó con gran miedo de volver a beber. Se dio cuenta repentinamente de que, para salvarse a sí mismo, tenía que llevar el mensaje a otro alcohólico. Ese otro alcohólico resultó ser el médico de Akron, Robert Smith., (el Dr. Bob), quien desde su juventud en plena etapa de sus estudios universitarios, comenzó a relacionarse con el consumo del alcohol y con quienes bebían en demasía. Más tarde relataría que en oportunidad de ejercer su profesión, debatía su tiempo entre la atención a sus pacientes y su compulsión por alcoholizarse, que en el transcurso del tiempo iba en catastrófico aumento.
Ese doctor, (Bob), había tratado repetidas veces de resolver su dilema alcohólico por medios espirituales, sin poder lograrlo. Pero cuando el corredor de Bolsa le comunicó la descripción dada por el Dr. Silkworth del alcoholismo y de la desesperanza de quien lo sufre, el médico comenzó a buscar el remedio espiritual de su enfermedad con una buena voluntad que nunca antes había tenido. Logró su sobriedad y, por el resto de su vida —murió en 1950— no volvió a beber. Esto parecía demostrar que un alcohólico podía afectar a otro de una forma en que ninguna persona no alcohólica pudiera hacerlo. Indicaba también que un trabajo arduo y dedicado, de un alcohólico con otro, era vital para la recuperación permanente.
Desde ahí, los dos hombres empezaron a trabajar casi frenéticamente con los alcohólicos que llegaban al pabellón del Hospital Municipal de Akron. Su primer caso, uno muy extremo, se recuperó inmediatamente, convirtiéndose en el A.A. número tres. Nunca volvió a beber. Siguieron haciendo sus trabajos en Akron durante todo el verano del 1935. Hubo muchos fracasos, pero, aquí y allá, un éxito alentador. Cuando el corredor de Bolsa regresó a Nueva York en el otoño de 1935, se había formado el primer grupo de A.A., aunque en aquel entonces, nadie se dio cuenta de esa realidad.
Otro grupo pequeño prontamente tomó forma en Nueva York, seguido en 1937 por la formación en Cleveland del tercer grupo. Aparte de estos tres grupos, había otros alcohólicos esparcidos que habían captado las ideas básicas en Akron o Nueva York y estaban intentando formar otros grupos en otras ciudades. Para fines de 1937, el número de miembros que llevaban sobrios un tiempo sustancial era suficiente como para convencer a todos los miembros de que una nueva luz había penetrado el mundo oscuro del alcohólico.
A los aún pocos seguros primeros grupos, les parecía que ya era hora de comunicar al mundo su mensaje y experiencia única. Esa resolución dio fruto en la primavera de 1939 con la publicación de este volumen. En esa fecha, había alrededor de 100 miembros, hombres y mujeres. La sociedad, todavía en ciernes, y sin nombre, empezaba a conocerse ahora por el del título de su libro —Alcohólicos Anónimos. El periodo de volar a ciegas terminó, y A.A. entró en una nueva fase, la de sus tiempos pioneros.
Como habían descubierto los principios según los cuales el alcohólico individual podría vivir, así tenían que desarrollar principios según los cuales los grupos de A.A. y A.A. como un todo pudieran sobrevivir y funcionar con eficacia. Se creía que no se podría excluir a ningún hombre o mujer de esta Sociedad; que sus líderes podrían servir, pero nunca gobernar; que cada grupo debería ser autónomo y que no debería haber ningún tipo de terapia profesional. No habría honorarios ni cuotas; cubrirían sus gastos por sus contribuciones voluntarias. No debería haber sino un mínimo de organización, incluso en sus centros de servicio. Sus relaciones públicas se basarían en la atracción y no en la promoción. Se decidió que todos los miembros deberían ser anónimos ante la prensa, la radio, la TV y el cine. Y no deberían, bajo ningún concepto, dar recomendaciones a entidades ajenas, forjar afiliaciones o meterse en controversias públicas.

El programa de Alcohólicos Anónimos 
El programa de recuperación de estos grupos se articula con 12 principios o “Doce Pasos” por lo cuales se recuperan los miembros de A.A., y  12 “Tradiciones” o pautas establecidas para mantener la unidad de criterios en varios sentidos, como la vida de relación entre los integrantes, objetivos, autoridades, administración y automantenimiento, relación con el medio social, relaciones con otro grupos e instituciones hospitalarias, carcelarias, escolares, etc.

Objetivo de A.A. 
Tal como lo señala en el enunciado de una de sus tradiciones, “Cada grupo tiene un solo objetivo primordial –llevar el mensaje al alcohólico que aún está sufriendo.”
En función de este enunciado precedentemente es lo motoriza toda actividad en sus grupos y en los distintos ámbitos de la sociedad que consideren puedan aportar una ayuda en pro de la recuperación del sujeto que padece de este tipo de dependencia.

¿En qué consisten los 12 Pasos o principios para la recuperación? 

    1. «Admitimos que éramos impotentes ante el alcohol; que nuestras vidas se habían vuelto ingobernables».
    2. «Llegamos a creer que un Poder superior a nosotros mismos podría devolvernos el sano juicio».
    3. «Decidimos poner nuestras voluntades y nuestras vidas al cuidado de Dios, tal como lo concebimos».
    4. «Sin miedo hicimos un minucioso inventario moral de nosotros mismos».
    5. «Admitimos ante Dios, ante nosotros mismos y ante otro ser humano, la naturaleza exacta de nuestros defectos».
    6. «Estuvimos enteramente dispuestos a dejar que Dios nos liberase de todos estos defectos de carácter».
    7. «Humildemente Le pedimos que nos liberase de nuestros defectos».
    8. «Hicimos una lista de todas aquellas personas a quienes habíamos ofendido y estuvimos dispuestos a reparar el daño que les causamos».
    9. «Reparamos directamente a cuantos nos fue posible el daño causado, excepto cuando el hacerlo implicaba perjuicio para ellos o para otros».
    10. «Continuamos haciendo nuestro inventario personal y cuando nos equivocábamos lo admitíamos inmediatamente.»
    11. «Buscamos, a través de la oración y la meditación mejorar nuestro contacto consciente con Dios,tal como lo concebimos, pidiéndole solamente que nos dejase conocer su voluntad para con nosotros y nos diese la fortaleza para cumplirla».
    12. «Habiendo obtenido un despertar espiritual como resultado de estos Pasos, tratamos de llevar este mensaje a los alcohólicos y de practicar estos principios en todos nuestros asuntos».

De la lectura de ellos, se destaca que solo en el primer paso se refiere específicamente al alcohol, los restantes están referidos a lo introspectivo (inventario moral), a lo espiritual (relación Dios-Poder Superior y el hombre) y a la relación afectada o dañada con el otro que debe repararse. Por último, a la necesidad de transmitir el mensaje de los A.A. a otros alcohólicos y a la práctica de esos principios en la cotidianeidad.

¿Qué son las 12 Tradiciones de A.A.? 

A continuación se transcribe el enunciado de las mismas:
1. Nuestro bienestar común debe tener la preferencia; la recuperación personal depende de la unidad de A.A.
2. Para el propósito de nuestro grupo sólo existe una autoridad fundamental: un Dios amoroso tal como se exprese en la conciencia de nuestro grupo. Nuestros líderes no son más que servidores de confianza. No gobiernan.
3. El único requisito para ser miembro de A.A. es querer dejar de beber.
4. Cada grupo debe ser autónomo, excepto en asuntos que afecten a otros grupos o a A.A., considerado como un todo.
5. Cada grupo tiene un solo objetivo primordial: llevar el mensaje al alcohólico que aún está sufriendo.
6. Un grupo de A.A. nunca debe respaldar, financiar o prestar el nombre de A.A. a ninguna entidad allegada o empresa ajena, para evitar que los problemas de dinero, propiedad y prestigio nos desvíen de nuestro objetivo primordial.
7. Todo grupo de A.A. debe mantenerse completamente a sí mismo, negándose a recibir contribuciones de afuera.
8. A.A. nunca tendrá carácter profesional, pero nuestros centros de servicio pueden emplear trabajadores especiales.
9. A.A. como tal nunca debe ser organizada; pero podemos crear juntas o comités de servicio que sean directamente responsables ante aquellos a quienes sirven.
10. A.A. no tiene opinión acerca de asuntos ajenos a sus actividades; por consiguiente su nombre nunca debe mezclarse en polémicas públicas.
11. Nuestra política de relaciones públicas se basa más bien en la atracción que en la promoción, necesitamos mantener siempre nuestro anonimato personal ante la prensa, la radio y el cine.
12. El anonimato es la base espiritual de todas nuestras Tradiciones, recordándonos siempre anteponer los principios a las personalidades.
Como se observa, cada uno de estos enunciados entregan un lineamiento de la estructura de esta comunidad, que hacen a la admisión, liderazgo, objetivo, administración, organización, relaciones públicas y el anonimato. Todo esto a fin de conservar de la  mejor manera la homogeneidad de A.A., y de asegurar así la supervivencia o perdurabilidad a través del tiempo.

¿Qué es lo que A.A. hace?

1. Los miembros de A.A. comparten su experiencia con cualquiera que busque ayuda para su problema con la bebida; dan servicio persona-a-persona o “apadrinan” al alcohólico que llega a A.A. sea cual sea su procedencia.

2. El programa de A.A., enunciado en nuestros Doce Pasos, ofrece al alcohólico una manera de desarrollar una vida satisfactoria sin alcohol.

3. Este programa se discute en las reuniones de los grupos de A.A.

a. Reuniones abiertas de orador—abiertas para alcohólicos y no alcohólicos. (La asistencia a una reunión abierta de A.A. es la mejor forma de enterarse de lo que A.A. es, lo que hace, y lo que no hace.) En las reuniones de orador, los miembros de A.A. “cuentan sus historiales.” Describen sus experiencias con el alcohol, cómo llegaron a A.A., y cómo han cambiado sus vidas como resultado de A.A.

b. Reuniones abiertas de discusión—un miembro habla brevemente sobre su experiencia con la bebida, y luego dirige una discusión sobre la recuperación en A.A. o acerca de cualquier problema relacionado con la bebida que cualquier persona quiera plantear.

(Las reuniones cerradas son para los A.A. o para cualquiera que pueda tener un problema con la bebida.)

c. Reuniones cerradas de discusión -se realizan igual que las discusiones abiertas, pero sólo para alcohólicos o posibles miembros de A.A.

d. Reuniones de Pasos (normalmente cerradas) -discusión sobre uno de los Doce Pasos.

e. Los miembros de A.A. llevan también reuniones a las instituciones de tratamiento y correccionales.

En las reuniones de Alcohólicos Anónimos los miembros dan testimonios acerca de su experiencia con el alcohol, esto es muy útil, pues para los alcohólicos es muy importante sentirse identificados con otras personas que han pasado por lo mismo y sentirse que no son los únicos, saber que están acompañados en su problema.

Qué es lo que A.A. no hace: 

1. Dar a los alcohólicos la motivación inicial para recuperarse.
2. Tratar de persuadir a los alcohólicos para que se hagan miembros
3. Patrocinar ni participar en investigaciones
4. Guardar registros de asistencia ni historiales
5. Estar afiliada a “consejos” ni a agencias sociales
6. Vigilar ni tratar de controlar a sus miembros
7. Hacer pronósticos ni diagnósticos médicos ni psicológicos
8. Proveer servicios de desintoxicación ni de enfermería, hospitalización, medicinas, o cualquier tratamiento médico o psiquiátrico
9. Ofrecer servicios religiosos
10. Participar en la educación acerca del alcohol
11. Proporcionar servicios de vivienda, alimentación, ropa, dinero, trabajo, ni demás servicios de asistencia social
12. Ofrecer servicios de consulta doméstica ni profesional
13. Aceptar dinero por sus servicios, ni contribuciones de fuentes no A.A.
14. Suministrar cartas de recomendación a las juntas de libertad condicional, abogados, funcionarios de los tribunales

 LA COMUNIDAD MÉDICA TRABAJA CON ALCOHÓLICOS ANÓNIMOS
Opiniones de algunos de los médicos que han atendido profesionalmente al enfermo alcohólico en México

¿Qué podemos hacer cuando se nos solicite ayuda de algunos amigos o parientes? Examinarse con franqueza.
El primer problema que encontramos como profesionales, es enfrentarnos con la negación. El negar que es alcohólico es uno de los mayores obstáculos que el enfermo alcohólico tiene que superar, porque la negación es una forma de no ser sincero consigo mismo, es racionalizar con un propósito, proteger la libertad de beber justificándose: “No soy tan malo”. Quizá razone: “Tengo mi familia, empleo, dinero, prestigio y poder”, sin embargo, la negación impide que los amigos o profesionales los puedan ayudar a salir adelante.
Cuando un amigo o un familiar se nos acerca y nos dice que está preocupado porque su enfermo está bebiendo demasiado, lo que nos compete hacer a los médicos es un examen franco y serio de su enfermedad.
¿Un alcohólico, cuando inicia su actividad alcohólica, hace periodos de abstinencia y esto lo hace creer que puede vivir y estar capacitado para no usar la droga en breve tiempo, piensa que ya está curado? Esta manera de razonar crea la peor clase de adicción, es el primer paso a la recaída a fin de recibir la negación de la realidad. No debe luchar solitario, para esto existen grupos de auto-ayuda, los Grupos de Alcohólicos Anónimos.
Buscar ayuda para poder vencer el alcoholismo. Aunque el enfermo alcohólico esté sobrio, tiene que aceptar la ayuda de los demás. Para aquellos que conocemos Alcohólicos Anónimos, sabemos que su objetivo principal es transmitir el mensaje.
Nunca se debe pensar que la abstinencia es suficiente para recuperarse. Se necesita la práctica diaria de los Principios y asistencia al Grupo.
Detrás del alcoholismo existen problemas más profundos a los que debe enfrentarse, no basta con dejar de beber, se tiene que analizar el pasado, examinar las lecciones de la infancia, entender como afectaron y, ante todo, corregir el comportamiento.
Generalmente hace falta el amor propio y más si existen delirios de grandeza, la recuperación exige un cambio de la vieja personalidad.
Quizá uno de los pasos más difíciles es la aceptación de la enfermedad, pero es un requisito indispensable cuando alguien quiere recibir ayuda: aceptar que es enfermo alcohólico. Cuando va caminando debe de tener suficiente confianza para entregar su vida al cuidado de un Poder Superior a él mismo, entonces entenderá que debe cultivar una relación personal con Dios como él lo conciba.
Esto hace cambiar la actitud, la conducta y da otra manera de vida. Toda relación con un ser humano o con Dios exige y requiere de franqueza, honradez y confianza.

(Doctor Guillermo Velásquez Sámano, Hospital General CAPRA.)
///////////////////……………
-Recibí el título de Médico Cirujano en la Universidad Autónoma “Benito Juárez”, de Oaxaca, en julio de 1979. Posteriormente realicé estudios de postgrado en la especialidad de hematología y, cuando sentí que tenía los conocimientos para ejercer la carrera de medicina, me inicié en esta ciudad tan hermosa como la ciudad de Oaxaca dando clases en la Universidad Regional del Sureste, en donde me di cuenta del grave problema del alcoholismo que se presentaba en la comunidad universitaria.
Así, como Perito Médico Legista de la Procuraduría en el turno nocturno, adscrito a la Agencia del Ministerio Público, que también es dependiente de la Procuraduría del Estado, confirmé que esta malvada enfermedad del alcoholismo era la causa más frecuente por la que se originaban las averiguaciones previas: por accidentes, contusiones a terceros, insultos y amenazas, pleitos de cantina, politraumatizados por estar en estado de ebriedad. Al mismo tiempo me nombraron jefe del servicio de urgencias en la unidad hospitalaria “Presidente Benito Juárez” (Hospital Regional) y fue hasta ese momento en que realmente me di cuenta y puse los pies sobre la tierra de tantas personas que fallecen por el alcoholismo, sus complicaciones y daños a terceros ocasionados por el alcoholismo.
En ese momento pensé que uno de mis objetivos en la vida era ayudar al enfermo alcohólico y realizando medicina preventiva hacia la comunidad alcohólica. Corría el año de 1980 y, sin conocer el Programa de Alcohólicos Anónimos, empecé en forma individual a tratar el alcoholismo.
Les administraba en forma oral disulfuro de bisdietiltiocarbanil, esto era para sensibilizar el organismo contra el alcohol, al mismo tiempo, les daba alguna vitamina en forma de “Complejo B” por vía intramuscular para fortalecer el organismo; también les administraba un antiácido para evitar la gastritis y colitis, además, un medicamento antisemítico para prevenir y evitar el vómito; por último, un tranquilizante por vía oral o intramuscular, sabiendo perfectamente que en la caja del tranquilizante hay una leyenda con letras grabadas que dice: “No se administre a las personas que han ingerido licor, porque puede ocasionar un paro respiratorio.”
¿Qué pasaba después de juntar tanta ciencia en un solo paciente? No pasaba nada. El enfermo alcohólico en horas o días volvía a ingerir licor, aunque reconozco que hubo pacientes que dejaron de beber licor 45 ó 60 días, pero posteriormente recaía con más fuerza. Fue cuando me dije a mí mismo, que como médico, me declaraba incompetente para dar ayuda y sacar adelante a un enfermo alcohólico sólo con la ayuda médica: tuve que pasar una vivencia en mi vida médica para empezar a saber cuál era la forma adecuada de ayudar a un alcohólico.
Un paciente del que era yo su médico familiar y trataba su problema de alcoholismo, trato de recordar cuántas veces fui a su casa para instalarle venoclisis, aplicarle medicamentos para controlar las crisis convulsivas, manejar el sangrado de vías digestivas altas y, lo que más me llamaba la atención, era un paciente al que nunca había visto de pie o sentado.
Todas las veces que su esposa acudía al consultorio para brindarle ayuda médica, estaba tirado en un tapete o acostado en una cama, pero nunca lo conocí de pie ni siquiera conocía el timbre de su voz porque estaba tan ahogado de borracho, que no hablaba, sólo emitía sonidos guturales. Tal vez fueron más de quince veces las que acudí a su domicilio, lo mismo era ir a las tres de la madrugada que a las doce del día; esto transcurrió en un lapso de seis u ocho meses y cada vez su enfermedad de alcoholismo era mayor.
Recuerdo perfectamente que en una de las últimas visitas, hablé con toda la familia y fui claro con el pronóstico de su vida: No vivirá más de seis meses. Hubo llanto por parte de su hija; angustia en su esposa; la madre del alcohólico enmudeció, bajó la cabeza y se retiró de la habitación.
Pasaron los meses, tal vez un año, cuando una tarde se presentó en mi consultorio particular una cara que me parecía conocida y, con bastante facilidad de palabra, me dijo: “Buenas tardes doctor, soy Juan, enfermo alcohólico en vías de recuperación (uso el nombre de Juan para proteger su anonimato) y vengo por ayuda médica porque tengo dolor en el conducto auditivo derecho.”
No supe que contestar, porque de momento, casi estaba seguro de que la persona que tenía enfrente bien vestida, buenos modales y facilidad de palabra, era esa persona que visité en su domicilio particular en múltiples ocasiones, era la misma persona a la que pronostiqué su muerte un año antes. Después de que terminó la consulta, con mucho respeto le pregunté si era la misma persona que conocí y él, con mucha seguridad de sí mismo y con un sentimiento de humildad, lo confirmó.
En ese momento asaltaron decenas de preguntas en mi cerebro, lo único que pude preguntar fue: “Juan, ¿qué médico te curó?” Él me contestó que no estaba curado, que se estaba recuperando en un Programa de vida que se llama Alcohólicos Anónimos. Entonces se gestó dentro de mi cerebro una mezcla de admiración, incredulidad, sorpresa y muchas otras cosas, que me dije a mí mismo: ¿Cómo es posible que un grupo de borrachos, que se reúnen todas las noches, sacaran adelante a este enfermo que estaba predestinado a morir y que la ciencia médica no había hecho nada, o casi nada por salvarlo?
Me entró la curiosidad de saber que hacían aquellos señores que se reunían por las noches a las 20:30 horas y que llegaban uno por uno a un local con un foco, que apenas y alumbraba un triángulo azul, que se sentaban en sillas o bancas y que podía apreciar cuando llegaba otro enfermo alcohólico y alzaba la cortina que servía de puerta. Veía a aquel señor que en su casa era un prepotente, dictador, ogro, incapaz de levantar siquiera un vaso y llevarlo a la cocina.
En ese momento presenciaba uno de los muchos milagros que hay: ese prepotente dictador estaba barriendo el Grupo de Alcohólicos Anónimos, sirviendo café, trapeando, pero lo más importante, se estaba recuperando poco a poco de su enfermedad de alcoholismo.
Me fue difícil aceptar como profesional de la medicina, que otras personas no médicos estaban haciendo más que la ciencia médica, que en los últimos quince años que me han invitado a participar como amigo de Alcohólicos Anónimos, he pasado decenas o tal vez centenas de casos similares.
Le doy gracias a mi Poder Superior el que me haya puesto frente al maravilloso Programa de Alcohólicos Anónimos y programas paralelos, porque he podido aprender de mis amigos Alcohólicos Anónimos, quienes han cambiado mi vida positivamente y la de mi familia, esto sin ser alcohólico. Tengo 16 años de no probar una gota de vino o licor, además, me siento orgulloso de ser un amigo de Alcohólicos Anónimos. Le doy gracias al Programa de darme tantas cosas positivas, que no podré pagarles nunca lo que han hecho de mi persona.
Gracias a Alcohólicos Anónimos.
(Doctor Marco Antonio Callejas, Hospital Regional “Presidente Benito Juárez”, Oaxaca, Oaxaca.)

EL PUNTO DE VISTA MEDICO

Desde el momento en que el Dr. Silkworth dio su primera recomendación de A.A., muchas asociaciones médicas así como multitud de médicos han manifestado su aprobación por la Comunidad. A continuación aparecen algunos extractos de los comentarios de algunos médicos participantes en la reunión anual de la Asociación Médica del Estado de Nueva York, en la que se presentó una ponencia sobre A.A.:
El Dr. Foster Kennedy, neurólogo, dice: “La organización de Alcohólicos Anónimos apela a dos de las fuentes más grandes de poder conocidas por el ser humano — la religión y el instinto de asociarse con sus semejantes ... el instinto gregario. Creo que nuestra profesión debe reconocer este magnífico recurso terapéutico. Si no lo hacemos, tendremos que declaramos culpables de esterilidad emocional y de haber perdido esa fe que mueve montañas, sin la cual es poco lo que la medicina puede hacer.”
El Dr. G. Kirby Collier, siquiatra, expone: “Tengo la impresión de que Alcohólicos Anónimos es una asociación por y para sí misma y que sus mejores resultados pueden conseguirse bajo su propia dirección, como consecuencia de su filosofía. Cualquier procedimiento terapéutico o filosófico que registre un índice de recuperación del 50% al 60% merece nuestra consideración.”
El Dr. Harry M. Tiebout, siquiatra, explica: “Como siquiatra, he meditado mucho sobre la relación entre mi especialidad y A.A. y he llegado a la conclusión de que nuestra función particular puede ser muy a menudo la de preparar el terreno para que el paciente acepte cualquier tipo de tratamiento o ayuda ajena. La función del siquiatra, como la concibo ahora, es acabar con la resistencia interna del paciente, a fin de que lo que tienen dentro de sí florezca, como lo hace bajo la actividad del programa de A.A.”

LA PERSPECTIVA RELIGIOSA SOBRE A.A.

Los clérigos de casi todas las denominaciones han dado su bendición a Alcohólicos Anónimos:
El Padre Edward Dowling, C. J., dice: “Alcohólicos Anónimos es natural; es natural en el mismo punto donde la naturaleza se acerca más a lo sobrenatural; es decir, en las humillaciones y en la consiguiente humildad. Los museos de bellas artes y las sinfonías tienen algo de espiritual, y la Iglesia Católica aprueba el uso que hacemos de éstos. También A.A. tiene algo de espiritual, y la participación católica en esta Comunidad resulta, casi sin excepción, en que los malos católicos se transformen en mejores católicos.”
La redacción de la revista Living Church, publicada por la iglesia episcopal, observa: “La base del programa de Alcohólicos Anónimos es el principio verdaderamente cristiano de que sólo ayudando a su prójimo, puede un hombre ayudarse a sí mismo. Los miembros de A.A. describen el programa como una “póliza personal de seguros.” Para mucha gente que estaría desesperadamente perdida sin la eficaz y singular terapia del programa, esta “póliza” ha significado la recuperación de la salud física, mental y espiritual.

EL SIGNIFICADO DE LOS SIMBOLOS DE A.A.

El círculo significa toda la Comunidad de A.A.

– El triángulo significa los Tres Legados de AA: de Recuperación, Unidad y Servicio.

– En la base el Primer Legado de Recuperación sobre el cual descansa todo el resto: la Unidad y el Servicio.

En cuanto al lado “Unidad”, el legado dice: – Nuestro bienestar común debe tener la preferencia; la recuperación personal depende de la Unidad de A.A.

Y por último, el lado “Servicio” corresponde a: – El Legado de Servicio basado en el duodécimo Paso: transmitir el Mensaje, es el servicio básico que presta la Comunidad de A.A.; es nuestro principal objetivo y la razón primordial de nuestra existencia.

CONCLUSION:

La comunidad de Alcohólicos Anónimos es probablemente pionero en su tipo, en cuanto a grupos de autoayuda; a partir de sus principios se han inspirados otros grupos para diversos tipos de adicciones, aún en aquellos en las cuales no están involucrados con sustancias psicoactivas.

En esta comunidad al igual que otras terapias, propicia o sugiere: la abstinencia absoluta como inicio a una recuperación progresiva y sostenida; en esta comunidad la abstinencia no es una regla de carácter compulsivo y discriminatorio para poder ser admitido, solo el “querer dejar de beber”;  alejarse de las personas que consumen y de los lugares donde consumía alcohol.  Y como etapa siguiente, cambios en la conducta, actitudes y en pensamientos. En su literatura se encuentran temas referidos a la autoconmiseración y los resentimientos, equiparándolas al efecto de un mortal veneno para un alcohólico.  
 En el primer capítulo del libro Doce Pasos y Doce Tradiciones, en el cual se hace referencia explícitamente al alcohol, en algunos párrafos aparecen rasgos del discurso del modelo Ético-Jurídico, la sustancia cobra identidad como: “…el alcohol ahora convertido en nuestro acreedor más despiadado, nos despoja de toda confianza en nosotros mismos y toda voluntad para resistirnos a sus exigencias” (Pág. 19) y “…el tirano alcohol blandía sobre nosotros una espada de doble filo…”  (Pág. 20)

De la lectura de los puntos donde se especifica lo que A.A. no hace, deduzco a prima facie que no surgen dispositivos de obediencia fingida para el recién llegado o sus integrantes, dado que no hay control ni vigilancia ni historial de los mismos, que obliguen al individuo a realizar actos en contra de su voluntad. El mensaje de sus principios se orienta más bien a una opción subjetiva, en un espacio reflexivo llevar al sujeto a la compresión de la necesidad de la pérdida del goce a través del alcohol, para encontrar otro tipo de significantes para su vida.

Teniendo en cuenta el punto de vista del Licenciado Sergio Sáliche, en su comentario Grupos y Comunidades Terapéuticas,  bajo este marco de referencia, la estigmatización que conlleva el alcoholismo reúne gente estigmatizada, que si bien su propósito en principio es positivo para la recuperación entre pares, pero a lo largo del tiempo la concurrencia al mismo grupo, pueden llevar a crearse identificaciones con un mismo estigma nada deseables. La sustancia que en algún momento despersonalizó al individuo, ahora en recuperación puede llegar a no recobrarla sino a mutar por el de “Ex”  o por “alcohólico en recuperación”, enrolándose de este modo en grupos segregativos impulsados por el Otro Social (Gustavo Hurtado).

BIBLIOGRAFIA: 
Bienvenidos a Alcohólicos Anónimos –Pág. Web ( www.alcoholics-anonymous)
Doce Pasos y Doce Tradiciones
Libro Azul –Alcohólicos Anónimos 
El Grupo de A.A.
Grupos y Comunidades Terapéuticas – Redba
Pág. Web de la Universidad Arturo Prat (UNAP)


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