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ASISTENCIAL DE BUENOS AIRES
DIRECTOR GENERAL: Lic. Sergio Sáliche CURSO: Asistente Geriátrico MONOGRAFÍA: "EL ANCIANO BIO-PSICO-SOCIAL" AUTORES: Julieta Luque y Nadia Largo. CURSADA: Segundo Cuatrimestre 2003 ENTREGA CERTIFICADO: Diciembre de 2003 |
INDICE
Desarrollo (El Anciano Bio-Psico-Social)
En el presente trabajo se tomará al envejecimiento como un proceso lento y difuso, que implica en cada uno, además del designio biológico, desarrollarse, modificarse y adaptarse permanente e ininterrumpidamente a lo largo de toda la existencia. Se entenderá a la vejez como un concepto que se define desde una cuestión cultural y social, y por lo tanto, relativamente desvinculada de la evolución biológica.
El objetivo principal de dicho trabajo será el de tratar de desmitificar las concepciones sobre la tercera edad a la vez que profundizar en algunos temas que consideramos de importancia, tales como los aspectos biológicos, psíquicos y sociales que se hallan interrelacionados en el proceso de envejecimiento. Es preciso aclarar que partimos de la premisa de que "... cada cultura produce su propio tipo de envejecimiento, pero dentro de cada una de ellas cada adulto mayor es el productor de sus propias series complementarias..." (Salvarezza,pag.47).
"Con paso arrítmico e inestable, aquella paciente ya mayor, interna en el neuropsiquiátrico, avanzó hacia la ventana promesa de parque, cielo y sol -, traspasando el límite que hasta la tarde anterior se lo impedía. La rutina diaria señalaba al joven médico la existencia de algún impedimento que obligaba a la mujer a detenerse, siempre a la misma distancia de su objetivo; vacilar, mirar hacia todos lados como buscando algo, y finalmente, volver atrás alejándose. Esta vez fue diferente: avanzó y pudo, por fin, respirar el aire del jardín.
La noche anterior el médico repasaba mentalmente la repetida escena: en un espacio de uso común los internos deambulan, miran TV, o miran por la ventana. Una refacción ha ampliado la superficie de uso. (...) La evidencia de que se han fundido dos ambientes está en el piso: el sector próximo a las ventanas es una superficie sin dibujo, mientras que el resto luce un damero de colores constantes.
Justamente hasta el límite entre ambos solados llegaba la mujer en su caminata, "guiada" por la uniformidad rítmica y tranquilizante del damero. Y sin lograr aventurarse en territorio diferente, desistía en su intento.
Aquella noche, al percatarse de esto, el médico dibujó cuadrados con tiza, en el piso liso, a los que "rellenó" en forma alternada, extendiendo el efecto de damero y generando una continuidad visual en todo el ambiente. Al día siguiente, el dibujo en tiza brindó a aquélla mujer el soporte buscado durante tanto tiempo.
Solo mediante el reconocimiento de un deseo y de una búsqueda resulta posible descubrir una vinculación entre la estructura ornamental del piso y la aprehensión de la espacialidad por parte de la mujer, puesta a prueba en su itinerario. El médico hace suya la búsqueda de la mujer. Hace suyo su deseo de llegar a la ventana. Se pregunta: ¿qué quiere?, ¿Qué se lo impide?" (Coriat: 2001, 88).
Aspectos biológicos
El aspecto general refleja el envejecimiento, la silueta se pone pesada por la gordura que predomina en ciertas regiones (vientre, caderas). La piel pierde su hidratación y elasticidad, se arruga; las varicosidades se acusan, las venas sobresalen, los cabellos se encanecen y se hacen escasos. A esto se le suman las alteraciones autoperceptibles de las funciones oculares y auditivas, el incremento de la fatigabilidad muscular y un cambio en la velocidad de respuesta adaptativa a ciertos estímulos (por ejemplo, sexuales)
Ahora bien, todas estas modificaciones que , deben ser consideradas fisiológicas en tanto no derivan de problemas patológicos definidos tendrán repercusiones personales y serán vividas de manera totalmente diferente por los individuos que la padecen y que dependerá de la personalidad previa de cada uno y del rol socioeconómico que desempeñe. Por ejemplo, la pérdida de belleza y del encanto físico no tendrá el mismo efecto en una personalidad narcisista que en una depresiva. Las combinaciones de personalidades, profesiones y roles sociales multiplican las posibilidades hasta el infinito , lo cual hace sumamente difícil, la pretensión de establecer generalidades del proceso de envejecimiento . De esta última afirmación se desprende la necesidad de ahondar en los factores psicológicos y sociales que intervienen en éste proceso, como así también sobre la relación entre éstos y lo biológico.
Aspectos psicológicos
El Sistema Nervioso Central de todas las personas es una estructura biológica construida históricamente. A lo largo de la vida, los seres humanos "tallamos" en las redes neuronales del cerebro la trama de nuestra identidad psicológica y de nuestra historia. Pasamos por períodos de neurodesarrollo que están tanto genética y socialmente determinados como sometidos a procesos azarosos. Y es solo basándose en esto que nuestros cerebros adquieren las potencialidades que los caracterizan. Día a día construimos con nuestras experiencias la trama de la red de nuestras neuronas generando como resultado un "diseño cerebral" único e irrepetible. Por esto, el cerebro de una persona envejecida no es "la versión deteriorada de un cerebro joven". "El cerebro de una persona anciana es una escultura biológica que tiene cualidades únicas, dadas por la impronta en su estructura de una experiencia cultural y subjetiva irrepetible y temporalmente irreversible" (Strjilevich, S: 2001, 64). Por estas razones los cerebros de las personas ancianas tienen más diferencias entre sí que aquellos de los más jóvenes. La experiencia psicobiológica de un ser humano envejecido, si bien es efectivamente diferente a la de otras edades, es subjetivamente coherente y permite una experiencia tan potencialmente disfrutable como en cualquier otra época de la vida. Sin embargo, las mismas razones biológicas determinan que de viejos seamos cerebralmente más vulnerables. Con un menor respaldo neuronal y una capacidad neuroplástica menor que a otras edades, algunas patologías neuropsiquiátricas aumentan su incidencia a medida que nos adentramos en la vida más allá de los 65. Y muchas de estas enfermedades como por ejemplo los cuadros afectivos o los demenciales si bien no son mortales, son seriamente discapacitantes y tiene un efecto deletéreo en la vida de las personas.
Es importante tener en cuenta que las personas ancianas, de ser correctamente asistidas, tienen las mismas expectativas de recuperación que las personas de otras edades. Y si bien es cierto que para otras enfermedades prevalentes en este grupo etareo (como el Mal de Alzheimer) no se han encontrado aún tratamientos que cambien drásticamente el destino del cuadro, aun para estos casos los tratamientos con los que actualmente se cuenta están impactando favorablemente en la calidad de vida de las personas enfermas y sus familiares.
Múltiples han sido las teorías que se han propuesto para explicar el envejecimiento psicológico y/o la reacción psicológica de los individuos ante el envejecimiento.
Erikson, el primer psicoanalista que se ocupó específicamente del proceso de envejecimiento y la vejez, lo hizo formando parte de su teoría epigenética, que describe una serie de fases del desarrollo de la personalidad en función de su adecuación con ciertas variables psicosociales.
En la edad que nos ocupa, el conflicto principal, según Erikson, se plantea entre generatividad y estancamiento. La primera debemos entenderla como la preocupación por afirmar y guiar a la generación siguiente, sin que se refiera esto, por supuesto, solamente a una relación con personas de filiación directa. Este concepto incluye los otros más estrechos de productividad y creatividad." La capacidad de entregarse por completo en el encuentro de los cuerpos y las mentes lleva a una expansión gradual de los intereses del yo y un vuelco de catexia libidinal hacia aquello que se está generando" (Erikson, 1968). Pero cuando este enriquecimiento falla hay una regresión a una necesidad obsesiva de seudo-intimidad acompañada por un sentimiento de estancamiento, aburrimiento y empobrecimiento interpersonal. La resolución, satisfactoria o no, del conflicto planteado en este estadio dará lugar al último, que se planteará entre la integridad y la desesperación. La primera es el fruto de los otros siete ciclos vitales, y madura gradualmente en las personas que envejecen, pero sólo en aquellas "que se han ocupado de las cosas y de la gente y se han adaptado a los triunfos y a los desengaños". El fracaso de ésta lleva al sentimiento de desesperación, que expresa "el sentimiento de que el tiempo es corto, demasiado corto para iniciar el intento de otro tipo de vida que lleve a la integridad".
Siguiendo a Salvarezza se observa este esquema es un poco abarcador y generalizador, por lo tanto si cada uno envejece como ha vivido debemos buscar otro elemento teórico que nos permita entender cómo hemos vivido y qué determina los cambios en dirección a nuestro ciclo vital.
El psicoanálisis ha privilegiado el encuadre histórico individual (psicosocial): en éste la historia es una explicación del presente por el pasado, más precisamente del presente adulto por el pasado infantil.
Para comprender la operatividad de éste concepto hay que recurrir a la formulación de las series complementarias. (Freud, 1963). En ellas hay tres series de causas que no actúan independientemente sino que, en realidad, lo que actúa es la resultante constituida por su interacción. Una primera serie está constituida por factores hereditarios y congénitos; entre los primeros están los transmitidos por herencia, por los genes, y entre los segundos los que derivan del período intrauterino. La segunda serie está constituida por las experiencias infantiles, son de importancia fundamental porque ocurren en los primeros momentos de la formación de la persona. Los factores actuales o desencadenantes constituyen la tercera serie. Estos actúan sobre el resultado de la interacción entre la primera y la segunda serie. Para entender su funcionamiento hay que recurrir al principio de proporcionalidad inversa, es decir que una interacción "fuerte", estará en condiciones de absorber sin mayor complicación reiteradas situaciones conflictivas, en tanto que interacciones "débiles" entre las series o debilitadas por reiterados sufrimientos, factores actuales mínimos pueden desencadenar catástrofes al constituirse en verdaderas situaciones traumáticas difíciles o imposibles de manejar.
Este esquema nos permite comprender las particularidades de cada proceso de envejecimiento por la estructura de la personalidad y por la acción de los factores actuales que sobre ella inciden, tales como biológicos y sociales, y poder determinar en qué momento éstos se convertían en traumáticos.
Durante esta etapa la aparición de circunstancias dolorosas se vuelve más probable. Cuando se produce la pérdida de un ser amado o de una abstracción equivalente (duelo normal), ésta se acompaña de pena y tristeza, además de una identificación con el objeto perdido. Para que la persona pueda lograr el desprendimiento de este objeto y la búsqueda de otro que logre satisfacer sus deseos y necesidades, es necesario que haya incorporado a través de su vida una serie de experiencias integradoras de sus conductas instrumentales y que conformen una adecuada capacidad de frustración frente a las vicisitudes de su inclusión dentro de su escala de valores. La capacidad para poder transformar estos acontecimientos vitales críticos depende también de las perspectivas de vida, es decir, del tiempo que queda por vivir y de las posibilidades con que se cuenta, como por ejemplo la movilidad corporal, la capacidad de establecer nuevas relaciones sociales o de encontrar actividades basadas en la reflexión, entre otras.
También, la vejez es una época en que se realiza una revisión de la vida. Es una etapa en la que la memoria es muy clara pero acerca del pasado, se trata de una "psicobiografía en la cual el narrador se cuenta a sí mismo dentro de la trama de los acontecimientos, contextualizados en el espacio social, pero interiorizados en la significación personal". El relato refleja el plan de vida o proyecto inconsciente elaborado por la persona, el cual se relaciona con su identidad. El proceso psicológico de reminiscencia se produce por la aproximación a la muerte, por la dificultad de sostener la propia invulnerabilidad o para el mantenimiento de la autoestima frente a la declinación física e intelectual. El aumento de tiempo libre también es un factor decisivo en esta situación. Durante esta interioridad se realiza una revisión, replanteo o cuestionamiento de una escala de valores y de aquello que se ha logrado o no, en relación con el ideal trazado por el individuo (ideal del yo). Según su ubicación en esta escala se dará su autoestima. Al transmitir esto por medio de relatos, se otorga un sentido en el que escucha y escucharlos con atención ayuda en el drama de muchos ancianos que perdidos en sus referentes no pueden expresar su desasosiego frente a que muy pocos le hablen. Esto, además, se relaciona con la continuidad en el tiempo, porque se trasmiten valores correspondientes a su generación a través de los recuerdos de su historia familiar, compensando insatisfacciones del presente, introduciéndose en el mundo futuro.
Aspectos sociales
Los adultos mayores son discriminados en nuestra sociedad por su edad. A esto se llama viejismo que es el conjunto de prejuicios, estereotipos y discriminaciones que se aplican a los adultos mayores en función de su edad.
Los prejuicios contra la vejez, son adquiridos durante la infancia y luego se van asentando y racionalizando durante el resto de la vida de los seres prejuiciosos. Generalmente son el resultado de identificaciones primitivas con las conductas de personas significativas del entorno familiar y, por lo tanto no forman parte de un pensamiento racional adecuado, sino que se limitan a una respuesta emocional directa ante un estímulo determinado. Por ejemplo, hemos mencionado con anterioridad que el proceso de envejecimiento conlleva cambios corporales tales como la pérdida de la suavidad y tersura de la piel, pérdida de cabello, arrugas y tristeza en la mirada. La persona en desarrollo ve estos cambios indeseables que acompañan a la vejez e inconscientemente rechaza tanto el proceso de envejecimiento como a las personas que son portadoras de él. El temor es la base de la hostilidad, y la ignorancia la prolonga. El temor es de que esto me pueda pasar a mí, por lo tanto o debo escaparme o debo luchar activamente en contra.
Estos sentimientos irracionales, están ampliamente extendidos en toda la población pero son esencialmente peligrosos cuando los poseedores de ellos son los médicos o psicólogos que tienen a su cargo la responsabilidad de la salud mental de los adultos mayores. En ellos el viejismo esta internalizado de tal manera que les es sumamente difícil reconocerlo conscientemente. El Group for the Advancement of Psychiatry enumeró en 1971 algunas de las razones de las actitudes negativas de los psiquiatras para tratar a los adultos mayores:
En nuestro país, a diferencia de otros países de la región, la atención a la salud mental de personas con problemas psicogeriátricos no se trata de una carencia cuantitativa, sino que existe un problema cualitativo. En el país con más profesionales de la salud mental per cápita del mundo (hay un psicólogo por cada 100 habitantes), "la falta de políticas globales de entrenamiento adecuado genera la paradójica situación de encontrarnos con un sinfín de consultas evacuadas pero que terminan frecuentemente en situaciones iatrogénicas" (Strjilevich, S: 2001, 67). Cuando un profesional no ha recibido entrenamiento específico, pero se ve obligado a trabajar con ancianos (la epidemiología y el mercado así lo dictan) debe entonces apelar a sus conocimientos subjetivos e intuiciones para abordar el problema. Así los prejuicios pasan a ocupar el lugar del conocimiento ausente.
Uno de los prejuicios más comúnmente extendidos, tanto entre los legos como entre profesionales, es el de que "los viejos son todos enfermos o discapacitados".
La gente suele argumentar que los adultos mayores pasan mucho tiempo en la cama a causa de enfermedades, tienen muchos accidentes en los hogares, tienen pobre coordinación psicomotriz, el resultado de estos prejuicios es que se establece una fuerte sinonimia: viejo=enfermo que entraña un enorme riesgo pues pasa a comportarse como una profecía autopredictiva que termina por internalizarse aún en los destinatarios del prejuicio, en los adultos mayores.
Palmore (1990) ha insistido en otro estereotipo constante, que es la creencia de que la mayoría de los viejos no tienen actividad ni deseo sexual y que aquellos pocos que la tienen son moralmente perversos o, por lo menos, anormales (por ejemplo el "viejo verde"). Muchos viejos creen en estos estereotipos, lo que los hace sentirse avergonzados de sus urgencias sexuales y los lleva a no poder gozar de una actividad sexual normal o a renunciar a ella. Esto también juega en contra del rehacer parejas a los viudos/as en la vejez. Todas estas creencias chocan con la realidad. "Está comprobado científicamente que la mayoría de las personas mayores de 60 años continúan teniendo interés en el sexo y que la capacidad para mantener relaciones sexuales satisfactorias pueden continuar más allá de los 70 u 80 años en las parejas saludables" (Salvarezza, 2001, 82). No hay duda que existen cambios fisiológicos a medida que las personas envejecen, pero esto no necesariamente afecta negativamente a la función sexual. Además se debe tener en cuenta que en la vida humana hay conductas donde la obtención de placer no solo depende del funcionamiento de los órganos genitales, sino que hay otra serie de excitaciones, enraizadas en la infancia, como el tocar, el acariciar y ser acariciado, miradas, buscar y ser buscado, la intimidad, la comprensión, que producen un placer que no puede reducirse a la simple satisfacción de una necesidad fisiológica primaria.
Es preciso señalar que entre los factores sociales que inciden en el proceso de envejecimiento, no debemos pasar por alto las modificaciones que los avances tecnológicos han provocado en la estructura tradicional familiar, estructuras consideradas hasta entonces, poco menos que inamovibles.
La estructura tradicional familiar estaba compuesta por tres generaciones que convivían simultáneamente, por lo general en un mismo hábitat. En este sistema la transmisión de conocimiento se hace del mayor al menor, y la autoridad paterna está avalada por el respeto y consideración de los abuelos. Se constituye así una sociedad tradicionalista, aparentemente sin contradicciones. El futuro de los jóvenes está contenido en el pasado de los viejos y éstos son los modelos e ideales de aquellos. En esta estructura los viejos tienen y conservan su lugar, su prestigio y su autoridad. Este modelo corresponde a sociedades generalmente cerradas, donde la conservación de la tradición depende de la preservación de la intromisión de lo "nuevo" como elemento disruptivo.
El notable incremento de los sistemas masivos de comunicación ha roto las barreras aislacionistas y ha generalizado la posibilidad de obtener conocimientos diversos y permanentemente actualizados que trascienden el mero marco familiar. Esto trajo como consecuencia que los jóvenes tomen conciencia de que es factible establecer otros modelos e ideales distintos de los tradicionales, y han comenzado a extraerlos desde dentro de su propia generación, desechando los antiguos al considerarlos inadecuados e incapaces de resolver sus propios problemas. Si a esto se le suman las crecientes dificultades habitacionales surgidas de los problemas del urbanismo moderno, se evidencia que el resultado inmediato es la pérdida del lugar del adulto mayor, tanto físicamente como en importancia, y su paulatino aislamiento. Este relegamiento, y la pérdida objetal que implica configuran las condiciones necesarias para la posible instalación de los cuadros depresivos de la vejez.
Con respecto a la familia actual en occidente, solo el 20% de las personas mayores vive en el hogar de su hijo adulto (mayoritariamente personas muy mayores o que tienen graves problemas de salud) y un 5% en instituciones como hospitales o residencias. Tanto mayores como jóvenes expresan una preferencia por una forma de vida independiente. Se produce un paso de la familia extensiva o troncal a otra meramente nuclear. El incremento de la longevidad, atribuible en gran parte a los progresos de la medicina, influye enormemente entre las relaciones intergeneracionales. Hay mucha más probabilidad de que los niños conozcan a sus abuelos. Esta situación se ve acompañada por una prolongación de la adolescencia, producto de, entre otros factores, las dificultades económicas, la falta de empleo, la extensión de la duración de los estudios, además de la búsqueda constante de una vida mucho más energética y activa. Como consecuencia se ha producido una devaluación objetiva del enriquecedor papel que han desempeñado los ancianos en la historia; se desplaza su privilegio de "sabiduría de la experiencia", cuyo valor constituyó un fundamento para la educación y formación de los jóvenes. El anciano es reducido a un papel meramente pasivo en la sociedad. En la medida en que aumentan para los mayores las posibilidades de "no sentirse viejo" aumentan también las condiciones para una mayor marginación hacia la vejez
En la sociedad actual, el concepto de vejez tiene una estrecha relación con el proceso de producción, el consumo de determinadas tendencias y por los ritmos vitales impuestos por la industrialización. A partir de una determinada edad, fijada legalmente, los individuos deben dejar de trabajar, marginándolos forzosamente del mundo del trabajo y de todo lo que ello implica. (Beneficios económicos, relaciones, etc.). A diferencia de lo establecido por la doctrina y la jurisprudencia, la jubilación, en la mayoría de los casos, no permitirá al anciano mantener el mismo nivel de vida que al tiempo del retiro. La seguridad social argentina ha sufrido diversas modificaciones. En los tiempos que corren, la seguridad social ha pasado a ser definida como un conjunto de riesgos y capitales. Poco o casi nada conserva esa definición de los esquemas tradicionales de previsión con fundamento en la solidaridad intergeneracional. Con el aumento de la población envejecida ocurrido en los últimos tiempos, la caída de la tasa de dependencia (relación activo/pasivo) tiene consecuencias sobre la seguridad social, ya que al caer la proporción de activos y crecer el número de beneficiarios aumenta el "gasto" sin que lo hagan los ingresos, lo que se traduce en un empobrecimiento de la calidad de vida de estos actores sociales.
Puede notarse aquí otra estigmatización hacia el grupo anciano, reconociéndoselo como un "pasivo" que acarrea un "gasto". El rótulo del sector pasivo para los ancianos, en un mundo hiperactivo, refleja el énfasis puesto en lo que disminuye, en lo que ya no es.
Tras este retiro forzoso, en la sociedad actual, se puede notar aún una falta de definición sociocultural del conjunto de actividades que serían específicas de los ancianos y en cuyo desempeño éstos podrían percibirse útiles y conseguir reconocimiento social. De existir estas definiciones, podrían contrarrestarse contenidos negativos de la ideología del "viejismo" e influir en la percepción social de los ancianos y en su propia autoestima. Ante la ausencia de éstas definiciones, la falta de tareas especificadas culturalmente conlleva la dificultad de saber en qué concentrar los esfuerzos y en qué volcarse de modo de actualizar las propias potencialidades. Cada anciano debe buscar que hacer, debe crearse una rutina compuesta de tareas que pueden llegar a ser más o menos valiosas para él, pero sin tener ninguna garantía de que ellas serán reconocidas socialmente. La dificultad para llevar esto a cabo produce en aquellos que no puedan realizarlo, resignarse al estrecho mundo de las cuatro paredes del hogar, donde vive sin transcurrir anhelos, sin entusiasmos, sin horizontes.
La falta de definición del rol también incide en la dificultad de darle un sentido pleno a la vida en la vejez, ya que parte del sentido de la vida se obtiene, precisamente, al cumplir el rol básico asignado por la sociedad.
Socialmente, con la vejez se interrumpe la continuidad de aquella construcción de futuro, origen de logros en cada etapa de la vida. A la vez, "un anciano es alguien despojado de un futuro construido por el mismo" (Coriat: 2001, 90). Subjetivamente, la relación futuro- presente cambia con los años: los ancianos viven su presente día a día, y gradualmente sus propios proyectos son a plazos más cortos. Pero en breves que sean los plazos en sus proyectos, si su futuro no les pertenece, no son dueños tampoco de su presente: no les es posible apropiarse del espacio en que habitan, esto es, cargarlo de sentidos vitales.
La manera en que el ser humano se apropia del espacio en que habita hace a su identidad. La apropiación del espacio se define con los sentidos con que se carga y con el lugar social que le es dado ocupar a la persona o grupo. Un ejemplo de esto es la marcha de integrantes del Movimiento de Jubilados y Pensionados, todos los miércoles en la Ciudad de Buenos Aires, desde Tribunales hasta el Congreso, testimonio de uso activo del espacio público, con reclamos en defensa de sus propios derechos como ciudadanos. El espacio habitado por las personas ancianas refleja su inserción social.
Numerosos estudios cuantitativos y cualitativos atestiguan sombríos cuadros de situación resultantes de decisiones modificatorias de las condiciones de vida en ancianos, sin consulta a los propios protagonistas. Si bien muchos ancianos pierden ciertas aptitudes y movilidades que tenían de jóvenes, esto no necesariamente significa que deba vivir en un geriátrico. Actualmente, es mucho lo que se puede hacer para que el entorno no se convierta en una trampa. Y la solución no siempre pasa por una mudanza o un cambio demasiado radical en la vivienda de una persona de la tercera edad. En los últimos años se viene desarrollando un amplio abanico de recursos compensatorios procurando prolongar lo más posible la autonomía y vida activa de las personas mayores. Según Coriat, S. estos recursos incluyen:
Las condiciones económicas y las políticas sociales vigentes serán condicionantes en este tema. Además, tan importante como la existencia de alternativas, es su difusión y estandarización, de manera que paulatinamente se tornen culturalmente familiares y conocidas. "Es importante, entonces reconocer, los límites que las normativas imponen al protagonismo de las personas mayores con relación a su propia morada, y la influencia que estas reglas de juego imponen a su vez en la gestión de los profesionales" (Coriat: 2001, 97). Como señala P. Filion y otros, en los ancianos se produce una adaptación psicológica a las limitaciones que les generan los desajustes entre su entorno habitual y sus propias posibilidades físicas o funcionales. La mirada supuestamente objetiva del profesional define necesidades que no siempre coinciden con las percibidas por la persona anciana.
A lo largo del presente trabajo se han abordado diversos temas relacionados a la vejez y al proceso de envejecimiento, intentando realizar un análisis que abarque tanto lo biológico como lo psicológico y lo social. Como conclusión del trabajo elaborado consideramos que:
Demencia: Deterioro psíquico debido a una afección orgánica del cerebro que se produce de forma global y progresiva. Los síntomas de la demencia incluyen ansiedad, paranoia, cambios en la personalidad, falta de iniciativa y dificultad al tratar de aprender nuevas habilidades. Además de la enfermedad de Alzheimer, existen otras causas de la demencia, entre ellas: demencia alcohólica, depresión, delirio, demencia relacionada con el VIH/SIDA, enfermedad de Huntington, enfermedades de carácter inflamatorio, demencia vascular, tumores, enfermedad de Parkinson.
Demencia senil: Forma clínica de deterioro intelectual del anciano. Alrededor de un 10% de todas las personas mayores de 65 años sufren un deterioro intelectual significativo. Aunque una quinta parte de los casos se debe a causas que pueden ser tratadas, como por ejemplo reacciones indeseables a fármacos, la mayoría padecen la enfermedad de Alzheimer.
Depresión: La depresión se puede presentar entre los ancianos, especialmente aquellos que padecen de problemas de salud. Los síntomas incluyen tristeza, inactividad, dificultad en los procesos de pensamiento y concentración, y sentimientos de desesperación. Las personas deprimidas frecuentemente tienen problemas del sueño, cambios en su apetito, fatiga y agitación. Normalmente se puede proporcionar tratamiento eficaz contra la depresión.
Enfermedad de Alzheimer: Enfermedad degenerativa progresiva del cerebro caracterizada por la desorientación y la pérdida de memoria, de atención y de la capacidad de raciocinio. Se considera la primera causa de demencia en la vejez. Fue descrita por primera vez por el neuropatólogo alemán Alois Alzheimer en 1906. La causa de esta enfermedad no se ha descubierto, aunque se dispone de terapia paliativa. La capacidad de los médicos para diagnosticar la enfermedad de Alzheimer se ha incrementado en los últimos años.
Familia nuclear: Estructura familiar formada por padre, madre e hijos que conviven en un mismo hogar.
Familia troncal o extensa: Estructura familiar donde hay convivencia de tres generaciones y/o la presencia de otros familiares convivientes.
Neurona: también célula nerviosa, unidad estructural y funcional del sistema nervioso.
Personalidad: Es una condición, un signo, un valor y un resultado de la vida psíquica autónoma y orientada. Pertenece a la historia biológica y social del individuo. Depende de todo lo innato y mucho de lo adquirido. Es una creación continuada.
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