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DIRECTOR GENERAL: Lic. Sergio Sáliche

CURSO: Operador Psicológico Telefónico

DOCENTES: Lic. Daniela de Elourduy y Lic. Claudia Karabaic

MONOGRAFÍA: "Internación – Externación"

AUTOR: Lic. Susana Turati

CURSADA: Abril / Agosto 2003

ENTREGA CERTIFICADO: Agosto 2003

INDICE

Introducción

La internación, una cura que enferma

Adiós al manicomio, la experiencia rionegrina

La Ley 2440

Bibliografía

 

Introducción

El presente trabajo busca analizar el proceso de internación y las consecuencias que trae aparejadas, la posibilidad de externación del enfermo mental, y la abolición de la institución neuropsiquiátrica, refiriendo a la experiencia llevada a cabo en la provincia de Río Negro, que tiene origen en Trieste, Italia.

La internación, una cura que enferma

El problema no es la enfermedad en sí, sino determinar cuál es el tipo de relación que se establece con el enfermo. La enfermedad como unidad mórbida, reviste una significación estigmatizante, que confirma la pérdida de cualquier valor social, por parte del individuo.

La enfermedad no es el elemento determinante de la condición del enfermo, como sucede en las instituciones psiquiátricas, entonces, se deben analizar los elementos que juegan un papel importante en ella.

Al analizar la situación del internado, en un hospital psiquiátrico, enfermo estigmatizado, se puede decir que, antes que nada, aparece como un hombre sin derechos. Sometido al poder de la institución, y a merced de los delegados de la sociedad, los médicos, que lo han alejado y excluido. Esta exclusión y expulsión, por parte de la sociedad, está en relación con la falta de poder contractual del enfermo, dada su condición social y económica, con la enfermedad en sí, ya que un esquizofrénico rico, hospitalizado en una clínica privada, no tiene el mismo pronóstico que un esquizofrénico pobre, internado de oficio en un hospital neuropsiquiátrico. En el primer caso, no es etiquetado como enfermo mental peligroso, ni para sí ni para terceros, objeto de escándalo público, sino que el tipo de hospitalización lo protege de ser deshistorizado, y arrancado de su realidad; generalmente la hospitalización privada no interrumpe la continuidad de la existencia del enfermo, ni llega a reducir o abolir de forma irreversible su papel social, pudiendo reintegrarse a la sociedad una vez superada el período crítico.

El poder deshistorizante e institucionalizante, a todos los niveles, propio de la organización asilar, se ejerce sobre los que no tienen más elección posible que el hospital psiquiátrico.

Estos enfermos, social e institucionalmente inferiores, son objeto de una violencia original, (violencia del sistema social) que los arroja fuera de la producción y, por ende, de la sociedad, llevándolos a los muros del hospital desde donde se ejerce la violencia por los que están dentro del sistema (médicos, enfermeros, etc.) que son quienes detentan el poder y así impedida la libertad, regulado el poder de la palabra y la acción y, abolidos los derechos de las personas, el individuo queda también abolido, transformándolo en desecho, tratándoselo como tal.

El muro, restablece la polaridad de los espacios públicos y privados, el manicomio, es un espacio, pero privado, en tanto oculto a las miradas, su interior está asegurado; es una masificación del individuo, una abolición de su intimidad, donde lo privado significa "privación", debiendo entenderse como "privación de lo privado".

La sociedad moderna inventa y necesita del manicomio, y los psiquiatras le otorgan legitimidad, rodeándolo de una imagen de racionalidad científica; las imágenes de desagrado y degradación, sostienen, y sostenían, los temores de que lo de "adentro" irrumpa en el "afuera"; en el adentro de cada uno: su vida, su propiedad, su privacidad.

La psiquiatría, gestora de los psiquiátricos teorizaba acerca de la alienación que no es más que la pérdida de la individualidad, que equivale a la fusión-confusión con el otro, ayudado desde la institucionalización.

Se legitima el neuropsiquiátrico como "terapéutico", a puertas cerradas y dejando de lado la función de entrada y salida de la institución y sólo utilizada como recurso para las situaciones de crisis.

La acción humana es sólo posible en un mundo de relaciones entre individuos que construyen, palabras que deslizan significaciones. El lenguaje, es relación social, y se constituye por la presencia efectiva y la acción del otro; el individuo es reconocido, nombrado y dicho antes de tener conciencia de sí, y debe ser dicho siempre de alguien, ya que en este ser dicho por el otro se genera su clasificación de género, raza lugar social, ubicándolo en un orden de filiación e identidad.

El manicomio es un producto de la acción humana, y su esencia es la relación social que lo produce e instituye; relación compleja en la que se ve la estructura asimétrica especialista y la sumisión del enfermo; el poder se encarna en el especialista que tiene la palabra, la capacidad de nombrar; esto es, el poder que le otorga el saber; en tanto el enfermo, (sujeto del enunciado) es "hablado" significado por el saber del otro. A este individuo institucionalizado no se le permite conservar nada como propiedad, reconocida ésta como jerarquización.

El manicomio, fue desde un principio "la torre de los pobres", el lugar donde separar y ocultar lo que afeaba el espacio público de la ciudad.

En la actualidad, en esta sociedad moderna, capitalista, la individualidad se asienta en la concentración económica, requiriendo de los otros para esto, y, sin embargo, vemos al individuo cada vez más solitario, escéptico atemorizado por el contacto emocional con los otros y consigo mismo; algunas de las señales que tenemos son la valoración del cuerpo, mediante dietas, gimnasia, el crecer sin envejecer, el drogarse para encontrar la felicidad.

Esta cultura que gira en torno del desarrollo personal, en la afirmación de sí mismo, no se preocupa por los individuos marginados, ni por aquellos cuya marginalidad ayuda a producir. Aquí, el loco, que perturbaba la vida familiar y social, que era una amenaza para su persona como para terceros (como marca la ley), adquiere otro estatuto con respecto a la marginalidad. Su marginalidad, que fuera causal de internación compulsiva, en la actualidad, y desde la perspectiva del muro del manicomio, y del espacio que cerca (límite interior – exterior), se encuentra cuestionada argumentando su alto costo, sumado a la ineficacia y aislamiento, habiendo perdido su sentido terapéutico.

Desde la medicina mental, no se ha construido una solución alternativa que permita resolver, social y humanamente, el problema del enfermo mental, especialmente, aquellos que, después de muchos años de internación, han perdido toda relación social con el exterior de las instituciones. Sin familias, o con familias que no pueden contenerlos, sin amigos, sin posibilidad real de vivienda, empleo, resumiendo, el desamparo en el que viven hace que la institución sea su único rasgo de identidad y "hogar natural", viviéndose la externación como un nuevo desamparo, aun más cruel que el vivido en la institución.

Entonces, para que esto no ocurra, es necesario construir una alternativa que trabaje en tres niveles articulados:

Un ejemplo del proceso de desmanicomialización, es la experiencia que se llevó a cabo en Río Negro.

Adiós al manicomio, la experiencia rionegrina

Con el advenimiento de la democracia, en esta provincia, se inicia un proceso de transformación del sistema de salud mental vigente (asilar, manicomial), comenzando a humanizar el neuropsiquiátrico de la ciudad de Alem, único manicomio de la provincia a partir de 1984, logrando su cierre en el año 1988, y la posterior sanción (1991) de la Ley 2440 de Promoción Sanitaria y Social de las Personas que Padecen Sufrimiento Mental.

Los principios de este proceso se pueden resumir en:

  1. Rescate de los recursos de salud presentes en las personas. Todas las personas hacen salud mental todos los días, al pedir ayuda, al ayudar a un amigo o vecino, ese "vení a tomar un café... unos mates..." puede producir salud. El principio de solidaridad es un ejemplo de producción de salud en un barrio, es decir, que la propia vida de las personas puede producir enfermedad, pero también salud. Es por esto, que la función de los técnicos, en lugar de la apropiación de la identidad de la persona a través de técnicas de sometimiento abiertas, o encubiertas desde la dimensión biológica o psicológica (electroshock, chaleco químico, psicoterapeutización de la vida cotidiana), es procurar apoyar al individuo para que pueda retomar su circulación social habitual donde se producen los verdaderos fenómenos de enfermar o curar. Así, el profesional o técnico, debe ayudar al enfermo, marginado de sus pares, a recuperar sus posibilidades de vivir con ellos, aun desde la diferencia, rescatando sus capacidades, energías y talentos.
  2. El vínculo terapéutico, será todo aquello que permita, en el mejor tiempo posible, potencializar las habilidades del individuo para que pueda desarrollarse y construirse en sociedad, respetando las modalidades propias de cada cultura como factor de identidad. Se estimula el trabajo por su aspecto creativo y su valor social que da pertenencia a la persona (creativo: relación de la persona con el producto de su trabajo).

    Los equipos están conformados por choferes, mucamas, mapuches, cocineros, agentes sanitarios, trabajadores rurales, entre otros, incorporados con una renta mensual, como trabajo de la salud pública.

  3. Noción de crisis. Todos, en tanto humanos, necesitamos aportes, o suministros, para vivir, sean físicos, psicológicos, o culturales. Dentro de los físicos, tenemos todo aquello necesario para la vida (comida, ropa, calzado, vivienda); los psicológicos, o afectivos, tienen que ver con ese otro ser humano que da sentido a nuestras vidas (el que nos necesita y al que necesitamos); mientras que los suministros culturales hacen a la pertenencia a un grupo, a ser partes de un proyecto, al trabajo creativo que nos permite trascender como humanos.
  4. Cuando cualquiera de ellos falta, o se modifica bruscamente, sobreviene una crisis. Algunos aspectos operativos de este principio se expresan en: a) el escenario de nuestra labor cotidiana, lugar o espacio donde nos desempeñamos como trabajadores de la salud mental, aquel donde el individuo transcurre su vida en forma habitual. Es entonces la casa, la escuela, al empresa, el barrio, la oficina, o taller donde acudimos para intervenir; se entiende que es allí donde se genera la crisis, y allí se puede encontrar el sentido de la misma, hallando los recursos de salud que posibiliten y cooperen para su recuperación.

    Se trata de cambiar, no sólo la compresión del mismo sufrimiento, sino, también, el lugar donde su cura, operando en el mismo lugar donde se constituye su identidad.

    b) idea de estrategia terapéutica, cuando se recibe un paciente derivado de la justicia, o al evaluar a una persona en crisis, se trata de establecer cuáles son los suministros y, aportes necesarios para ese momento vital que ayuden a la recuperación. Así, la actividad creativa puede ser tan útil para un anciano como lo es un psicofármaco, o el trabajo para un adulto es tan significativo para su recuperación como la intervención psicoterapéutica durante la crisis, o conservar el trabajo puede ser un factor tranquilizante para la persona en crisis, preparándolo para una mejor reinserción, por el efecto socializador en sí. En cuanto a la estrategia terapéutica, se pueden proponer tantos recursos como necesidades plantee la persona en crisis, siendo todos importantes: una vivienda lo es tanto como un psicofármaco. Se trata de resolver problemas reales y concretos de las personas.

  5. Socializar los conocimientos. De acuerdo a lo antedicho, cualquier persona puede intervenir en una crisis y, la función de los profesionales debe ser reformulada. Se debe pasar de las prácticas sometedoras a otras que permitan a las personas de una comunidad reconocer su propio saber, y, para ello, es fundamental la colaboración del técnico que, con sus intervenciones, debe fomentar la autonomía antes que la dependencia, transmitiendo, de manera comprensible y accesible, los conocimientos adquiridos. Dar información clara a la familia y al enfermo cuando la soliciten, porque sólo cuando el intercambio es real, hay aprendizaje para ambas partes.
  6. Se debe respetar a cada uno por lo que es, sabe y trae de su cultura, ayudándolo a desplegar, más y mejor, sus habilidades. La propia comunidad se va organizando para afrontar, en mejores condiciones, las crisis que se produzcan en el medio cotidiano de la persona, evitando el deterioro que significa la marginación, acercando confianza, en lugar de miedo, al que sufre. Disminuye, así, el miedo, aumentando la posibilidad de apoyo real y efectivo al sufriente, percibiendo el nuevo trato de acompañamiento que lo tranquiliza.

    Esta concepción de abordaje, intenta integrar, en el mismo momento, la prevención primaria, el diagnóstico y tratamiento, y, la rehabilitación, junto con la docencia y la investigación.

  7. Derechos y necesidades de las personas. La concepción de ser humano busca un enfoque integrador, resaltando el carácter de ser social, de la relación hombre con hombre, compartiendo u n proyecto que les permita trascender.

Se entiende que el objetivo central de la labor terapéutica es procurar la defensa de los derechos y necesidades de las personas. Se debe devolver los derechos civiles a los pacientes, reconstituir a la persona en sujeto, y esto impone la construcción de un nuevo saber, cambiando el lugar de la cura.

En lo cotidiano, implica la realización de todo tipo de gestión que ayude a la persona con sufrimiento mental a recuperar su autonomía: vivienda, alimento, vestimenta, etc. El rescate de las habilidades y la potenciación de las capacidades, es el eje de toda estrategia terapéutica para toda persona, en cualquier momento de la vida, buscando la integración del diferente a la sociedad.

Así mismo, se acentúa el afecto como un elemento clave a la hora de entablar un vínculo interpersonal, conductor de toda posibilidad de recuperación. Abre o cierra las puertas de cualquier relación, y permite transitar los caminos más difíciles.

La Ley 2440

En esta ley provincial podemos encontrar tras aportes fundamentales: a) ofrece nuevas herramientas procesales actualizadas al momento de desarrollo de la tarea; b) establece la necesidad de nuevos recursos humanos, físicos y financieros y su consecuente provisión; y, c) consolida las transformaciones, favoreciendo la toma de conciencia por parte de la población respecto a las nuevas posibilidades de atención y recuperación de las personas con sufrimiento mental.

Además, la Ley de Promoción Sanitaria y Social de las Personas que Padecen Sufrimiento Mental, establece:

 

Bibliografía


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