Psicologos, Psiquiatras y Acompañantes Terapeuticos
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REDBA - RED ASISTENCIAL DE BUENOS AIRES DIRECTOR GENERAL: Lic. Sergio Sáliche CURSO: Acompañante Terapéutico DOCENTE: Lic. Sergio Sáliche MONOGRAFÍA: "RELACIONES VINCULARES DEL ENFERMO MENTAL" AUTORA: MARIA BELEN GARCIA CURSADA: Mayo- Agosto 2007 ENTREGA CERTIFICADO: 1 de Septiembre de 2007 |
Introducción
Considerando al vínculo como
parte esencial del que hacer del AT comenzaremos por definir su naturaleza:
Desde un punto de vista holístico, se puede decir, que consiste en la
relación que existe entre dos cosas seres o procesos, dando lugar a una
identidad total con identidad propia. Esta nueva unidad es más que la
suma de sus partes y es por eso que tiene un carácter propio.
La pluralidad de vínculos
que se pueden dar es enormemente variada y servirá tanto para la identificación
estructurante, como para la revisión de relaciones de interdependencia
patógena.
Dentro de las variables que ofrece esta afirmación puntualizaremos en
los siguientes temas:
La posición de la familia ante un familiar con características
psicopatológicas (aceptación, culpabilidad, negación de
la enfermedad).
El compromiso familiar con el paciente, con la enfermedad, con el tratamiento
y con los profesionales a cargo
La resistencia o no por parte de los familiares.
Los vínculos que existen en una familia donde hay un enfermo mental.
El vinculo entre los familiares con el terapeuta a cargo del tratamiento y el
acompañante terapéutico.
El vinculo entre el paciente, el terapeuta y el acompañante terapéutico.
Desarrollo
Capitulo 1: El vínculo
1.1 Definición e importancia
del mismo.
La palabra vinculo proviene del latín: "vinculum" de "vincire"
que significa atar, unión o atadura de una persona con otra. Antiguamente
expresaba una unión sujetada firmemente que se hacía juntando
un haz de ramas atada con una cuerda de nudos, sugiriendo una atadura lo más
duradera posible (Corominas J., 1973)
¿Pero qué característica es aquello que los une? ¿Cuál
es el primer vínculo humano? Para contestar estos interrogantes iré
a los orígenes del sujeto.
Pienso que el individuo se constituye en los vínculos y ahí está
el aporte de J. Lacan que inserta en la constitución del sujeto el papel
fundante de la ínter subjetividad.
Al principio está el vínculo ¿pero qué tipo de vínculo?
Para el psicoanálisis es un paradigma el vínculo madre/bebé
o adulto significativo. Desde la biología el ser humano nace en el momento
del parto pero desde una comprensión psicológica continua su nacimiento
psicológico tiempo después Un psicoanalista de origen húngaro
Imra Herman discípulo de Ferenczi (que influyó con su producción
a M. Klein, Winnicott y Bowlby) acuñó el concepto de unidad dual.
Se refiere a un período donde madre e hijo habrían vivido inseparables,
en la unidad redoblada de su complexión respectiva" (N. Abraham,
1987) El instinto de aferramiento del recién nacido hacia su madre es
el cemento fundante de la unidad dual que además es complementada por
la identificación de ésta, con el desvalimiento de su hijo, que
a su vez es un resto de las vivencias de la madre con su propia madre.
Marcos Bernard (1999) planteaba que la primera unidad de medida del psiquismo
que emerge no es la representación de un objeto, sino la de un vínculo
y en el cual no están demarcados de una manera nítida los límites
de cada uno de sus integrantes, aquí tendríamos una fusión.
S. Freud en el proyecto de una psicología para neurólogos plantea
que la alucinación optativa del pecho es el primer acto psíquico
del recién nacido; es la unión de un objeto parcial, los labios
y la boca del chico, con el pezón (y el pecho) de la madre. Allí
se constituye un protovínculo, un bosquejo de vínculo o como escribe
René Kaës el estado del vínculo, que es el trasfondo psíquico
simbiótico o escindido que sostiene la identidad básica de todo
vínculo.
El protovínculo según Kaës, tiene alguna de las propiedades
del pictograma (de unión o de rechazo) descrito por Piera Aulagnier y
abarca la noción de "zona-objeto complementario" de la misma
autora; también se puede establecer una similitud con la posición
glischrocárica, con su objeto el núcleo aglutinado, desarrollada
por José Bleger.
Norberto Marucco (1998) en su libro "Cura analítica y transferencia"
plantea algo similar al estudiar el narcisismo primario y su origen, del cual
el enamoramiento, la hipnosis y la sugestión serían una de sus
expresiones. Nos escribe: "habría que diferenciar, en suma, cuando
el "ser se realiza en el no ser" o sea, en el ser de otro, y cuando
el ser se realiza desde el propio ser, con el ser del otro, o sea, desde ambas
puntas de la relación dual". Estaría estableciendo aquí
una diferencia entre enamoramiento, donde emergería una realización
del sujeto en el no-ser; del amor en el cual el sujeto está discriminado
de su amada.
Podríamos decir que la imagen de la primera fantasía sería
la de la unidad dual, y ésta va a constituir el modelo organizador de
todo vínculo humano: pareja, grupo, familia o institución. "Es
decir que la unidad-dual es la base, la premisa, el modelo de todos los vínculos
posteriores. Lo cual no quiere decir que sea el único, ni el último"
(M. Bernard, 2001) pero será el único organizador del vínculo
en el caso de las sectas y los vínculos simbióticos. Luego se
agregarían fantasías con estructura de menor complejidad como
las fantasías originarias, avanzando en su complejización, hasta
llegar al organizador edípico que es el prevalente en las familias y
las parejas neuróticas.
El ser humano nace en una trama vincular que en el mejor de los casos, se halla
aguardando su llegada con un nombre para él y un cúmulo de expectativas
y deseos.
Las tramas vinculares humanas son las que sostienen nuestro proceso de socialización,
nuestro prolongado proceso de socialización.
Cuando me pregunto la relación entre la enfermedad mental y la situación
familiar, investigó la forma del vínculo, la situación
desencadenante y observó las situaciones de pérdidas o de privación
como constantes. Apareció el abandono familiar y la segregación
del enfermo mental, el internamiento en el hospicio y luego el síndrome
del "hospitalismo"; los pacientes se niegan a salir por no regresar
a su grupo familiar. Desde esa época Pichon-Rivière observó
que es en la familia donde se genera la patología y que mientras no se
modifique la situación originaria, los pacientes corren el riesgo de
volver a enfermar.
Dice a su vez:"Cuando emerge una neurosis o una psicosis en el ámbito
del grupo familiar, descubrimos que previamente un grado determinado de inseguridad
se ha instalado en el seno de ese grupo impotentizándolo". Agrega:
"una clarificación de las redes de comunicación grupal, con
el abordaje de los misterios familiares y el análisis de las ideologías,
permitirá, junto con el ajuste entre imágenes internas y realidad
exterior, la dilucidación de los malos entendidos, creándose el
clima apropiado para la tarea familiar."
La subjetividad es al mismo tiempo singular y emergente de las tramas vinculares
que lo trascienden y con las que guarda una relación de productor y producido.
Dice E. Pichón Riviere: "El contraste que más sorprende al
psicoanalista en el ejercicio de su tarea consiste en descubrir, con cada paciente,
que no nos encontramos frente a un hombre aislado, sino frente a un emisario,
en comprender que el individuo como tal, no es solo el actor principal de un
drama que busca esclarecimiento a través del análisis, sino también
el portavoz de una situación"
Para E. Pichón Riviere la subjetividad se constituye en las estructuras
vinculares que la trascienden y que conceptualiza en términos de ámbitos
grupales, institucionales y comunitarios. Estas estructuras son autónomas
e interdependientes al mismo tiempo. Cuando en 1946 escribe sobre la Obra del
Conde de Lautremont concibe su subjetividad conformada no solo emergiendo en
las vicisitudes de su estructura familiar-edípica sino también
por las circunstancias del sitio de Montevideo (de 1843 al 1851). "Durante
sus 5 primeros años habrá oído relatos de degollinas, descuartizamientos,
cuyas víctimas eran muchas veces amigos de su padre". Vinculo es
esa estructura sensible, afectiva ideativa y de acción que nos une, nos
"ata" a otro ser y con la cual el sujeto se identifica. La identificación
no está planteada como identificación a una imagen sino a un rasgo
de la estructura vincular que incluye modelos de significaciones sensibles,
afectivas, ideativas y de acción y que luego el sujeto reproduce.
El vínculo es el que intermedia y permite la inserción del sujeto
al campo simbólico de la sociedad. El vinculo es una estructura bifronte
posee una cara interna y otra externa. La subjetividad es entendida por E. Pichón
Riviere como una "verdadera selva de vínculos"
Pero la sociedad no es solo un conjunto de significaciones sino que estas significaciones
están articuladas en determinados modos de relaciones y corresponden
a estructuras vinculares interrelacionadas de manera precisa según sea
el ámbito que se trate.
La Sociedad no esta constituida para Pichón de estructuras lingüísticamente
concebidas sino básicamente de relaciones vinculares que incluyen el
lenguaje. Son relaciones simbólicas que incluyen relaciones de poder,
relaciones económicas, relaciones tecnológicas. Esta concepción
de la sociedad esta presente en su libro "Psicología de la vida
cotidiana".
Los vínculos humanos tienen características escénicas.
La invención psicoanalítica freudiana al introducir el dispositivo
del diván y la puesta en palabras a través de la asociación
libre en la cura individual, disminuye apreciablemente dichas características
escénicas del vínculo, ocultándolas para la observación
analítica. La escena adquiere importancia teórica y técnica
para el psicoanálisis con los dispositivos psicoanalíticos cara
a cara (el psicoanálisis grupal, el trabajo familiar con psicóticos
y las patologías borderlines, incluyendo la psicoterapia psicoanalítica
sin diván).
Una teoría psicoanalítica del vínculo debería dar
cuenta teóricamente de todas sus expresiones (sugestión, hipnosis,
fenómenos de masa, enamoramiento y amor, vínculos grupales, de
familia, de pareja, institucionales etc.) El modelo de la interfantasmatización
y del aparato psíquico vincular (M. Bernard), basado en el Aparato Psíquico
Grupal de René Kaës permite explicar los fenómenos de indiscriminación
y desubjetivación que suceden en cualquier vínculo humano, como
así también los procesos de subjetivación y discriminación.
Las alianzas inconscientes (contratos narcisistas y pactos de negativos) son
propias de cada vínculo.
Las personas establecemos vínculos continuamente con otros seres humanos,
pero también lo hacemos respecto de animales y objetos de nuestra pertenencia,
incluso de objetos ideales como pueden ser nuestras creencias.
Ahora bien, el carácter propio y particular de dichas relaciones o vínculos
se ajusta a un patrón específico para cada persona con ciertas
variantes generales.
Si analizamos estos patrones particulares de relacionarnos, podemos encontrar
que existen formas típicas de vincularnos que funcionan como modelos
de conducta.
Estos modelos, vamos aprendiéndolos a lo largo de la temprana infancia
y si bien al principio nos ayudan para conducirnos en el medio en el que nos
desarrollamos, luego con el advenimiento de la adultez nos van dejando marcas
que se manifiestan en forma de carencias, que influyen en nuestras relaciones
y decisiones cotidianas.
Las Cuatro Carencias Básicas son: Carencia de confianza; carencia de
aceptación; carencia de amor y carencia de seguridad.
Cuando sentimos que no podemos pedir nada pero porque nadie puede hacer las
cosas como nosotros, que en realidad lo que sucede es que los demás quieren
perjudicarnos, y pensamos que lo que nos sucede cuando nos quedamos solos es
que o la gente es mala o tonta o deshonesta o etc., etc., y no soportamos la
más mínima negativa u oposición y somos intolerantes con
las opiniones divergentes y las costumbres que difieren de las propias, entonces
es seguro que nuestra carencia básica es la de aceptación.
Pero es importante saber que estas carencias pueden ser revisadas - esa es la
intención de este trabajo - ya que también poseemos mensajes en
nuestra mente que nos brindan recursos para salir adelante. La tarea es entonces
reconocer esos mensajes y reforzarlos con el objeto de neutralizar la influencia
de estas carencias sobre nuestra conducta para llevar una vida mejor y realizarnos
a través de nuestras metas.
Capitulo 2: la familia Del enfermo mental, estructuras y vinculos
2.1 Estructura del Grupo Familiar.
La familia como grupo, presenta una
estructura, y podemos reconocer varios tipos fundamentales. Según el
tipo de dispersión o de aglutinación de sus
miembros de pueden reconocer la familia de estructura epileptoide y
esquizoide, como dos extremos de una escala.
En esta última, sus miembros
aparecen distantes, dispersos o segregados, con
muy poca comunicación entre sí y escaso o nulo contacto afectivo
manifiesto;
cada uno se entera muy poco de la vida y las relaciones de los demás,
y cada
uno contacta en el extra-grupo con personas o ambientes distintos.
En caso de casarse pasan a vivir separadamente, o sus integrantes se
dispersan en lugares distantes o ciudades diferentes, pueden no verse en
años y cuando se reencuentran es como si no hubieran vivido separados.
Uno de sus integrantes puede partir o emigrar sin que se sepa nada de él
durante años, y un buen día volver o dar su paradero cuando ya
se lo creía muerto.
Todas estas separaciones son vividas sin ansiedad manifiesta, y los reencuentros
sin alegría. Esta segregación de uno de sus integrantes, ocurre
en el momento en que la tensión tiende a alterar la estabilidad del grupo
familiar. Tienen una conducta de ciertas características frente a un
familiar con una afección mental.
El grupo familiar de estructura epileptoide se caracteriza por la gran aglutinación
entre sus miembros, entre los cuales hay roles fijos muy
numerosos, y con frecuencia se dedican a tareas complementarias; tienden a vivir
juntos en familias muy numerosas. Predomina en ellos la hostilidad, la
agresión, el rencor o bien el control de la misma, y entonces se hacen
lentos, perseverantes, pesados.
En estas familias son numerosas las intervenciones quirúrgicas, se ha
hallado en ellas un alto índice de mortalidad infantil. Hacen duelos
muy dramáticos y de largo tiempo.
Entre estos dos tipos de estructura se sitúa la familia cicloide que
oscila predominantemente entre la alegría y la tristeza en forma fácil,
fluida, plástica; los afectos son vividos directamente.
Estos tres tipos no son excluyentes, y en la práctica se encuentran combinaciones
de las mismas. El diagnóstico se hace por la estructura predominante.
Toda la patología tiene un matiz especial en cada uno de los tres casos
así como la relación entre la familia, el familiar enfermo y el
médico que lo atiende.
En la familia esquizoide el paciente está asilado, segregado, viene solo
a consulta y aún viniendo con otros de su familia, nadie se hace cargo
de él.
En el grupo epileptoide vienen varios familiares a la consulta y hay que preguntar
quién es el enfermo; viven la internación con mucha culpa y rodean
al enfermo, y a veces el médico también, con un cinturón
asfixiante.
Otros tipos de estructura pueden ser definidos en forma particular por su
importancia. Nos referimos a la estructura del vínculo simbiótico,
de la cual indefectiblemente participa siempre en alguna medida, todo grupo
familiar, pero que en algunas relaciones alcanza una intensidad particular en
el que la identificación proyectiva es tan masiva que no pueden vivir
separados.
La estructura simbiótica significa una interdependencia cerrada, intensa,
exclusivista. Es típica de la relación madre-niño, del
enamoramiento y de
algunas parejas matrimoniales.
2.2 Un poco de historia del abordaje
familiar en Salud Mental
La investigación y el tratamiento psicológico de la familia surgen
a mediados del siglo pasado como respuesta a los problemas presentados en la
clínica por cierto tipo de patologías graves como las psicosis,
las adicciones y en relación al tratamiento de los niños. El abordaje
individual de estos casos parecía ser insuficiente para el manejo de
estos pacientes, por eso fue necesario incluir en estos casos el tratamiento
de la familia.
Como parte de los problemas que se debaten en el terreno de la Salud Mental,
aparece en primer plano la pregunta acerca del origen de la enfermedad mental:
¿la enfermedad mental es un problema individual? La pregunta abrió
un campo de investigación enormemente rico que trajo como primera consecuencia
un cambio fundamental: se comenzó a hablar de "la familia y el enfermo
mental" en lugar de "la familia del enfermo mental".
En la Argentina, E. Pichon Riviere propone la idea de que el delirio del paciente
psicótico tiene que ser comprendido no solamente como una tentativa de
resolver un conflicto propio sino también como tentativa de solucionar
los conflictos de su familia. El enfermo es un emergente de un medio familiar,
en este caso enloquecedor y por lo tanto para comprender su delirio es necesario
entender a la familia de la cual éste surge. También se comienza
a investigar la relación entre el conflicto individual y el conflicto
matrimonial.
De esta manera la familia comienza a ser incluida en el tratamiento psicoanalítico.
Así mismo se comienza a realizar intervenciones vinculares (entre madre
e hijo o padre e hijo) y se empieza a abordar clínicamente el tratamiento
conjunto de los integrantes de la pareja conyugal.
Para la misma época aparece la propuesta de la antipsiquiatría
con R. Laing y D. Cooper, que se dedican a investigar cómo los macro
y micro sistemas (instituciones y familias) enferman al sujeto.
En Estados Unidos, California, en el Mental Research Institute de Palo Alto
un grupo de antropólogos y psiquiatras1 comienzan a investigar sobre
la etiología de la esquizofrenia a partir del análisis de las
comunicaciones familiares. Como parte del efecto de estas teorizaciones, se
conceptualizó a la familia en términos de un sistema interaccional
poniendo el acento en el carácter equilibrador que posee todo síntoma
individual.
A través del contacto con estas nuevas formas de comprensión de
la enfermedad mental, la terapia sistémica tuvo en nuestro país
un importante desarrollo, siendo sumamente rica en la descripción de
la interacción y la forma de comunicación de las familias.
Este breve e incompleto recorrido acerca del comienzo de las investigaciones
teóricas y clínicas sobre la familia tiene el sentido de ubicar
sus orígenes para tomar algunos conceptos de la teoría de los
sistemas y de la teoría psicoanalítica que pueden servir al médico
de atención primaria como herramientas conceptuales para la comprensión
del grupo familiar.
Durante la evaluación del paciente y/o su familia es bueno que el médico
pueda:
-Identificar como se distribuye el poder y la autoridad dentro de la familia.
En general los padres representan la autoridad para sus hijos, cuando esto esta
invertido son los hijos los que controlan a sus padres. Los límites definen
funcionalmente diferentes subgrupos en una familia, como son el subsistema marital,
el subsistema fraterno, los abuelos, etc. Durante la evaluación de una
familia el médico podría preguntarse: ¿tienen los subsistemas
los límites bien definidos y funcionales o por el contrario son difusos
y problemáticos?
-Identificar las alianzas (relación positiva entre dos miembros de una
familia) o coaliciones (relación que implica al menos tres personas,
en la cual dos actúan en connivencia contra una tercera). Esto le permitirá
al medico ver parte del funcionamiento familiar.
-Evaluar la presencia de hijos parentalizados (niño o niña, a
menudo el mayor de los hermanos, que desempeña funciones parentales cuando
uno de los padres renuncia a su rol).
-Observar si hay algún miembro de la familia que es portador del síntoma.
Esto significa si el paciente portador del síntoma es identificado por
la familia como la fuente de sus problemas, acepta esa designación y
a través de sus síntomas, también refleja la disfunción
familiar como un todo.
Aunque todos estos conceptos no se pueden aplicar a todas las familias, la teoría
familiar sistémica puede proporcionar al médico un instrumento
para organizar sus concepciones sobre cualquier familia. La información
recogida al realizar la evaluación de una familia como sistema, analizando
su estructura, sus procesos y sus desarrollos en el tiempo, podrá utilizarse
para pensar un tratamiento efectivo en colaboración con el paciente y
su familia.
La concepción sistémica de la familia
Algunos conceptos de la teoría de los sistemas, utilizados como metáforas,
pueden ayudarnos a comprender la estructura familiar. La aplicación de
modelos conceptuales correspondientes a fenómenos distintos son útiles
siempre que no se interpreten como una afirmación literal sino como una
aproximación explicativa.
"Un sistema es un conjunto de objetos así como de relaciones entre
los objetos y entre sus atributos" (Hall y Fajen-1956). Los objetos son
los componentes o partes del sistema, los atributos son las propiedades de esos
objetos y las relaciones que tienen entre si lo sostienen. La analogía
con el grupo familiar es clara: padre, madre e hijos son los objetos del sistema,
cada uno posee sus propias características como personas diferentes y
las relaciones entre ellos mantienen al grupo familiar.
La familia es una organización en la cual los sujetos ocupan ciertos
lugares que están interconectados e interrelacionados, es decir ligados
entre sí a través del ejercicio de ciertas funciones que cada
lugar tiene asignado. Cada sistema tiene reglas propias acorde a su organización
y son estas reglas las que garantizan la permanencia del sistema.
Algunas propiedades de los sistemas son aplicables al grupo familiar. Cuando
hay variaciones en uno de los elementos del sistema estas variaciones determinan
cambios en los otros elementos. Así también funciona la familia
en donde el cambio es el proceso por el cual la familia se adapta, se modifica
y/o adopta una organización diferente. Es importante para el médico
comprender como la familia atravesó etapas anteriores para poder entender
con que recursos cuenta esta familia para enfrentar nuevos cambios.
La familia funciona como una totalidad, es decir que es más que la suma
de cada uno de los miembros que la componen. Las relaciones que se establecen
no son unilaterales a la manera del funcionamiento causa-efecto, sino que funcionan
retroalimentándose unos con otros. Si un miembro de la familia tiene
un problema, no solo su problema afecta a los otros sino que a su vez su problema
será resignificado según la reacción de los otros. Los
síntomas manifiestos forman parte de un amplio contexto familiar y psicosocial,
de modo que síntomas y contexto se influyen mutuamente. Una intervención
médica puede bastar para suprimir algún síntoma agudo y
limitado al individuo, pero en muchos problemas médicos (enfermedades
crónicas por ejemplo) el contexto donde se desarrollan estos síntomas
es importante para el tratamiento. Aquí el médico puede preguntarse
como influyen los síntomas del paciente en su historia familiar y viceversa.
La familia funciona (en el mejor de los casos) a la manera de un sistema abierto
permeable a la intervención de acontecimientos imprevistos. La búsqueda
de la homeostasis, entendida como la búsqueda de un estado de estabilidad
constante más que como un estado de equilibrio, intenta sostener la permanencia
del grupo familiar. Ante los cambios, la familia puede reorganizarse en estados
de mayor complejidad y riqueza, creando nuevas formas de funcionamiento, o bien,
por miedo a perder su estabilidad puede rechazar estos cambios y hacerse más
rígida
La concepción psicoanalítica de la familia
El aporte del psicoanálisis a la comprensión de la familia se
basa fundamentalmente en dos conceptos teóricos: la existencia del inconsciente
y el complejo de Edipo.
La ley de prohibición del incesto, que impide las relaciones sexuales
en los vínculos consanguíneos, no siendo una ley explícita,
es una ley cuyo valor simbólico es esencial en la organización
familiar. Es una ley reguladora a partir de la cual
-se organizan los vínculos de parentesco a través de prohibiciones
y permisos,
-se distribuyen los lugares y las funciones de los distintos miembros de la
familia,
-se regulan los intercambios,
-se posibilita la salida a la exogamia.
La organización y modo de funcionamiento familiar se expresa a través
de un trama relacional constituida por las subjetividades de los integrantes
de la familia. Para los miembros de la familia es inconsciente aquello que les
es desconocido respecto a su forma de funcionamiento, los deseos que dan lugar
a su manera de vincularse y también aquello que de la historia personal
de cada uno es determinante de esa manera de funcionar. En los vínculos
familiares existen acuerdos inconscientes que sostienen las formas de funcionamiento
de la estructura familiar.
La familia es pensada como una estructura intersubjetiva en la cual el psiquismo
del sujeto se constituye en el encuentro con los otros y conserva como única
individualidad su cuerpo biológico, porque crece y se desarrolla siempre
por la interrelación con el otro. El psicoanálisis llama complejo
de Edipo a una forma particular de organización de la trama relacional
familiar y propone que la constitución de la subjetividad humana se desarrolla
en el interior de dicha trama vincular.
La familia está "constituida por una trama identificatoria inconsciente
basada fundamentalmente en la trama edípica". El complejo de Edipo
"más que un mito o complejo, es un articulador que regula el pasaje
de la naturaleza a la cultura, de la endogamia a la exogamia, del narcisimo
a la relación objetal, de la indiferenciación o simbiosis a la
diferenciación o individuación del sujeto" (8).
La familia nuclear
La familia es una organización humana que asegura la permanencia de la
especie y la transmisión de la cultura. La existencia del lenguaje humano
y la existencia de leyes reguladoras de los intercambios sociales (sin los cuales
ninguna organización social se mantendría en el tiempo) son las
características fundamentales que hacen que la familia se constituya
como tal. Es la presencia de la ley la que instaura el orden humano, determinando
el pasaje de la naturaleza a la cultura, que implica formas de organización
social mucho más complejas. Lévi-Strauss , representante de la
antropología cultural, considera que el tabú del incesto es la
ley fundamental sobre la que se asienta la diferencia entre naturaleza y cultura.
Esta ley representa la necesidad de regular la satisfacción de los placeres
naturalmente buscados para poder organizarse dentro de la cultura. De esta manera
queda unido el deseo humano con la existencia de la ley.
En los diccionarios ingleses del siglo XVI lo que definía a un grupo
humano como familia era el hecho de convivir en la misma casa. Para la misma
época la definición de familia en los diccionarios franceses pasaba
por la consaguinidad. Recién en el siglo XIX se unen ambas características,
la consanguinidad y la corresidencia, para definir el concepto de familia moderna
(4). La forma que toma la familia depende del concepto de familia que exista
en cada momento histórico. A pesar los cambios que sufrió el concepto
de familia a través del tiempo, ésta sigue siendo el lugar al
que recurren los individuos para satisfacer sus necesidades de seguridad física
y emocional (salud y bienestar).
Llamamos familia nuclear a la familia primaria constituida por el padre, la
madre y los hijos y familia ampliada a la que incluye los vínculos de
parentesco (abuelos, tíos, primos) provenientes de las familias de origen
de los padres. Dentro de la familia nuclear distinguimos:
- el vínculo de alianza: se refiere a la pareja conyugal.
- los vínculos de sangre: incluyen los vínculos de filiación
(entre padres e hijos) y los vínculos fraternos (entre los hermanos).
En nuestra cultura, a la familia nuclear le está asignado el cumplimiento
de ciertas funciones fundamentales para la constitución del sujeto humano:
-ligar a los cónyuges,
-dar nacimiento a los hijos,
-sostener las necesidades materiales y emocionales de los mismos,
-educarlos y socializarlos,
-mantener y transmitir los contenidos culturales.
Vínculo de alianza
El vínculo conyugal, que no encuentra su soporte en la consanguinidad
sino en un compromiso afectivo y simbólico, se apoya en la idea de continuidad
a lo largo del tiempo. Un hombre y una mujer se enamoran y a partir del momento
en que se instalan como pareja estable, arman un proyecto cuya idea matriz es
que sea de por vida, más allá de lo que pueda ocurrir en el trayecto.
La idea de la separación o del divorcio, que en la sociedad occidental
existe en la conciencia de toda pareja, es casi siempre vivida como accidente,
como si fuera un hecho no previsto en el proyecto inicial. Parece que la idea
que sustenta el proyecto conyugal es tal como dice la libreta de casamiento
"hasta que la muerte los separe", como manera ilusoria de parar y
reparar el camino previo de sucesivos desprendimientos de la familia de origen.
Hay características más específicas para diferenciar a
la pareja matrimonial de otros vínculos diádicos: la existencia
de relaciones sexuales, la presencia en la cotidianeidad, la tendencia a la
monogamia y la propuesta de un proyecto vital compartido. Estas características
tienen su peso por presencia o por ausencia y son espacios frecuentes de reclamo
y reproche en la pareja conyugal. Están apoyados fundamentalmente en
definiciones acordes a los modelos de familia y pareja propuestos en este momento
histórico-cultural y en la sociedad occidental. Incluyen tanto a la pareja
heterosexual como a la pareja homosexual, cuando ésta intenta definirse
desde los parámetros que la sociedad propone para la relación
de pareja.
La imagen que cada sujeto tiene de su pareja conyugal incluye un complejo articulado
de representaciones concientes e inconscientes, formado por la representación
de la relación primitiva del niño con su objeto amparador, la
representación de la pareja parental y las representaciones de las definiciones
acerca del matrimonio provenientes de la cultura en la cual vive. Pero la puesta
en escena de la relación de pareja dependerá no sólo de
estas representaciones sino también del encuentro particular y novedoso
con el partenaire actual.
Parte del contrato matrimonial ha sido pactado de inicio y de manera inconciente,
esto es sin que sus protagonistas lo tengan en cuenta. A partir del momento
en que se constituye la familia nuclear se forma una nueva estructura familiar
única en donde la presencia e influencia de las familias de origen se
irán atenuando o por el contrario acentuando.
Los vínculos humanos tienen funcionamientos complejos e intentar sistematizar
las formas que toman es tentador, pero hace correr el riesgo de perder la riqueza
y la singularidad que presentan. Así y todo cuando hablamos de las modalidades
de funcionamiento en los vínculos nos referimos al grado de aceptación
de la diferencia que cada integrante de la relación pueda tener con el
otro.
- Vínculos simbióticos: tienden a reducir la diferencia con el
otro. Predomina la relación intrapsíquica (relación del
sujeto con sus objetos internos, los objetos de su fantasía). Con esto
queremos decir que hay poca aceptación de la distancia que existe entre
lo que el sujeto espera del otro y lo que el otro es.
-Vínculos discriminados: tienden a aceptar la diferencia con el otro.
Hay menor distancia entre lo que la persona espera del otro y lo que el otro
es (el objeto esperado y el otro real). Mas allá de esto la relación
de un sujeto con otro sujeto recibe la nominación de relación
ínter subjetiva (relación entre subjetividades) con lo cual el
mundo interno del sujeto y sus fantasías están siempre presentes.
En la percepción de la realidad la subjetividad propia está siempre
implicada, tal como se expresó el poeta cuando dijo que "él
no ve con los ojos sino a través de los ojos" (William Blake).
-Vínculos de sangre
Para el grupo familiar humano, tener la misma sangre tiene importancia en tanto
constituye una marca identificatoria. El niño se constituye en "hijo
de" a través de ser identificado por los padres como tal y no sólo
a través del hecho natural de la concepción. Cuando un niño
nace tiene que ser adoptado por sus padres, la consanguinidad no asegura por
sí misma el ejercicio de la relación, aunque el significante sangre
quede asociado a la idea de certeza de existencia del vínculo.
Los vínculos consanguíneos (padres, hijos y hermanos) están
destinados a permanecer a lo largo del tiempo. Siempre tendrán esa misma
nominación vincular apoyada en el hecho biológico y determinada
por los elementos legales de la cultura, sea cual fuere el destino de los afectos
que se jueguen en el interior de esas relaciones. Pero como decíamos
antes, en función de la prohibición del incesto, la sexualidad
no podrá ser satisfecha en el seno de estos vínculos y por lo
tanto el vínculo parento-filial y fraterno están destinados a
la separación. Cada hijo tiene que separarse de los vínculos con
su propia familia de origen para poder así armar su propia familia nuclear
(exogamia).
La pareja conyugal inaugura la familia a través de la concepción
de un hijo. Desde el momento mismo del nacimiento, con cuidado y con amor, ayudan
al hijo en un largo camino de desprendimiento, es decir, de separación.
El corte del cordón umbilical, el destete, la marcha, el control de los
esfínteres, el habla. crecer para partir, armar otra familia y tener
otros hijos. A través de un juego permanente entre unión y desprendimiento,
presencia y ausencia, la idea de la separación se hace parte del proyecto
vital de los vínculos consanguíneos, filiales y fraternos. La
deuda simbólica (deuda que se tiene con los padres por haber dado la
vida) que todo sujeto tiene con su familia de origen, no se paga hacia atrás
sino hacia adelante, haciendo una nueva familia que de nacimiento y crianza
a nuevos hijos, asegurando así la permanencia de la especie humana y
su cultura.
Guiándonos por la diferencia que hicimos respecto de la forma en que
los sujetos se relacionan entre si, podemos hacer una distinción equivalente
con las familias.
Hay familias en donde predominan los vínculos simbióticos, tienden
a tener un funcionamiento aglutinado con poca diferenciación entre unos
y otros. Se manejan en bloque o defensivamente tomando una excesiva distancia
en el vínculo con el otro. Son familias que funcionan adheridas a los
vínculos con sus familias de origen sin haber podido hacer el corte necesario.
Las familias que pueden tener un funcionamiento discriminado tienen las diferencias
que sostienen la organización familiar más claramente instaladas.
Nos referimos a la diferencia generacional entre padres e hijos, la diferencia
sexual hombre-mujer y aún la diferencia vida-muerte, diferencias que
permiten que los distintos lugares y sus funciones estén delimitados
y por lo tanto que los intercambios estén menos perturbados.
La dinámica familiar interviene en la aparición de la enfermedad,
en su evolución y probablemente también en su pronóstico.
Conocer cómo funcionan las familias de nuestros pacientes nos permitirá
estar alerta de situaciones que puedan entorpecer o favorecer el curso de un
padecimiento.
En algunos casos la enfermedad y/o los síntomas cumplen una determinada
función para la familia y están al servicio de mantener una precaria
estabilidad dentro de la misma. Así la enfermedad de uno de los miembros
puede ser algo de lo cual la familia no quiere o no puede desprenderse porque
sirve a su propia homeostasis familiar. El médico hace bien entonces
en preguntarse que función cumple el síntoma en esa familia.
2.3 Consecuencias de la enfermedad mental para la familia y como la afrontan
Desde el plano de quienes conviven
con los enfermos mentales, la sintomatología difiere de la que observan
los especialistas.
Los efectos del enfermo mental sobre la familia se da de varias formas. Provocan
un impacto sujetivo en los familiares, a su vez pueden ser tangibles o no
Las consecuencias objetivas son:
Aislamiento social (reduciéndose, los espacios con amigos, la cortesía
con vecinos cambian negativamente la actitud con los que los rodean) muchas
veces lo que lleva a los familiares a estos cambios pueden ser la discriminación
l el significado cultural y el rechazo al enfermo mental, por miedo a ser discriminados
ellos mismos.
Desorganización del hogar: a veces puede ocasionar cambios de domicilio
la misma naturaleza de la enfermedad como en el caso de que tengan tendencias
autodestructivas y vivan en departamento en un piso alto, para evitar que se
suicide. En ocasiones los enfermos mentales pueden desarmar cosas artefactos
como radios televisores etc., o que se les de por el desorden, o que en su torpeza
puedan atropellar muebles y esto puede llevar a que los familiares tengan que
tener una nueva organización en el hogar y paciencia.
La carga objetiva y subjetiva q trae el enfermo mental consigo, produce en los
familiares reacciones diversas como eludir la situación, (deforma la
realidad para mejor tolerancia), negación, proteger en exceso, (proteccionismo)
estas reacciones son negativas para el paciente y la familia. Aceptación
y apoyo son las reacciones positivas.
Detallare algunas actitudes;
Elusión del problema: en esta actitud puedo decir que hay familiares
del enfermo quienes soportan la carga del enfermo de modo muy directo. Otros
que se alejan del enfermo, esquivando todo contacto con el y hasta organizan
sus vidas de tal manera q evite implicase en todo cuanto este relacionado con
el familiar enfermo. Ejemplos: la madre de un hijo oligofrénico lo aparta
al niño a un cuarto alejado del resto para que no moleste a los hermanos.
Contemporización: en esta respuesta el familiar conciente del problema,
apoya el comportamiento aceptable y patológico inaceptable. Por ejemplo:
el familiar de un alcohólico, quien tolera que beba y hasta puede llegar
a darle plata poniendo excusas como pobre trabaja tanto estas reacciones se
dan cuando el familiar no quieren llegar a afrontar la realidad y la confrontación
del caso creyendo que de esta manera no alteraran al enfermo. En realidad no
beneficia al paciente y en ocasiones la paz conseguida no es muy sólida.
La contemporalizacion en ocasiones es la única estrategia posible.
Sumisión: aquí el familiar sede en todas las exigencias del enfermo,
generalmente se presenta cuando el enfermo presenta agresividad. La actitud
de sumisión refuerza aun mas la agresividad la cual se intenta eludir
un ejemplo típico de este caso son los maridos alcohólicos con
respectos a sus mujeres.
Abandono: se da tras haber intentado controlar las manifestaciones patológicas
los familiares desisten de seguir haciéndolo.
Actitud impositiva: en este caso los familiares pretenden resolver por la fuerza
las dificultades que crea el enfermo , obligándolo a seguir un determinado
camino a trabes de la violencia (física y verbal) amenazas, ironía,
o imposiciones continuas de un comportamientotes una reacción coactiva
y no solo pasa con familiares enfermos si no que también suele suceder
en otros casos. Muchas veces estas actitudes suelen pasar con paciente que tomen
medicación y a quienes allá que obligarlos a tomarlos o por ejemplo
también en el caso de pacientes bulímicas a quienes allá
que controlar continuamente y obligarlas a comer o a no vomitar. Cuando la familia
critica en distintos tonos lo que hace el enfermo delante el y de mala manera
Desconcierto: cuando el familiar se siente impotente, desolado y deseperado.
Respuestas ante el estrés que le produce el comportamiento anomalo del
enfermo suelen ser caóticas, e intenta varias de ellas en corto tiempo,
sin que una de ellas sea dominante. En estos casos los cambios bruscos de actuación
suelen crear confusión en cualquier persona y más en un enfermo
de estas características estas reacciones aparecen en los familiares
que se encuentran por primera vez ante este tipo de enfermedades o en casos
de que se presente un cuadro agudo.
Negación: todos estamos un poco ciegos a la hora de percibir una realidad
donde esta muy en juego la parte sentimental. Esta deformación de la
realidad lleva a varios problemas, a largo plazo la realidad se impondrá
y la reacción será muy brusca. Niegan la enfermedad ejemplos de
este caso tenemos como cuando a un niño se le diagnostica deficiencia
mental y los padres no aceptan la realidad.
Capitulo 3: El enfermo mental, tratamientos, vínculos con el terapeuta
y el acompañante terapéutico
3.1 Familia como unidad de cuidado
En esta parte me propondré transmitir un modelo teórico que permita
ver a la familia como unidad de cuidado. Este modelo permitirá redefinir
el lugar y el concepto que habitualmente se tiene del paciente por uno más
integral, que abarca al individuo, su familia y al entorno. Se entenderá
a la medicina familiar como una especialidad que se ocupa del cuidado de las
personas desde que nacen hasta que mueren.
El médico de familia tiene un lugar privilegiado en el cuidado del sujeto
y la familia. Mediante un abordaje longitudinal a través del tiempo el
médico estará al tanto de la historia de cada uno de los de los
integrantes de la familia así como de las diferentes etapas que van atravesando
en el transcurso de su ciclo vital (embarazos, casamientos, muertes, etc.).
Esto le permitirá tener un lugar importante como proveedor de cuidado,
organizador de un campo de tarea y de esta manera contribuir a la prevención
de las enfermedades.
Partiré de la concepción del sujeto como una unidad biopsicosocial.
Su padecer trasciende el cuerpo biológico y tiene que ser abordado considerándolo
una persona en relación a su entorno y no como un cuerpo aislado.
Observando a la familia como una unidad y teniendo en cuenta a cada uno de sus
miembros, estén presentes o no en la entrevista, el médico tiene
la posibilidad de integrar las emergencias corporales individuales a las circunstancias
vitales por las que atraviesa el núcleo familiar y de esta manera comprenderlas
mejor.
El sujeto humano se constituye, se desarrolla y se transforma por y a través
del vínculo permanente con los otros y creemos que tener elementos para
comprender sus formas de relación contribuye a que el Médico de
Familia pueda tener en cuenta, en el diagnóstico situacional que hace
de su paciente, los múltiples problemas que intervienen en el proceso
de enfermar y de sanar.
Sabemos que toda enfermedad corporal pone en crisis la estructura personal y
familiar de quien la padece y que esto incide en el curso de la misma. Es importante
conocer la influencia de la familia en la evolución de una enfermedad
crónica como la diabetes, el asma, etc. ya que la disfunción familiar
podría afectar desfavorablemente el pronóstico de la enfermedad.
También es necesario tener en cuenta las características de la
enfermedad (aguda, crónica, incapacitante, recurrente) y como estas pueden
influir en la dinámica familiar.
El médico que aplica en su práctica una orientación familiar
recoge información sobre las relaciones familiares, las pautas de conducta
relacionadas con la salud, transmitidas de una generación a otra, las
conexiones emocionales con la familia extensa y las transiciones a lo largo
de las etapas del ciclo vital, con el fin de entender al paciente en su contexto
más amplio. Si el médico no tiene en cuenta el contexto familiar
del paciente, no solo se verá privado de comprender más ampliamente
la situación que rodea la enfermedad sino también se harán
menos efectivas sus indicaciones y/o intervenciones.
3.2 El terapeuta y el enfermo mental
El profesional se obliga a ejecutar una tarea dentro de un contrato generalmente
de carácter verbal, basado en localidad especial del contratante, adquiriendo
importancia marcada dado el nivel de confianza en juego que deposita el paciente
en la habilidad e idoneidad del profesional al que contrata, consideraremos
los aspectos particulares de vulnerabilidad, privacidad, libertad, confidencialidad
del mismo.
En esta técnica se puede inferir que el vínculo que se establece
entre el terapeuta y el profesional actuante es de asimetría (sea un
profesional en quien confiar, en el portador un supuesto saber o alguien a quien
el paciente pudo recurrir indirectamente a través de otro profesional,
institución o centro
con el que estableció dicho vínculo de confianza y la delega,
como por ejemplo un hospital, un centro, una obra social, etcétera).
En general se puede esperar en el momento de la consulta una posición
de fragilidad, vulnerabilidad y dependencia debido a la patología, sumado
a las consecuencias frecuentes, en los cuadros graves de enfermedad mental,
de marginación social, laboral o automarginación personal. En
estos casos la dependencia al terapeuta es tan importante y fundante del tratamiento,
que llega a delegar decisiones personales en forma irracional y subjetiva. Esta
posibilidad lo hace francamente influible ante el terapeuta, pudiendo esta situación
esencial conllevar "situaciones de abuso". Esto trae directamente
aparejada la necesidad y obligación de actuar con prudencia, dedicación
y cuidados marcados. Se imponen en la asistencia francamente los deberes de
corrección y buena fe, ya que las perturbaciones psíquicas impiden
fijar con claridad cuáles son los deberes y derechos propios y de la
otra parte.
Toda relación de ejercicio profesional en el arte de curar genera vínculos
afectivos de diversa intensidad, siendo en el caso que nos compete de grado
marcado, llegando esta carga trasferencial en determinadas escuelas a ser herramientas
de la cura esencial.
La posibilidad de erotización de este vínculo, llevado por la
extrema idealización y sometimiento sexual (cura por amor, transferencia
erótica, formas posibles de reacción terapéutica negativa)
"nos acerca a vulnerar" el derecho a la libertad sexual, pudiendo
esto ser considerado como elemento de demanda punible, a considerar en los planos
extracontractuales del derecho (como actos dolosos y penalmente punibles), y
en el plano contractual (como actos culposos y civilmente responsable) por imprudencia.
El derecho al tratamiento adecuado que todo paciente tiene se plasmaría
en la psicoterapia en la obligación de adecuar la técnica de abordaje
correspondiente a la patología del paciente (derecho al diagnóstico)
y no el adecuar el paciente a la técnica que desarrolla el profesional,
debiendo este último aceptar sus limitaciones formativas e ideológicas
(llevándonos al deber de derivar adecuadamente).
Por las características propias ya enumeradas del vínculo en una
psicoterapia, queda en claro el deber de confidencialidad de toda la información
de la que se tomara conocimiento dentro de la intimidad del marco profesional-paciente
(secreto profesional), y por la misma razón obliga a que el tratamiento
no sea interrumpido intempestivamente sin causa justa.
Distintas opiniones se generaron en torno al secreto profesional a fin de proteger
determinados bienes jurídicos en detrimento de otros, por ejemplo "el
deber de advertir o proteger a posibles damnificados, versus quebrar el deber
de confidenciabilidad", esencial en los tratamientos psicoterapéuticos.
Es de esperar que sin la garantía de confidencialidad muchos pacientes
no concurrieran a tratamiento o no manifestarían sus intenciones agresivas,
con lo cual no podrían tratarse y evitar las consecuencias futuras de
la afección sin tratamiento.
Es sabido que el paciente tiene el derecho de libre elección y puede
rehusar a un determinado tratamiento o a la continuidad del mismo, teniendo
asimismo en equilibrio el derecho a que se eviten conductas hetero o autoagresivas
dañosas posibles de prever por parte del profesional actuante, así
como el derecho de internación en caso de necesidad, insania y rehabilitación,
siendo pasible de reproche legal en caso de no respetarse estos derechos.
Ante la urgencia psiquiátrica se impone el deber de seguridad, evitar
conductas auto o heterolesivas. Se debe evaluar la personalidad del paciente,
la patología de base, el entorno familiar y social, de lo que surgirá
"la necesidad o no" de internación psiquiátrica.
Si no hay riesgos previsibles de conductas autolesivas, los recaudos de seguridad
se vuelven accesorios.
Cuando la probabilidad es alta, se impone la internación, que es terapéutica
en sí misma, además de brindar contención y custodia al
tratamiento adecuado a cada caso (incluyendo el criterio de mejor asistencia,
diagnóstico, tratamiento). Advertida la tendencia suicida o autoagresiva,
nacen obligaciones principales, a saber:
_ Disponer los medios adecuados para preservar la vida del paciente (obligación
de custodia).
_ Suministrar una terapéutica efectivamente idónea (deber de asistencia).
3.3 El acompañante terapéutico y el enfermo mental
La necesidad de compañía y estimulación humana es algo
que se ha reconocido desde tiempo inmemorial. En la mayoría de las culturas
existe la costumbre de que los afligidos por enfermedades, muertes o desgracias,
reciban ánimo y apoyo de parientes, amigos, vecinos o incluso extraños
que puedan permanecer con esa persona hasta que recupere su entereza. Ante un
desastre o peligro repentino externo o interno, los adultos con frecuencia aumentan
sus exigencias de otras personas, buscando la proximidad de un ser conocido
y en quien confían, manifestando una conducta de apego que prolonga de
modo directo la de la infancia.
Las teorías psicodinámicas han puesto de manifiesto la eficacia
terapéutica del contacto personal entre el agente terapéutico
y el paciente. Sabemos que la historia antigua del abordaje de la locura marginó
al enfermo de diferentes maneras con recursos poco terapéuticos, produciendo
un efecto de segregación en los demás; transitando el camino de
la incertidumbre y del encierro, hasta que sucesivas innovaciones modificaron
su abordaje hacia lo familiar y comunitario. En este encuadre se observó
la eficacia del análisis de los tipos vinculares. Los psicoterapeutas
necesitaron implementar técnicas nuevas ante la demanda de un contacto
personalizado. Entonces, se vieron necesitados de prescribir Agentes de Salud
Mental que pudieran absorber esta tarea. Así el acompañamiento
Terapéutico aparece ante las nuevas exigencias que se plantean en la
Psicología Clínica contemporánea.
En 1947, una terapeuta suiza, la Dra. M. A. Sechehaye, publicó un libro
dando cuenta de una de las primeras experiencias en este tipo de abordaje.
En "La Realización Simbólica", describió este
nuevo método psicoterapéutico aplicado a su paciente Renée,
con diagnóstico de esquizofrenia, y un pronóstico en el que se
había dado por perdido el caso, ya que los tratamientos tradicionales
fracasaron. Ella logró reinsertar a Renée a la sociedad, gracias
a su interés, constancia, intuición maternal, afecto, comprensión
psicoanalítica, y una gran disponibilidad de tiempo. Pero, debido a que
Renée necesitaba atención permanente, debió instruir a
una enfermera psicológicamente capaz y entrenada, para que actuara como
auxiliar, permaneciendo con la paciente en los momentos en que ella no podía
hacerse cargo, dando un parte detallado de las reacciones, y siguiendo concienzudamente
las instrucciones de la Dra. Sechehaye.
Es así como el Acompañamiento Terapéutico comienza como
una necesidad del terapeuta, que por lo general no puede dedicarle tantas horas
a un paciente, y entonces designa a una persona entrenada y capacitada para
la contención. Su presencia en sí es un acto terapéutico,
entendiéndose por tal: el que "cura", cuida y alivia. Y en
el cual se va a establecer un vínculo que el enfermo no tuvo hasta ese
momento, y que le posibilitará instaurar una diferencia, creando nuevos
lazas de resocialización. Acompañar es estar con el otro, compartir.
Etimológicamente: hacerse compañero, compartir el mismo pan. Sin
embargo, no se trata de una relación simétrica, de igualdad, ni
de amistad. Sino que hay una estrategia dirigida a una cura, y esto es lo que
la diferencia de una situación no terapéutica, en la que sólo
se comparte algo con el otro. Lo curativo hace que "desaparezcan los síntomas",
haya un enriquecimiento personal y se adquiera la tan ansiada capacidad o habilidad
para estar solo.
LA CAPACIDA DE ESTAR SOLO: Todos tenemos la necesidad primitiva de estar con
otros, desde el comienzo de nuestra vida necesitamos del sostén materno,
de la presencia del otro. El bebé nace con un yo inmaduro que no tiene
defensa, y que está sostenido por el yo de la madre, que funciona como
su medio ambiente protector. Según Winnicott, a ese yo el niño
lo va a ir introyectando, para luego ser capaza de estar solo sin la alusión
frecuente a la madre o símbolo materno. La base para adquirir la "capacidad
de estar solo", es entonces una paradoja; es la capacidad de estar solo
mientras otra persona se encuentra presente, y que sin una cantidad suficiente
de esta experiencia no puede desarrollarse. Esta capacidad o habilidad es uno
de los más importantes rasgos de madurez en el desarrollo emocional.
Y el acompañante terapéutico (A. T.), en tanto presta su persona,
practica y vivencia un rol de protección, apoyo, soporte, sostén
y fundamentalmente de contención permanente. Un asistir, o sea un co-vivenciar
el mundo interno del paciente, lo que se supone una relación y un compromiso
emocional con ese sujeto. Esto constituye el aspecto más primario de
la relación, por eso entronca con el llamado "maternaje". Permitiendo
así acompañar al paciente en el proceso que va de su regresión
a su individuación.
El Acompañamiento Terapéutico constituye un rol de múltiples
funciones: compartir, escuchar, observar, ayudar a hacer cosas, frenar impulsos,
contener, estimular, etc., pero no interpretar. Y fundamentalmente una función
de maternaje. Es el método menos agresivo de contención a pacientes
descompensados, sólo hace falta recordar: la exclusión social,
las cadenas, el encierro, la convivencia con delincuentes y vagabundos, latigazos,
animalidad, baños de inmersión con agua fría, duchas por
sorpresa, chaleco y tratamientos eléctricos. Los psicofármacos
que fueron una gran revolución, aparecieron en la época del '50.
Y contrariamente a la institución custodial, Maxwell Jones crea la comunidad
terapéutica. Antes se alejaba al loco de la familia y la comunidad, hoy
se lo acerca a su ambiente y a su historia.
El Acompañamiento Terapéutico tiene que ver con la jerarquización
de la contención humana en pacientes crónicos y agudos, con quienes
los abordajes terapéuticos clásicos fracasaban.
El A.T. es un agente de salud capacitado para sostener, cuidar, aliviar y compartir:
las ansiedades, angustias y desequilibrios de enfermos con perturbaciones emocionales,
que han entrado en crisis al no poder generar respuestas adaptativas, ante situaciones
externas e internas que se presentan en la vida del sujeto, y que desencadenan
en trastornos de la personalidad llevando a situaciones de: descontrol, crisis,
ideas suicidas, actuaciones auto y heteroagresivas, empobrecimiento del yo,
etc., en los distintos cuadros psicopatológicos: neurosis graves, borderline,
adicciones (drogas, alcohol), psicopatías descompensadas y psicosis.
También en pacientes psicofísicos y terminales.
Cuando desbordan las posibilidades de contención del terapeuta, el A.
T. va en su representación, funcionando como un soporte, y siendo un
yo auxiliar que brindará un vínculo distinto a los ya conocidos,
con el objetivo de generar un cambio.
El paciente se debe sentir: cuidado, protegido y apoyado en una función
de maternaje en la que el terapeuta triangula.
El terapeuta, además de indicar el Acompañamiento Terapéutico
(él o el equipo tratante), será el encargado de establecer las
consignas: horarios, tipos de salidas, permisos, restricciones, riesgos, urgencias,
hacia donde apunta el acompañamiento, cuál es su objetivo y el
número de acompañantes terapéuticos. Será de uno
o lo mínimo: para ampliar el mundo relacional y afectivo del paciente,
cuando la contención se hiciera dificultosa, para ensayar una misma conducta
con distintas personas o diferentes conductas con la misma.
El equipo esta constituido básicamente por: un terapeuta individual,
uno familiar, uno o más A. T. y un coordinador de éstos si fuera
necesario.
El AT tiene q presentar un informe, el cual es aconsejable q se haga luego de
cada acompañamiento. Debe ser esencialmente descriptivo y vivencial
El informe se realiza para: el terapeuta, el coordinador o el A. T. que sigue.
Puede ser oral o escrito. En algunas instituciones se vuelca en la historia
clínica del paciente.
El AT opera sobre la contención individual del paciente, como así
también la de su pareja, familia y grupo circundante o sea su entorno
El A. T. deberá detectar el "el punto de urgencia" de la familia
o grupo, sin dejar de realizar un trato personalizado. Por ejemplo: la mucama
puede estar necesitando más ayuda que el resto de los integrantes de
la casa en determinado momento.
3.4 FAMILIA Y A. T.
Hoy día, se concibe al paciente no ya como un caso aislado sino como
lo que en realidad es: el emergente de un grupo familiar enfermo; dejando en
evidencia que es imposible ubicar y encuadrar a la enfermedad psíquica
en el exclusivo plano individual y que para comprenderla, es imprescindible
considerarla dentro del ámbito del grupo constituido por los seres vinculados
al enfermo por lazos familiares.
Para poder realizar la asistencia familiar es importante que la familia esté
motivada, y solamente un desequilibrio suscita dicha motivación promoviendo:
1) la búsqueda de ayuda ó
2) la aceptación al ofrecimiento de ayuda
En el grupo familiar se tratará de ver:
a) cómo funciona el paciente dentro de él
b) cómo se dan los roles, ya que la crisis familiar provocada, hace que
se produzcan: redistribuciones y nuevos roles. Es decir, sus cambios van a generar
otros cambios.
Es aconsejable que el A. T. se incluya en esta estructura con "pie de plomo",
y se gane la confianza de sus miembros.
3.5 VINCULO A. T. - PACIENTE
Los seres humanos se conectan entre sí a través del encuentro.
Luego con la interacción, que es la primera forma de comunicación,
se va a ir estableciendo un vínculo.
En el vínculo participan dos o más personas, necesitándose
una a la otra en la misma forma, y surgiendo en un campo común en el
que tiene que haber reciprocidad.
Investigaciones diversas han demostrado que desarrollar un vínculo cálido
y empático con el paciente, permite fomentar cambios más rápidos.
Y ésta es un poco la clave del Acompañamiento Terapéutico:
al establecer un buen vínculo, ligazón, unión o lazo, se
van a generar más logros terapéuticos.
EL CONTACTO FISICO
Los pacientes que necesitan ser acompañados terapéuticamente,
por lo general son personas a las que se las ha privado o inundado afectivamente;
con lo cual se es dificultoso demostrar sus sentimientos, o por el contrario
tienen a desbordarse. Y es por eso que la tarea del A. T., será la de
regular el dar y recibir adecuadamente los intercambios afectivos, a partir
de brindarles un vínculo más sano, para mejorar la relación
del paciente consigo mismo y con los demás. Al demostrarles cariño,
y tratarlos con ternura y amor, se les eleva la autoestima y se les brinda un
modelo de identificación.
Hay distintos tipos de contacto físico con el paciente, como el abrazo
y las caricias, que favorecen el bienestar emocional y corporal.
Sin embargo, hay que saber, cuándo y cómo, acariciar y abrazar,
para que resulte realmente terapéutico. Realizarlo en un momento y con
una presión inadecuada, puede ser perjudicial, porque tenderá
a manifestarse como refuerzo de la enfermedad, por ejemplo: madres ahogantes.
Si se repite este esquema, se lo mantiene, y no se produce un cambio favorecedor.
Es de suma importancia tener en cuenta, el momento del paciente y su cuadro
psicopatológico; no es lo mismo el contacto que se establece con un esquizofrénico.
Y, cuando uno se acerca a un psicótico crónico deteriorado (como
patología severa extrema), comprende rápidamente que las palabras
están de más.
De todas maneras, los acercamientos deben ser graduales, cautelosos y cuidadosos,
en cualquiera de los casos.
La transferencia en el Acompañamiento Terapéutico
La transferencia está presente en todas las relaciones humanas, manifestándose
con mayor intensidad en las relaciones que generan condiciones de intimidad.
La podemos pensar en el vínculo del AT con el paciente, donde hay fuertes
lazos afectivos, cercanos y de cuerpo a cuerpo.
El lazo que se establece, llamado transferencia, en forma automática
e involuntaria, es el que permite investir a la figura del analista con intensos
contenidos afectivos, en este contexto independiente de toda realidad. La trasferencia
terapéutica tiene que ver con el soportar las vicisitudes de un tratamiento,
y esto exige que el analista o el acompañante terapéutico, sepa
como posicionarse y como sostenerla.
Una maniobra transferencial adecuada puede permitir la evolución de un
tratamiento, de la misma manera que un manejo impropio de la misma, podría
disolverla sin posibilidad de recuperación. El acompañante terapéutico,
como profesional de la salud mental, debe también tener presente que
las verbalizaciones o actitudes del paciente no le están dirigidas: la
posición debería ser sostener la transferencia pero no posicionarse
como destinatario. Para que el espacio del acompañante se sostenga y
el tratamiento avance, va a depender de la posición con que se establezca
la estrategia del tratamiento y, desde ésta, la indicación y la
inserción del acompañamiento terapéutico, en un momento
determinado, no siempre ni en todos los casos, a partir de lo cual se podrán
ir configurando los márgenes y la orientación de sus intervenciones.
El AT se sitúa en un lugar distinto al del terapeuta, si bien hay cuestiones
transferenciales en juego, inevitables y muchas veces aprovechables, como vehículo
de ciertas intervenciones; no se trata sin embargo de la transferencia que ordenará
la dirección de la cura. Tener claro esta situación permite abrir
un espacio que se diferencie de aquel del par y del terapeuta; si bien en las
diferentes maniobras uno se puede ver llevado a intervenir más cerca
de uno u otro lugar. Cada encuentro con el paciente nos propone un azar mas
allá de lo que uno haya pensado a priori como necesario de llevar a cabo
como pasos a seguir.
La capacidad de empatía, es decir, la aptitud de coincidir con el otro,
suscitando su interés y por lo tanto la convergencia, es imprescindible
para el desempeño adecuado en esta tarea. Para contener al paciente,
el acompañante necesita reconocer claramente su alteridad. La flexibilidad
es la posibilidad de adecuarse a condiciones cambiantes sin perder de vista
las pautas y el encuadre del trabajo.
El acompañamiento terapéutico como experiencia ínter subjetiva
es, sobre todo, un devenir en movimiento y en interacción con otro. Al
acompañar se crea en el vínculo con el paciente en un espacio
transicional, un espacio entre la desolación y la esperanza, entre la
desconexión y la pertenencia. Entre el silencio estratégico y
la palabra orientadora, discurre la experiencia de acompañar.
La relación de un paciente con su acompañante es un campo poblado
de afectos y vivencias, que determinan, en gran medida, la riqueza de la interacción.
La calidad de la respuesta brindada por el acompañante terapéutico
a su paciente es decisiva, porque es a través de ella que podemos comprender
las emociones del paciente con relación a su acompañante.
La inclusión de las vivencias que despierta en el AT ese paciente permite
ampliar el espectro de variables a considerar en la evaluación y comprensión
del caso. Trabajando en equipo se confrontan las distintas vivencias contratransferenciales
del grupo y se encuentra que, el conjunto de las mismas configura un mapa de
los distintos aspectos del paciente proyectados parcialmente sobre los miembros
del equipo.
El impulso a actuar del acompañante es desencadenado por una angustia,
por un estado de tensión que es respuesta a alguna actitud negativa del
paciente. Al asumir el AT el papel inducido por el paciente, pierde la capacidad
de contenerlo.
Vivencias contratransferenciales de desesperanza, sobrevienen cuando el AT se
siente invadido por el desamparo del paciente y entonces se identifica con los
aspectos melancólicos del mismo. En esos casos suelen desencadenarse
en los AT, actitudes tales como deserciones, impuntualidad, apatías,
etc.
Los sentimientos contratransferenciales de omnipotencia suelen traducirse en
comportamientos maníacos por parte del AT: aceleración, denigración
de compañeros de equipos, etc.
Cuando la rabia es la emoción contratransferencial predominante se produce
una pérdida de distancia en la función terapéutica que
fuerza al AT a entrar en discusiones estériles con su paciente.
Hablamos de contratransferencia positiva cuando sobre la base de un vínculo
empático, podemos dar lugar al paciente para que cambie dentro de nosotros
mismos, generando la posibilidad de escribir una historia inédita.
Conclusión
Luego de haber incursionado en el análisis del vínculo en si y
su desarrollo en el entorno familiar de un enfermo mental en tratamiento, puedo
concluir que es constitutivo de manera significativa en el desarrollo individual
y social del ser humano.
Son las primeras relaciones vinculares dentro de la familia y luego en la adultez
las que van a ayudar en el desarrollo físico y psíquico del ser
humano. A su vez la trama vincular de éste, en su individualidad, ayudará
a la sociabilización del mismo.
La familia como grupo posee una estructura particular según las formas
de vincularse entre los miembros de la misma.
Desde la salud mental existen varios conceptos de familia. La familia sistémica,
por ejemplo, establece relaciones de retroalimentación unos con otros.
Desde la concepción psicoanalítica, la familia es pensada como
una estructura ínter subjetiva, en la cual el psiquismo del sujeto se
constituye en el encuentro con los otros y conserva como única individualidad
su cuerpo biológico.
Para la familia de un enfermo mental puede ser muy duro la confrontación
con la realidad, en muchos casos la familia no acepta la realidad y este hecho
puede afectar al enfermo en el desarrollo de su patología.
Una de las consecuencias más comunes que se suelen dar en la familia
de un enfermo mental son el aislamiento, ya sea por tener que cuidarlo como
por miedo a la discriminación.
La carga objetiva y subjetiva q trae el enfermo mental consigo, produce en los
familiares reacciones diversas, como eludir la situación (negación,
proteger en exceso); estas catalogadas como reacciones negativas. Aceptación
y apoyo son las reacciones positivas. Mas allá de que los vínculos
en una familia con un integrante que posee este tipo de psicopatología
se desarrollan según casos particulares, no seria menester tener en cuenta
que podría tratarse de un emergente social.
El terapeuta tiene un vinculo de asimetría y confianza con su paciente,
vínculos afectivos de diversa intensidad, siendo en el caso que nos compete
de grado marcado, llegando esta carga trasferencias a ser herramientas de la
cura esencial.
El grado de compromiso del AT con el vinculo entre el paciente, su familia y
el terapeuta es de suma importancia ya que actuara como mediador entre la familia
y el paciente. También será medio de contención del enfermo
en su afán de resocializarse, prestando su yo y mostrando al enfermo
nuevas formas de vincularse.
Bibliografía:
-E. Pichón Riviere: "El Proceso Grupal" Ed. Nueva Visión.
1985
-E. Pichón Riviere: "Psicología de la vida cotidiana"
Ed. Nueva Visión. 1985
-V. Zito Lema: "Conversaciones con Enrique Pichón Riviere"
Timerman Editores. 1976
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- Red Asistencial de Buenos Aires
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