Psicologos, Psiquiatras y Acompañantes Terapeuticos
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- RED ASISTENCIAL DE BUENOS AIRES DIRECTOR GENERAL: Lic. Sergio Sáliche CURSO: Acompañante Terapéutico DOCENTE: Lic. Sergio Sáliche MONOGRAFÍA: "ETICA EN LA FUNCIÓN DEL ACOMPAÑANTE TERAPÉUTICO". AUTORA: BÁRBARA BARENDSON CURSADA: Enero Abril 05 ENTREGA CERTIFICADO: 22 de Abril de 2005 |
Etica en la función del Acompañante terapéutico
"La vida del hombre no puede "ser vivida" repitiendo los patrones de su especie; es él mismo _cada uno_quien debe vivir".
Erich Fromm, en Etica y Psicoanálisis
El tema a tratar, como lo indica el título, es la ética en la función del Acompañante terapéutico. Pero al hablar de la ética no pretendo hacer referencia a lo que habitualmente se entiende al mencionar dicha palabra, que son los sistemas de valores. Muchas veces se confunde la ética con la moral. En este caso, quisiera abordar la cuestión de la ética en su significado más profundo, más amplio, que si bien incluye a la moral, la sobrepasa; y relacionarla con el trabajo que realiza el Acompañante Terapéutico, es decir con su o sus funciones.
La palabra "ética" proviene del griego "ethos", que significa costumbres, carácter; el término correspondiente en latín es Mores. Así Ethikos y Moralis designan lo relativo a las costumbres y al carácter. El término Moral se utiliza para describir los sistemas de valores, y Ética, para la disciplina que estudia dichos entes. La pauta moral se corresponde con los sistemas particulares (culturales, históricos, de grupo, etc.), mientras que el horizonte ético, si bien se soporta en tales imaginarios, los excede. Lo universal - singular de la ética no puede ser colmado por el sistema moral (1) constituyendo lo universal aquel rasgo propio de la especie humana, es decir su carácter simbólico y lo singular, una de las innumerables formas de realización de lo universal, es decir del despliegue simbólico del sujeto. Sobre esta dimensión universal- singular es donde se apoya la ética, y es también donde considero que debe elaborarse la función del Acompañante Terapéutico.
Abordamos la ética en relación a las posibilidades de despliegue de lo simbólico.
Contemplando la función del acompañante terapéutico desde una postura psicoanalítica, no podemos definirla desde un comienzo, no es posible hacer generalizaciones ni marcar límites preestablecidos. Sólo puede ser definida en relación a la estrategia de un tratamiento, de cada tratamiento; para luego ir haciendo aquellos ajustes que se crean convenientes en relación a la singularidad de cada sujeto en tratamiento.
No sería recomendable trabajar siguiendo patrones rígidos, fórmulas o "recetas", ya que cada caso es diferente de los otros, cada persona es un mundo y es necesario abordarla en función de ello, permitiéndole utilizar todos los recursos que posee, e intentando generar otros nuevos, y esto nunca es igual para dos personas. Del mismo modo debe ser tenida en cuenta la situación en la que está inserto cada paciente, y cómo esto favorece o dificulta su despliegue simbólico.
La estrategia de trabajo es pensada en función de la singularidad de un sujeto, en relación al despliegue de la problemática subjetiva que se presente en cada caso. Por lo cual, la práctica del Acompañante Terapéutico se desarrollaría en la dimensión de lo Universal- Singular.
La función del Acompañante terapéutico deberá estar fundada en un acto ético, o sea, en la puesta en juego de lo universal- singular en cada paciente, en el despliegue de lo simbólico de acuerdo a la singularidad que se presente en cada ocasión, en cada sujeto.
El Acompañante Terapéutico, junto con el equipo terapéutico irá delineando la estrategia adecuada en cada caso teniendo en cuenta al sujeto con el que se encuentran y el sentido de cada uno de sus actos y síntomas ya que éstos son expresión de una singularidad. La irrupción de puntos singulares, propios de la subjetividad de cada persona, requiere un abordaje que no puede ser establecido a priori, sino en función de lo que allí se está poniendo en juego.
Una singularidad sólo es tal para la situación en la que irrumpe, por lo cual no se presta a generalizaciones. Por ello, si pretendemos realmente permitir que aquellas cuestiones del orden de lo singular emerjan y puedan ser simbolizadas, debemos escuchar la verdad que se juega en todo discurso; y que en todos los casos serán verdades diferentes, con diferentes significaciones para cada sujeto, pero que serán verdades al fin y como tales deben ser tenidas en cuenta a la hora de establecer la estrategia de tratamiento de cada paciente y por lo tanto la función que tendrá el Acompañante en cada uno de esos casos y las tácticas que éste empleará. Ya que al escuchar lo que cada paciente tiene para decir, se le está dando el lugar de sujeto, y también se hace posible conocer el recorte que éste hace de la realidad, de sus vínculos, de sus deseos y así también de diversas cuestiones que puede ser que aparezcan en la terapia como que no... y esto es una pauta importante para la orientación del trabajo del acompañante, ya que con respecto a los puntos que ya hubieran aparecido en la terapia podrá junto con el terapeuta elaborar e implementar aquellas formas de trabajo que resulten adecuadas a la problemática de cada paciente; y con respecto a lo nuevo que pueda ir apareciendo durante el acompañamiento, será material de suma utilidad para compartir con quien el equipo de trabajo.
Es en este punto donde decimos que la ética no puede ser colmada por el sistema moral, ya que en cuanto al tratamiento, por el sólo hecho de cuidar y velar por la seguridad del paciente, estaríamos cumpliendo con las pautas morales y valores de la sociedad. Pero podría ocurrir que pasáramos por alto la singularidad de cada paciente, estandarizando los tratamientos, poniendo a los sujetos en el lugar de objeto, psiquiatrizando, etiquetando personas por medio de diagnósticos que se constituyen en marcas identificatorias y cronificantes; e incurriendo por ello en una posible violación a la ética. Por eso parece adecuado pensar la función del acompañante como la puesta en acto de la dimensión ética del despliegue simbólico de cada sujeto, más allá de las acciones concretas que se realicen en cada caso.
Se entiende como No Etico, aquello que limite, obture y/o impida el desplazamiento simbólico en el ámbito de lo humano y esto es lo que idealmente se busca evitar desde el momento en que no se hace una definición a priori de un tratamiento ni se lo generaliza.
Conclusión
La función del Acompañante terapéutico debe ser aquella que posibilite ese despliegue simbólico del acompañado, siendo esto algo inherente a la función, más allá de las tácticas y estrategias que se implementen en cada caso. El Acompañamiento terapéutico debe ser un acto ético que posibilite la máxima eficacia de un tratamiento psicoterapéutico, y la función del Acompañante ha delimitarse en relación a una estrategia terapéutica dirigida a una persona en particular con todos los aspectos singulares que ésta conlleva, evitando caer en generalizaciones y estereotipos.
Bibliografía
1.Pulice, G. Y Rossi, G.; Acompañamiento Terapéutico; Buenos Aires, Ed. Polemos, 1994
2. Fariña, Juan J.M.; Etica: un horizonte en quiebra; Buenos Aires, Ed. Eudeba, 2002
3. Savater, F.; Etica para Amador, Barcelona, Ed. Ariel, 1991
Citas
(1) Fariña, Juan J.M.; Etica: un horizonte en quiebra; Buenos Aires, Ed. Eudeba, 2002
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