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REDBA - Red Asistencial de Buenos Aires (Asistencia y Docencia en Salud Mental)

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PSICOFÁRMACOS

Lic. Daniela de Elorduy - Lic. Sergio Sáliche

En la actualidad, es notorio el aumento del consumo de psicofármacos (recetados o no) en los segmentos que habitualmente lo hacen: adolescentes, adultos y ancianos. Pero últimamente se han sumado los niños, en la franja que comprende entre los 5 y los 12 o 13 años de edad.

Esto sucede porque desde hace algunos años, se le ha puesto un nombre, clasificando a un conjunto de síntomas que siempre han existido, pero que ahora se los identifica como: Trastorno por Déficit de Atención con o sin Hiperactividad (TDAH) o (ADDH). Rápidamente los laboratorios desarrollaron la sustancia química adecuada para aplacar esos síntomas. Es una droga psicofarmacológica llamada metilfenidato, comúnmente conocida como ritalina.

Desde la década del sesenta se está utilizando este medicamento para el tratamiento del síndrome de hiperactividad y déficit de atención, en base a una presumible acción sobre el metabolismo de la serotonina y la dopamina, neurotransmisores del sistema nervioso.

En la actualidad entre un 3% y 4% de los niños están medicados con el fármaco Ritalina, que tiene graves efectos adversos, desde pesadillas, náuseas, vómitos y cefalea hasta disminución o pérdida del apetito y trastornos del sueño. El metilfenidato tiene una vida media muy corta en la circulación sanguínea, lo que hace que deba ser administrada dos y hasta tres veces por día para lograr el efecto deseado. Si bien no existen evidencias farmacológicas de que esta medicación sea, a posteriori, nociva para el organismo humano o adictiva, el hecho de ser administrada diariamente dos o tres veces favorece la instalación de comportamiento adictivo. También puede crear dependencia psicológica, con frecuencia, por parte de los padres, que temen retirarla por miedo a que la situación pueda descontrolarse sin el fármaco, o volver a una situación anterior.

Todo esto sucede, la administración de una medicación ansiolítica en la niñez, porque cuando un niño posee algunos o varios de estos síntomas (actividad motriz excesiva con movimientos que suelen ser bruscos, rápidos y torpes, dificultad para poner atención a las situaciones, gran impulsividad, cometen errores frecuentes en sus tareas escolares y/o suelen abandonar lo que están haciendo sin haberlo terminado), y entonces rápidamente se lo diagnostica como "Hiperactivo" o con "Déficit de Atención", y frecuentemente es medicado con este psicofármaco. Que, aunque aplacan la sintomatología mientras se los consume, quienes trabajamos con niños sabemos que un síntoma siempre remite a otra cosa. Hay un significado oculto que develar y es preciso darle a ese niño, a ese pequeño sujeto, la posibilidad de elaborar las situaciones que lo han llevado a responder sintomáticamente.

Por otro lado, es curioso lo que ocurre con los adultos, y sobre todo con los ancianos, que consultan con un médico clínico arguyendo sentirse angustiados, o ansiosos, o en situaciones de estrés, o con dificultades para dormirse, etc., y rápidamente se les receta un ansiolítico.

Esta situación trae aparejado varios inconvenientes, ya que los ansiolíticos como el Rivotril, el Valium o el Lexotanil, por ejemplo, son muy adictivos, y por otro lado el paciente no tiene un seguimiento por parte de un profesional, ni un trabajo sobre el tema de la adicción a las benzodiazepinas, no hay ningún tratamiento, psicológico o psiquiátrico.

Y así la gente toma la medicación de cualquier manera, sin organización, sin ningún tipo de indicación ni repetición de receta, y llega un momento en el cual sigue tan angustiada como al principio y sin haber podido salir adelante. En relación a este tema se puede hablar de mal uso, abuso y hasta de intentos de suicidio.

En la Red Asistencial de Buenos Aires, nuestras estadísticas indican que el 17% de los pacientes en tratamiento psicológico, están también en tratamiento psiquiátrico y consumen psicofármacos, por lo general ansiolíticos, que se utilizan en algunos momentos como complemento del tratamiento psicológico; ya que a veces es necesario que el paciente pueda calmar los síntomas, para poder pensar, trabajar y elaborar sus conflictos. Por ejemplo, un paciente que no duerme por las noches, difícilmente pueda llevar a cabo normalmente una vida laboral, social y familiar, y tampoco podría instalarse en un tratamiento psicológico.

De las estadísticas que realizó la Red, con las llamadas telefónicas de su guardia que se recibieron durante 2004, se desprende lo siguiente: El 70 por ciento de las consultas fueron por casos de depresión (con y sin consumo de antidepresivos). En segundo lugar quedaron los padres preocupados por trastornos que sufren sus hijos -por ejemplo, distintos tipos de adicción-, con un 10 por ciento.

En promedio, el equipo de psicólogos de REDBA atiende mil consultas anuales sobre diferentes problemáticas, como conflictos familiares, adicciones, ataques de pánico, fobias, anorexia y bulimia, depresión, crisis de pareja, trastornos de ansiedad, problemas vinculares, entre otros temas. La guardia telefónica de REDBA recibe consultas de pacientes medicados, pero eso no significa que un psiquiatra los haya ido controlando en la medicación. Lo que hacemos con muchas de esas consultas es derivarlas a un psiquiatra y a un tratamiento psicológico. Esto se debe a que muchas personas no acuden a un psicólogo, y menos a un psiquiatra, porque existen muchos prejuicios.

No se trata de demonizar a los psicofármacos ya que los pacientes se han visto realmente beneficiados a lo largo del tiempo. De hecho cada vez se hacen menos necesarias las internaciones psiquiátricas en instituciones y cuando no se pueden evitar, son internaciones cortas; asimismo, los síntomas más graves se controlan casi siempre de manera efectiva y desde luego, los pacientes sufren menos.

Pero si pensamos que los psicofármacos pueden ser recetados tanto por un médico psiquiatra como por un médico clínico, advertiremos que estamos ante un problema. Tengamos en cuenta que la práctica de la Psiquiatría hoy está regida por las leyes del mercado Psicofarmacológico; no hay más que advertir el esfuerzo (sobre todo económico) que hacen los laboratorios para instalar en el mercado los distintos medicamentos "de venta libre", junto con la idea "globalizada" de búsqueda del bienestar, suprimiendo los síntomas. Dejándonos sin posibilidades siquiera de padecer alguna dolencia que nos recuerde que somos personas, sujetos singulares y deseantes.

Como mensaje final, Redba insta a que, cuando un médico clínico recibe a un paciente que no tiene una patología orgánica, realice la derivación correspondiente, ya sea a un psicólogo o a un psiquiatra. Esto no es habitual debido a la formación que reciben en la Facultad de Medicina, que hace que los médicos crean que únicamente lo orgánico gobierna la vida del sujeto. Es un problema ideológico, pero que tiene que ver con la formación académica.

De todas maneras, reconocemos que muchos médicos tratan de formarse acerca de temas que atañen a la psicología ya que es necesario que realicen las indicaciones correctas en los casos que exceden lo médico y que sólo utilicen la medicación psicofarmacológica cuando es estrictamente necesario.

 

REDBA - Red Asistencial de Buenos Aires
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