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REDBA - RED ASISTENCIAL DE BUENOS AIRES DIRECTOR GENERAL: Lic. Sergio Sáliche CURSO: Acompañante Terapéutico (Especialización en Niños) DOCENTE: Lic. Claudia Karabaic MONOGRAFÍA: "Autismo, lo singular, lo familiar y lo invariante. Modalidad de Intervención. " AUTORAS: Manuela Arauz, Marisol Herrero y Ma. Justina Rocha CURSADA: Setiembre - Diciembre - 2006 ENTREGA CERTIFICADO: 28 de Diciembre de 2006 |
" Iba de un lado a otro sonriendo haciendo movimientos estereotipados con los dedos, cruzándolos en el aire. Movía la cabeza de un lado al otro mientras susurraba o repetía el mismo sonido de tres tonos. Hacía girar con enorme placer cualquier cosa que se prestara a hacerse girar cuando lo metían en una habitación, ignoraba completamente a las personas y al instante se iba hacia los objetos, sobre todo aquellos que podían hacerse girar. Empujaba muy enfadado la mano que se interponía en su camino o el pie que pisaba uno de sus bloques "
A los fines de esta monografía intentamos recortar del Autismo su costado fenomenológico, para luego contextualizar la situación familiar que esta patología plantea. Estos dos ejes enmarcan, a nuestro criterio, el terreno de acción del AT. Es a partir de las características de la patología, de la singularidad del sujeto y de la trama familiar, como el AT delineará sus estrategias de intervención. A continuación intentaremos abordar esta problemática.
El término Autismo deriva de autos que significa
"sí mismo". Se utilizó por primera vez por el psiquiatra
suizo Bleuler, en 1911, para describir en los pacientes adultos aquejados de
esquizofrenia, la evasión fuera de la realidad y la retracción
sobre el mundo interior.
En una acepción más precisa y en un marco nosográfico diferente,
en 1943, Kanner describirá esta afección específica de
la infancia que constituye el Autismo Infantil. Este autor enuncia que el desorden
fundamental consiste en la "ineptitud de los niños para establecer
relaciones normales con las personas y para reaccionar normalmente a las situaciones,
desde el principio de su vida". Primero es considerado como una forma precoz
de esquizofrenia, luego será rápidamente reconocido como una afección
autónoma y especifica vinculada con la infancia, que presenta ciertas
características:
La Retracción Autista, se trata de una ausencia masiva de contacto con
la realidad externa que desemboca en un estado de "extrema soledad autística
que ignora y excluye todo lo que viene del exterior hacia el niño".
El niño parece que no ve los objetos o las personas y se comporta como
si el prójimo no existiera. Es frecuentemente difícil entrar en
contacto con su mirada por sus actitudes de evitación activa. Paralelamente,
el niño autista presenta a menudo un rechazo al contacto corporal y todo
intento para forzarlo entraña manifestaciones de angustia o de agresividad.
Otra de las características clínicas presentes en niños
con autismo es la necesidad de la inmutabilidad. Se trata de una necesidad imperiosa
para mantener estable su entorno habitual. Las modificaciones, incluso mínimas
de su medio de vida, pueden estar en el origen de manifestaciones de angustia
o de rabia. El niño presenta conductas ritualizadas de verificación
de su entorno como si quisiera asegurarse de la ausencia de cambios.
También podemos encontrar en estos niños Estereotipias, que son
gestos que el niño ejecuta de forma rítmica y frecuentemente repetida
y que parecen procurarle una intensa excitación. Se trata generalmente
de movimientos de balanceo del tronco, gestos de golpeteo o rascado, agitación
de los dedos ante los ojos o de movimientos de las manos del tipo del aleteo.
Los trastornos del lenguaje son constantes pero revisten aspectos variados en
función de la edad y del momento evolutivo de la afección. Cuando
los niños autistas poseen un lenguaje, este es muy especial, marcado
por cierto número de anomalías características: la inversión
pronominal: el niño habla en la segunda o tercera persona sobre sí
mismo. No es capaz de utilizar el "yo"; la repetición ecolálica:
repite de forma casi literal y con la misma entonación, algunas frases
o segmentos de frases escuchadas anteriormente en otro contexto; el acceso al
sí es difícil; son capaces de repetir largas series de palabras.
Los trastornos del lenguaje del niño autista están marcados por
la dificultad para utilizarlo en un registro de significaciones compartidas
con el prójimo y para situarse como sujeto de su propio discurso.
A pesar de ser un trastorno de baja frecuencia, sus manifestaciones complejas
y enigmáticas, es investigado por una gran cantidad de autores y aún
no hay consenso sobre su etiología. Se le atribuyen causas genéticas,
psicógenas, neuroquímicas, etc. Y su manifestación es siempre
antes de los tres años.
Hipótesis sobre la etiología del autismo:
Ciertas hipótesis afirman que el autismo
es un trastorno emocional, producido por factores emocionales o afectivos inadecuados
en la relación del niño con las figuras de crianza. Es así
que el empleo de una terapia dinámica para establecer lazos sanos es
la mejor manera de ayudar a estos niños. La hipótesis de que el
autismo sea un trastorno esencialmente emocional se la considera actualmente
como dudosa, porque no se ha comprobado que los padres sean culpables de la
alteración que padecen sus hijos.
Se fue abandonando así esta hipótesis para asociar al autismo
con trastornos neurobiológicos. Se dice ahora que existe alguna clase
de alteración cognitiva, que explica las dificultades del lenguaje y
la comunicación. Se reconoce que en general el autismo se debe a múltiples
etiologías que van desde alteraciones genéticas a trastornos metabólicos
o procesos infecciosos durante el desarrollo prenatal, perinatal o postnatal
del sistema nervioso. Por ejemplo, se han asociado con el autismo alteraciones
genéticas, como el cuadro del X frágil, anomalías de metabolismo
como la fenilcetonuria, infecciones como la rubéola congénita,
etc.
Enfoque actual del autismo:
En los últimos años se han producido
cambios importantes, que permitieron definir al autismo desde otro enfoque.
El cambio principal consiste en considerar al autismo desde una perspectiva
evolutiva, como un trastorno del desarrollo. Así, las definiciones diagnosticas
que consideran al autismo como "psicosis infantil" se sustituyó
por "trastorno profundo del desarrollo".
Otro cambio se refiere a las explicaciones del autismo: tanto en el aspecto
psicológico como neurobiológico se han sustituido las viejas hipótesis
por otras mas fundamentadas en datos, como por ejemplo el trastorno especifico
de una capacidad humana que es .la "teoría de la mente" , es
decir, la capacidad de tener representaciones sobre las representaciones mentales
propias o ajenas. Es así que carece de guías conceptuales para
interpretar y predecir conductas ajenas. No siente empatía, no puede
sentir lo que las otras personas sienten.
Otros cambios importantes remiten a los procedimientos para tratar al autismo;
tal es el caso de la educación, que en los últimos años
se ha caracterizado por un estilo más integrador, mas centrado en la
comunicación como núcleo esencial del desarrollo, más respetuoso
con los recursos y capacidades de personas autistas.
Cuando las personas autistas reciben la atención adecuada, su vida suele
ser más satisfactoria. Aunque los autistas tienen un alto grado de inflexibilidad,
muchas veces "negocian" con sus padres y personas cercanas un grado
aceptable de equilibrio entre inflexibilidad y variación.
En la mayor parte de los casos que acuden a la
consulta, identificamos una historia de presentación bastante común.
El niño presenta un desarrollo normal durante el primer año y
medio de vida y hacia esa edad, los 18 meses, la mayor parte de los padres comienzan
a mostrar sospechas de que algo está ocurriendo. El niño procede
de un embarazo y parto normal, no presenta mayores dificultades en la alimentación,
el desarrollo y adquisición de hitos motores se realiza dentro de la
normalidad. El desarrollo de la comunicación y de la relación
social también se sitúa en la normalidad durante el primer año
de vida. El bebé presenta y adquiere pautas intersubjetivas primarias,
muestra interés en los juegos circulares de interacción y desarrolla
pautas tempranas de anticipación social. Hacia los últimos meses
del primer año se esbozan conductas comunicativas y aparición
en el primer año de las primeras palabras. Durante este período
de tiempo que se extiende hasta finales del primer año tan sólo
entresacamos como hechos significativos la característica ausencia de
la conducta de señalar y una cierta pasividad no bien definida.
Hacia los 18 meses los padres describen las primeras manifestaciones de alteración
en el desarrollo, como una especie de detención en el desarrollo y hasta
un retroceso. El niño pierde el lenguaje adquirido. Adquiere una sordera
paradójica por la cual no responde cuando se le llama ni cuando se le
dan órdenes y, en cambio, reacciona a otros estímulos auditivos
provenientes por ejemplo de la televisión. Deja de interesarse en la
relación con otros niños. Gradualmente se observan conductas de
aislamiento social. No dirige la mirada, es difícil establecer un contacto
ocular con él. Por otro lado, la actividad funcional con los objetos
y con el juego, es muy rutinario y repetitivo. No muestra y ni desarrolla actividad
simbólica. Hace casi siempre las mismas cosas. Muestra oposición
a cambios en el entorno y se perturba emocionalmente, a veces de forma intensa,
cuando se producen cambios nimios.
Si bien se observan fenoménicamente elementos comunes, se presentan en
grados muy diferentes que requieren necesidades terapéuticas y educativas
muy diferentes. Por este motivo, muchos autores han adoptado la idea de un "espectro
autista". Se denomina de esta manera a aquellos niños afectados
por dificultades similares en la reciprocidad social, la comunicación
y presentan un patrón restrictivo de conductas, aún sin ser estrictamente
autista. Precisan de los mismos servicios y tratamientos que necesitan las personas
con autismo. Además en estos niños pueden observarse también,
variaciones en el grado e intensidad de afectación.
El "espectro autista" plantea desafíos importantes de comprensión
porque resulta difícil entender como es el mundo interno de estas personas
que tienen un importante problema de relación y comunicación.
Las características comunes especiales del autismo se refieren principalmente
a tres aspectos:
· Las relaciones sociales: rasgo fundamental del síndrome autista
es la incapacidad para relacionarse normalmente con las personas y situaciones
cotidianas. Hay desde el principio una extrema soledad autista, algo que impide
la entrada de todo lo que le llega al niño desde afuera. Por ejemplo
el contacto físico.
· La comunicación y el lenguaje: generalmente hay ausencia del
lenguaje en los niños autistas, y cuando esta presente se usa de manera
irregular, como si no fuera una herramienta para compartir mensajes significativos.
Hay alteraciones como la ecolalia, inversión de pronombres personales,
etc.
· Insistencia en la invariancia del ambiente: inflexibilidad, adherencia
a rutinas, insistencia de la permanencia de lo igual.
A través del desarrollo precedente intentamos
definir al autismo desde una perspectiva fenomenológica, descriptiva.
Sin embargo creemos que es necesario hacer referencia a los aspectos relativos
a la construcción de la subjetividad. En relación al nacimiento
psicológico, sabemos que el cuerpo se constituye a partir del otro primordial.
Como quiera que fuera ese contacto, por exceso o por carencia, siempre deja
marcas. Durante el desarrollo del niño normal en sus primeros estadios,
no habría una diferenciación entre el mundo externo y él.
El bebé no tiene conciencia de que es un cuerpo separado de la madre,
por lo tanto harán falta muchas experiencias sensoriales básicas
para poder ir diferenciándose del cuerpo de su mama, y comenzar a sentirse
diferente. En esta etapa las sensaciones del cuerpo van conformando al yo. El
niño autista experimenta la separación corporal de la madre como
perdida de su propio cuerpo, es una separación abrupta y violenta sin
experiencias graduales que amortigüen la desilusión. Tustin dirá
"una impresión sensorial habitual súbitamente no esta allí.
Para nosotros esto es apenas perturbador, pero para el bebé hipersensible
que luego será psicótico, esta sensación de que algo falta
ha quedado aumentada muchas veces y ha resultado catastrófica".
En el desarrollo normal, habitualmente las experiencias de individuación
y separación corporal serán asociadas en alguna medida como daño,
por eso es tan importante el contacto de piel, abrazos, caricias que tranquilizan
al bebé y lo ayudan a pasar esa experiencia amortiguando esa sensación.
De ahí que pensemos que el sostén del vinculo, espacio de encuentro
con el otro, tiene tres sedes: la piel, en la que aparecerán los puntos
de contacto que permiten la construcción del cuerpo, la mirada, donde
mirar y ser mirado forma parte del circuito pulsional que permite constituir
el espacio visual como sostén, y la palabra, que construye vínculos
a distancia, tolerando la no presencia del otro y donde aparece el espacio verbal
como sostén. En el caso del niño autista esa pérdida de
su propio cuerpo generada a partir de la separación corporal de su madre,
es sentida prematuramente debido a que su desarrollo emocional aun no tiene
recursos para poder elaborarla. Según Tustin, esa experiencia de pérdida
no es una pérdida como la sienten los seres humanos diferenciados, sino
que es Pre-verbal y Pre-conceptual, es la pérdida de sensaciones confortantes.
Para hacer frente al terror asociado a la separación respecto de la madre,
el niño se envuelve en una especie de caparazón autogenerado respecto
a las sensaciones del cuerpo y permanece aislado en un estado de indiferencia
y no integración.
Luego del desarrollo precedente, creemos pertinente hacer una referencia acerca
del modo de intervención con estos pacientes. Pensamos que como acompañantes
terapéuticos con estos niños el tratamiento debe ajustarse a las
necesidades de cada caso en particular, promoviendo la comunicación sin
invadir, ajustando las experiencias para evitar lo caótico que lo desorganiza,
y poco a poco introducir pequeñas variantes que permitan ir en busca
de mínimas elasticidades que le permitan tolerar progresivamente la novedad.
Debemos tener en cuenta por supuesto que formamos parte de un equipo en el cual
todos los integrantes son agentes de salud, la cual promoverán en el
tratamiento específico. Esta modalidad de abordaje transdisciplinario
supone que el AT ocupa un lugar en esa trama relacional. Pero no se agota allí
su función: al ocupar un espacio en la cotidianeidad del paciente, será
inevitable que se interiorice en la trama familiar de éste.
De esta situación particular de entrecruzamiento resulta la complejidad
del rol del AT.
En cuanto a la relación con la familia, el AT se encontrará con
una situación "difícil" en tanto el descubrimiento de
la patología de un niño es una crisis accidental que afecta a
todos los miembros de la familia y que lleva a transitar con un plus de complejidad
las crisis evolutivas. Frente a la noticia de la patología de un hijo,
se presenta una catástrofe psíquica por la pérdida del
hijo esperado. Esto implica consecuencias psicológicas en la construcción
del rol. Se genera un derrumbe narcisístico de gran intensidad porque
se produce una ruptura en la continuidad del hijo idealizado en el embarazo.
De tal manera que se arma una organización defensiva para sostener a
estos padres frente a la angustia impensable ante la que se encuentran. Necesitarán
un espacio terapéutico, que se transformará en un medio ambiente
facilitador y será sostén de estos padres heridos en su narcisismo.
Los profesionales, entre los que se encontraría el AT, tienen la obligación
de establecer con los padres una alianza terapéutica y de actuar en colaboración
estrecha con ellos. Esta colaboración presenta varios aspectos:
1. Ayuda psicológica parental: su destino es el de sostener a los padres
en las tareas educativas con sus hijos, ayudarlos a comprender la significación
de los trastornos y síntomas de su hijo y ayudarlos a adaptar sus actitudes,
así como a comprender el sentido de las propuestas educativas y terapéuticas.
La acción con los padres pretende así mantener un vínculo
entre ellos, el niño y los profesionales.
2. el sostén de los padres: la acción con un niño autista
implica un sostén activo de los mismos padres para permitirle encontrar
su capacidad de "ilusión anticipadora" frente a su hijo, capacidad
tan necesaria para la evolución de éste y sobre todo la de ayudarles
a percibir, comprender y aceptar las diferentes fluctuaciones evolutivas que
vendrán a instalarse en la vida del niño. Se debe permitir a los
padres, y especialmente a la madre, encontrar cierta restauración narcisista.
La madre está frecuentemente herida en su estima por este niño
que la priva de intercambios relacionales e interaccionales. La madre debe encontrar
y reinvertir sus propias capacidades maternas espontáneas.
Desde el punto de vista del equilibrio familiar, el autismo es un trastorno especialmente devastador. Las razones son fáciles de entender si nos detenemos en el curso prototípico de la alteración: unos padres tienen un hijo de apariencia normal, cuyo desarrollo en el primer año también es normal. Pero de forma insidiosa y relativamente rápida van apareciendo pautas extrañas de conductas y una especie de soledad. Se producen sentimientos confusos de culpa, frustración, ansiedad, pérdida de autoestima y estrés.
A modo de conclusión desarrollaremos un caso, presentado por una Psicóloga del Hospital de Niños de La Plata, en el contexto de una práctica clínica para la materia Psicopatología.
Agosto de 2006.
La Psicóloga nos leyó la historia clínica de un paciente
que había seguido durante más de un año.
El niño se llamaba V, cuando lo ve por primera vez tenía 2 años
y 11 meses. La madre consulta porque su hijo no habla todavía.
En relación al diagnóstico, se habla de Trastorno Generalizado
de desarrollo, no retraso mental. Esto supone que hay un trastorno en la base,
y no un retraso que implicaría que por ej. el niño no podrá
escribir a los 6 años pero sí a los 9. Estamos hablando de otra
cosa. Hay un trastorno del desarrollo que conlleva un alto grado de desconexión,
trastorno en la atención por parte del niño.
V, pronuncia algunas poquitas palabras, ecolalias, y cuando lo hace habla bajito.
Hace grandes berrinches. Juega, pero como "investigando" según
dice su madre. Agarra un autito y lo da vuelta, lo pone de costado para verlo.
No le da a los juguetes el uso frecuente que le dan los otros chicos. No sostiene
la mirada a las personas. La madre dice que sólo cuando le canta una
canción, logra que la mire. No tolera los cambios de horario, de recorrido,
de comida. Muy aferrado a la rutina y a las cosas, cuando la mamá le
compra otro par de zapatos, tiene que esconderle los anteriores porque se apega
mucho a las cosas. Empezó a ir al jardín y recién después
de un año se quedó el horario completo. En el jardín no
se engancha a jugar con los demás chicos, le dijeron a la mamá
que su hijo se "cuelga", se "tilda", por ej. mirando el
ventilador. No reconoce donde debe colgar su bolsita. La mamá le sacó
los pañales para que lo aceptaran en la salita, pero no controla esfínteres,
retiene de manera que ella una vez cada hora lo lleva al baño. Luego
de un tiempo, se propone que tenga en la salita una maestra integradora, el
niño sentado a upa de la maestra logra trabajar con témperas,
plastilina, etc. Dibujo: garabato descontrolado. Con el tiempo hace menos berrinches.
Logra cierta relación afectiva con la maestra. Es Hiperactivo, en el
consultorio no se queda quieto, lo atienden rápido para que no espere
en la sala. No se detiene más de un momento con cada cosa, corre, se
escapa, también en el jardín.
El papá dice que es un chico normal, que el tema es que se aburre en
el jardín, que hay que ver qué le ofrecen las maestras para hacer.
La mamá ve a su hijo como un niño normal que no habla.
Existen diferentes hipótesis etiológicas por parte de los padres.
La mamá argumenta que el trastorno puede explicarse por una discusión
que tuvo ella con su papá cuando estaba embarazada, y como consecuencia
se le puso la panza dura. También se plantea en términos genéticos,
como un retraso ya que un primito de V, había hablado recién a
los 5 años.
A V ya le habían hecho estudios neurológicos, los cuales no arrojaron
resultados contundentes para el diagnóstico.
La mamá decide continuar con el tratamiento psicológico fuera
del Hospital, para poder manejar mejor los horarios.
Pensamos que una buena estrategia de intervención
como AT, podría apuntar al espacio escolar, ya que se registran pequeñas
evoluciones cuando se suma al tratamiento a una maestra integradora. Acercarse
afectivamente al paciente sería pertinente para crear el soporte emocional
necesario para los fines terapéuticos. La construcción de un vínculo,
se apoyará en formas de comunicación no convencionales, gestos,
juegos, contacto físico. Lo verbal, queda en segundo plano. Sería
bueno encontrar puntos de su interés para acercarnos a través
de ellos, y desde ahí podemos pensar en introducir novedades, siendo
prudentes para no causar desorganización en el niño. Creemos que
en V un punto de interés serían los trabajos con plastilina y
témperas. Desde allí podríamos desplegar un campo terapéutico
desde lo manipulativo, lo práctico, que desde la acción acompañada
por la palabra intente producir un sentido. A partir de estos puntos de interés,
en donde el niño parece "conectarse" podríamos pensar
en estimularlo, creando espacios donde se promuevan actividades que le permitan
anticipar lo que va a suceder, ya que el factor sorpresa, lo nuevo, lo desorganiza
y perturba, lo cual se refleja en V cuando cambian el recorrido para ir al colegio
o cuando la madre le compra nuevos zapatos. Como AT deberíamos también
evitar estar con el niño en ambientes bulliciosos e hiperestimulantes.
Intentaremos por momentos que el niño se despegue de su soledad autista,
buscando juegos que lo motiven y estando atentos a ciertas pautas que nos indiquen
el grado de interés del niño por esa tarea. En la medida de lo
posible sería conveniente promover la interacción con otros chicos.
Podríamos intentar con V este acercamiento a los otros por medio del
juego en el jardín de infantes. Además, sería propicio
detectar las conductas disfuncionales -que están representadas en el
caso cuando el niño se queda "tildado" mirando el ventilador-
y sustituirlas por otras conductas funcionales, como puede ser un paseo al parque
para observar las flores y los pájaros. Siguiendo en esta línea,
podríamos intentar poner un límite a las estereotipias y rituales.
Creemos que los límites ayudan a que el otro nos registre y al mismo
tiempo tome registro de sí mismo. Se trata de alguna manera de introducir
un sentido allí donde parece no haberlo. Reemplazar la actividad desbordada
como puede ser un dibujo impulsivo, el garabato descontrolado de V, por la realización
de globos o pelotas a través de círculos.
También deberíamos tener en cuenta que las ayudas excesivas serían
contraproducentes a la hora de la intervención con estos niños.
Pues si bien tenemos que estar atentos a sus demandas y a responder a sus necesidades,
debemos dejar espacio para que aprenda o por lo menos intente valerse por sí
mismo en aquellas actividades que se encuentren a su alcance.
En este recorrido, intentamos dar cuenta de las
particularidades de esta patología, abordándola con distintos
matices, recortando lo singular, lo familiar y aquellas características
que aparecen como invariantes en estos pacientes.
Por último, el planteo del caso nos permitió hacer alguna aproximación
al modo de intervención del AT en esta patología, y poder acercarnos
al rol del AT desde un costado práctico.
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