En
la actualidad, es notorio el aumento del consumo de psicofármacos
(recetados o no) en los segmentos que habitualmente lo hacen:
adolescentes, adultos y ancianos. Pero últimamente se han sumado
los niños, en la franja que comprende entre los 5 y los 12 o
13 años de edad.
Esto
sucede porque desde hace algunos años, se le ha puesto un nombre,
clasificando a un conjunto de síntomas que siempre han existido,
pero que ahora se los identifica como: Trastorno por Déficit
de Atención con o sin Hiperactividad (TDAH) o (ADDH). Rápidamente
los laboratorios desarrollaron la sustancia química adecuada
para aplacar esos síntomas. Es una droga psicofarmacológica
llamada metilfenidato, comúnmente conocida como ritalina.
Desde
la década del sesenta se está utilizando este medicamento para
el tratamiento del síndrome de hiperactividad y déficit de atención,
en base a una presumible acción sobre el metabolismo de la serotonina
y la dopamina, neurotransmisores del sistema nervioso.
En
la actualidad entre un 3% y 4% de los niños están medicados
con el fármaco Ritalina, que tiene graves efectos adversos,
desde pesadillas, náuseas, vómitos y cefalea hasta disminución
o pérdida del apetito y trastornos del sueño. El metilfenidato
tiene una vida media muy corta en la circulación sanguínea,
lo que hace que deba ser administrada dos y hasta tres veces
por día para lograr el efecto deseado. Si bien no existen evidencias
farmacológicas de que esta medicación sea, a posteriori, nociva
para el organismo humano o adictiva, el hecho de ser administrada
diariamente dos o tres veces favorece la instalación de comportamiento
adictivo. También puede crear dependencia psicológica, con frecuencia,
por parte de los padres, que temen retirarla por miedo a que
la situación pueda descontrolarse sin el fármaco, o volver a
una situación anterior.
Todo
esto sucede, la administración de una medicación ansiolítica
en la niñez, porque cuando un niño posee algunos o varios de
estos síntomas (actividad motriz excesiva con movimientos que
suelen ser bruscos, rápidos y torpes, dificultad para poner
atención a las situaciones, gran impulsividad, cometen errores
frecuentes en sus tareas escolares y/o suelen abandonar lo que
están haciendo sin haberlo terminado), y entonces rápidamente
se lo diagnostica como "Hiperactivo" o con "Déficit
de Atención", y frecuentemente es medicado con este psicofármaco.
Que, aunque aplacan la sintomatología mientras se los consume,
quienes trabajamos con niños sabemos que un síntoma siempre
remite a otra cosa. Hay un significado oculto que develar y
es preciso darle a ese niño, a ese pequeño sujeto, la posibilidad
de elaborar las situaciones que lo han llevado a responder sintomáticamente.
Por
otro lado, es curioso lo que ocurre con los adultos, y sobre
todo con los ancianos, que consultan con un médico clínico arguyendo
sentirse angustiados, o ansiosos, o en situaciones de estrés,
o con dificultades para dormirse, etc., y rápidamente se les
receta un ansiolítico.
Esta
situación trae aparejado varios inconvenientes, ya que los ansiolíticos
como el Rivotril, el Valium o el Lexotanil, por ejemplo, son
muy adictivos, y por otro lado el paciente no tiene un seguimiento
por parte de un profesional, ni un trabajo sobre el tema de
la adicción a las benzodiazepinas, no hay ningún tratamiento,
psicológico o psiquiátrico.
Y
así la gente toma la medicación de cualquier manera, sin organización,
sin ningún tipo de indicación ni repetición de receta, y llega
un momento en el cual sigue tan angustiada como al principio
y sin haber podido salir adelante. En relación a este tema se
puede hablar de mal uso, abuso y hasta de intentos de suicidio.
En
la Red Asistencial de Buenos Aires, nuestras estadísticas indican
que el 17% de los pacientes en tratamiento psicológico, están
también en tratamiento psiquiátrico y consumen psicofármacos,
por lo general ansiolíticos, que se utilizan en algunos momentos
como complemento del tratamiento psicológico; ya que a veces
es necesario que el paciente pueda calmar los síntomas, para
poder pensar, trabajar y elaborar sus conflictos. Por ejemplo,
un paciente que no duerme por las noches, difícilmente pueda
llevar a cabo normalmente una vida laboral, social y familiar,
y tampoco podría instalarse en un tratamiento psicológico.
De
las estadísticas que realizó la Red, con las llamadas telefónicas
de su guardia que se recibieron durante 2004, se desprende lo
siguiente: El 70 por ciento de las consultas fueron por casos
de depresión (con y sin consumo de antidepresivos). En segundo
lugar quedaron los padres preocupados por trastornos que sufren
sus hijos -por ejemplo, distintos tipos de adicción-, con un
10 por ciento.
En
promedio, el equipo de psicólogos de REDBA atiende mil consultas
anuales sobre diferentes problemáticas, como conflictos familiares,
adicciones, ataques de pánico, fobias, anorexia y bulimia, depresión,
crisis de pareja, trastornos de ansiedad, problemas vinculares,
entre otros temas. La guardia telefónica de REDBA recibe consultas
de pacientes medicados, pero eso no significa que un psiquiatra
los haya ido controlando en la medicación. Lo que hacemos con
muchas de esas consultas es derivarlas a un psiquiatra y a un
tratamiento psicológico. Esto se debe a que muchas personas
no acuden a un psicólogo, y menos a un psiquiatra, porque existen
muchos prejuicios.
No
se trata de demonizar a los psicofármacos ya que los pacientes
se han visto realmente beneficiados a lo largo del tiempo. De
hecho cada vez se hacen menos necesarias las internaciones psiquiátricas
en instituciones y cuando no se pueden evitar, son internaciones
cortas; asimismo, los síntomas más graves se controlan casi
siempre de manera efectiva y desde luego, los pacientes sufren
menos.
Pero
si pensamos que los psicofármacos pueden ser recetados tanto
por un médico psiquiatra como por un médico clínico, advertiremos
que estamos ante un problema. Tengamos en cuenta que la práctica
de la Psiquiatría hoy está regida por las leyes del mercado
Psicofarmacológico; no hay más que advertir el esfuerzo (sobre
todo económico) que hacen los laboratorios para instalar en
el mercado los distintos medicamentos "de venta libre",
junto con la idea "globalizada" de búsqueda del bienestar,
suprimiendo los síntomas. Dejándonos sin posibilidades siquiera
de padecer alguna dolencia que nos recuerde que somos personas,
sujetos singulares y deseantes.
Como
mensaje final, Redba insta a que, cuando un médico clínico recibe
a un paciente que no tiene una patología orgánica, realice la
derivación correspondiente, ya sea a un psicólogo o a un psiquiatra.
Esto no es habitual debido a la formación que reciben en la
Facultad de Medicina, que hace que los médicos crean que únicamente
lo orgánico gobierna la vida del sujeto. Es un problema ideológico,
pero que tiene que ver con la formación académica.
De
todas maneras, reconocemos que muchos médicos tratan de formarse
acerca de temas que atañen a la psicología ya que es necesario
que realicen las indicaciones correctas en los casos que exceden
lo médico y que sólo utilicen la medicación psicofarmacológica
cuando es estrictamente necesario.