Psicologos, Psiquiatras y Acompañantes Terapeuticos

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DIRECTOR GENERAL: Lic. Sergio Sáliche

CURSO: Acompañante Terapéutico

DOCENTE: Lic. Sergio Sáliche

MONOGRAFÍA: "Un lugar, para volver a intentar"

AUTORA: Lourdes Ordoñez.

CURSADA: Enero -Abril de 2005

ENTREGA CERTIFICADO: 22 de Abril de 2005

 

INDICE:

Presentación.

Un lugar, para volver a intentar.

En conclusión...

Bibliografía.

 

Presentación.

Intentaré por medio del presente trabajo situar algunas de las condiciones del problema de las psicosis, a través de interrogantes que fueron surgiendo a medida que tomaba contacto con el material de estudio presentado en el curso.

- Sigmund Freud, se muestra escéptico respecto del tratamiento psicoanalítico de las psicosis diciendo... veo numerosos enfermos paranoicos y dementes que me ilustran sobre la enfermedad... Pero ello no basta, en general, para deducir conclusiones psicoanalíticas.1

-J Lacan manifiesta... hay para los psicóticos un tratamiento posible de la psicosis, que introduce, como se ve, la concepción que hay que formarse de la maniobra en este tratamiento, de la transferencia. 2

-A mí se me hace interrogante ¿Cuál es nuestra posibilidad de trabajo, como acompañantes terapéuticos, en esta cuestión de las psicosis?, ¿Qué sucede con el fenómeno transferencia?, ¿Desde qué lugar trabajar con el paciente?

Para dar respuesta a estos interrogantes me serviré de conceptos como acompañante terapéutico, transferencia, deseo, demanda por considerarlos fundamentales en el tema abordado.

Un lugar, para volver a intentar.

Así comienza el libro de D. Winnicott "Realidad y Juego"; y en esta ocasión, me viene muy bien para comenzar "este", que pretende ser "mi escrito".

Nacemos y la escena ya empezó, siempre llegamos tarde, hay un desfasaje inicial, los papeles ya están repartidos de antemano: mamá, papá, el lugar donde estamos y su escenografía (la villa, la capital, los suburbios).

Desde el momento en que se concibe al hijo, y por que no, desde mucho antes, se le empiezan a atribuir papeles para que juegue - actúe en su vida: será el salvador de una pareja que se derrumba, deberá satisfacer aquel ideal frustrado de papá, será un loco que nos permita nombrar como cuerdos...

Así nacemos; muchos personajes y lugares ya están repartidos; el deseo de los padres nos precede y carga con estos ideales al niño. Y, en medio de esta encrucijada, ¿en qué medida somos actores de un texto escrito por otro y que posibilidad queda para ser "autor - actor" de un "propio escrito"?

No siempre la sociedad ha mostrado sensibilidad hacia los trastornos mentales, ya que no hace mucho el "alienado" era prácticamente desterrado de por vida entre los muros de un manicomio y es tal vez la consideración social del enfermo mental el factor que contribuye a agravar los problemas de estas personas, ya que es la misma sociedad la que ha tenido desde siempre una actitud radicalmente represiva ante las manifestaciones externas de la enfermedad mental.

Es necesario tener en cuenta que el hombre es un ser social desde el nacimiento, ya que se halla inserto en prácticas sociales que a nivel inconsciente, van transformando su cuerpo "salvaje" en un cuerpo "habituado"; a partir de los diferentes sistemas y subsistemas en los cuales participa (familia, comunidad, instituciones, etc.).

De acuerdo a esto podemos decir que "lo social es un lugar que no existe", ya que no tiene que ver con espacios físicos (el psiquiátrico, la calle), sino con los espacios vinculares que se establecen en interacción con las personas.

Actualmente puede afirmarse que el potencial terapéutico puesto a disposición de los miembros de una sociedad moderna es considerable. La constante investigación y la progresiva especialización han creado nuevas figuras de profesionales formados en distintas disciplinas de la salud mental.

Así surge la figura del Acompañante Terapéutico, en la búsqueda de recursos clínicos alternativos para el abordaje de pacientes que permitieran otras modalidades de atención, contemplando la necesidad de una presencia en la cotidianeidad de la vida de un sujeto.

Me pregunto entonces, ¿Qué caracteriza la función del Acompañante Terapéutico en el mundo de las psicosis? ¿Qué lugar, qué papel se puede tener en esto?

Me parece pertinente primero, hacer algunas aclaraciones con respecto a que se entiende por psicosis y nos encontramos con dos posiciones diferenciadas:

Desde la psiquiatría, se las considera como un abanico de problemáticas (esquizofrenia, paranoia, melancolía, catatonía, etc.).

El manual de los trastornos mentales (DSM-IV), pone reparos para considerar a la psicosis como una entidad independiente. Por una parte se mencionan características consideradas tradicionalmente psicóticas dentro de la categoría de "Trastornos de personalidad", en la cual se enumeran una serie de subcategorias dentro del llamado grupo "A" cuando aparecen manifestaciones que no son exclusivas de una esquizofrenia o de síntomas psicóticos.

Según el manual solo se requiere para hablar de psicosis si las ideas delirantes son extrañas, o se trata de una voz que comenta continuamente los pensamientos o el comportamiento del sujeto, o si dos o más voces conversan entre ellas. En este sentido se manifiesta una disfunción social y laboral.

Desde el psicoanálisis, es considerada como una estructura subjetiva que es distinta de la neurosis y la perversión. Se traduce en un apartamiento de la realidad y la tradición psicoanalítica concuerda en que ello se debe a la insoportable carga traumática que esta representa para el sujeto.

Es mérito de Lacan haber mostrado como el sujeto no se aparta de la realidad sino que, en verdad, no logra penetrar siquiera en ella y queda atrapado en lo Real. En términos freudianos, el sujeto queda fijado al trauma e incapacitado para acceder a la triangulación edípica, germen de toda sociabilidad humana.

De acuerdo a esto podríamos decir que el trabajo del Acompañante Terapéutico con pacientes psicóticos, se basa en la posibilidad de ir introduciendo dosificadamente el juicio de realidad, la noción de mundo externo como diferente al mundo interno; y para esto es necesario tener en cuenta que la función del acompañante sólo puede definirse en relación a la estrategia de un tratamiento, y se irá precisando, delineando, en relación a éste y a las particularidades de cada caso.

En nuestra labor como acompañantes trabajamos con tres herramientas fundamentales: escucha, mirada y cuerpo. Funciones que se encuentran presentes también, en la labor materna: sostener, contener y crear un vínculo con el sujeto.

Sin embargo es necesario tener en cuenta que en nuestro trabajo no se trata de regresar al sujeto a su primer momento fundante, no podemos plantear un regreso a los bebes que ya no pueden volver a ser, ni colocarnos en el lugar de la madre o el padre, es un lugar que no nos corresponde.

Pienso que el deseo que nos constituye a nosotros como sujetos deseantes es fundamental en nuestra práctica, pero nuestro deseo atraviesa a los pacientes, más no los constituye.

Considero este deseo del Acompañante Terapéutico como la posibilidad de localizar un sujeto en escenas en las que el paciente se muestra como puro objeto o no responsable de sus actos.

El acompañante es partícipe de las escenas, pero debe tomar distancia, que es lo que permite las lecturas; sólo haciendo una lectura uno puede prestarse a ocupar lugares que estarán en relación a la historia de cada uno.

De acuerdo a esto es posible entablar contacto con los sujetos psicóticos, respetando sus tiempos, su espacio corporal, su ritmo, la distancia óptima; sin dejar de tener en cuenta su singularidad y el momento que atraviesa.

No podemos olvidar que ante todos nos paramos frente a un cuerpo vivo y como tal, cuerpo que expresa y establece vínculos, porque el cuerpo habla; y habla a través de sus movimientos y de su inmovilidad, de su relajación y de su contractura.

Para esto debemos haber construido una actitud personal de disponibilidad corporal que posibilite al paciente, a través de la relación con él, expresarse mediante sus actos, sus dificultades, sus temores, su forma de ser y de resolver situaciones, para que el acompañamiento resulte efectivamente terapéutico.

Considerando al psicoanálisis como el sostén teórico de nuestra práctica, es necesario apuntar a un encuentro con el paciente psicótico donde apostemos al sujeto deseante, ayudando a que con sus recursos pueda sortear sus dificultades o pueda hacer lo que su estructura le permita, rescatando el lugar de la subjetividad y dejando de lado la gran connotación médica del término terapéutico.

Nuestra intervención esta dirigida a la escucha y a la palabra, que permita pasar de una necesidad biológica a una demanda. ¿A qué demandas responde el Acompañante Terapéutico?

Es necesario hacer lugar a las demandas cuando de ellas se trate en los pedidos que uno recibe. Los pedidos pueden provenir de quienes conducen la cura, quien coordina el acompañamiento o por parte de sus familias, a quienes se les hace insoportable la incoherencia de su discurso e incomprensible su delirio. Pero no va a haber demanda por parte de los pacientes, ya que no hay en ellos articulación de un pedido explícito.

Considero que lo que específica a un acompañamiento es el particular vínculo que se establece en la transferencia. Es necesario conocer la importancia de su posición ante ese montaje transferencial puesto en juego en el vínculo acompañante terapéutico-paciente, ya que será decisiva muchas veces para sostener a alguien que esta al borde de quebrarse, de caerse.

Es a partir de la posición en que nos ubique el paciente, es decir, de acuerdo a la transferencia que se instale, el modo en como iremos desarrollando nuestro trabajo, sin perder de vista el objetivo de escuchar su delirio.

Por eso una condición necesaria para iniciar este diálogo con el paciente, es el abandono del saber. Pero no se trata de simular que no se sabe y mientras lo vamos clasificando como psicótico, se trata de una posición subjetiva de no saber, de soportar no saber. Sucede que a veces sabemos tanto, que impedimos que pueda pasar otra cosa distinta a lo que suponemos saber.

Y el acompañamiento, desde su inicio, nos enfrenta a no saber qué hacer, ni cómo seguir, será a partir de lo que se vaya tejiendo con el paciente como se configurará el trabajo.

Lo concreto es que entramos en un cuerpo a cuerpo, donde empieza a tramarse una comunicación, nos vamos familiarizando con los códigos del paciente, nos constituiremos de a poco en ayuda memoria y en traductores, acompañándolos en la organización de sus pensamientos.

Por lo anteriormente explicitado, considero que es necesario respetar la individualidad y las particularidades de cada caso y llevar a cabo acciones positivas que les permitan a los pacientes avanzar en la solución de sus problemas y en el mejoramiento de su calidad de vida.

Desde este lugar comenzaríamos nuestra labor, para ayudarlos a abandonar el oscuro lugar que habitan y posibilitar desde su realidad particular lo que ellos pudieran llegar a ser.

En conclusión...

Para finalizar, la función del acompañante se define por la acción terapéutica de una persona formada y capacitada con los criterios básicos mínimos de decisión que le posibilite un "saber-hacer", un operar efectivo en situación, con la plasticidad, creatividad y autonomía necesarias que le posibiliten una acción eficaz.

La posición del acompañante terapéutico, entonces, desde su presencia, con su palabra, con su escucha, posibilita un aprendizaje en el sujeto.

Aprender en acompañamiento implica reconocer: un tiempo, un espacio, un lugar, a uno mismo, al otro..."al mismo tiempo"

En nuestro trabajo cotidiano, en la práctica, el tema es "volver a intentarlo", ya que para dominar lo que esta afuera es preciso hacer cosas, no solo pensar o desear y hacer cosas lleva tiempo.

Es un trabajo constante, a veces sin repuestas, pero donde poco a poco puede ir surgiendo algo. Así los pacientes podrán empezar a apropiarse de nuevas herramientas, cargándolas de sentido.

Más allá de los interrogantes propuestos, quedan muchos sin respuestas y muchos más por preguntar, pero algo es seguro: "Caminante no hay camino, se hace camino al andar".

Bibliografía.


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