Psicologos, Psiquiatras y Acompañantes Terapeuticos
REDBA - Red Asistencial de Buenos Aires (Asistencia y Docencia en Salud Mental)
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REDBA - RED ASISTENCIAL DE BUENOS AIRES DIRECTOR GENERAL: Lic. Sergio Sáliche CURSO: Acompañante Terapéutico PROFESOR: Lic. Sergio Sáliche MONOGRAFÍA: "LA DESINSTITUCIONALIZACIÓN DE PACIENTES CON PSICOSIS CRÓNICAS." AUTORA: Diana Anabella Marcenaro E-Mail: dianamarcenaro@yahoo.com.ar CURSADA: Enero Abril 2005 ENTREGA CERTIFICADO: Abril 2005 |
"El enfermo
mental no recibe respuestas a sus necesidades, ya que la
institución no ha sido programada para su cuidado y
recuperación, sino para su custodia. Lo que subyace no es una
ideología terapéutica sino, más bien, una ideología de
castigo.
Los enfermos mentales no son tratados por lo que realmente son
sino por la molestia social que causan. Sus mensajes no pueden
ser escuchados porque al romper con la norma social desafían el
orden establecido. Entonces, el ambiente rechaza al enfermo
mental, luego lo segrega y de este modo agrava su
sintomatología.
La ubicación del paciente en una categoría nosográfica
disfraza nuestra incomprensión. La eliminación del síntoma con
psicofármacos calma nuestra angustia frente a un problema que no
sabemos resolver. Encerrar a la psicosis es condenar al
psicótico a la irracionalidad sin remedio; es no permitir llegar
a reconocer el significado de su padecimiento; es dejarlo
aprisionado en un código particular sin permitirle traducir a un
lenguaje compartido aquello que expresa con tanta vehemencia y
desesperación."
Susana kuras de Mauer
.
"LA DESINSTITUCIONALIZACIÓN DE PACIENTES CON PSICOSIS CRÓNICAS."
Desarrollo
Hay al menos tres puntos de partida que
pueden tomarse a la hora de introducir la
desinstitucionalización.
El primero se sitúa en el consenso casi general sobre el fracaso
del manicomio y, por consiguiente, toma partido por un movimiento
desinstitucionalizador, entendido este no como una
deshospitalización (disminuyendo el número de internos) ni como
una transinstitucionalización (transfiriendo pacientes a otras
instituciones - que en ocasiones puede ser factible y
probablemente aquellos ganarían en calidad de vida-), sino que
va a consistir, fundamentalmente, en modificar los modos y las
formas de intervención, desechando el binomio problema/solución
(enfermedad/curación), para en su lugar afrontar una acción
transformadora que considere la existencia cotidiana y el
sufrimiento de los pacientes. Porque el problema de éstos no es
tanto la curación como la producción de vida, de sentido, de
socialización y formas saludables de comunicación como la
afectividad y la solidaridad. En definitiva, se trata de que se
transformen los modos de vivir y sentir el sufrimiento del
interno/paciente y que se transforme globalmente la vida
cotidiana que alimenta ese sufrimiento.
El segundo, en la idea de que un concepto estrictamente y
exclusivamente terapéutico de tratamiento para pacientes con
psicosis resulta insuficiente. El tercero es la idea de que es
fundamental dar un lugar a los derechos constitucionales y
civiles del usuario, tanto en el sentido de no hacer al alienado
objeto de tratos contra el derecho, como haciendo lo posible por
que realicen sus derechos a un tratamiento suficiente, racional y
adecuado, al trabajo, vivienda, a alguna inclusión social, etc.
El recurso a la reclusión del loco ha sido largamente empleado a
lo largo de la historia con intenciones y planteamientos variados
que han sido pormenorizadamente analizados y criticados por
distintos autores. Como es sobradamente sabido, uno de los
momentos de máxima intensidad del análisis crítico a las
instituciones para locos se situó aproximadamente a partir de
los años sesenta, con la aparición de varios títulos
emblemáticos entre los que se encuentran: Historia de la Locura
en la Época Clásica de Foucault en 1967, Internados de Goffman
en 1961, a los que se puede añadir la obra de Bassaglia, la de
Laing y Cooper, y (entre otros) el título Miserables y locos de
Álvarez Uría. En los distintos autores vemos proseguir el
debate sobre la naturaleza de la locura, y encontramos diferentes
conceptos de ella y su forma de abordaje. Pero si hay una
coincidencia regular entre todos ellos, es la crítica del
manicomio, contemplado de manera unánime como institución
anti-terapéutica, y en la consideración de que éste opera más
bien como una trampa para los alienados, de la cual difícilmente
les es posible salir sin haber sufrido una gran erosión personal
añadida al problema psiquiátrico que motivara la entrada.
Contemplados históricamente, la miseria, la enfermedad, el
deterioro, el empobrecimiento de la persona, parecen haber sido
los efectos del manicomio clásico sobre la gente, más que la
restitución de la salud y la posibilidad de retorno a la vida
social libre.
Actualmente los manicomios, son lugares donde probablemente los
armarios no contienen ninguna percha, las habitaciones no tienen
ninguna silla, las ventanas tienen rejas en vez de cristales,
lugares donde las puertas de los retretes no cierran bien, donde
los internos han de compartir la ropa, y donde faltan medios
materiales hasta un punto que resultaría absolutamente
inconcebible en un servicio de cualquier otra especialidad
hospitalaria.
La crítica posible no se limita a los aspectos materiales. En
Goffman leemos cómo en las instituciones llamadas por él
totales - considera que el manicomio es una de ellas -. Se
producen una serie de procesos sociales espontáneos que alejan a
los internos de la posibilidad de recuperarse para la vida
normal. Es decir, que en vez de actuar terapéuticamente inciden
perversamente hacia el deterioro y la cronificación del interno.
Goffman describe la aparición de códigos sociales diferentes de
los que operan en la comunidad sana y que se considerarían
ofensivos para cualquiera que los padeciese fuera del
psiquiátrico. Describe la consolidación de jerarquías
irracionales, el hecho de que el interno padezca problemas
artificiales debido a la forma de organización interna, a la
falta de medios, y a la deficiente formación del personal.
Goffman también muestra cómo los intentos emancipatorios del
paciente ante la institución, que podrían formar parte de una
reacción sana de cualquiera que se viera en parecida situación,
son confundidos con rasgos patológicos y combatidos. Todos estos
fenómenos indeseables fueron, y siguen hoy siendo, parte de la
vida cotidiana del enfermo mental en una institución manicomial.
Ante la fuerza de los argumentos, pareció lógico intentar
reformar el estado de cosas, y dio comienzo el movimiento
tendente a la des-institucionalización del enfermo
psiquiátrico. Movimiento que no se ha realizado en todas partes,
pero que ha sido bastante general, al menos como planteamiento
teórico, en los países donde la Sanidad goza de cierto
desarrollo. La llamada reforma psiquiátrica, iniciada en Estados
Unidos, vino a ser un proceso de
"desinstitucionalización" de los enfermos que dio
lugar al cierre o la reforma de los hospitales psiquiátricos.
Como es lógico, dicho cambio debería haber ido parejo a un
desarrollo de los llamados servicios comunitarios - centros de
día, consultas ambulatorias, servicios sociales, etc.- que no
siempre fue así.
El ejemplo de los EE.UU., quizás el más frecuentado, puede
resultar paradigmático en sus conceptos, en sus errores y en su
evolución. Un país que dedica un importante porcentaje del PIB
a sanidad (el 11%), donde no existe una cobertura sanitaria
universal comparable a las que existen en Europa, donde se
anunciaron reformas - el Acta Kennedy, de 1963- que pretendían
cambios cualitativos en la atención al enfermo mental y que
posteriormente hubieron de ver cómo sus aspiraciones sufrían
rebajas considerables.
Durante la presidencia de Ronald Reagan, preocupado éste por la
rentabilidad del sector sanitario, la des-institucionalización
significó que gran cantidad de ex-internos de centros
psiquiátricos fueron dados de alta sin preparar una adecuada
infraestructura que pudiera sostenerlos en su nueva vida en la
comunidad. En la experiencia americana encontramos la evidencia,
que se puede confirmar en otros lugares, de que si se trata de
buscar alternativas dignas a la institucionalización
psiquiátrica ello no significará un ahorro de gasto sanitario -
por la amortización de camas en los manicomios- ni de esfuerzo.
Más bien se trata del cambio de asignación del gasto, que no se
debería reducir sino reformar, y un mayor esfuerzo para
encontrar maneras de sostener al alienado en la vida comunitaria.
España no ha estado ajena a este proceso de cambio y reforma de
la atención psiquiátrica y, a pesar de contar con uno de los
mejores sistema sanitarios del mundo según la Organización
Mundial de la Salud, sus indicadores sobre el desarrollo de la
psiquiatría comunitaria son muy mejorables. "En España,
durante la transición, se impulsó desde el Ministerio de
Sanidad el proceso de desinstitucionalización y se cerraron
todos los hospitales psiquiátricos. El movimiento fue muy brusco
y no ha dado tiempo ha desarrollar todo lo que se necesitaba para
estos enfermos, que han estado ingresados en hospitales
generales, donde entran y salen constantemente, provocando lo que
se denomina efecto de puerta giratoria"
El doctor Jesús de la Gándara, jefe del Servicio de
Psiquiatría del Hospital Divino Vallés (Burgos), explica que la
reforma psiquiátrica supuso un paso para eliminar la
estigmatización de los enfermos. Sin embargo, en su opinión,
"resultó algo hipócrita", pues siguen existiendo
enfermos que necesitan hospitalizaciones prolongadas porque no
tienen familiares que se hagan cargo de ellos. Agrega-
"Necesitamos hospitales para enfermos crónicos. Esto no
quiere decir que tengan que estar allí toda la vida pero sí que
necesitan ser acogidos, protegidos y tratados durante periodos de
tiempo largos".
Si admitimos que tener un familiar psicótico es un avatar de la
vida y no una elección de la familia, es de ley tener en cuenta
ese alto coste que pagan estas, si deciden asumir la
responsabilidad de hacerse cargo del cuidado de su familiar
alienado.
El sector de las familias aparece como potencialmente muy
importante por lo que le significa al paciente que su familia
esté presente en el momento de su rehabilitación y por la
legitimidad de los argumentos políticos que puedan aportar para
ser oídas y apoyadas. Las familias, organizadas a través de
asociaciones, tienen la posibilidad de presionar a los
administradores de la cosa pública para hacer valer para sus
allegados el derecho constitucional a una adecuada atención
sanitaria. Pero vale resaltar que estas son muy pocas.
Otro actor es precisamente el sector de los profesionales. Se
trata de un actor de importancia a la vez limitada y crucial.
Limitada por cuanto sus posibilidades se ven condicionadas de
manera importante por factores ajenos a su decisión, por
ejemplo, los servicios y medios materiales a su disposición,
cuya existencia no depende de él. Crucial por cuanto es del
técnico de quien se espera el saber necesario para lanzar los
procesos de cambio, cosa que se espera por un lado de su
formación y de su experiencia, pero también de un deseo y de
una actitud que puedan mantener el proceso en marcha a través de
las dificultades y las crisis. La importancia del deseo y la
actitud del profesional no es intangible, y la podemos valorar
directamente en la incidencia sobre el trabajo diario y la
importancia subjetiva de la vivencia que ha sido llamada
síndrome del profesional quemado.
Un tercer actor es el constituido por la sociedad en general y
sus representantes políticos. Resulta un poco cómico que el
pronóstico de los psicóticos resulte más favorable en países
del llamado tercer mundo que en los países desarrollados.
Hay un fenómeno social particularmente desafortunado que el
alienado ha de soportar, al margen de sus propios fenómenos
psicopatológicos. Se trata de la estigmatización y el rechazo
social, seguramente derivados - aparte de factores vinculados con
el modo de interacción social del alienado, y de temores
ancestrales más o menos conscientes que pueden llegar a suscitar
sobre la gente- del tratamiento que se da a su imagen pública a
través de los medios de comunicación de masas.
El tratamiento propone a la sociedad una reflexión encaminada a
lograr un cambio del modo de percibir al loco para no hacerle
objeto de prejuicios injustificados.
Y el otro actor, que no podemos olvidar, es el usuario mismo.
Será necesario meditar sobre los estudios del sujeto psicótico,
estudiar qué dice, qué quiere, cómo le es posible vincularse,
y también cómo no le es posible, para no insistir en caminos
irreales. Será necesario preguntarle si quiere rehabilitación,
y qué podría ser eso para él, para no adelantarnos a decidir
por nuestra cuenta cuáles habrán de ser sus actividades, que
luego no realizará, o cuáles sus intereses, que luego no
atenderá. Será necesario preservar el lugar de sujeto del
usuario, tener paciencia para no adelantarnos a sus demandas,
tratar de comprender cómo es la salida posible de su situación,
para no inventar maneras de vínculo para ellos que no sean
repeticiones de fracasos anteriores. Y a partir de ahí, pedirle
que, en la medida de sus posibilidades, tome posición, elija y
asuma sus elecciones.
Cada uno de estos cuatro actores tiene su lugar potencial tanto
en el proceso rehabilitador, como en el proceso cronificador.
La Teoría de la Rehabilitación pecaría por exceso de optimismo
si pensara que cierta nueva voluntad podrá acabar para siempre
con el manicomio. Hoy día, a medida que son hechos consolidados
la des-institucionalización, las unidades de rehabilitación y
de tratamiento, los recursos residenciales apoyados, etc.,
aparecen fenómenos como la llamada tras-institucionalización
(los pacientes des-institucionalizados aquí, son
re-institucionalizados en otro sitio), la reaparición de
hábitos manicomiales en el seno mismo de las unidades de
rehabilitación, o la consolidación de minimanicomios en el
domicilio que el usuario comparte con sus familiares. Son
fenómenos que habrá que saber interpretar, pero en los que la
falta de recursos suficientes ocupará un lugar preponderante en
el análisis.
En todo caso, la idea de terminar con el espectáculo intolerable
del interno del asilo manicomial, mal vestido, mal aseado,
desatendido y abandonado, es una de las vías lógicas de acceso
al concepto de rehabilitación y tratamiento.
La rehabilitación también parte de la idea de que el campo de
lo terapéutico se queda estrecho cuando se trata de pensar el
fenómeno de la cronicidad. Como se ha dicho, rehabilitación es
"tratamiento... y algo más".
Precisamente el concepto mismo de cronicidad se establece sobre
esa limitación: se trata de sujetos en los que el empleo
continuado de medios terapéuticos no logra la restitución.
Notemos que el concepto de rehabilitación procede de otros
campos de la terapéutica - por ejemplo, de la traumatología -,
donde se parte de la premisa de que hay enfermedades en que no se
logra la restitución adintegrum. Eso quiere decir que se admiten
cambios en el modo de vivir de los sujetos que tienden a ser
definitivos.
La OMS ha delimitado en 1990 varios conceptos para nombrar esos
cambios. Por dis-habilidad entiende la dificultad de ejercitar
una función física o mental. Serían dis-habilidades, por
ejemplo, no poder caminar o tener vínculos sociales. Por
handicap entiende la desventaja que un sujeto padece por sufrir
una dis-habilidad. Handicap es la consecuencia de una
dis-habilidad.
Este punto de vista contiene, una virtud y un peligro. El peligro
de pensar al psicótico como dis-habilitado consiste en
permitirse llegar a la conclusión de que no hay nada que hacer y
reducir las expectativas de cambio. La virtud consiste en poner
de manifiesto que si admitimos que un sujeto está afectado de
una determinada dis-habilidad, el grado de handicap es una
variable que depende del ambiente que le rodea, y señala la
posibilidad de intervenir también sobre el ambiente. El
tratamiento no discute la conveniencia de dirigirse al sujeto
terapéuticamente para tratar de reducir su dis-habilidad, pero
plantea que también es necesario actuar sobre el entorno con el
fin de reducir el handicap.
Cuatro son los modelos principales de Rehabilitación tal y como
se practica hoy en día. El modelo basado en el Entrenamiento en
Habilidades Sociales, de Liberman, Anthony, Farkas y otros, que
aplica principios de teoría de aprendizaje para promover la
adquisición, generalización y permanencia de las habilidades
necesarias. Sus técnicas, muy estructuradas, muy directivas,
incluyen demostraciones del rehabilitador o empleo de vídeos,
role-playing o ensayos conductuales, técnicas de afrontamiento,
feed-back reforzante o correctivo. E incluye evaluaciones al
final de las sesiones de adiestramiento, basadas en control de la
adquisición de habilidades concretas y mensurables.
El Modelo Psicoeducativo, toma su base en la búsqueda de Brown y
Wing, datada en los años 60, de las variables relevantes para
valorar la adaptación social de pacientes psicóticos
ex-hospitalizados e identificar los factores que precipitan las
recaídas, que condujo a los autores a crear el constructo
Emoción Expresada (EE). La finalidad de la intervención
psicoeducativa se concreta en evitar los factores que precipitan
la recaída, a través de varias fases. La primera, actuar
pedagógicamente sobre los familiares, explicando la noción de
psicosis, su sintomatología, su curso, su tratamiento, a fin de
mejorar la comprensión de éstos. Una segunda fase propicia al
encuentro entre familias de baja EE con familias de alta EE a fin
de que se transmitan su estilo de afrontamiento de problemas de
convivencia con el psicótico. Por último, trabajando con la
familia completa - incluyendo al enfermo -, se trata de reducir
la EE por medio de técnicas que, dependiendo de los autores,
deben ser más concretas o pueden ser más eclécticas,
incluyendo desde la interpretación dinámica a la intervención
conductual.
El modelo desarrollado por Spivak en el Centro Shalom para el
Desarrollo de la Competencia Social, de Jerusalén, se basa en un
análisis original del fenómeno de la cronicidad, de
inspiración claramente conductual.
Spivak pretende intervenir sobre el proceso de des-socialización
del usuario, pensado como la falta de recursos que permiten a un
individuo lograr una articulación social eficaz a su medio
social. Bajo su punto de vista, la cronicidad consistiría en la
falta de competencia social y la falta de respuesta concreta a
los riesgos personales, sociales, económicos y emotivos. Spivak
asigna a la rehabilitación la tarea de acrecentar la
articulación social del sujeto con el ambiente y de potenciar
los Comportamientos Socialmente Competentes, cuyos déficit
serían detectados a través de una valoración particular de
cada paciente en cinco áreas: vivienda, trabajo, familia y
amigos, auto cuidado e independencia, actividad social y
recreativa. Opera a través de la Actividad de Grupos de
Competencia Social, estructurados y orientados a potenciar los
Comportamientos Socialmente Competentes esenciales y específicos
del comportamiento del usuario en la comunidad.
Por último, el modelo de Luc Ciompi, que ha estudiado la
epidemiología y el curso de la esquizofrenia en estudios
longitudinales muy largos (más de 30 años) y ha aportado sus
propios argumentos en favor de la interpretación de la
cronicidad como un artefacto social. Concluye que la
hipoestimulación y el hospitalismo son responsables de la
sintomatología negativa, que determinados patrones de
interacción familiar contribuyen a la cristalización en proceso
crónico de la crisis, además tiene consideración por la escasa
especificidad de los síntomas de esquizofrenia crónica. Plantea
al esquizofrénico como alguien de elevada vulnerabilidad y en
riesgo de precipitarse al episodio agudo en condiciones
especialmente estresantes. El episodio psicótico, opina, puede
conducir al fracaso existencial o servir como ocasión de
maduración y cambio. Es de máximo interés los estudios que le
llevan a concluir que la expectativa hacia el paciente, de los
familiares y del personal rehabilitador, es el principal factor
predictivo de la evolución del usuario. Ciompi sostiene que el
proceso de cambio se activa más con la modificación del entorno
social del usuario que con intervenciones focalizadas
estrictamente en él.
De estos cuatro modelos me interesa detenerme y desarrollar el
modelo psicoeducativo, ya que me parece de estos cuatro es el
más completo, el de mayor importancia y el mas reciente.
Es relevante tener en cuenta la importancia que toma el
acompañante terapéutico a la hora de comenzar con el
tratamiento y la rehabilitación de un paciente psicótico ya
sea, internado en un hospital psiquiátrico o en una institución
intermedia.
Para comprender como se da el proceso de rehabilitación en un
paciente con trastornos mentales y discapacidad psíquica se debe
considerar el contexto social en el que el individuo esta
inmerso.
Cuando un paciente ingresa en un programa de rehabilitación
psiquiátrica también es fundamental evaluar en profundidad el
ambiente de origen, ya que esto condicionará en aquel,
tendencias que son independendientes de los síntomas de
enfermedad. Así, el entorno en donde haya desarrollado su
interacción social y sus aprendizajes de conducta previos, se
reflejará en su comportamiento y en su relación con la
enfermedad. Recién al tomar en cuenta el temperamento personal y
las influencias ambientales se podrán plantear planes de
tratamiento criteriosos.
La rehabilitación y/o el tratamiento crea en el individuo un
nivel básico de confianza en sí mismo; la posibilidad de
mantener estabilizada la enfermedad aumenta tanto el grado de
autoconfianza del paciente como el del medico social hacia el. El
objetivo final es que los logros obtenidos en el tratamiento se
puedan transferir a los distintos ámbitos en los que el paciente
se desenvuelva. Por ello, el tratamiento es un proceso cuyo
éxito implica que el paciente tenga mejores niveles de
socialización.
El equipo terapéutico debe tener en cuenta que un programa
planificado con criterios válidos debe ser diseñado para que
los pacientes puedan desempeñarse correctamente en diferentes
ambientes, lo que constituye un objetivo distinto de lograr
solamente que tengan "un buen comportamiento".
Liberman ha definido al enfermo mental crónico como aquella
persona que presenta un diagnóstico de esquizofrenia o trastorno
anímico mayor y que tiene dependencia económica externa
(familia, asistencia social, etc.). Establece tres niveles para
definirlos: 1) el diagnóstico (síndrome clínico), 2) el
funcionamiento social (nivel de competencia social) y 3) la
duración crónica del padecimiento (extensión en el tiempo).
En el nivel dos se requiere la relación con el medio. Esta
incluye la aceptación de la enfermedad por parte de la familia,
la sociedad y su entorno. Se considera entorno a todo aquello que
rodea al individuo y a los vínculos que se establecen en esa
interrelación. Se procura que el entorno del paciente aumente la
capacidad de aceptación ante los cambios que este va
presentando. Entonces, se deduce que el entorno del paciente esta
ligado a las relaciones interpersonales del mismo. Así las
técnicas de rehabilitación y tratamiento deben lograr, que el
paciente efectúe cambios para que sea aceptado por su entorno.
No hay que pasar por alto y considerar el temor que el sujeto
experimenta a tener una nueva descompensación de su enfermedad.
Durante su rehabilitación el paciente deberá aprender a
convivir con su enfermedad y a evitar que el temor que le genera
le impida su manejo apropiado.
Es de mucha importancia tener en cuenta el estigma social que
constituye un importante impedimento y provoca la pérdida de
oportunidades para las personas que padecen enfermedades
mentales.
Al referirnos al entorno del paciente se analizan todas las
áreas de contacto que este tiene y el impacto que ellas provocan
en el. Uno de los desarrollos más recientes son los estudios de
la emoción expresada (EE) en relación con el personal de
cuidados.
El concepto de emoción expresada permite medir diferentes
aspectos del ambiente familiar que parecerían predecir la
evolución de los trastornos esquizofrénicos, entre otras
patologías mentales. Los últimos estudios realizados sobre la
influencia que tiene la EE en el personal dentro de los ámbitos
asistenciales, entre ellos, enfermeros, asistentes y
acompañantes terapéuticos se observó que el personal y la
familia comparten el impacto que provocan muchas de las
alteraciones de la conducta del paciente.
La EE representa una medida de las actitudes de una persona hacia
la otra, evaluada a partir del contenido de su conversación
durante una entrevista. Los aspectos básicos para medir la EE
son: crítica, hostilidad, empatía y comentarios.
Un alto nivel de emoción expresada puede ser una reacción hacia
el comportamiento de los pacientes o reflejar procesos
interactivos en el grupo.
Se acepta que existe una relación entre la EE y las
descompensaciones. Se han observado muchas variables para
explicar porqué algunos cuidadores y acompañantes responden
negativamente a sus pacientes y otros no lo hacen; entre ellas:
el tipo de síntomas que presenta el paciente, el conocimiento de
los cuidadores y acompañantes terapéuticos sobre la enfermedad
y su manejo y la clase de prerrogativas que los cuidadores se
atribuyen.
En los pacientes con esquizofrenia, conceptos como vulnerabilidad
y estrés dependen de las características individuales. Estos
pacientes presentan en casi todos los casos un alto grado de
vulnerabilidad, entonces la variable sobre la cual se puede
influir la constituye los factores de estrés, y estos se
encuentran en el ambiente familiar y en los ambientes sociales en
donde el paciente se desempeña. Se ven influidos por el nivel de
EE y de todo aquello que implique la presencia de estresores
socio-ambientales. Es así que el estrés mayor aumenta las
posibilidades de descompensación. Entre los factores que
aumentan la vulnerabilidad hay que incluir también: el
incremento del deterioro, la falta de medicación antipsicótica
adecuada, la aparición de acontecimientos vitales que sobrepasen
las capacidades de manejo del paciente y la ruptura de la red
social del sujeto.
Estudios realizados demostraron que el efecto que tiene los
pacientes sobre el personal tratante tiene que afectar,
necesariamente, a todo el proceso terapéutico.
Es importante reconocer este hecho en el área de rehabilitación
psiquiátrica, pues es fundamental alentar conductas que
conduzcan a la rehabilitación satisfactoria y disuadir toda
conducta que impida este proceso. En aquellas familias donde hay
un alto grado de EE es más frecuente que las descompensaciones
lleven a la internación.
El paciente psicótico registra el rechazo del que es objeto. Por
ello, el personal que los asiste debe canalizar sus angustias y
tensiones personales generadas por la enfermedad mental en otros
ámbitos. En este caso es el cuidador y/o acompañante quien
tiene la tarea reparadora y contenedora.
Es fundamental que quienes acompañan al paciente en sus tareas
habituales (sea este tanto familia como un cuidador), comprendan
qué es la enfermedad mental. En el caso de la familia debe ser
ayudada a adquirir medios adecuados de contención tanto para sí
misma como para su familiar enfermo. Con este fin se organizan
grupos de psicoeducación familiar.
Un paciente psicótico proviene, en general, de una familia que
presenta algún tipo de alteración en el campo de salud mental.
La familia tiende a no reconocer esta situación o tiende a
ocultarla. Otro aspecto a considerarse es la comunicación entre
el paciente y su familia; en la mayoría de los casos es poca o
inexistente. Es fundamental educar a los familiares con respecto
a la importancia que adquieren los diferentes errores de
conceptos para el tratamiento y la rehabilitación.
Como ya dijimos es de suma importancia que la familia se
interese, responda y estimule al paciente en la creación de
instancias que lo motiven para que alcance una meta propuesta.
Esto se hace mediando un control desde el equipo tratante, ya que
un estímulo desmesurado podría actuar como un importante
estresor con el consecuente riesgo de desestabilización por
aumento del estrés. Además para poder fomentar gradualmente la
independencia del paciente esquizofrénico, la familia debe
favorecer un progreso paulatino de las funciones sociales del
paciente, ya que la forma en que la sociedad le responde al
sujeto tiene consecuencias fundamentales en el curso y en el
pronóstico de la enfermedad. La familia actúa como una sociedad
básica que mantiene relaciones ambivalente con el miembro
enfermo provoca, muchas veces, situaciones confusas que no puede
ser ordenadas por este y lo llevan a la descompensación.
Entonces, podemos decir que al enfermo esquizofrénico se lo debe
rehabilitar, a la familia se la debe educar respecto de la
enfermedad y de la respuesta posible del paciente a la
rehabilitación y todas las personas que, de una u otra manera
tienen un contacto estrecho con el paciente (profesionales,
acompañantes y amigos) tendrán un rol fundamental en la
evolución y en la recaídas de la enfermedad. La adaptabilidad
de todo el entorno del paciente es imprescindible; la
psicoeducación es fundamental, no sólo para la familia sino
también para todo el medio que rodea al paciente.
En otro orden de cosas es importante diferenciar los distintos
momentos por los cuales pasa el paciente psicótico, - desde su
estado de productividad psicótica que llevarán o no a una
internación- hasta la estabilización y la posibilidad de vivir
con su familia, mediando o no su estadía en una institución
intermedia.
Las instituciones intermedias deben proveer al paciente de un
marco institucional y comunitario para que este recree vínculos
afectivos y para que se interese por sí mismo y por su medio
ambiente, y simultáneamente, deben estimular el progreso y la
salida del paciente hacia el medio mas independiente, cuyas
limitaciones dependerán de cada caso en particular.
Estas instituciones intermedias constituyen los métodos mas
modernos de rehabilitación y de re-socialización para los
individuos afectados por psicosis crónicas. Durante su paso por
esta residencia con un programa estructurado de rehabilitación
el paciente vive en un ambiente familiar; se trata de un ambiente
diferente al conocido por el hasta ese momento. Recibe el impacto
de múltiples identificaciones con diferentes personas y va
ganando auto-confianza, primero en este medio social acotado y
luego fuera de el.
La relación del enfermo con su grupo de pares y con los
acompañantes en un ámbito institucional de puertas abiertas
presenta desafíos constante hasta que la persona logra adaptarse
al nuevo medio. La rapidez con que puede hacerlo depende de ese
nuevo medio, pero además; será modificada por la aceptación o
no del mismo por parte de su familia o de la red social que
tenía previamente.
Es sumamente importante el papel que desempeñan los
acompañantes en una residencia protegida; esta relación es de
una calidad diferente a la que mantienen durante las
internaciones agudas o crónicas, dado que cada uno siente como
algo propio el soporte que dan los pares en un ámbito de
rehabilitación estructurada. Al poder observar cómo otros
pacientes comienzan a desarrollar formas de vida más
independientes y logran el alta, al ver que ello es posible,
aparecen en muchos pacientes el incentivo necesario para obtener
los mismos logros.
El concepto de rehabilitar implica reeducar; por este motivo, las
técnicas a desarrollar deberán incluir una metodología
educativa y psicopedagógica que utilice tanto los señalamientos
como el acompañamiento y el sostén del paciente, ayudándolo a
reconocer y a tolerar sus limitaciones.
En el marco de la rehabilitación psiquiátrica, una de las
funciones del equipo multidiciplinario es la de proveer al
individuo de los elementos que le permitan un adecuado desempeño
psicosocial. La incorporación de habilidades y el aprendizaje de
la administración de sus recursos psicológicos, económicos y
sociales le facilitan su reinserción en el medio sociolaboral
más adecuado para el. En los programas de rehabilitación los
abordajes terapéuticos se llevan a cabo según cada patología.
El programa comprende objetivos y métodos para alcanzarlos. El
objetivo principal es lograr la mayor autosuficiencia posible del
paciente en distintas áreas: ocupacional, actividades de la vida
cotidiana (higiene, cuidado de la salud en general, tiempo libre,
obtención y autoadministración de la medicación entre otras),
concientización de su enfermedad, - hasta donde sea factible -,
percepción de síntomas de alarma y posibilidad de pedir ayuda.
Todo esto implica que los pacientes puedan reinsertarse en la
comunidad, tener una ocupación laboral y mantener sus logros.
El método es cómo y por medio de qué actividades se estimula y
guía al individuo para que logre su desarrollo personal y un
desempeño ocupacional aceptable, en forma sinérgica con su
tratamiento terapéutico y psicofarmacológico. Las herramientas
y los recursos se aplican, principalmente, sobre las situaciones
y actividades de la vida diaria. Las diferentes técnicas a
implementar se diseñan según las disfunciones presentes en el
sujeto (el grado de enfermedad y de secuelas), respetando su
individualidad y dentro de un contexto referencial determinado
por el equipo tratante.
Las actividades deben ser implementadas de forma progresiva y
graduadas de acuerdo a la capacidad y con la respuesta obtenida
de cada paciente.
La motivación es un elemento que facilita la rehabilitación y
es un requisito indispensable para poder llevar a buen término
la actividad propuesta y el tratamiento. El hecho de que un
paciente se encuentre motivado y realice una actividad con la que
se encuentre satisfecho opera favorablemente en la prosecución
de la tarea y en la adquisición de nuevos roles. Esto genera un
efecto de retroalimentación positiva que favorece su desempeño
en las diferentes áreas y colabora en su autosuficiencia.
También la atención y el interés son factores fundamentales a
tener en cuenta al diseñar el plan de tratamiento.
Al buscar la motivación de cada paciente se deberán avaluar los
antecedentes e intereses previos de cada uno y ayudarlo a
encontrar objetivos propios, brindándole los estímulos
necesarios para despertar su interés. El paciente deberá ser
orientado con aspiraciones realistas de acuerdo con su estado,
con sus posibilidades y con el medio en el que se desenvuelve,
primando el sentido común y de realidad, para evitar situaciones
que puedan provocar nuevas descompensaciones. El trabajo debe ser
continuado para establecer hábitos, sosteniendo el nivel de
exigencia según el nivel de tolerancia individual de cada
paciente.
Las técnicas de atontamiento con las situaciones problemáticas,
ensayadas en un ambiente protegido y continente, refuerzan el
sentimiento de seguridad y disminuyen la angustia, permitiendo
una mayor flexibilidad y adaptabilidad ante situaciones sociales
cotidianas.
El avance de este proceso de rehabilitación depende, en gran
medida, de la gratificación de sus conductas positivas mediante
estímulos materiales y de reforzamientos positivos dentro del
grupo. Todo esto es para que el paciente valore la importancia de
tener un comportamiento socialmente adecuado.
Previamente a la reinserción laboral, es deseable que el
paciente tenga un desempeño ocupacional adecuado en las
actividades de la vida diaria, las que incluyen mantener su
higiene personal y de su medio ambiente, la capacidad para el
cumplimiento de horarios y compromisos, organizar adecuadamente
su subsistencia, manejar sus recursos económicos apropiadamente
y mantener una buena relación de convivencia con otras personas.
Luego, el plan de reinserción laboral del paciente deberá ser
implementado en diferentes pasos, de complejidad progresiva, con
el fin de prevenir posibles crisis emocionales.
Una vez que el paciente se encuentra en condiciones de iniciar la
búsqueda laboral, puede ser favorable que comience con un empleo
protegido. Ya que el trabajo en talleres protegidos forma parte
de la rehabilitación del paciente y ayuda a consolidar el
programa de rehabilitación, estimulando su reinserción social y
contrarrestando el aislamiento al que habitualmente tiende. El
taller protegido actuaría como un paso previo al ingreso del
paciente al mundo del trabajo competitivo.
Conjuntamente con la rehabilitación de las actividades de la
vida diaria y la reinserción laboral se trabaja con las
actividades recreativas y el manejo del tiempo libre. El sujeto
deberá ser estimulado y orientado en la búsqueda, el desarrollo
y el mantenimiento de amistades. Los fines de semana son útiles
para mejorar y reforzar los lazos familiares, para la
reinserción del paciente en el grupo de origen y para las
actividades recreativas. Esto contribuye a mejorar la calidad de
vida y a su reinserción social. Esta área debe manejarse
exclusivamente según el interés del paciente, pues es
imprescindible su motivación para que pueda organizar una
actividad y participar en ella.
En resumen, resulta fundamental que los profesionales así como
también el acompañante terapéutico sepa dar instrucciones
comprensibles, que actúe como modelo, que facilite las
prácticas de las conductas y que brinde elementos para que esas
conductas puedan ser trasladadas luego a las situaciones de la
vida cotidiana. En general, los pacientes toman sus ocupaciones
laborales con entusiasmo y se les debe ayudar para que estas
nuevas responsabilidades no se transformen en una pesada carga.
Los síntomas negativos, como la abulia y el desinterés, tienden
a mejorar con la consolidación del programa psicoterapéutico,
psicofarmacológico y de rehabilitación.
Por lo tanto, un enfoque integral del enfermo mental en etapa de
cronicidad debe tomar en cuenta tanto los aspectos terapéuticos
como aquellos que participen en la estabilización, en la
rehabilitación y en la re-socialización, contribuyendo todos
ellos a evitar las recaídas (prevención).
El tratamiento y la rehabilitación de los pacientes con
patología mental en el seno de la comunidad no son nuevos. La
hospitalización psiquiátrica durante las 24hs. del día es una
modalidad de tratamiento necesaria en un enfoque global del
paciente pero, idealmente, debería limitarse a un periodo breve,
de modo que la vida de este sea alterada lo menos posible.
Durante las internaciones prolongadas la red social del paciente
se cierra rápidamente, este pierde sus referentes, sus vínculos
y sus roles. De este modo, aumenta su patología y alteraciones a
nivel de sus relaciones afectivas, ocupacionales y con el medio
ambiente.
Al yugularse la crisis que motivó la internación y hallándose
en condiciones de alta, el paciente no puede reinsertarse, no
encuentra un lugar. Sobrevienen pérdidas de incontinencia y, en
consecuencia marginación; queda encerrado en un
"afuera" que no lo acepta. Esta situación a su vez
crea y realimenta el hospitalismo, en el cual el eje de la
cultura pasa por los valores y costumbres del hospital que el
sujeto de niega a abandonar, lo que dificulta cada vez más la
salida de la internación y la reinserción social. Cuanta mas
larga es la internación es más probable que ocurra esta
situación.
Aparecen las residencias intermedias que implican la necesidad de
muchos pacientes de disponer de formas de vidas supervisadas para
evitar las internaciones crónicas y, para un periodo largo de
vida bajo supervisión, además son métodos más económicos y
menos regresivo y lo mas aproximado a la vida familiar dentro de
la comunidad. Estas instituciones son necesarias para permitir
que los programas diurnos traten pacientes que no tiene familia,
actúan como residencia de transición para pacientes procedentes
de una internación y permiten que muchos pacientes se vayan
haciendo cada vez mas independientes mientras empiezan a
funcionar en empleos, en el cuidado de la casa o como
estudiantes.
Para estas residencias deben existir una planificación y una
organización de los servicios residenciales para los enfermos
mentales crónicos, con una estructuración de tipo lineal a
través de la cual los pacientes van avanzando hasta lograr el
objetivo final: la máxima independencia y reinserción
comunitarias posibles. A medida que el individuo va avanzando por
el sistema y logra mayor autonomía los dispositivos se hacen
menos restrictivos, menos supervisados, menos especializados y
más normalizados. Esto significa que se proporcionan al
individuo niveles de atención, supervisión y restricción
diferentes de acuerdo con la autonomía que va logrando. Lo
importante es proporcionar a cada uno lo que requiere en cada
momento de su evolución.
Existen diferentes tipos de residencias intermedias que reciben
diferentes nombres en diferentes países.
Las seis categorías residenciales por la American Psychiatric
Association son:
1-Geriátrico o gerontopsiquiátrico: para pacientes muy
deteriorados que no requieren una internación psiquiátrica
crónica, a los que proporciona atención de enfermería durante
las 24 horas del día.
2-Casa de medio camino: brindan atención durante las 24 horas
del día a un grupo de diez o veinte personas. Un equipo
especializado convive con pacientes y le da apoyo y supervisión
por medio de un programa de rehabilitación esquematizado, cuyos
objetivos son el entrenamiento de habilidades sociales y de
auto-cuidado (incluyendo las actividades de la vida diaria y el
manejo de la medicación) y la autonomía progresiva.
3-Hostales y residencias: alojan de cuatro a cien personas.
Brindan atención permanente, pero los residentes deben haber
cumplido una etapa de rehabilitación en la que no han logrado la
autonomía suficiente para autovalerse. Su función es la de
apoyo y el mantenimiento del nivel funcionamiento alcanzado,
tanto en el auto-cuidado y las actividades de la vida diaria como
en el seguimiento de las indicaciones del tratamiento.
4-Familias sustitutas: buscan facilitar la integración y el
mantenimiento en un ambiente normal utilizando la convivencia y
el apoyo social y afectivo de una familia no relacionada con el
sujeto.
5-Casas de tres cuartos de camino: útiles para la vida semi
independiente, consisten en casas o departamentos compartidos
entre varios pacientes quienes viven solos y reciben supervisión
y apoyo variado.
6-Reubicación familiar: se trata de la reubicación den la
familia de origen del individuo, la que, a su vez, debe ser
contenida y asesorada.
Se podría agregar que el proceso es sumamente de importancia
para lograr una externación exitosa. Permite, en un ámbito
conocido y protegido, la reconexión del individuo en situación
asilar como elementos sanos productivos y creativos de su mundo
interno y el entrenamiento necesario para su desarrollo, como
así también la reconexión paulatina con el mundo externo y las
posibilidades reales de inserción. Este tipo de residencias
proporciona una estructura para la socialización y la
rehabilitación de pacientes crónicos. La comunidad sale así
beneficiada, no solo económicamente sino también porque aprende
a adoptar actitudes más realistas con los pacientes mentales y a
reconocer que no son peligrosos en absoluto y que no deben ser
temidos.
Los pacientes deben ser entrenados para su independencia, pese a
que no en todos los casos lo lograrán completamente, pues todos
los pacientes son rehabilitables pero no todos son reubicables.
No hablamos de cura sino de seres humanos con derechos y
necesidades. En la medida en que vayamos satisfaciendo esas
necesidades y garantizando esos derechos estaremos ayudando a las
personas a que salgan del sufrimiento...hasta que desarrollen un
grado máximo de autonomía, a encontrar una respuesta mas humana
a su sufrimiento, la alternativa de una vida mas digna. La
posibilidad de que estas personas se sientan protagonistas de sus
propios cambios y actores principales en la recuperación de sus
pares.
En conclusión la responsabilidad que tienen profesionales,
acompañantes terapéuticos, familiares e instituciones en la
evolución del paciente es importantísima.
Si pensamos que la rehabilitación no parece ser un proceso
natural - para la civilización de los últimos dos o tres
siglos, lo natural parece más bien que el alienado sea excluido
y olvidado -, Rehabilitación es el acto ético de detener e
invertir el proceso de exclusión, cronificación y deterioro que
la experiencia manicomial mostró en su faceta más material.
Si el manicomio representa un pacto social en defensa de la
comodidad colectiva para excluir del comercio social a los
alienados, que ofenden el buen sentido o el buen gusto, la
Rehabilitación representa la exigencia ética de respetar los
derechos sociales de los excluidos.
Para el sector de los profesionales, ello podría significar
pedir éticamente una práctica comprometida, reflexiva, abierta
a admitir y comprender los errores, a mejorar cada año los
planteamientos, los programas, las intervenciones. Debería
significar indagación permanente para el cambio y la mejora. Y
no debería significar el ejercicio de una práctica aprendida de
una vez y para siempre, ejecutada sin crítica, repetida
ritualizadamente.
Creo que la ética de la Rehabilitación y de los tratamientos
debería significar, para las instituciones y para sus
responsables, ser adecuadas, adaptables, y racionales.
No servirían instituciones que nunca se hagan preguntas y donde
el peso de la tradición reduce la práctica a una repetición
sin esperanza.
Las familias están llamadas a desempeñar un doble papel. Uno es
político, mediante sus asociaciones: el de personarse en los
debates sociales, al igual que hacen otros colectivos, para hacer
oír sus demandas y exigir que implementen en políticas de
hechos concretos los medios apropiados para mejorar su
situación.
El otro puede consistir en hacerse las preguntas adecuadas,
reflexionar sobre su propia historia, pensar en las actitudes que
sostienen hacia el familiar enfermo, medir las responsabilidades
que le incumben, considerar los actos y las palabras, sopesar las
decisiones.
Insisto en que el tratamiento también debería significar cosas
para el usuario. Debería significar la responsabilidad, el
desafío de asumir su parte del trabajo, de descubrir su deseo de
cambiar, de entendérselas, desde su propia peculiaridad, con ese
mundo tan contradictorio y falto de sentido que es el mundo en
que vivimos, hacerse la pregunta de si en alguna medida, con sus
actitudes - los psicóticos también tienen actitudes- él mismo
es responsable de parte de su infortunio.
Creo que Rehabilitación y tratamiento, para los Administradores
de la Sanidad y de los Servicios Sociales, debería significar
una reflexión sobre los capítulos del gasto público. Una
reflexión sobre el crecimiento asombroso del coste de los nuevos
fármacos, gravados con el gasto suplementario del impresionante
despliegue de marketing que les acompaña.
Una reflexión sobre el riesgo de un modelo que, medicalizando de
manera radical el problema de la psicosis, puede conducir a una
distribución del gasto que se olvide de las necesidades
fundamentales de los usuarios: un lugar donde vivir que se
parezca a un hogar, unos ingresos mínimos para sobrevivir con
dignidad, un lugar en la comunidad que les permita sentirse
alguien.
Desde esta perspectiva, no podemos dejar de saludar con simpatía
al desafío de dar dignidad a esa nueva tentativa teórica y
política de que los alienados tengan un lugar en la comunidad y
una verdadera oportunidad de vivir una vida digna como la que
cualquier ser humano se merece.
BIBLIOGRAFÍA:
-Susana Kuras de Mauer y Silvia Resnizky, "Acompañantes
Terapéuticos y Pacientes Psicóticos."Ed. 1985
-Mónica Fernández y Pablo Gabay, "Rehabilitación
psiquiátrica y reinserción social de las personas con
trastornos mentales graves".
-Ricardo guinea Roca, "Rehabilitación psicosocial: una
teoría, una práctica, una ética,".
- Vertex. Revista de psiquiatría. Volumen x Nº35 marzo abril
mayo de 1999. "Las casas de los locos".
Transformaciones de las instituciones psiquiatritas.
- Rotelli, F.M.; y cols. (1987): "Desinstitucionalización:
otra vía (La Reforma Psiquiátrica en el contexto de la Europa
Occidental y de los países avanzados)". Revista de la
Asociación Española de Neuropsiquiatría, Vol. VII, núm. 21,
Madrid.
- Pacheco Borrella, G. (1991): Desinstitucionalización
Psiquiátrica
REDBA
- Red Asistencial de Buenos Aires
Asociación Civil sin fines de Lucro
Institución de profesionales dedicados a la Asistencia y
Docencia en Salud Mental
Personería Jurídica IGJ N° 1697374 Res. 951/01
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