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DIRECTOR GENERAL: Lic. Sergio Sáliche

CURSO: Acompañante Terapéutico

DOCENTE: Lic. Sergio Sáliche

MONOGRAFÍA: "El A.T: secretario del alienado"

AUTORES: Gladys Sánchez, Graciela Seidler, Lila Lizardo, Claudia Ruiz y Yamila Paolilli

CURSADA: Segundo Cuatrimestre 2003

ENTREGA CERTIFICADO: 19 de Diciembre de 2003

 

"El A.T: secretario del alienado"

INDICE

Presentación

Desarrollo: Definir Psicosis: una tarea casi imposible

Un abordaje posible

Conclusión

Bibliografía consultada

 

Presentación

A medida que nos hemos sumergido en la cursada, nos han surgido muchos interrogantes acerca del oscuro mundo de las psicosis. Infinidades de prejuicios, supuestos y creencias rodean a la "locura", que a modo de pesados obstáculos se presentan impidiendo alguna visión más clara respecto de la problemática.

Nos preguntamos: ¿cómo abordar la locura? ¿Qué lugar hay para el loco? ¿Cuál es nuestro rol como acompañantes terapéuticos en su mundo? ¿Qué sentido tiene su palabra? ¿Desde que lugares responder al paciente?

A partir de estas inquietudes, hemos intentado en el presente trabajo monográfico, articular el tema de la psicosis y un posible abordaje, entre otros, posibles. Nos serviremos de conceptos tales como "función de secretario", transferencia, demanda, entre otros, por considerarlos pertinentes al fin buscado, consultando los textos que se refieren a estos temas. Si bien pensamos, que el tema de la psicosis y de las enfermedades mentales, en cuanto a su conceptualización y a su abordaje, es mucho más amplio y rico, solo hemos recortado esta cuestión, ya que otros conceptos excederían el objetivo del trabajo.

Desarrollo: Definir Psicosis: una tarea casi imposible

Nos preguntamos como definir psicosis, vemos que es un concepto que tiene sus dificultades, no solo en cuanto a poder encontrar una definición acabada, sino además, en cuanto al abordaje, es decir a la práctica clínica.

Buscando una definición recurrimos al diccionario:

"Nombre genérico de las enfermedades mentales."

Recurrimos a la psiquiatría y esta disciplina la considera como un conjunto de problemáticas (esquizofrenia, paranoia, melancolía, etc.), el Manual de psiquiatría (DSM IV), pone reparos para considerarla como una entidad independiente, hace una referencia a características que se han considerado como psicóticas tradicionalmente y refiere que solo se requiere para hablar de psicosis "si hay ideas delirantes extrañas, o una voz comenta los pensamientos o el comportamiento, o si dos o mas voces conversan ente si, ocasionando este grupo de síntomas una disfunción social y laboral en el paciente."

Desde el psicoanálisis, mas precisamente con Lacan, hablamos de la psicosis como una estructura subjetiva que es independiente de la neurosis y la perversión. La psicosis considerada desde esta perspectiva, tiene que ver con una modalidad, una particular manera de un sujeto de posicionarse ante la vida, de relacionarse con el otro. Es estructural este posicionamiento e inmodificable, entonces, hablaríamos de un sujeto prepsicótico (en caso de no encontrase la psicosis desencadenada) o psicótico si hay una desestablización, pero no podría decirse que un neurótico se haya convertido en psicótico, ya que la neurosis es una estructura subjetiva distinta.

Si bien consideramos, que nuestro trabajo como acompañantes terapéuticos se irá constituyendo caso por caso, teniendo en cuenta la subjetividad del paciente, pensamos que hay cierta especificidad en el trabajo con sujetos psicóticos. Nuestra mayor inquietud se nos presentó en cuanto al abordaje con los alienados, es decir, ¿cuál sería nuestro lugar específico para llevar a cabo nuestro trabajo con estos sujetos que no se relacionan mediante el lenguaje de manera habitual? ¿Se tratará de hacer callar ese discurso incoherente y falto de sentido? ¿Cómo poder manejar nuestras expectativas, nuestros prejuicios y angustias frente a eso que no entendemos?

Pensamos que un gran obstáculo, desde la teoría, incide directamente en la práctica y es, asimilar, como una verdad evidente, la psicosis a la anormalidad, a una enfermedad. Somos conscientes que se necesitaría realizar un gran esfuerzo para no considerarla de esta manera, es decir, como un déficit a suplir. Tampoco sería adecuado pensar a la psicosis, en el polo opuesto, es decir, considerarla como una libre elección, (donde el sujeto se enfrentó a una variedad de alternativas distintas y ha podido optar entre éstas).

Consideramos a la psicosis, siguiendo al psicoanálisis, como una singular manera de posicionarse frente al otro, donde el sujeto, no ha logrado penetrar a la a realidad, en el camino de su constitución subjetiva. Dirá Lacan el sujeto a quedado "junto a la madre", allí donde la función paterna, en tanto ley, en tanto terceridad que auspicie de corte, no ha operado. Allí donde la instancia represora que acotaría el goce incestuoso, dando la posibilidad de un goce fálico, lícito, ha sido rechazada, y el sujeto ha quedado atrapado en un goce prohibido.

Sabemos desde la Antropología que la prohibición del incesto, es la puerta a la cultura, que en cualquier sociedad humana, aunque en diferentes grados se encuentra este mandato social, que regula los lazos sociales, ordenando la vida en sociedad, y de esta manera se puede acceder a la cultura.

Podemos hablar, entonces, que en la psicosis se trataría de una ausencia de límites, esto hace referencia a la imposibilidad de encontrar una definición adecuada, una conceptualización acabada del término psicosis.

Un abordaje posible

Sabemos que en esta sociedad, a pesar de la aparición y desarrollo del movimiento antipsiquiátrico y del psicoanálisis, se tiende fuertemente a considerar como peligrosos e improductivos a los enfermos mentales, de modo que la única manera de tratarlos es encerrarlos entre muros, para así sentirnos a salvos y seguros de la locura. Nosotras pensamos que institucionalizarlos, segregándolos, no es la mejor manera ni la mas apropiada para el tratamiento de pacientes psicóticos. Si embargo, aún nos preguntamos ¿ en el encuentro con el "loco", como actuar? ¿Qué decir?

Teniendo en cuenta el tema de la demanda, donde no hay en ellos articulación de un pedido explícito, sino que éste llega por medio de sus familiares, que no lo escuchan, que se les hace insoportable la incoherencia de su discurso e incomprensible su delirio ¿cómo no quedar, desde nuestro rol, en ese mismo lugar de mal entendedor que aquellos que demandan nuestra labor?

Pensamos, que en el momento del encuentro surgen diferentes afectos, reacciones distintas, ¿cómo haremos para no considerarlo como un niño o como un tonto?

Hay distintas reacciones, una de ellas sería tratar de que el paciente "confiese su locura", indagándolo. Sostenemos que no es esta la manera de actuar, tampoco observarlo, intentando detectar sus síntomas y signos para clasificarlo y abrocharle una etiqueta con un diagnóstico.

Consideramos, que el psicoanálisis es el sostén teórico de nuestra posición y creemos que la reacción conocida como el "enganche", sería apropiada. Esta reacción tiene que ver con que el paciente nos llegue de una manera particular, haga que nosotros podamos escucharlo también desde una especial forma, de acuerdo al lugar en el cual nos ha colocado.

Aunque, aquí puede presentarse algún problema relacionado con esta relación que podría llegar a establecerse, ya que tal vez se crearía un vínculo con matices maternales, compasión o una actitud mas relacionada al servicio, alejándonos de esta manera de nuestro rol.

Siguiendo a Gustavo Rivarola, pensamos que "prestarse al enganche", es una forma de hacer lugar a la locura, permitiendo que se despliegue, dando una acogida a los decires del sujeto.

De esta manera, y teniendo en cuenta el movimiento antipsiquiatrico, el hecho de compartir espacios, momentos, distintas experiencias, sin tener que marcar una diferenciación de loco, (paciente) no-loco (acompañante terapéutico) sería bajar una barrera, saltear un obstáculo del abordaje con psicóticos.

Consideramos, que es necesario cuestionar la asimilación de la locura con la enfermedad mental, que ya no resulte una verdad evidente, relativizando el agrupamiento de las diferentes clasificaciones patológicas, y el valor que se le da al diagnóstico. También cuestionar los términos de enfermedad y anormalidad, así, estos conceptos que se presentan como evidentes y como verdades incuestionables podrían empezar a relativizarse, posibilitando la práctica y el abordaje con los sujetos.

Será a partir de la posición que nos coloque el paciente, es decir, de acuerdo a la transferencia que se instale, y a partir de lo que se vaya tejiendo con él, como poco a poco, iremos desarrollando nuestro trabajo, sin perder de vista el objetivo de escuchar su delirio. Teniendo en cuenta que habrá momentos de rechazo y de aceptación en esa particular forma de relacionarse con nosotros.

A medida que vaya trascurriendo nuestra labor nos iremos familiarizando con sus códigos, nos constituiremos de a poco en ayuda memoria y en traductores, De esta manera, podemos asimilar el acompañamiento como un ejercicio de la función de secretario.

Lacan, en El seminario 3, habla del secretario del alienado: "vamos a contentarnos no sólo con hacernos secretario del alienado sino de tomar eso que el nos cuenta al pie de la letra". Mireille Blanc Sánchez, en "La palabra confiscada" se refiere a la función del secretario, diciendo que el secretario fue en primer lugar el amigo el confidente, de la misma manera que al acompañante al principio se lo denominó "amigo calificado". También podríamos asimilar a la función de secretario a las funciones que enumera Kuras de Mauer en el libro "Acompañante terapéutico y sus pacientes psicóticos" cuando se refiere a que en ciertos momentos del acompañamiento se hace necesario organizar al paciente, siendo su "yo auxiliar" o "prestando el yo", ayudándolo en cuanto a tareas como de ayuda memoria, o siendo interlocutores.

Acompañándolo en la organización de sus pensamientos y posibilitando cierta confianza que promueva confidencias y secretos, y además tomar su discurso al pie de la letra como un buen secretario.

Conclusión

Muchas inquietudes e interrogantes que aun nos quedan sin respuesta, nos motivan a seguir formándonos y nos invita a pensar que hay mucho por hacer, que no está todo escrito.

Como acompañantes terapéuticos, debemos siempre tener en cuenta el caso por caso, considerar a los pacientes como sujetos únicos e irrepetibles, reconocerlos como sujetos de deseo, con su especial manera de posicionarse frente al mundo y su particular forma de relacionarse con los otros. No olvidar ni dejar de lado, la transferencia, ya que trabajaremos desde allí, teniendo en cuenta el especial lugar donde nos coloca, escuchando, dándole cabida a su discurso, tan rico en sus producciones.

¿Lograremos no considerarnos sanos y normales a nosotros mismos y subestimar al paciente, tildándolo de loco?

Si lo pensamos como un ser hablante, podríamos depurarnos de los prejuicios para poder escucharlo y facilitar el agotamiento de sus producciones delirantes.

¿Lograremos alejarnos de valoraciones peyorativas? O nos presentaremos como un modelo a seguir, pensando que solo nuestra visión es la única y valedera, mas sana y adecuada?

¿Será posible quitarnos el saco de nuestros prejuicios?

Sabemos que no será fácil, pero es un largo camino que estamos dispuestas a transitar.

Bibliografía consultada:

Rivarola, G. "Acompañamiento terapéutico y función secretario"

Lacan, J. "Seminario 3. La psicosis"

Ipar, J. "El concepto de psicosis"

Apunte Red asistencial de Bs. As. "Psicopatología: Psicosis-Neurosis-Perversión"

Kuras de Mauer "Acompañante terapéutico y sus pacientes psicóticos"


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